Elizabeth Bennet, estudiante de asistencia social en la universidad, pensaba que su vida estaba casi resuelta, a sus 22 años tenía una meta que estaba cumpliendo, unos amigos fieles de los que duran toda la vida, una gran e imperfecta familia, tenía su automóvil y estaba próxima a que su adorado papá le ayudase con un préstamo para un pequeño apartamento en Londres. Todas estas buenas noticias se sumaban a tener un novio perfecto, él era amable, divertido, ingenioso, burlón, sociable y un largo etc que solían convertir a Richard Fitzwilliam en el hombre perfecto y ella lo amaba, era todo con lo que siempre soñó… o esa creía ella hasta que conoció al primo y mejor amigo de este, Fitzwilliam Darcy.

Si, así se llamaba, y el nombre le quedaba muy bien.

El primo era callado, serio, introvertido y misterioso. Elizabeth no podría decir, la mayoría de las veces en que estaba pensando. Al principio pensó que él solo la miraba para sacarle los defectos y criticarla. Pero Elizabeth había aprendido una dura lección unos meses antes que le hizo plantearse esa tendencia que tenía a prejuzgar a la gente y asignarles un carácter que no poseían, la mayoría de las veces una vez que decidía como era una persona no solía, o mejor dicho, no quería cambiar de opinión.

Todo esto hasta que conoció a George Wickham, encantador y guapo George, que con su sonrisa de un millón y su cara tallada por los más perfeccionistas maestros escultores, tenía el mundo y el corazón de las mujeres ganados.

Elizabeth había sido una de esas chicas que cayó ante su encanto fácil y su buena labia para contar las tragedias de su vida. Ella con sus buenos sentimientos y ese corazón bondadoso escucho y creyó su triste historia de como un tipo le había jugado sucio y lo había dejado sin nada.

Se conmovió ante tantas duras penurias y se prometió ayudar a George en todo lo que pudiese. Claro que había cosas que le hacían dudar, como las inconsistencias en la historia de George, o que con 29 años siguiese viviendo de fiesta en fiesta sin haber intentado buscarse la vida por otro lado y sin dar un palo al agua. Pero Elizabeth sentía que no podía juzgarlo demasiado duro, después de todo él había sufrido mucho.

Pero cuando George intentó propasarse con ella, sabiendo que Elizabeth tenía un novio, esta empezó a cambiar su visión de él y cuando lo encontró con su hermana pequeña, Lydia, quien tenía 17 años, se dio cuenta que había juzgado muy mal a George. Y sin ceder al llanto de su estúpida hermana pequeña, o los gritos histéricos de su madre o las súplicas de su caritativa hermana mayor, Jane, denunció a George ante las autoridades y lo mando a la cárcel por abuso de menores.

Desde entonces, se tomaba más que unos momentos para intentar averiguar el carácter de una persona. Estaba claro que su habilidad para dibujar la personalidad y entender a las personas estaba equivocada.

Fue por eso que no había querido asignarle rasgos y razones a Darcy sin tomarse el tiempo de confírmalos. Que él era callado? Bueno no todos tenían la habilidad de Richard y ella misma, que podían encantar a toda una sala con su charla y sus habilidades sociales, eso podía entenderlo, además que clase de asistente social sería si no pudiese entender que no todas las personas eran iguales y algunas les costaba más sociabilizar que a otras?

Que él parecía serio y melancólico? Bueno Elizabeth no sabía mucho de él, pero lo poco que sabía le podía dar una base para justificar de algún modo esto, Richard le contó, que Darcy era el heredero de un gran imperio que no sólo lo formaban las grandes estancias y campos de cultivos y ganadería, si no también hoteles y unas cuantas empresas de investigación científica y farmacéutica. Darcy, a los 22 años se había visto a cargo de todo tras la muerte de sus padres. Según Richard, Will, como le llamaba él, a pesar de toda su riqueza, había tenido una infancia y adolescencia triste y solitaria. Su padre y su madre habían sido dos miembros de la alta sociedad y la burguesía, que mantenían a Will con una estricta educación en casa, que no le permitían interactuar con otros niños, que nunca mostraron afecto por él y que por sobre todo se odiaban. Will había crecido rodeado de lujos y soledad y solo con Richard, cuya familia era igual, había encontrado compañerismo y amor. Richard si había podido ir a escuelas privadas mientras su primo permanecía en su mansión rodeado de estrictos tutores. Y cada verano en que se encontraba con su primo lo encontraba más y más serio y distante. Will había sido un niño dulce y alegre y Richard lo vio convertirse en un adolescente serio y desconfiado.

