"Bonita" pensaba.
Siempre tan pulcra. Todo lo que la componía era perfecto; Sus vestidos siempre bajo sus rodillas, su cabello largo y negro meneando al son del viento, sus ojos grises como el acero y la cálida e inocente sonrisa que siempre estaba presente en sus labios.
"Ella es muy bonita"
Acompañada de su madre, pasaba a la misma hora todos los viernes por el mercado principal del pueblo. Siempre tan alegre. Siempre tan limpia. Miró sus ropas. Era imposible acercarse a una niña como ella. Sus ropajes estaban rotos, sus manos sucias por ayudar a su tío con el trabajo y su cabello largo y descuidado.
Ella se notaba que era una niña de sociedad, con buen estado económico y una casa grande. Mientras que él y su madre debían ingeniárselas para variar un poco su comida, era un milagro que comieran arroz.
Suspiró. Era mejor verla a la lejanía.
Para Levi, era imposible que ella le hablase. O lo era hasta el dia en que su tío, Kenny, lo llamó para atender el puesto. Al salir la encontró observando detalladamente los vegetales. No pudo evitar sonrojarse cuando ella alzó la mirada para verlo.
— ¿Qué valor tienen las zanahorias?
¿Cómo una pregunta tan sencilla se convirtió en algo tan difícil?
Ella seguía esperando una respuesta, que nunca llego por parte de él si no de un alto hombre con sombrero.
— Cuestan 2 yenes, niña.
— Gracias, señor — y se fue.
El hombre volteó y le propinó un golpe en la cabeza al niño a su lado.
— ¡Oye, Levi! — él reaccionó —. Concéntrate, mocoso. No hagas perder clientes.
El asintió y dirigió su mirada a la pequeña niña comentándole a su madre lo que parecía ser el precio del vegetal.
Sus nudillos sangraba y su respiración era pesada. Una sonrisa socarrona apareció en su rostro al ver como los dos niños huían.
"Cobardes, malditos cobardes" Su sonrisa desapareció al verla.
Aquellos niños querían molestarla. Ella no pareció asustada en ningún momento y se mantuvo firme esperando a que se acercasen. Él no iba a permitir que le colocaran un dedo encima, claro que no.
Sin pensarlo, se colocó enfrente de ella extendiendo sus brazos en señal de protección. Los niños (mayores que ellos) soltaron una carcajada antes de lanzarse hacia él, pensado que alguien tan bajo no los podría derrotar. Que equivocados estaban.
Las clases de su tío habían rendido frutos.
Después de deshacerse de ellos, giró para comprobar que ella se encontraba bien. La mirada que le dedicó no le gustó.
"No, no me mires así" Todos los niños cerca de su casa lo miraban de esa manera, con miedo. Su mirada fría, ceño fruncido y habilidades de pelea los asustaban.
— Yo... — Trató de explicar. Mas no pudo continuar y decidió irse corriendo.
— Oye, espera — Trató de ir tras él, pero la mano de su madre lo evitó.
Cada vez que la veía, se escondía. Ya no quería verla. La había asustado y probablemente piense que es un monstruo. Sus ojos se lo dejaron más que claro.
Pasaron semanas mientras la evitaba. Cuando ella se acercaba al puesto, él se ocultaba en una de las calles cercanas y Kenny la atendía. Eso provocó varios insultos de su tío hacia su persona.
Notó algunas veces las muecas que hacía la niña y la mirada de decepción que le brindaba a la bolsa que llevaba consigo.
¿Qué le ocurría? ¿Por qué se acercaba tanto al puesto?
Unos tímidos toques en su hombro lo hicieron girar. Era ella.
Sus ojos se abrieron sorprendidos, ¿por qué se acercaba a él después de lo ocurrido?
— Hola — Dijo ella.
Al ver que él no le contestó el saludo continuó.
— Muchas gracias por ayudarme la otra vez — Tímidamente, le acercó la bolsa que solía llevar consigo— ten, espero y te gusten.
Levi la tomó confundido.
— ¿Qué son?
