-Elsa- Un suspiro arrastrado fue soltado de la boca de su casi muerta madre, que mantenía en sus brazos… sus brazos manchados de sangre. -Ibas a llamarte Helena, pero cuando naciste y tu padre te vio por primera vez, el dijo que eras Elsa, no Helena- Recordaba la mujer mientras lagrimas de melancolía caían por sus mejillas manchadas de tierra, escombros y sangre.

Elsa soltó una risa amargada mientras sostenía con todas sus fuerzas el cuerpo de su madre, pensando que de esa manera, tal vez podria mantener el alma de la mujer dentro de ella, pero era evidente que la mujer allí se estaba yendo de este mundo.

-Igual que la Reina Elsa de Arendelle, hermana de la reina Anna- Unas lagrimas cayeron en su mejilla, lagrimas de su hija, que caían desde arriba hasta su fino y bello rostro. – Cuando te vio, con tu cabello blanco y tus ojos tan azules el lo supo.

-Mamá- Su voz estaba quebrada, y apenas podía ver por las lagrimas que contenía en sus ojos.

-Escúchame Elsa, tu padre lo dijo una vez y yo lo repetiré- Con su poca fuerza, levanto su mano para tocar la mejilla de la rubia platinada. -Tu naciste para liderar un pueblo, para liberar a nuestro pueblo, tu eres ella y no lo dudo, así que no dejes que mi muerte sea en vano, no dejes que la muerte de nadie mas sea en vano.

De repente, disparos y explosiones se escucharon a la vuelta de la esquina, haciendo que la chica de 18 años se alarmara y sus sentidos se pusieran alerta.

-Tengo que sacarte de aquí- Dijo tratando de cargar a su débil madre pero esta se negó.

-¡No! Ya es tarde para mi, escúchame hija ¡Escúchame!- El grito de su madre hizo que su atención se posara al 100% en ella, pues la rubia estaba atenta a las amenazas. -Ve a el castillo, busca a Annabella y derroquen a Gelema, ustedes dos, yo se que lo sabes, que lo sientes, están conectadas, se que ella es mayor que tu, pero debes guiarla y protegerla.

Elsa la miro tratando de hacerle entender a la mujer que no sabria como hacerlo, pero esta solo sonrio con esperanza.

-Lo haras bien, Elsa...

-¡Debemos irnos!- Dijo el líder de los rebeldes, tomando a Elsa en brazos y separándola de su madre a la fuerza.

-¡No! ¡No puedo dejarla!- Grito tras que la arrastraran a unos metros de distancia de su moribunda progenitora

Cuando por fin Elsa pudo zafar del agarre de aquel hombre y trato de correr de regreso a su madre, ya era tarde, pues una explosión concurrió a metros de ella, prácticamente sobre su madre, haciendo que la platinada fuera expulsada hacia atrás y por un momento, todo se apago, todo se volvió negro…

Elsa despertó sobre la camilla de un hospital, rodeada de otros heridos, un zumbido aturdía aun sus oídos, pero ni eso fue suficiente para no oír el "Lo lamento, su madre ha muerto" de aquel doctor.

Muy bien Gelema, ahora es personal…