A los 18 años Will había ingresado a la Universidad para estudiar la carrera que sus padres habían elegido para él, Will estaba destinado a ser el próximo dueño del gran imperio Darcy, y él no tenía nada que decir. Así que a los 22 años cuando sus padres murieron en un accidente de avión, él se vio repentinamente inundado de responsabilidades, con miles de personas a su cargo y sin haber vivido ni un minuto de su vida, desde su nacimiento, para él. Y ahora con 28 años vivía para demostrar que su puesto en la vida era merecido.

Will no sabía lo que era una fiesta, no sabía cómo relacionarse, no tenía apenas amigos, nunca había viajado para divertirse, hacía años que no tenía vacaciones, nunca había tenido una relación amorosa y Richard dudaba de que si quiera hubiera tenido sexo.

Elizabeth sintió como su corazón se conmovía ante tal panorama y extrañamente la información de que nunca había tenido una novia la alegro.

Y no es que a Will le faltarán oportunidades, sin duda era el hombre más apuesto que había visto, alto y tonificado, con un pelo negro que invitaba a los dedos a entrelazarse con el, una cara con unas proporciones perfectas, una sonrisa con hoyuelos, y sobre todo unos ojos profundos y oscuros con una mirada intensa que hacía que a Elizabeth se le contrajera el estómago y sintiera que estaba en una caída libre.

Will era hermoso. Y no solo físicamente.

Richard empezó a traer más y más a su primo ahora que él estaba en Londres otra vez, Will había pasado los últimos 3 años en Alemania, aprendiendo y dirigiendo sus empresas desde allí. Había vuelto para quedarse, o por lo menos es lo que deseaba.

Elizabeth se dio cuenta con un culpable placer que Will la había empezado a buscar en las grandes reuniones que organizaba Richard, él se acercaría tímidamente a ella y siempre se ofrecería a ayudarla con la preparación de los canapés, con la búsqueda de bebidas, y hasta lavar los platos, aunque Elizabeth se rio cuando Will le confeso que era la primera vez que veía y ponía un lavavajillas en su vida, Will le había sonreído tímidamente mientras le confesaba y ella no puedo evitar el extraño flip flop que hizo su corazón.

Y un día cuando Will la llamó para preguntarle si le podría ayudar a comprar un regalo para un amigo, Charlie Bingley, Elizabeth se emociono tanto que casi deja caer la taza de café que se estaba tomando, y luego se pasó 2 horas preparándose para la cita… pero no era una cita…

Sabía que estaba haciendo mal, ella no debería emocionarse por escuchar su voz, no debería sentir placer de que Will la buscase y confiase tanto en ella, no debería complacerse en cada sonrisa y risa que le sacaba, Elizabeth no debería sentir tanta alegría de conocer a Will mejor que nadie… ella era la novia de su primo Richard y de alguna manera sentía que los traicionaba a los dos, Will le estaba dando su amistad y ella lo torcía para convertirlo en otra cosa.

Pero cuando caminaba a su lado y él la miraba con sus oscuros ojos llenos de algo que no podía identificar pero que la hacía sentir que volaba, los sentimientos en su pecho eran incontrolables y nada más ni nadie más importaban, solo ellos dos en ese momento y en ese lugar…

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Elizabeth tuvo que reconocer que se había enamorado cuando Will empezó a ser lo primero al despertar y lo último en lo que pensaba, cada noche y cada mañana, cuando empezó a preguntarse que estaría haciendo él en cada momento, si había comido bien, si estaba teniendo un buen día, cuando iba de compras a cualquier sitio y pensaba si algo le gustaría a Will o si la camisa que Richard se estaba probando le quedaría mejor a Will que a su novio, cuando lo extrañaba tanto que sentía como si le faltase el aliento, cuando soñaba con él…

Si, lo amaba y fue lo mejor y lo peor que le pudo pasar.

Will no sólo era el primo y el mejor amigo de Richard, si no que Richard era la única familia que Will tenía.

Todo era un nudo Gordiano donde cualquiera y todos saldrían lastimados. No podía hacerle esto a Richard, habían construido una vida, con mucha gente alrededor, muchos saldrían lastimado. Que podía hacer ella? Huir con el primo? Y es que acaso Will la quería de la misma forma?

