Holaaaaaaa! Desaparecí por unos... 3 años(? Pero bueno, en esta cuarentena (quédense en casita, porfi) me puse a revivir capítulos y me volvió a agarrar la locura por este hermoso anime! Y este one-shot lo escribí hace unos 3 años pero no sé por qué nunca lo publiqué -.O Pero lo revisé, le agregué algunas cosas y aquí esta :) Esto está basado en el capítulo 189, en el interior de Naraku. Disfruten! n.n
Descontrol
Inuyasha. Te transformaste en demonio, perdiste tu corazón. Mataste a la mujer que amabas con tus propias manos.
Qué...
Tras escuchar estas palabras, el joven híbrido bajó su mirada hacia sus manos teñidas de rojo. No había duda, esa sangre era de Aome. Por nada en el mundo confundiría ese olor. ¿Era cierto lo que estaba diciendo Naraku? ¿Cómo eso podía ser posible? Hacía unos segundos, ella estaba con él en ese tétrico y confuso lugar, el interior de aquel demonio – o semi demonio – que habían estado intentando capturar desde hacía ya mucho tiempo, aquel culpable de todas las desgracias que rodeaban a Inuyasha.
"¿Maté a Aome?" pensó el hanyou, llevando sus manos a sus sienes. La sola idea le provocaba terror, miedo, y un odio hacia si mismo que crecía segundo a segundo. Él juró protegerla con su vida, mucho menos podía llegar a pensar que fuese él mismo de quien tuvo que haberla protegido.
"No, no puede ser… Aome…" se repetía en su cabeza. La voz insoportable de Naraku no lo dejaba recordar con claridad qué había pasado exactamente.
Te volvió a ocurrir. En lugar de proteger a esa mujer, dejaste que muriera al no poder controlarte...
No. No pudo haber sucedido de nuevo. Simplemente no. Aome tenía que estar viva, todo esto tenía que ser simplemente un juego de Naraku. Lo conocen bien, saben lo lejos que puede llegar a ir para confundir la mente y el corazón de las personas. El joven de ojos ámbar pensaba en esto para tranquilizarse, pero esa falsa esperanza se esfumaba cada vez que se miraba sus manos, que olía esa sangre o que se daba cuenta que, haya sido por él o no, esa sangre estaba en sus manos, y que Aome no estaba, y debía encontrarla. Ese lugar era una peste. Perderla de vista allí podia ser mucho más peligroso de lo que eran sus batallas ordinarias.
"Aome!" gritó, el desgarro en su voz dejaban a flor de piel la preocupación que sentía Inuyasha. Miró hacia todos lados, se movía hacia todos lados, pero no encontraba nada, no escuchaba nada.
"Es inutil" dijo Naraku, casi sonriendo. Su reflejo era visible en las diferentes direcciones que rodeaban al joven hanyou. "Yo puedo llevarte a ella, pero ya es demasiado tarde" le advirtió.
"Cierra la boca, maldito" maldijo, apretando sus puños tan fuerte que sus nudillos emblanquecían. "AOME!" gritó otra vez, cada vez más impaciente, cada vez más preso del miedo de que lo que Naraku estaba diciendo sea real. ¿Por qué no lograba recordar lo ultimo que habia pasado? ¿Y si realmente perdió el control, como ya sucedió antes, y esta vez si atentó contra la vida de Aome? No sería capaz de perdonárselo. No sería capaz de seguir viviendo con esa culpa, con ese dolor, de haberse arrebatado él mismo lo que más intentó proteger en su vida. No sería capaz de nada.
"Aome, aparece, por favor…" rogó en su cabeza, mientras seguia perdiendose entre los interiores de Naraku, buscando alguna pista, alguna esperanza.
"Deja de insistir, Inuyasha. Solo acepta lo que eres. Solo acepta que no puedes tener a nadie a tu lado" la voz de aquel que alguna vez fue Onigumo sonaba en cada centimetro de ese pestilente lugar.
"YA CÁLLATE!" cegado por la furia y el miedo, sacó su Comillo de Acero con fuerza. "VIENTO CORTANTE!" gritó, provocando ese famoso haz de luz que abría el suelo tras un enorme estruendo. Sabía que era inutil, que no le hacía daño por atacarlo con eso, pero la situación estaba llevándolo a los límites de la irracionalidad.