— Galletas.
El sacó una y la probó. Sus ojos brillaron al saborearla.
— Sabe bien.
— Me alegro, las hice con ayuda de mamá — mencionó mientras le brindaba una dulce sonrisa.
— Nunca las había probado hasta hoy.
Ella lo miró sorprendida.
— ¿En serio? — él negó— ¿por qué?
— Son costosas al igual que los ingredientes.
La niña iba ha añadir algo pero el llamado de su madre se lo impidió.
— Me tengo que ir.
Después de eso se hecho a correr.
— Mi nombre es Mikasa, un gusto — dijo mientras se alejaba.
— Levi, el mío es Levi — alcanzó a pronunciar.
Esperaba que lo hubiera escuchado.
— ¿Así que tampoco has probado las gomitas? — Levi negó — Trataré de traer algunas la próxima vez que nos veamos.
— Gracias y gracias también por el chocolate, no debías molestarte — dijo mientras señalaba la barra que la pequeña le había traído.
— No hay problema.
Después de unos segundos, Mikasa volvió a preguntar.
—¿Por qué no habías comido estos dulces antes?
— Mi madre no tiene suficiente dinero para comprarlos —se encogió de hombros— todo el dinero es para la escuela.
—¿En qué trabaja tu mamá?
— Es costurera, pero no suele ganar lo suficiente a veces.
— Entiendo —Su tono fue bajo— Mis padres suele traer algunas golosinas los fines de semana. Mi papá trabaja cerca de una pequeña dulcería y conoce a la dueña, es muy amable. ¿Qué hace tu papá?
— ¿Papá? — pensó unos segundos— no tengo uno.
— Oh — Mikasa bajo la mirada apenada. Levi parecía tener una vida dura y sus preguntas podrían llegar incomodarlo — Lo siento, no debí...
— Pero no importa —la interrumpió — Madre es suficiente para mi, no necesito más si tengo a mi madre a mi lado.
Mikasa sonrió al escucharlo, se veía tan decidido.
— Me alegro de oír eso.
Su relación se hacia cada vez más cercana. Todos los viernes, Mikasa le decía a su madre que quería ver los vegetales con la excusa de ir a ver a Levi y Levi se escapaba de su tío cada que podía. Eso le hizo tener varios sermones de su parte.
Solían sentarse en las montañas que se encontraban detrás del mercado del pequeño pueblo. Hablaban de como había sido su semana en la escuela y demás cosas triviales.
— Traje esto para ti — dijo Levi mientras le acercaba una corona de flores — me habías dicho que tu cumpleaños era el diez de febrero pero no pude verte ese día. Esto es lo mejor que pude hacer. Feliz cumpleaños número diez.
Mikasa la tomó con cuidado.
— ¿Tú la hiciste? — preguntó sorprendida.
— En realidad fue mi madre, ella es buena con las manos, yo solo conseguí las flores. Son artificiales así que nunca se arruinará.
Ella la miraba desde todos los ángulos, era muy linda.
— Se que no es mucho pero...
— Me gusta — interrumpió con una sonrisa— me gusta mucho.
Levi le devolvió el gesto y tomó la pequeña corona para luego colocarla sobre su cabeza.
— Ahí es donde debe estar — comentó mientras le acomodaba algunos mechones traviesos.
Mikasa se acercó a su rostro cuando bajó los brazos. Él se sorprendió por la cercanía. Su única reacción fue cerrar los ojos mas los abrió al instante al sentir los cálidos labios de Mikasa sobre su frente.
"¿Para quién en es? ¿acaso mi pequeño Levi se enamoró?" — Eran las palabras que usaba su mamá para molestarlo días atrás.
— Gracias, Levi — musitó suavemente.
Dos semanas después de aquello, no volvió a ver a Mikasa. Pasaba los viernes a la expectativa de verla pero la niña no aparecía.
Se preocupó. ¿Acaso le había pasado algo? o peor aún, ¿él había hecho algo malo provocando que ella se alejara? No quería ni pensarlo.
