Harry odia el color verde.

Cada noche, desde que tiene memoria, la misma pesadilla se repite una y otra vez. Hay gritos, una mujer rogando y luego una luz verde. Su visión se nubla después de eso, todo es confuso y solo siente dolor... y se despierta. La realidad no es mejor, pero al menos ahí sabe qué hacer, en sus sueños siempre tiene una sensación de impotencia.

"¿Listo?" pregunta tío Vernon con molestia, esperando en el carro con la puerta abierta. "Apúrate muchacho, no tengo todo el día"

Harry mira el carro color verde oscuro y luego gira la cabeza hacia la casa. Sabe que no importa lo que diga, su tío no cambiará de opinión. Con un suspiro, sujeta su pequeña mochila con sus escasas pertenencias y entra al carro. Su tía y su primo ya están dentro, se ven complacidos. Harry los ignora y se dispone a mirar por la ventana todo el camino.

Casi dos horas después, llegan a su destino. El lugar no se ve tan mal, aunque tiene un aura gris a su alrededor. Gris está bien, gris no es verde. Su tío lo saca del carro y lo lleva hacia la recepción.

"Harry Potter" le dice a quien está atendiendo. Empiezan a hablar sobre unos trámites, pero Harry los ignora y mira alrededor. Ese será su hogar los próximos meses. Cuando sus tíos mencionaron el internado militar, pensó que era otra de sus amenazas vacías, pero luego ocurrió un incidente en el que Dudley terminó con una rodilla raspada y su sentencia fue firmada. El lugar no se veía mal... se preguntó si ahí tendría una habitación al menos. Esa sería una mejora.

"Muy bien, todo parece estar en orden" dice un hombre serio que llegó en algún momento de la conversación "Eso sería todo, se pueden despedir de Harry ahora"

Los desconocidos se hacen a un lado para brindarles algo de privacidad. Su tío lo coge del hombro y lo acerca a él.

"Escúchame bien, chico, no quiero oír ninguna queja de este lugar sobre ti ¿me entiendes? No quiero que nos hagas quedar mal, así que no te atrevas a hacer nada raro"

"Sí tío Vernon" responde con una voz monótona. Su tío lo mira fijamente por unos momentos más intentando verse amenazante, antes de asentir satisfecho e irse. Ni tía Petunia ni Dudley salen del carro para despedirse. Harry ve el carro alejarse sin sentir nada en especial. El hombre serio de antes se acerca y le pide que lo acompañe.

"Esa es tu litera, deberás mantener tu espacio bien ordenado y tu cama hecha impecablemente todos los días, se te entregará tu uniforme esta noche" es todo lo que el mayor dice y deja a Harry solo.

Mira alrededor algo curioso. No tiene una habitación propia, pero está bien. Hay dos camarotes, lo que significa que compartirá el lugar con otras tres personas. Cada litera está pegada a una esquina, dejando el medio desocupado. Al costado de cada una, hay una pequeña mesita de noche, lo que le parece curioso, ya que eso solo le serviría a los que duermen en la parte de abajo. A Harry le toca la cama de arriba.

"¿Eres el nuevo?" alguien pregunta detrás de él. Harry voltea para encontrarse con un chico castaño bien arreglado. Emite una vibra particular que grita "dinero" por cada poro. Es obvio para él que ese niño ha sido bendecido con una familia pudiente.

"Sí" susurra con incertidumbre. No está acostumbrado a que los chicos de su edad le dirijan la palabra. El chico lo mira de manera evaluativa antes de asentir.

"Mi nombre es Roy" dice "te enseñaré dónde está cada cosa y luego tenemos que ir al comedor para la cena"

Harry solo asiente en silencio. Mira su mochila sin saber exactamente qué hacer con ella hasta que nota que en la pared donde está la puerta hay dos armarios a cada lado.

"Aquí" dice el niño con amabilidad, mostrándole el que sería su lugar en el armario "debes dejar tus cosas aquí, luego puedes acomodarlas" habla muy cortés, quizá demasiado para un niño de 7 años.