Nada tenía una respuesta satisfactoria y a la vez tenía la solución, le haría daño a muchas personas, pero sobre todo a sí misma, iba a perder dos personas a las que quería, o por lo menos a una la quería y a la otra la amaba…

Ella rompió con Richard, y fue una de las peores cosas que tuvo que hacer nunca, hubo muchos reclamos y preguntas, llantos y alguna que otra cosa rota. Richard no entendía porqué ella lo estaba dejando sin una explicación, todo eran excusas, " No eres tú, soy yo" "Deberíamos tener otras experiencias" "soy muy joven para saber que quiero en la vida".

Pero cuando todas estas insuficientes palabras fallaron y Richard le exigió con rabia y con derecho a saber porqué quería terminar con algo que había sido maravilloso para él y Elizabeth no pudo controlar las palabras que durante meses se habían acumulado en su pecho, su corazón dolía por gritar lo que tenía acumulado y así como así salieron por su boca.

"Estoy enamorada de tu primo, amo a Will, lo hago, no lo planee ni lo imagine, solo paso… me enamoré"

Richard había quedado congelado, su boca abierta y sus ojos inmensos la contemplaban con incredulidad, de que otra forma podía ser?

Richard se sintió engañado, dolido y furioso, y Elizabeth no tuvo excusas que dar, él tenía derecho, y por eso ella estaba haciendo esto. Ella no podía seguir engañándolo, no era justo que siguiera con él cuando su corazón vivía por otro.

Richard se merecía lo mejor del mundo, y pasó que Elizabeth no era lo mejor para él.

Antes de irse Richard tenía que saber "mi primo, Darcy, él… él te corresponde? Iban los dos detrás, a mis espaldas?"

Y ella no podía soportarlo, Will no tenía culpa alguna de ser como era y de qué Elizabeth se sintiera como lo hacía.

"Él no sabe nada, y te ruego que no lo hagas, él te quiere muchísimo, no lo castigues por algo que es mi culpa"

Richard no dijo nada, aún era demasiado pronto como para que su alma caritativa y su corazón la perdonaran.

"Por favor no se lo digas"

Fue lo último que Elizabeth le diría a Richard durante años.

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Will la había llamado y había escrito, pero Elizabeth no respondió.

"Lamento que tu relación con mi primo haya terminado, aunque no pensé que ese fuera un motivo para acabar también con nuestra amistad, me hubiese gustado que me lo dijeras a la cara, no sabía que nuestra amistad estaba condicionada por tu relación con Richard… pensé que éramos amigos por nuestra propia cuenta. Debo entender que lo confundí todo entonces, es doloroso descubrir que tu amistad era solo amabilidad. Te consideraba mucho más que la novia de mi primo, has sido mi amiga más cercana Elizabeth.

Pero tienes que estar tranquila, no te molestaré más, se cuando me están diciendo algo, tú me dices que te deje en paz.

Solo desearía no haber confiado tanto en ti, te conté mis miedos y mis secretos y ahora me siento ridículo habiendo desnudado mi alma a una persona que solo era amable, ojalá me lo hubieras dicho entonces, no dejo de pensar que nunca te importó realmente nada de eso, y que quizás todo el tiempo tú pensabas en lo patético que estaba siendo.

Lo siento si estoy actuando como una víctima, y me estoy autocompadeciendo, pero me has roto el corazón.

De cualquier forma nunca dejaré de desear que te vaya todo bien en la vida y que todos esos planes que pasaste días y tardes enteras contándome, se te hagan realidad.

Siempre serás mi mejor, y tal vez única amiga, y no quiero perder esos momentos.

Hasta siempre.

Fitzwilliam Darcy"

Elizabeth lloro por meses después de ese email, a menudo se sentaba en el pc escribiendo mil respuestas, cada una de ellas no importaba como empezara, siempre acababa con un te amo… y eso no podía ser.

Nunca le respondió, y así con su corazón vuelto pedazos paso los siguientes 3 años.

Ella nunca volvió a amar a ningún otro hombre, y se dio cuenta que en realidad antes de Will tampoco había amado a alguno.

Elizabeth se recibió y consiguió trabajo de lo suyo, y así sin llegar a ser completamente feliz pero con una sensación de falso bienestar fue pasando su vida, después de todo su carácter y su naturaleza vivas no la dejarían hundirse.