— ¡Mikasa! — exclamó agitando su mano en señal de saludo. Notó que llevaba la corona que le había regalado.
Toda felicidad se desvaneció al ver la tristeza en sus ojos. Bajó lentamente su mano mientras se acercaba a ella.
— Mikasa — pronuncio ya frente de ella— ¿Por qué no venías? ¿pasó algo? ¿te sentías mal?
La niña solo se abalanzó a sus brazos ocultando su rostro en su pecho mientras sollozos salían de su boca.
Él estaba confundido, mas aún así la rodeó en sus brazos en señal de apoyo.
— Así que te mudaras.
— Si.
Ubicados en su especial, Mikasa le contó el porqué de su ausencia. Su padre había sido transferido a un nuevo trabajo en la ciudad así que tenía orden de mudarse. Todos esos días estuvieron ocupados con la mudanza, disminuyendo sus visitas al mercado.
— Ya veo — musitó.
Sus ojos veían el césped moverse debido al viento. Ninguno hablaba. Levi no quería que se fuera, eso lo tenía claro, ¿debería pedirle que se quedara y dejara que sus padres se fueran solos? No, eso sería muy egoísta de su parte. Suspiró al pensar en ello.
— No me quiero ir — Mikasa murmuró lo suficientemente fuerte para que Levi pudiera escucharla— Me divierto mucho contigo, Levi.
Los ojos de Mikasa se volvieron a humedecer.
Levi tomó dos tallos que se encontraban cerca suyo y los colocó frente a cada ojo de Mikasa provocando una mirada confusa en ella.
— No llores, yo tampoco quiero que te vayas.
Movió los tallos de izquierda a derecha junto a pequeños sonidos "chum chum" "chum chum", simulando un parabrisas secando sus lágrimas. Mikasa río ante aquello y él sonrió.
— Solo espero que algún día nos podamos volver a ver.
Mikasa asintió junto a un pequeño "yo también" — Casi lo olvido — Mikasa abrió el bolso que llevaba consigo— Traje algo para ti.
— ¿Algo?
Levi jugó con sus dedos, inconscientemente, esperando el regalo de Mikasa.
— Lo hice yo misma.
Le mostró un gorro azul de lana tejido a mano. Al frente tenía estampado una "L" en cursiva.
— El azul es por tus ojos y la L es por tu nombre — mencionó mientras lo colocaba con cuidado sobre la cabeza de Levi —. Me esforcé mucho, cuídalo por favor.
— Lo haré, nunca me lo quitaré — habló con seguridad —. Aunque se encoje.
— Se estira así que no te preocupes. Pensé en ello— después de terminar su labor, colocó sus manos sobre sus mejillas —. Te extrañaré, Levi.
Él suspiró pasando uno de sus brazos sobre sus hombros, acercándola más a su cuerpo.
— Yo también.
5 años después
— Nos vemos luego, mamá.
— Cuídate — Exclamó la joven mujer desde la cocina.
El joven tomó su bicicleta y con rumbo fijo se dirigió a la escuela. Se había mudado a la ciudad dos años atrás y con un ello hubo un nuevo cambio de vida.
Su madre había ahorrado un poco de dinero para poder viajar a la ciudad y conseguir un nuevo empleo mientras Levi se quedaba con su tío. Al principio fue bastante duro, mas con el pasar de unos meses pudo establecerse y permitir que Levi estuviera a su lado.
En los primeros meses de su llegada, Levi tenía la esperanza de reencontrarse con Mikasa. Pero la ciudad era tan grande que era imposible el llegar ahí y encéntrasela de tope.
Con el transcurso del tiempo, pensó que Mikasa ya debió haberlo olvidado o incluso vivir en otro país debido al empleo de su padre, así que decidió guardar su imagen como un dulce recuerdo. Aunque, no podía dejar de pensar en cómo se vería después de tanto tiempo.