"Gracias" responde y luego lo sigue.

En el corredor hay otros dos chicos que se acercan rápidamente.

"¿El nuevo?" pregunta un pelinegro con una sonrisa pícara.

"¿Cómo te llamas?" pregunta el que está a su lado. Harry responde y luego los tres le muestran los alrededores.

"Todavía no te cortan el cabello, seguro lo harán esta noche, mamá cortó el mío antes de venir" Menciona el tercer chico, Gael.

Harry levanta su mano para tocar su cabello. Hasta ahora ha notado que todos ahí tienen el cabello con un corte tipo militar, casi completamente rapado a los lados y con algo de cabello en la parte superior. Sonríe con pesar. Su tía siempre había intentado cortarle el cabello sin éxito, supuso que ahora no había escapatoria.

"No te preocupes, te acostumbrarás" dice Isaac.

Los otros ya llevan una semana ahí. Harry espera poder acostumbrarse a su nueva rutina, aunque supone que no será un gran desafío.

"¡Vamos! Ya van a servir la cena" grita Gael y los arrastra hasta las cocinas. Roy frunce el ceño ligeramente e intenta poner orden. Harry solo los sigue, secretamente animado. Podrá cenar. Hasta ahora, parece que sus tíos le han hecho un favor, más que imponerle un castigo.

Cuando la cena termina, Harry es llamado por el mismo hombre que lo dejó en su habitación, el Capitán Mackenzie, según le informó Roy.

"Aquí está tu uniforme, es lo que usarás de lunes a viernes, así que asegúrate de mantener todo limpio, confío en que ya te han enseñado la lavandería ¿correcto?"

Harry asiente, pero el Mayor Mackenzie no se ve contento con su silencio.

"Sí Señor" dice el hombre con voz severa.

"¡Sí señor!" repite Harry. El mayor asiente y le entrega su uniforme y sus suministros.

"Ahora acompáñame, debemos cortar tu cabello"

Harry lo sigue mansamente, intentando acomodar todo lo que tiene en sus delgados brazos.

Para el final del día, tenía un par de uniformes bien doblados y acomodados en su lugar, el cabello bien cortado y el estómago lleno. Con todo, se sintió satisfecho. Miró sus nuevas prendas. Con algo de vergüenza notó que también le habían provisto de ropa interior y un par de bividís blancos. También tenía unos zapatos bien lustrados y tres pares de calcetines. Los chicos habían alzado las cejas sorprendidos cuando lo vieron entrar con todo ello, pero no dijeron nada. Era obvio que habían notado su vestimenta inadecuada y le habían dado ropa extra. Harry agradece que hasta ahora nadie haya comentado sobre su ropa o su mochila gastada.

"Tenemos que dormir, mañana nos levantarán temprano" informa Roy, entrando a la habitación con su pijama puesta. Harry busca entre su ropa algo que sirviese como pijama para cambiarse y encuentra un polo gris viejo y unos pantalones de franela que solían ser de Dudley, como todo lo que tenía. Sale de la habitación para alistarse.

Cuando regresa, cada uno ya está en su cama. Apaga las luces y sube hasta su cama designada. Mañana empezaría su nueva vida.


"¡Potter!"

Harry se para más erguido y da media vuelta hacia donde proviene la voz. Llevaba ya un mes en el internado y se había acostumbrado a las estrictas reglas que gobernaban el lugar, las cuales no eran tan malas realmente. Había aprendido a apreciar su rutina y el orden de cada cosa y parecía que todos los instructores a cargo estaban satisfechos con su progreso.

"¿Señor?" pregunta curioso cuando nota al Mayor Mackenzie. El severo hombre había sido uno de los primeros en mostrarse complacido con él, lo cual era bueno, ya que parecía ser el que estaba al mando de todo.

"Necesito que vayas al campo, el instructor Jones requiere tus servicios"

"Sí señor" responde Harry y se dirige al lugar mencionado.

