Sinopsis: Artemis inventa una máquina en el tiempo en un intento de recrear la magia de los elfos y duendes. Pero ésta pronto lo envía a otro mundo haciéndolo pasar por un cambio de edad y convirtiéndolo en un niño de 13 años... De nuevo.

Disclaimer de derechos: No soy Eoin Colfer ni J.K Rowling (por si eso no esta claro) así que ninguno de los personajes ni los mundos me pertenecen, este libro se enfoca en el último de Artemis Fowl y en el tercero de Harry Potter.

CAPITULO 1

Artemis había vuelto al mundo, claramente sin memoria en un principio y sin entendimiento alguno del donde se encontraba. Y seguramente sin los intentos perseverantes y constantes de Holly y Mayordomo por hacerle recordar su memoria, entonces muy seguramente sus planes de volver a la vida habrían sido en vano y de una u otra manera Artemis Fowl segundo estaría muerto. Pero él no lo estaba. Estaba vivo y nunca antes se había sentido más fuerte (que él supiera). Y si eso no era suficiente, luego de dos meses de volver y haber tenido terapias intensas y seguimientos cercanos de los mejores médicos duendes en el subterráneo, volvió con su familia a la superficie, donde Angelina Fowl estaba tanto anonanada como muerta de alegría, ella sabía en el fondo que su hijo se las había arreglado para sobrevivir y que en su momento volvería para darle ese susto como siempre hacia al volver de sus extrañas y alocadas aventuras.Y no se equivocó.

Otros cuatro meses más bastaron para establecer el orden en las mansión Fowl, y el niño genio había vuelto a ser el mismo. Bueno, no el mismo niño arrogante y egoísta que secuestró a un hada por sus propios intereses, sino ese niño (ya no tan niño realmente) que maduró y creció, que se volvió leal y valiente y sobre todo considerado, y vaya si todos apreciaban que eso fuera lo que ahora Artemis había vuelto a ser, ese Artemis que les daba a sus hermanos menores lecciones de alguna materia por simple placer y diversión, ese Artemis que ya no le molestaba recibir y regresar abrazos a su familia y amigos, ese Artemis que... Bueno, ya se harán una idea.

Pero Artemis no había dejado de ser Artemis. Las viejas costumbres no se olvidan con un sólo soplo en el aire, y él también seguía siendo ese niño inteligente, astuto y lleno de curiosidad y necesidad de saber cuanto pudiera. Y justo eso fue el detonante que comienza está historia.

Era finales de la última semana de agosto, y Artemis trabajaba secretamente en su más reciente proyecto bajo la excusa de estar en su habitación con la intención de recuperar algún recuerdo por su propia mano (aunque cabe decir que en realidad esto ya no era necesario del todo), pero lo que hacia realmente nadie lo conocía.

Él trabajaba en una máquina del tiempo. La última vez que estuvo en algo similar a una fue cuando perdió 4 años de su vida y cuando estuvo en ese viaje para recuperar a ese lemur, y es que esto le resultaba sumamente interesante, y lo tomó como proyecto el día en que su mente se aburrió tanto que decidió intentar recrear la magia de N.1 pero a base de tecnología. Artemis no tenía ninguna razón para regresar en el tiempo, no la había, estaba feliz y satisfecho con los acontecimientos actuales y no los cambiaría por nada, pero hay que repetir, esto sólo se trataba de un proyecto, uno en el que tenía ventaja siendo que conocía las variables y consecuencias de un viaje en el tiempo, y sabía que era posible. Sólo era cuestión de construir esos conocimientos en una máquina que le permitiera alterar el tiempo.

Artemis se encontraba arreglando unos últimos ajustes, pues prácticamente habia comenzado con esto a finales de junio y ahora sólo necesitaba unos toques antes de poder probarlo con unos minutos al pasado, y luego ir progresivamente en aumento, aunque su plan no era ese, sólo quería saber si funcionaba... Simple curiosidad.

La máquina consistía en una pequeña plataforma de metal, y con unos diminutos láseres intercalados en la construcción y cuya función consistía en desaparecer las partículas de cualquier cuerpo que subiera a la plataforma, desaparecerlo y hacerlo viajar a través del tiempo y espacio pero dejándolo en el mismo lugar, algo similar a lo que N.1 había hecho cuando a él y a Holly los transportó al pasado.