"AOME! DÓNDE ESTÁS?!" volvió a vociferar, desesperado, dejándose derrumbar y cayendo al suelo de rodillas. Las lágrimas batallaban en contra de sus ojos, quienes no querían dejarlas salir. No podía llorar en un momento como este, no se lo permitía.
De pronto, el humo y el polvo provocado por el Viento Cortante (Kaze no Kizu) comenzó a disiparse, y a lo lejos, esos ojos ámbar divisaron una figura. Inuyasha hizo el intento de aproximarse a esta, cada vez viéndola con más claridad. Cuando se encontró a unos pocos pasos, supo que era, o quien.
"AOME!" gritó desesperado, y corrió hacia ella más rápido que nunca. Al llegar, su corazón dio un vuelco. La joven de ojos chocolate yacía inmovil, inerte, pálida. "Aome…" susurró, desgarrado por la escena, rogandole a todo lo existente que no fuese demasiado tarde. Sus ojos parecían perderse, intentaban no enfocar, negándose a sí mismo la realidad. Sus dedos apenas llegaron a tocar su brazo, y pudo sentir el frío de su piel, la falta de vida en su cuerpo. Tenia una gran herida en su pecho y un enorme charco de sangre alrededor de ella. Esos grandes ojos chocolate se encontraban cerrados, su rostro no tenía ninguna expresión. De sus delicados labios brotaba un hilo de sangre.
"No… no… no, no. Esto no…" no podía ni hablar. Sintió cómo su respiración se empezaba a entrecortar, cómo su corazón dolía, como si alguien estuviese estrujándolo por dentro. De a poco, se acercó lo suficiente como para tomarla entre sus brazos. Ya era inútil, Aome estaba muerta y sabía, por el olor que emanaban sus heridas, que había sido él el responsable.
"Aome… Aome, despierta, por favor… Aome…" su voz también sonaba entrecortada, haciendo un gran esfuerzo por no ahogarse, y la batalla contra sus lagrimas estaba llegando a su fin. "AOMEEEEEEEEE!" gritó con fuerza, abrazándola, llevandola hasta su pecho. Las manchas de sangre de la joven se camuflaban en la túnica del híbrido.
"Qué te hice… Aome… Yo…" comenzó a llorar. Una a una, sus lágrimas comenzaron a dejar caminos acuosos en sus mejillas mientras apretaba el cuerpo de la joven contra el suyo. Acto seguido, volvio a colocarla en el suelo y se acercó mas, llevando su mano a su rostro y la otra a su cabello, acariciandola suavemente. Acerco su rostro al de ella, dejando que esas lagrimas caigan sobre él.
"No pude… protegerte. Te fallé, Aome. Le fallé a la unica persona que siempre confio en mi. ¿Cómo pude- cómo pude hacerte esto?" se lamentó en voz baja, tranquila, pero con el llanto a punto de brotar de su garganta. Había perdido a la mujer que mas amó en su vida, pero peor aun, fue él mismo el culpable.
"¿Cómo pude dejarme controlar así? Aome…" volvió a llevarla contra su pecho, colocando su menton sobre la cabeza de la adolescente. "Perdóname, Aome… Juré protegerte con mi vida y no pude cumplir esa promesa. Qué hare sin ti… te necesito" lloró. Ya no le importó si Naraku presenciaba esa escena, si mostraba debilidad al llorar, ya nada le importaba.
"Te necesito…" susurró una vez mas. Y luego de llorar unos segundos más sobre ella, volvió a dejarla en el suelo. Se paró, sacó a Colmillo de Acero y la tiró al suelo, como deshaciéndose de ella.
"La vida sin ti no me importa, Aome… Sólo quiero estar contigo…" pensó, cerrando sus ojos. ¿Qué planeaba hacer? ¿Acaso no iba a luchar mas?
"Naraku…" pronuncio con una determinación terrorifica. "Mátame" ordenó.
El semi-demonio no hizo más que reir. "¿De que estas hablando? Por favor, no seas tan ingenuo. ¿Dónde quedaron tus promesas de eliminarme? ¿Vas a abandonar la lucha ahora?" habló con un tono burlón.
"NO ME IMPORTA! TÚ NO ME IMPORTAS, NADA ME IMPORTA!" gritó el joven híbrido, más que nunca odiando esa condición. "Sango… Miroku… ellos- ellos te derrotarán. Sesshomaru es más fuerte que yo. Tú las pagarás. Pero yo debo pagar por la muerte de Aome… DESHAZTE DE MÍ, HAZLO!" ordenó Inuyasha. Sentía que era capaz de hacerse cargo de su propia muerte si Naraku no era quien lo mande al infierno. No iba a soportar un minuto más con esa imagen de Aome en su cabeza. "MATAME!" volvió a gritar desesperado, echándose al suelo otra vez, sus rodillas sonando fuerte contra el mismo. De pronto, comenzó a sentir una voz a lo lejos.
Inuyasha
¿Qué? ¿Quién estaba llamándolo?
Inuyasha
"No puede ser… Aome?" pensó el joven de ojos ámbar. Pero si ella…
¡Inuyasha!
"AOME!" gritó desesperado.
¡INUYASHA!
"AOME!" volvió a gritar, levantándose de un sopetón de su cama. Su corazón latía a mil por hora. Estaba sudando y su respiración era entrecortada. La pequeña luz que emanaba de una vela dentro de la cabaña le indicaron a Inuyasha que no estaba donde él creía que estaba.
"Inuyasha?" volteó a mirar. La sacerdotiza de ojos chocolate estaba allí, a su lado, mirandolo desconcertada. Vestía esas famosas prendas que alguna vez caracterizaron a la guardiana de la Perla de Shikon. "¿Te encuentras bien? Te noto agitado" preguntó con preocupación, y a la vez curiosidad. Esos ojos ámbar la miraban de una manera extraña, como si estuviese asustado.
"Aome!" dejó ir, desgarrando su voz y abalanzándose hacia ella con un abrazo. Aome no entendía nada, pero le devolvió el gesto. "¿Qué te ocurre, Inuyasha? Acaso- ¿Acaso tuviste una pesadilla?" preguntó la sacerdotiza.
Y por fin volvió en si, se dio cuenta. Sí, eso era… todo había sido una horrible pesadilla. Al parecer, Inuyasha tuvo problemas para olvidar aquel suceso en el que, por unos momentos, intentaron hacerle creer que había matado a Aome. A pesar de que ya habian pasado más de 3 años de aquel momento, el joven híbrido aun tenía pesadillas al respecto. Es que siempre tuvo miedo de volver a perder el control y lastimar a aquello que era lo más importante en su vida.
"Sí, yo-" se sentía un poco avergonzado. Tanto alboroto por una "pesadilla". Pero se había sentido tan real…
"No te preocupes, ya acabó" dijo, con una suave sonrisa y una dulce voz. Inuyasha la miró detenidamente. Por suerte, la pesadilla en nada se parecía al verdadero desenlace de la historia. Ella estaba ahí con él, estaban juntos ahora, era suya. Vivían juntos, tenian toda una vida juntos por delante. Se sentía tan afortunado de tenerla. Ella era tan pura, y su alma tan cálida. Con solo esas palabras y esa sonrisa pudo calmar el alboroto que había en su interior. Entonces, él tomo su mano.
"Aome…"
"¿Que sucede?"
"Tengo miedo de perderte. ¿Qué pasaría si vuelvo a perder el control y vuelvo a lastimarte? Jamás me lo perdonaría, no podría-"
"Inuyasha" interrumpió Aome, mirándolo a los ojos fijamente. Llevó su mano al rostro de su amado. "Naraku ya no existe, hace tiempo que no existe. Y tú te has vuelto aun mas fuerte. Hace mucho tiempo que no pierdes el control, tu corazón es mucho más humano ahora. Además…" explicó dulcemente. "Aquella vez, aun estando bajo el control de Naraku, tú me salvaste. Me empujaste hacia otro lado para no seguir lastimándome. Es decir, aun en ese estado, nunca logras perder completamente la razón. Yo siempre confiaré en ti, Inuyasha…" añadió Aome, sonriendole dulcemente otra vez.
"Aome…" susurró sorprendido. No soportó más la lejanía, y se acercó a ella rápidamente, uniendo sus labios con los de ella en un tierno y apasionado beso. Nada se sentía tan bien como eso, sus bocas juntas, era un paraíso tanto para él como para ella. Tenía razón, sea como sea, esté en el estado en el que esté, el jamás podría lastimar a quien más juró proteger.
¿YYYYYY QUÉ TAL? Si les gustó, dejen una review porfa. Déjenmelo saber!
Pobre Inu, sentí que esos segundos en los que Naraku le hizo creer que la mató fueron horribles para él y que el capítulo no lo mostró demasiado, así que se lo añadí como un pequeño trauma(?
En fin, muchas gracias por leer! Y quédense en casa :3