Eso no le quito que siempre sintiera dolor cuando pensara en la carta de Will y como lo había lastimado. Eso nunca lo olvidaría, Will se quedó pensando que nunca había sido importante para ella, si solo el supiera que era lo mejor que le había pasado…

Un día, a finales de verano, cuando todavía se podía pasear en finas y cómodas ropas cortas y claras sin preocuparse demasiado, se encontró con Richard, él estaba parado esperando para pedir un helado, de la mano una pequeña niña rubia que iba unida también a una hermosa morena.

Elizabeth se quedó quieta sin saber si acercarse y dejarse ver o darse la vuelta e irse en silencio, y antes de que pudiera decidir Richard se dio la vuelta y la vio. Al principio su cara no mostró nada pero segundo después una sonrisa de bienvenida se formó en su guapo rostro y levantando una mano la saludo.

La niña era su hija y la hermosa morena su esposa. Se sorprendió gratamente de verla, su esposa Elena, era tan amable y abierta como él y juntos los dos la hicieron sentir como una vieja amiga. Cuando se quiso dar cuenta estaba aceptando una invitación a cenar.

Richard no tenía ningún rencor contra ella, y como podría cuando miraba a su hija y su esposa? Que ella lo dejara, después de todo no fue tan malo.

Elizabeth estaba decepcionada de que ni una sola vez él mencionara a Will, se moría de ganas de saber que era de él, si estaba bien, si seguía viviendo para su trabajo… si era feliz.

No hubo suerte. Y a pesar de el buen rato que pasó con la pareja supo que no sería algo que repetirían a menudo, los Fitzwilliams eran personas muy ocupadas y sinceramente tenían una vida ya hecha, no es que Elizabeth fuera a sobrar, si no más bien que antes que ella había muchas otras personas que reclamaban el poco tiempo libre que tenían.

Elizabeth también tenía su vida y lo entendía. Pero no podía conciliarse, Will estaba entre las personas a las que daban el tiempo libre… y ella también quería que estuviera entre las suyas.

Pero hace años tomó una decisión que resultó en esto, la culpa había sido solo suya y ahora tenía que asumir las consecuencias.

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Elizabeth era una mujer ahora de 28 años, cómoda con su vida, con el trabajo que había querido, con amigos fieles de esos que duran toda la vida y con una familia aún más grande y escandalosa, era tía y madrina.

Tenía todo planeado e iba justamente como quería, siempre con buena cara contra los problemas y una buena disposición que la dotaban de buen humor para afrontar el día a día.

Y allí en el fondo de su mente, brillante y constante, Will.

La acompañaba a todos lados, y se mantenía como un fantasma en los recovecos de su mente.

A ella no le importaba.

Había vivido algún que otro romance, ninguno de ellos la lleno ni la satisfizo. Porque en el fondo de su mente estaba Will.

Fue entonces que cuando un día lo vio no tuvo dudas, Will sería el único, no podría ser con ningún otro hombre. Así que tomó la decisión, hace años no había podido ser porque había demasiados sentimientos, personas a las que lastimaría y ella era joven. Pero aún así había lastimado a Will, la persona que más quería y eso era imperdonable.

Se acerco a él en la fila para comprar café y con las manos temblorosas y la voz fina por el miedo lo saludo.

Will se dio la vuelta con la cara en blanco, y por un largo y agonizante minuto Elizabeth pensó que se daría la vuelta y actuaría como si no la conociera.

Pero bendito y dulce Will, cuando fue consciente de que era ella, el rostro se le iluminó y su sonrisa con hoyuelos se profundizó, y Elizabeth sintió como el amor brotaba en cada célula de su piel… Will era serio y distante, pero con ella era luminoso y cálido.

Se abrazaron y el aroma de su piel, limpio e intoxicante metiéndose por su nariz, esto era la vida.

Will como siempre la hizo sentir como lo más importante para él, y sentados los dos en una pequeña mesa en un rincón bebieron sus cafés y hablaron de todo.

Will estaba dolido con ella y Elizabeth no podía disculparse lo suficiente. Milagrosamente la naturaleza a veces resentida de Will hacia mucho que se había apagado con Elizabeth y en cambio él solo podía recordarla con cariño y añoranza.