En el poco tiempo que tenía ahí no solo se había acostumbrado a la rutina, sino que su visión también había mejorado. Tío Vernon lo había obligado a deshacerse de sus lentes antes de llevarlo, ya que era difícil que lo aceptaran si no tenía buena visión, o algo así había oído Harry. Al inicio luchó por reconocer las letras de cada cosa, pero con el paso de los días notó que podía ver mejor. Estaba seguro de que si eso hubiese pasado en su casa, lo hubiesen castigado por haber hecho algo "raro".

"¿Instructor Jones?" pregunta en cuanto llega al campo. El hombre tenía una cicatriz en su rostro que iba desde su ceja derecha hasta la comisura del labio, pero siempre llevaba una sonrisa bonachona. A Harry le gustaba porque a comparación de él, su cicatriz parecía una pequeña herida.

"Ah, Potter, aquí estas, veo que usando el color caqui de nuevo" sonríe el hombre. "Ven, ven, necesito que me ayudes a acomodar todo esto" dice señalando unos bastones en el pasto. "Los de año superior tienen que ensayar para el desfile del viernes" añade.

Harry se dispone a la tarea rutinaria, cuidando de no tropezarse. Distraidamente piensa en su uniforme. Cuando llegó recibió un par de uniformes, como todos: uno color caqui y uno color verde militar. Podía usar cualquiera, pero Harry prefería el caqui... no le gustaba el color verde, aunque podía soportar usar ese verde en particular, ya que era más parecido al color marrón que otra cosa. Sin embargo, prefería usar el otro uniforme más amenudo.

Harry suspira y mira alrededor. Todo estaba listo. El instructor Jones lo deja ir, satisfecho con su trabajo. Va a buscar a sus amigos. Debían hacer la tarea de historia y un proyecto para uno de los cursos avanzados, sin contar que debían practicar para la prueba resistencia bajo el agua. Harry había estado nervioso el primer día, ya que no sabía nadar, pero se relajó cuando notó que las clases eran básicas para el grupo de su edad.


"Dime, Harry" pregunta Gael una noche "¿por qué siempre desvías tu mirada de los espejos?"

Harry, que estaba leyendo su libro de ciencias, marca la página y lo mira pensativo, antes de encogerse de hombros.

"No me gustan mis ojos" responde. Roy lo mira contemplativo, pero ninguno dice nada al respecto. Harry agradece el silencio. No le gusta el color verde y el verde de sus ojos en particular era muy similar al color de sus pesadillas.

Nadie vuelve a mencionar los espejos o sus ojos después de ese día.


"¿Roy?" llama Isaac, asomando su cabeza dentro de la habitación.

Harry voltea hacia la voz, curioso. Está en el suelo, haciendo algunas planchas.

"No está acá, fue a la biblioteca" comenta.

"Oh... su padre lo busca" informa Isaac "Deberías verlo, ese hombre grita elegancia, me sentí 10 veces más pobre cuando lo vi"

Harry alza las cejas sorprendido, en los dos años que conocía a sus amigos, nunca había visto a los padres de ninguno.

"Preferiría no verlo entonces" dice haciendo una mueca hacia su polo gastado y sudado. Las unicas prendas decentes que tiene, como siempre, son las que le ha dado la institución.

"Sí.. tal vez no... no parece un tipo agradable" asiente su amigo. Todos sabían que a Roy no le gustaba hablar de sus padres, aunque era obvio para Harry que le tenía gran cariño al hombre. Se preguntó qué le hacía pensar a Isaac que el señor no era agradable.

"¿Qué crees que quiera? Es raro que venga un padre en medio del semestre" pregunta, mientras se sienta y se seca la frente. Mira caer unas gotitas de sudor al suelo algo hipnotizado.

