A sus doce años, Draco Malfoy ya es considerado el niño más lindo de hogwarts. Las niñas tienen un cierto amor no correspondido por el heredero. Algunas han corriendo el riesgo de declararse sabiendo que el niño rubio las va a rechazar con tal elegancia que en vez de dejarlas llorando, las deja con un suspiro entre los labios. Y aunque se vea muy frío, suele tener tacto frente a las chicas ya que su madre lo educó de una forma muy caballerosa.
Y el día que menos le agrada llegó. Se levantó de su cama en la habitación de las serpientes con cierto dolor de cabeza al pensar que hoy día iba a tener que poseer una paciencia de mil brujos. Sus amigos lo animaron diciendo que sí no quería comer los obsequios de las chicas, ellos gustosamente lo aceptaban.
—No sean ridículos, ya saben que no deben comer nada regalado y mucho menos en esta fecha donde las pociones de amor están en diez de diez chocolates de San Valentín.
Ninguno de los chicos dijo nada, ya que su mente viajó a la simple idea de estar en la sala común disfrutando un trozo de chocolate.
Al llegar al comedor ya se sentía ese aire espantoso de San Valentín donde corazones volaban entre los estudiantes, los fantasmas recitaban poemas y claro, las chicas susurrando a escondidas con cartas entre sus manos y otros obsequios para sus enamorados. También se pueden ver algunos muchachos con rosas listas para ir a declarar sus sentimientos. Draco intentó ignorar ese ambiente pero le fue imposible ya que las miradas no se hicieron de esperar. Él con cortesía les sonrió a las chicas y siguió su camino hasta la mesa de los Slytherin donde su amiga Pansy lo esperaba.
—Feliz San Valentín, Draco. —la niña de cabello negro corto y ojos verdes. Le sonríe al recién llegado junto a Crabbe y Goyle .
— igualmente… ¿que hay para desayunar?
Draco Malfoy, un chico de dulces doce años solo quiere jugar y divertirse, no andar pensando en la anatomía de la mujer y mucho menos en andar saliendo con una. Las niñas son lindas y problemáticas… Algunas más aburridas que las otras pero bueno ¿que puede hacer él? Nada más que rechazar con amabilidad.
El día pasó como intuía que iba a suceder, regalos, chocolates, cartas y declaraciones. Su sonrisa falsa en el rostro le está causando dolor y ya quiere mandar a todos a un hermoso viaje a la luna, si fuera posible. Y para empeorar su día al doblar la esquina para ir a clases se encontró con el trío de idiotas, San Potter, la comadreja pobretona y la sangre sucia, Granger. Ron fue el primero en mirarlo mal.
— Lo que me faltaba, los idiotas de Gryffindor.
—¡Cállate, Malfoy! — Harry fue el primero en responder. Sus miradas chocaron por unos instantes y Potter no pudo dejar pasar el hecho de que Malfoy lleve flotando a su alrededor un montón de chocolates que ni en los sueños de Ron se ven.
— Para tu información, Malfoy aquí el único idiota eres tú. — Ron habló luego de tragarse un dulce. El príncipe de Slytherin sólo se ríe provocando aún más el enojo de Ron, siendo detenido por Harry, su mejor amigo.
—Sigue hablando, Weasley y quizás algún día digas algo inteligente. Ahora si me disculpan, tengo mejores cosas que hacer que ver sus caras de idiotas.
Harry y Ron se quedan de pie discutiendo con la mirada si es necesario lanzarle un hechizo mientras está distraído o no. Draco al dar un paso se da cuenta de que Granger está al frente de él con su típico rostro de molestia. Este le sostiene la mirada a la chica de cabello alborotado. Sin saber por qué, sólo se miran, se analizan y ese sentimiento desconocido que les inquieta solo los hace enojar más.
No es la primera vez, no, claro que no. Han sido muchos encuentros donde Draco y Granger se quedan viendo fijamente sin saber la razón exacta.