Habían sido demasiado buenos amigos, y Will dejó de pensar que ella solo había sido amable con él, demasiados buenos momentos no podían ser tan insignificantes, él la conocía y sabía que ella no podía fingir. Con el tiempo estuvo seguro que algo tuvo que pasar para que ella se fuera así como así.

Y solo podía esperar alguna vez conocer esa razón, pero mientras tanto recordaría a Elizabeth como la mejor y más querida y encantadora amiga que tenía.

Bendito sea Will, por su dulzura y su cálido corazón que ella tanto ansiaba sentir como suyo.

Él la había perdonado así sin más. Y por supuesto que Elizabeth le confesaría la razón, y fuese lo que fuese lo que pasara después de eso, ella por lo menos se iría tranquila sabiendo que haría lo correcto confesándole cuanto lo amaba.

Will se sorprendió, ni en un millón de años pudo imaginar que esa era la razón.

"Soy un hombre inexperto en muchas cosas, una de ellas es el amor, he sospechado durante mucho tiempo que lo que sentía por ti iba más allá de la amistad, pero nunca he sabido lo que es el amor, para con una mujer, y mis sentimientos por ti estaban confusos, tú eras la novia de mi primo y yo no tenía derecho… pero ahora yo… ahora puedo decirte que en vano he luchado. No quiero hacerlo más. Mis sentimientos no pueden contenerse. Permíteme que te manifieste cuan ardientemente te admiro y te amo"

Will se quedó agitado y sin aliento, su profunda mirada clavándose en la suya, la miraba asustado y expectante rogándole porque lo sacaran de esta incertidumbre.

Y que podía decir Elizabeth ante tan magnífico discurso? El la amaba ardientemente, sus ojos se nublaron con gordas lágrimas y Will fue borroso ante ella, estiró sus manos y tomó las de él. Ese toque, esa cercanía… era él, Will.

"No sabes por cuánto tiempo te he amado, al principio me he avergonzado por hacerlo, no porque fueras tú, si no porque no debía, yo estaba con Richard y tu querías mi amistad y yo te traicionaba de esa forma, y luego pase de sentir que engañaba a Richard, a pensar que te engañaba a ti, no se cuando ni como, pero empecé a sentirme tuya, y ya cuando no lo pude negar más y me admití que te amaba fue cuando decidí que no merecía nada más que irme, lastimaría a muchas personas, debes entender eso, me fui por amor a ti y por respeto a Richard, y aunque siempre me he arrepentido de eso, no puedo pensar que hubiese salido bien, ambos hubiésemos perdido mucho, ojalá puedas perdonarme… "

Hermoso y dulce Will, solo había sonreído tiernamente, con sus oscuros ojos brillantes y le había susurrando que ya no había nada que perdonar. Y entonces la beso.

Y Elizabeth sintió que era el primer beso que recibía en su vida, nunca nadie la había besado antes, voló por campos y mares, sintió como su cuerpo se deshacía y se volvía a hacer, entendió el significado de su vida, aquí en este momento, con este hombre… y lo era todo.

Will lo era todo para ella, y se completo con la cercanía y la presencia de él, su limpio aroma, su cálido ser, esa mirada… nunca más volvería a estar incompleta siempre que él estuviese a su lado.

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Ahora Elizabeth con 32 años sabía que nada de lo que anteriormente había pensado como lo que quería estaba correcto, seguía teniendo el trabajo que le gustaba, los amigos queridos, una casa y un automóvil, su gran y ruidosa familia, pero nada de eso tenía sentido sin su amado marido.

Will seguía siendo Fitzwilliam Darcy para el mundo, seco, serio y extremadamente distante y reservado. Y era Will para los que lo amaban, sobre todo para ella, quien era la destinataria de sus sonrisas y la causa de su felicidad.

Su guapo marido seguía volviéndola loca con sus besos, con su toque y su mirada, y cada vez que hacían el amor, el sabor de su piel, la textura de sus músculos, él siendo fuerte y grueso dentro de ella, el aroma del sexo la hacían sentir más viva que nunca, Elizabeth no era dada a las fantasías del amor y el romanticismo cursi, pero con Will, no había otra forma de describirlo sin llevar a ser extremadamente empalagosa.

Todo era más brillante con él en su vida y no había mejor forma de describir lo que sentía sin terminar completamente ridiculizada frente a sus sentimientos, Elizabeth era total y completamente de él, Will era su dueño, amo y señor, y todo voluntariamente.