"No lo sé, amigo, pero te digo, no parecen buenas noticias"

Tal vez había pasado algo grave. Tal vez por eso el señor no parecía de buen humor, piensa Harry. Con una mueca, se levanta y se acerca al armario por algo para ponerse y se dirige hacia el baño. Necesitaba una ducha. Mientras camina, sus pensamientos siguen dando vueltas. Espera que no haya pasado nado malo.


La madre de Roy había fallecido.

Harry se enteró al día siguiente y no supo cómo sentirse al respecto. Supone que la noticia debe ser horrible cuando puedes recordar a tu madre, para empezar. El padre del castaño lo había recogido y su amigo estaría ausente por una semana. Harry piensa que una semana es muy poco tiempo para velar la muerte de un ser querido, pero no se puede hacer nada al respecto. Esas cosas pasaban y la vida continuaba, esa es una de las primeras cosas que les habían enseñado, sobre todo en clase de historia, donde las guerras son un tema común.

Esa noche, su habitación está en completo silencio y Harry supone que en los demás cuartos la situación es similar. Sus compañeros deben estar asimilando las noticias. Incluso Isaac se abstiene de hacer bromas por el resto de la semana.


"Uff, amigo ¿qué tal las vacaciones?" pregunta Gael, entrando al pequeño cuarto que había sido su vivienda por 3 años.

Harry se encoge de hombros y sigue desempacando. Le han dado nuevos uniformes, como cada año. Se alegra al notar lo mucho que ha crecido al tener una buena alimentación en ese lugar.

"Igual que siempre ¿eh?" dice su amigo ante su silencio, abriendo su armario para acomodar sus cosas "Bueno, mi padre decidió que era hora de un buen viaje y fuimos a Francia ¿genial, no?" sonríe alzando las cejas.

"pudiste practicar tu francés entonces" Harry dice, divertido. Era uno de los idiomas con los que más sufría su amigo, luego del alemán.

"Es horrible, tuve que hacer señas todo el tiempo para que la gente me entienda"

"¿Qué tal?" pregunta Isaac entrando de pronto con su propia maleta en mano "¿me extrañaron?" Con los años, el pelinegro se había vuelto más serio, pero a pesar de su madurez, todavía había ese toque juguetón en su voz.

"¡Cállate y hazte a un lado!" grita Roy desde atrás, moviendo al pelinegro.

Roy no había sido el mismo desde lo ocurrido y pasó unos meses alejando a todos, pero poco a poco se había vuelto a integrar al grupo. Harry supuso que, como él, el castaño apreciaba el silencio y la muda aceptación de sus amigos. Nadie hacía muchas preguntas ni insistían demasiado en un tema, solo dejaban que cada uno se abriera a su propio ritmo.

"¿Qué tal tus vacaciones Roy?" pregunta Harry, sonriendo.

"Mi papá ha intentado enseñarme a pescar" el castaño rueda los ojos "pero no quiere admitir que apesta en ello" los otros se ríen.

Luego de aquella vez, el padre de Roy había pasado un par de veces más por el lugar y Harry había tenido la oportunidad de conocerlo. El señor, como había expresado Isaac alguna vez, gritaba opulencia, pero no era pretencioso como cualquiera podría imaginar. Harry no podía evitar comparar su mala apariencia con la elegancia del hombre, pero él nunca lo había hecho sentir mal al respecto.

"Mi tío me enseñó a pescar" comenta Isaac "podría enseñarte algún día"

"Sí, claro, seguramente te tirará al río en la primera oportunidad" bromea Gael. Harry se ríe.

"Vamos, tenemos que llegar a la formación" los apura. Los cuatro se apresuran, ya haciendo planes para hacer ejercicio esa tarde. Estar en buena forma es prácticamente un deber ahí.


"¡Mierda!" suspira Isaac sosteniendo su brazo. La práctica con la navaja había salido mal y ahora lucía una herida abierta que botaba sangre rápidamente. Ya tienen 10 años, pero el pelinegro todavía es algo torpe con el objeto.