Artemis sonrió satisfecho ante su obra casi terminada. Como un instinto subió a la plataforma y la admiró de cerca, escudriñando con la esperanza de no hallar ningún otro defecto.

—¿Qué es eso, Artemis? ¿Es un juguete? —dijo una voz desde el marco de la puerta.

Artemis se giró con velocidad para encontrarse con que Myles y Beckett estaba allí, el como habían entrado sin ser vistos ni escuchados Artemis lo desconocía. Pero antes de poder gritarles algo, Beckett ya se había acercado y con una sonrisa apretó el botón que encendía la máquina. Myles corrió para alejar a Beckett, ya que él si parecía entender la gravedad del asunto. Lastimosamente ya era tarde, la máquina ya se habia encendido.

Aunque realmente por varios segundos no sucedió nada, y Artemis estuvo a punto de echarse a reír por pensar que tenia suerte que su máquina no funcionara, pero no alcanzó a hacerlo antes de que todo se volviera un borrón negro y perdiera la consciencia.

...

Artemis sentía frío, esto fue lo primero que notó su consciencia cuando despertó. Aunque enseguida todos los recuerdos pasados volvieron a él como un golpe en el estómago y un dolor en su garganta. Tosió con fuerza y se puso de pie, no sabía donde estaba, el lugar estaba oscuro y no alcanzó a reconocerlo.

¿Qué había hecho? Artemis se tranquilizó a sí mismo intentando pensar con claridad, estaba de pie, hacia frío y estaba oscuro, habían muchos lugares con estas características así que no debía descartar que pudo estar en su habitación luego de caer inconsciente.

Pero entonces oyó que alguien se acercaba, y con temor cayó en la cuenta que los pasos no se oían como si caminaran bajo un sólido piso por unos escalones, sino caminaban de forma chirriante como si hubiera un charco o agua bajo ellos. Artemis dio dos pasos hacia delante y comprendió que donde se encontraba no era ninguna habitación, sino un callejón oscuro y frío.

Saber su localización no lo reconfortó, y tampoco lo hizo cuando una voz desconocida habló;

—¿Estás perdido? —la voz no sonaba amable ni agradable, sonaba indiferente casi preguntando para ver si le convenía o no ayudarlo.

—No, gracias. Estoy bien —contestó Artemis viendo con lentitud al hombre frente a él, era alto y tenía un sombrero puntiagudo en la cabeza, también vestía una túnica y sus ojos estaban inyectados en sangre, pero no como si hubiera estado llorando, sino de una manera tétrica y escalofriante.

El hombre gruñó algo y se alejó con rapidez. Artemis acomodó su saco y ropa, preguntándose que aspecto tendría, pero con cierta sorpresa notó que su ropa no le quedaba tan justa como lo habia hecho hace tan sólo momentos atrás... Le quedaba mas holgada y alargada. Artemis abrió los ojos como platos al darse cuenta que su máquina tal vez si había funcionado después de todo.

Pero no, aun no podía sacar ninguna conclusión precipitada sin tener más pruebas, y tampoco podía dejarse llevar por el pánico. Así que simplemente caminó lejos del callejón, introduciéndose en una calle poblada y con muchas personas vistiendo la misma ropa; túnica, sombrero y con alguna característica escalofriante, parecían como si hubieran acabado de venir de una extraña fiesta de disfraces y ahora se paseaban por el lugar como si nada.

Artemis estuvo tentado en diversas ocasiones a detenerse y preguntarle a alguien donde se encontraba, más sin embargo, ninguna persona le dió buena espina y simplemente siguió caminando con aspecto de saber perfectamente que hacia allí.

No pudo evitar mirar sus costados de vez en cuando y se sintió confundido por ver el titular de varias tiendas, pues eran extrañas y sin sentido, y con objetos en las vitrinas sumamente raros. Artemis supuso que tal vez se trataba de un mercado negro, y las personas que negociaban aquí llevaban esa vestimenta por alguna clase de código secreto.

Esperaba llegar a algún lugar con sentido pronto, antes de que sus padres y Mayordomo se dieran cuenta de su ausencia, aunque muy probablemente Myles y Beckett ya les habían contado... O tal vez no.