Lo que los años le traerían, no tenía forma de descubrir, pero lo ansiaba con esperanza, por delante una vida donde la extrema dicha sería patente estaba asegurado.

Miró el palo entre sus manos, la confirmación estaba clara, las lágrimas rodaron calientes por sus mejillas y cerró los ojos ante este nuevo acto de amor que Will le había dado.

En sus planes nunca estuvo el tener un bebé, pero tampoco estuvo Will y él fue lo mejor de su vida.

Salió al salón donde su familia y sus amigos se reunían y celebraban un año más de la vida de Elizabeth en el mundo, la mesa en la esquina con los regalos apilados, la tarta en el centro rodeada de platos con aperitivos y vasos descartables, la música y la alegría… y allí en el fondo esa mirada, tan amada…

Miró a su marido, quien le guiño un ojo y le sonrió con la mirada, ella se acerco casi flotando hasta él, miró cada centímetro de su cara imaginando a su futuro bebé tan guapo como su padre y solo pudo pedir que también tuviera su hermoso corazón.

"Hola mi amor, esta todo bien? Has estado un rato largo en el baño"

"Controla mi tiempo en el baño Señor Darcy? , lleva usted una agenda con mis horarios?"

"No sería esa una muestra más de mi extremo amor? "

Elizabeth se rio y le rodeo el cuello para besarlo como se merecía, en sus manos descansando sobre su nuca el test de embarazo.

"Tengo un regalo para ti Elizabeth, pero me gustaría dártelo en privado"

"Oh, creía que ya me lo había dado esta mañana bajo las sabanas"

"Um, pero eso no es un regalo, eso es una obligación y una necesidad"

"Si que lo es… si que lo es y le ruego mi querido Señor Darcy que no se detenga nunca en complacerme en esa tarea"

"Su palabra es ley mi Señora… pero no, no es eso lo que yo quería darte"

"Esta bien, yo también tengo un regalo para ti amor, en realidad es un regalo para los dos, y es lo mejor que me han dado nunca y lo has hecho tú… lo hemos hecho los dos"

Will entendió rápidamente la implicación, se quedó aturdido ante esta nueva noticia y las manos de Elizabeth que habían bajado hasta su pecho y ahora se apoyaban firmes en su corazón, sintieron como este latía desbocado.

"Elizabeth tú… tú estás…? "

"Si mi amor, vas a ser papá, y el mejor de todos, de eso no tengo dudas"

Will hundió la cara en el cuello de Elizabeth y las tibias lágrimas le mojaron la piel. Otra muestra de que su marido era una persona llena de sensibilidad. Ella lo apretó fuerte contra su pecho, y en esa esquina, por unos minutos, Elizabeth tuvo en sus brazos a salvo todo lo que más amaba en el mundo, su dulce Will y la pequeña semilla que era su hijo.

Más tarde esa noche, después de que todos se hubiesen ido, y de haber hecho el amor con Will, y luego hablar sobre el bebé, sobre cómo sería, que aspecto tendría, si tendría la sonrisa de mamá y la inteligencia de papá, Will se quedó dormido en los brazos de su esposa.

Elizabeth lo contemplo durante horas pensando en todos esos años que pasó sin él después de conocerlo.

Su dulce amor, era todo lo que siempre había querido y ni siquiera había sabido que necesitaba. La vida sin Will había estado bien, demasiado bien.

Pero la vida con Will era como el rocío de la mañana y la lluvia en el verano, era como ver salir el sol y la alegría de una broma compartida, Will era música y poesía, era complicidad y lealtad, era las hojas cayendo en el otoño y el olor del mar, Will era un postre delicioso y un vino caro, él era la risa de un niño y los buenos recuerdos. Era Will y nadie más quien formaba parte de cada centímetro y cada átomo de su cuerpo, y quien le daba todo lo vital.

Allí en esa burbuja, vigilante del sueño de su marido miró la cara que tenía el amor y tocó su barriga para poner una cosa más a las demás que él le dio.

Elizabeth nunca imagino lo que sería su vida, pero aquí estaba, teniendo más de lo que creía merecer. Cerró los ojos y se durmió con el perfume de su marido en su nariz, se lleno de él y soñó con el futuro.

La vida muchas veces era lo que pasaba mientras nos parábamos a elegir.

Ella eligió a Will, y fue lo mejor que le pasó nunca.