"¡Davies!" grita el instructor encargado cuando ve a Isaac. El pelinegro voltea al escuchar su apellido y se acomoda en posición erguida, pese al dolor. Años de adiestramiento los había acostumbrado a mantener una postura firme aún en los peores momentos.

"¡Potter, acompaña a Davies a la enfermería!" grita el hombre luego de examinar la herida.

Harry acompaña a su amigo, ante las miradas entre preocupadas y divertidas de sus compañeros. No es la primera vez que alguien sale herido y, si logras terminar el año sin alguna cicatriz para mostrar, deberías considerarte afortunado.

"¿Qué intentabas?, ¿batir el record a la cicatriz más cool?" pregunta Harry con un toque de burla.

"Ja, ja.. todos sabemos que tu cicatriz tiene ese record, gracias" dice su amigo rodando los ojos.

Harry mira la herida y hace una mueca. No le gusta el verde, pero el rojo está en segundo lugar en su lista de odio. Sus tíos le dijeron que sus padres murieron en un accidente de coche y Harry se imagina una escena llena de sangre y vidrios rotos, empapada de alguna manera de un verde sobrenatural, como el verde de sus sueños. Quizá sus padres no notaron que la luz del semáforo estaba en verde y eso los llevó a tener el accidente. Harry piensa que esa podría ser la razón de que el verde lo acompañe en sus pesadillas. De acuerdo a lo que sus tíos le dijeron, él estaba con sus padres aquella noche, pero salió vivo de todo el asunto, con nada más que la cicatriz que adornaba su frente.

"Vamos, debemos curar eso" responde, ignorando el comentario anterior.

Harry odia el verde, pero odia el rojo también.


"Muchacho, ve por el correo" grita tío Vernon durante las vacaciones una tarde.

"Sí señor" responde Harry con voz firme. No puede evitar comportarse de una manera que no sea la adecuada. Sabe que pasa lo mismo con todos los chicos del internado: años de lecciones han quedado grabados en sus cerebros.

Harry se dirige a la puerta y recoge las cartas. Nota, contento, que una se dirige a él. Su tío recibe las cartas que le entrega, pero se ve disgustado cuando se queda con una.

"¿Qué llevas ahí?"

"Una carta, señor, está dirigida a mí"

Tío Vernon hace una mueca, pero lo deja ir. A veces sus amigos le escribían cartas durante el verano y sus parientes habían llegado a aceptar a regañadientes. Sin embargo, esta carta es diferente, no es de ninguno de sus amigos. Harry lee el contenido rápidamente y hace una mueca. Se levanta para botar la carta a la basura, es obvio que es una broma.

Al día siguiente, otra carta similar vuelve a llegar. Harry la mira perplejo, sin saber qué hacer. Sus tíos lo miran con molestia, hasta que notan que tira la carta.

"¿Por qué botas eso, chico?" pregunta tío Vernon.

"Es una broma, señor, dice ser de un colegio de magia" responde firmemente.

Sus tíos se ven alarmados y molestos. Harry no entiende en ese momento, pero no le presta importancia, hasta que las cartas siguen llegando a tal punto que parece exagerado para ser una simple broma. Su tío explota un día y los lleva a un lugar remoto. Harry no entiende nada, pero se empieza a preguntar si algo de lo que dice la carta puede ser real. Cansado, nota que ya es su cumpleaños. Se pregunta si saldrán de ese lugar a tiempo para que pueda volver a clases y sonríe al pensar en cómo reaccionaran sus amigos cuando les cuente todo lo ocurrido.

Harry no podrá contarles. De hecho, Harry no los volverá a ver. Un casi gigante llega esa noche y le informa la historia más disparatada, pero que termina siendo real. Se siente enojado con sus parientes, pero no lo muestra, ha aprendido a dominar su temperamento y sus expresiones. Harry acompaña al barbudo, preguntándose cómo un hombre puede dejarse crecer tanto el vello facial. Aunque puede que así sea el resto del mundo, no lo sabe. Está acostumbrado al corte militar y el rostro impecable que se exige en cada persona dentro del internado.