—¡Oye tú, niño! —llamó una voz profunda en la multitud. Artemis se giró por instinto (aunque no muy contento por ser llamado niño), y se encaró a un hombre realmente grande y con barba, no parecía malvado, pues sus facciones aparentaban ser benévolas, tal vez por eso Artemis decidió detenerse, y agradeció que no se equivocó y que a él lo había llamado—, ¿qué haces en un lugar como éste?, ¿y tus padres?

Artemis pensó con rapidez, tal vez no iba mal encaminado con el pensamiento de que el lugar se trataba de un mercado negro o algo parecido.

—Me separé de ellos, justamente los buscaba —esto no era una mentira realmente, sino la verdad.

El rostro del hombre pareció suavizarse y colocó una mano en su hombro.

—¿Primer año? —preguntó, Artemis no estaba seguro de que debía responder así que sólo asintió con la cabeza—. De acuerdo, déjame guiarte, este no es un buen lugar para niños.

Niños. El hombre lo veía como un niño, y Artemis estaba seguro que la última vez que se había visto en el espejo tenía la apariencia de un joven de 16 años (aunque en realidad tenía 18) y estaba seguro que no se parecía en nada a un niño.

Pero no dijo nada, y se dejó guiar por el hombre a través de la multitud que les dedicaba una expresión desdeñosa, tal vez por la altitud del hombre o tal vez por la vestimenta del niño que lo acompañaba. O tal vez simplemente por ambas causas.

—¿Cuál es tu nombre? —preguntó el hombre sin despegar su mirada del frente.

Artemis vaciló unos segundos, preguntándose si sería buena idea dárselo, una parte de él no lo creía, ya que si este era un mal lugar alguien de malas intenciones podía oírlo y reconocer su nombre y herencia, pero por otro lado, simplemente estaba cansado y quería volver a casa bajo cualquier medio.

—Artemis —contestó, sin dar apellidos y solo su nombre, así ambas partes ganaban—, ¿y el suyo?

—Hagrid, guardián de las llaves y guardabosques de Hogwarts —se presentó con orgullo en su voz y con una sonrisa dibujaba en sus labios

Hogwarts. Artemis quiso preguntar a que se refería, pero una voz en su interior le dijo que se callara y simplemente siguiera adelante, tal vez esa voz se trataba de Orión, aunque ese pensamiento lo alejó de su mente a toda costa, no necesitaba volverse loco justo en ese momento.

Artemis se mordió el interior de la mejilla y continuó avanzando, no se dio cuenta que habían llegado a otro lugar hasta que Hagrid frenó.

—Aquí esta el callejón diagon —dijo, y Artemis tuvo que mirar a su alrededor para comprender que aunque se parecía un poco al sitio anterior, a la vez no tenía comparación, pues el Callejón diagon (como así lo habia llamado Hagrid) era más alegre, iluminado y había más niños, aunque muchos de los adultos al igual que los de el otro sitio, vestían túnicas y sombreros puntiagudos, y esto hizo que Artemis frunciera el ceño— ¿necesitas ayuda para buscar a tus padres o te estas quedando en el caldero chorreante?

Artemis procesó esta pregunta con rapidez, analizando cual era la respuesta correcta si su intención era que Hagrid lo dejara.

—Me estoy quedando en el caldero chorriante. Aunque gracias por su ayuda, señor —Artemis no dejó que Hagrid respondiera antes de darle la espalda y meterse en la multitud de personas.

Artemis sólo necesitaba buscar información, pues sabía que el lugar donde se encontraba no era normal y que fuera donde su máquina lo había enviado tal vez se trataba de un mundo alterno por los nombres extraños y la particular vestimenta.

Artemis habia estudidado los universos alternos hace dos años, como un pasatiempo y curiosidad, y aunque en su momento no le tomó importancia ahora no paraba de pensar que tal vez se había equivocado con algún cálculo y el lugar donde se encontraba ni siquiera se encontraba en el mundo que él conocía.

Y debía tratarse de un universo alterno, ya que de no ser así, Artemis estaba seguro que en su mundo él los habría descubierto así como logró descubrir el subterráneo. Era cuestión de simple lógica.

Pero, oh, Artemis se había equivocado, y ahora no sabía como volver a casa.