¿Su cabello estaría igual de largo o se lo habría cortado? Él cortó el suyo meses después de su partida y mantenía el mismo estilo desde entonces; Largo arriba dividiendo su flequillo un poco después de la mitad y rapado abajo. ¿Estaría más alta o baja? Él lamentablemente no había crecido mucho desde entonces. Algo de lo que no estaba muy orgulloso y que solía recriminarle a su madre por haberse juntado con un hombre bajo. ¿Donde podría estudiar? Su escuela no estaba muy lejos de su apartamento así que prefería ir en bicicleta. ¿Conservaría la corona que le dio? Lo dudaba, ya había pasado mucho tiempo. Sin embargo, el aún conservaba el gorro que ella le había obsequiado. Lo usaba cada que podía, sobre todo para ir a la escuela dado que su uniforme era azul.
Giró por una esquina para tomar un atajo y llegar un poco más temprano de lo usual. Le había prometido a su amigo Ed explicarle algunos temas que no entendía.
Mientras tarareaba la canción que sonaba en sus audífonos, vio como una chica se encontraba preparada para comenzar una pelea junto a otros tres chicos. Llevaba un uniforme diferente al suyo y pudo notar que era el de una escuela costosa.
Trató de ignorar el suceso, debido a que no era algo que le incumbiera. Pero no pudo. Detuvo su bicicleta, guardó sus audífonos y se dirigió hacia la chica.
Antes de que uno de los grandulones levantara la mano, él ya se encontraba frente a ella. Como si fuera un dejavu, los tres tipos se rieron muy probablemente de su estatura. Pero así como rieron, huyeron al ver su gran fuerza.
La chica estaba sorprendida, ese extraño la había ayudado. El gorro que llevaba consigo le pareció tan familiar, ¿acaso podría ser?
—¿Estas bien? — Preguntó aún dándole la espalda. No, no podría ser. Él no podía tener la voz tan gruesa.
— Si, gracias.
Al verlo girar, sus ojos casi salen de sus órbitas. Esa "L" ...
— Se más cuidadosa la otra vez — le aconsejó mientras se alejaba rumbo a su bicicleta. El leve agarre que sintió en su brazo lo detuvo — ¿qué?
Ella con su cabeza gacha, abrió sus labios tímidamente pronunciando un:
— ¿Levi? ¿Eres tú?
— ¿Disculpa, te conozco? — estaba confundido.
— ¿Tan rápido me olvidaste? — Levantó su cabeza — Soy yo.
Se acercó a detallarla; Aquellos exóticos ojos grises, ¿cómo pudo no haberlos notado?
— Mikasa…— Murmuró. Ella asintió rápidamente.
Estaba sorprendido, ella había cambiado mucho; Era mucho más alta que antes, incluso podía decirse que era media cabeza más alta que él. Su cuerpo se veía en forma y su anterior cabellera larga ahora estaba cortada sobre sus hombros.
"Bonita" Pensó, igual que hace cinco años atrás.
— Yo... no se que decir. No esperaba verte aquí y ahora.
Ella sonrió suavemente.
— Yo tampoco — dirigió su mano al gorro de lana —. Me sorprende que a pesar de todo lo sigas usando. Ha pasado tanto tiempo.
Sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas lentamente.
— Y a mi me sorprende que sigas siendo igual de llorona a pesar de todo este tiempo — Soltó una risa nasal mientras abría sus brazos — ven aquí.
Ella se lanzó a sus brazos flexionando un poco sus rodillas. Tal como aquella vez, lloró sobre su pecho. Pero esta vez era diferente, al soltar lágrimas de felicidad.
— Te extrañé, Levi — Musitó entre pequeños sollozos.
Él la aprisionó más a su cuerpo.
— Yo también y no sabes cuanto.
No le importaba si llegaba tarde a clases o si Ed le chillaba por romper su promesa.
Lo único que le importaba era quedarse así, con Mikasa en brazos, para siempre.
Tengo la inspiración a flor de piel y el hecho de que mis clases estén canceladas por la situación actual me da tiempo de plasmar mis ideas.
Día 5 de la cuarentena: No se que día de la semana es y ya he escrito 2 one shots con más 1k palabras send help. okno
Espero les haya gustado
Las quiere
Val