Descubre que tiene magia. Descucbre que tiene dinero. Descubre cómo murieron sus padres. Harry se muestra muy serio, para la incertidumbre de Hagrid. Piensa en cómo hará para informarle a sus amigos sobre todo lo que ha descubierto, pero Hagrid le informa que no puede contar nada. Decepcionado, decide que les enviará una carta contando que no podrá asistir más al lugar, ya que lo enviarán a otro internado.

"No sonríes mucho, eh?" dice el mayor, conversacional, intentando hacer hablar a ojiverde.

"Lo siento, señor" responde Harry en un tono neutral.

Se siente incómodo ante todas las miradas. Todo el mundo lo conoce y no dejan de mirar su cicatriz. Se pregunta si puede esconderla de alguna manera, pero no ve una solución a menos que se deje crecer el cabello, cosa que se niega a hacer. Esta acostumbrado a tener el cabello casi rapado por los laterales, con algo de cabello en la parte superior, bien peinado.

"No te disculpes, Harry, ven, ahora tengo que llevarte a casa de nuevo"

Harry asiente y lo sigue.

Hagrid le compró una lechuza. Harry no sabe qué hacer con el ave realmente, pero aprecia el gesto. Ahora tiene una nueva habitación, así que intenta acomodar sus compras en el pequeño espacio disponible.

Cuando termina, agarra un par de libros para informarse sobre su nuevo lugar. Está acostumbrado a los internados, así que supone que no será tan difícil adaptarse, pero los nombres de los cursos lo hacen dudar al respecto.

Uno de los libros que compró le muestra la división por casas que existe en el nuevo internado. Frunce el ceño al leer las descripciones. Descarta Slytherin solo por principio. Odia el verde y no quiere imaginar lo que sería vestir de ese color cada día. Hace una mueca cuando lee sobre Gryffindor. Supone que con su educación y los valores que le han inculcado, esa sería la casa en la que más encaje: un perfecto soldado, pero odia la idea de vestir de rojo también. Harry odia el verde, pero también odia el rojo. No dice cómo clasifican a los estudiantes, pero espera no quedar en ninguna de esas casas.


Harry sigue a una familia de pelirrojos para poder llegar a la estación y luego se separa de ellos para buscar su propio lugar. Es perturbado varias veces por muchos estudiantes que se asoman en su compartimento para ver su cicatriz. Se harta rápidamente y cierra todo con llave. No vuelve a ser molestado hasta que llega a su nueva escuela.

"¡Ah, vaya, vaya, qué tenemos aquí.. sí, sí, una buena mente y una buena dosis de astucia, ya veo... ah, valentía y honor ¿eh? Encajarías muy bien en Gryffindor..." Una voz susurra en su mente. Harry cruza los dedos y suplica mentalmente no ser elegido en esa casa.

"¿No Gryffindor?, bueno, Slytherin es una gran opción... sí, lo veo, esa casa te ayudaría a alcanzar la grandeza" Si es posible, Harry ruega más fuerte. No hay forma de que se quede atrapado usando túnicas verdes por los siguientes 7 años.

"Ya veo... un odio profundo por el verde y un disgusto innegable por el color rojo.." Harry no respira mientras el sombrero habla dentro de su cabeza. "Bueno.. en ese caso, espero que no tengas algún problema con el amarillo" dice luego de unos momentos de silencioso debate "Veo que no te molesta el trabajo duro y, aunque demuestras tener gran inteligencia, tus valores de honor y perseverancia podrían encajar muy bien en ...¡HUFFLEPUFF!" el sombrero grita lo último para que todos lo oigan.

Harry suspira aliviado. No tenía ningún problema con el amarillo, aunque el azul también es tolerable.

Contento, admira cómo sus túnicas cambian de color mientras se dirige hacia su mesa. Si los aplausos han demorado un poco más en llegar o no, no le molesta.


¡Hola! solo es algo que rondaba mi mente. Espero que todos estén bien y por favor eviten salir de casa.