Draco cree que es odio mutuo y por eso no debe dejarse vencer por una simple sangre sucia, mientras tanto Hermione piensa algo similar y sabe que su orgullo es más fuerte.
—¿Qué tanto me ves? —ya incómodo de esa batalla de miradas, Draco busca una salida. — También vas a regalarme un peluche o escribiste una carta confesando tus sentimientos hacia mí, Granger.
—No digas ridiculeces, Malfoy. Yo soy lo suficientemente inteligente para que me guste alguien tan cruel e idiota como tú.
Yo sí tengo buenos gustos. —Hermione se cruzó de brazos y con ese aire tan superior de niña sabionda, observa a Draco.
— ¿A sí? Y dime, sangre sucia ¿Qué significa para ti los buenos gustos? —Draco también se cruza de brazos. — ¿Potter o la comadreja? ¡Ya sé! El nerd de Longbottom, es igualito a ti. Un sabelotodo irritante y sin atractivo físico que vive encerrado en la biblioteca.
—Tú no me conoces, Malfoy.
—¡Claro que te conozco, Granger! Eres tan fácil de descifrar. Eres una sabelotodo irritante que no tiene amigas y solo sigue a estos dos como elfo doméstico.
Hermione se quedó en silencio, viendo con enojo a Draco. Este en defensa a los nervios y ese sentimiento desconocido en su pecho solo deja su lengua fluir.
— ¿Ves la diferencia, sangre sucia? Mientras que tú no recibes ni las gracias de estos dos idiotas, yo me llevo todos estos regalos de mis admiradoras como cualquier otro día normal. Yo soy Draco Malfoy y tú una simple sangre sucia que por error entró a este lugar.
Y sin más se fue caminando, casi trotando hasta su sala común con el corazón desenfrenado y un apretón incómodo en el estómago.
Hermione sigue de pie con las lágrimas naciendo de sus ojos. Sus amigos la observan sin saber qué hacer.
—Hermione… —Harry murmura. — no le prestes atención a lo que dice Malfoy, es un imbécil con dinero. Tú eres mi amiga y no…
—Yo… olvide mi varita en la sala común.
Dando pasos cada uno más deprisa que el otro, Hermione se aleja de ellos. No debería doler tanto las palabras de Malfoy pero no puede controlar esa presión horrible en el pecho que le apretá sin compasión.
Los estudiantes ya deben estar en sus clases. Los pasillos están vacíos y nada puede detenerla. Solo corre sin saber exactamente qué quiere o que espera.
—Lo siento.
Esa voz, que hace unos instantes estaba insultandola ahora está detrás de ella. Hermione apretó sus dedos entre sí, sin voltearse a verlo a esos grises ojos.
—Dijiste cosas muy feas…
Un sollozo salió de sus labios.
Draco apretó los puños y camina de forma lenta hasta la leona. Con suavidad toca su espalda, dando un leve escalofrío a la pequeña Hermione.
— Lo sé… y lo siento, Granger.
No le gustan las niñas, no, claro que no.
Todas son aburridas, problemáticas, vanidosas, superficiales, algunas más tontas que otras.
— Ya no quiero esto, Draco...yo te quiero pero tú…
— ¡Yo también te quiero, Hermione!
Draco la rodea con sus brazos y el perfume de él rodea a la castaña, Hermione intentó relajarse pero no puede.
Ya no quiere esto. No quiere seguir fingiendo que odia al niño más lindo de la escuela, no quiere seguir fingiendo rivalidad insana con Draco. Quiere caminar juntos, conversar, estudiar, reír, hacer travesuras y un montón de cosas más.
Es su amigo, su gran amigo secreto. El cual no puede hablar de forma normal porque viene de una familia muy quisquillosa que solo aceptan sangres puras y ella es solo Hermione Granger. Una sangre sucia.
— Solo debes esperar un poco más, Granger.—Draco sigue hablando.— solo un poco más y verás que podremos hacer tantas cosas. Somos amigos, buenos amigos.
— