PRÓLOGO:
Makoto Kae despertó al día siguiente casi sin saber ni quién era, donde estaba o qué había pasado ayer. La cabeza le dolía como si alguien le martillara el cráneo y su cuerpo se sentía algo húmedo y a la vez caliente. Una sensación demasiado extraña.
Lo único que recodaba de anoche era que una lluvia torrencial la había alcanzado mientras tomaba una bicicleta que ni siquiera era suya, en una prisa por dejar el país. ¿Por qué exactamente? No tenía la más remota idea.
Solo venían a ella pequeños flashbacks. Aya San invitándole a una fiesta de noche de brujas. Voces arrastradas por el sake, mejillas ruborizadas. Kyotani san desmayado en la bañera de una casa a la cual no reconocía. Yahaba aferrado a una planta, llorando como niño pequeño. Dos sempais de tercer año en una clase de verdad y reto demasiado sexualizada, donde uno le lamía los pezones sugestivamente al otro mientras que el tercero filmaba el acto con su celular. Mastukawa y Hanamaki senpai completamente borrachos alabando arrodillados sobre el duro suelo a un Oikawa semi desdnudo con peluca rubia, bóxers de aliens y cocos atados a su pecho, siendo halagado como la sexi reina alien Oikawa, cubierto de un líquido fluorescente que sólo Dios sabrá de dónde había salido. Una espalda robusta cargándola sobre sus hombros mientras se desmayaba borracha de fiebre.
Woah.
Al parpadear varias veces para ajustar su vista y acostumbrándose a los rayos de sol que se colaban por una ventana semi abierta, cayó en cuenta de que aquella no era su habitación.
¿Dónde diablos se encontraba?
Parecía una cabaña. De esas como las que se usan en vacaciones de verano, situadas a la orilla de una espléndida playa.
¿Eh? ¿Cabaña?
Como un golpe de agua helada, sintió numerosos escalofríos viajando por su cuerpo. Tenía frío. Confundida, se observó debajo de una sábana blanca.
Tuvo que suprimir un grito del sobresalto dándose cuenta de se encontraba en bra y bragas. Además, llevaba puesta una chamarra del equipo de Aoba Josai encima.
Momento. Esa no podía ser la suya, ¿o sí? Era enorme, recubriéndole las muñecas y llegando hasta sus nudillos. Al acercar la fábrica a su nariz, percibió un suave aroma de jabón de pino salvaje, mezclado con algo de sudor impregnado en la fábrica, mismo que le resultó casi completamente familiar. Pero no podía hacerse una imagen de la persona. Intento moverse para levantarse, cuando sintió algo duro y pesado en su cuerpo, acomodado justo sobre su cintura.
Carraspeó, moviéndose incómoda. Notó que su almohada estaba más dura de lo normal. Extendió su brazo hacia atrás palpando entre las sábanas para ver qué era lo que le impedía moverse (todo por qué sentía la cabeza aún a punto de estallar). Justo a varios centímetros de su espalda baja, sintió un bulto curioso al tacto. Se giró para ver de qué se trataba.
Santa madre difunta...
-¡Ahhhhhhh!- gritó, palideciendo por completo al darse cuenta de lo que acababa de tocar: el pequeño Iwa -como el Idiokawa lo había bautizado- de Iwaizumi senpai. Cayó al suelo por retroceder e ignorando el dolor, pegó la espalda contra la pared, cubriéndose instintivamente el pecho con la chamarra.
Iwaizumi despertó alarmado con el torso para arriba completamente desnudo.
Quiero ser una estrella de mar en mi siguiente vida...
Sip, en definitiva habían dos nombres que figuraban ya en la lista roja de intento posible de homicidio de Kae Makoto: Ayaka Miura y Tooru Oikawa.
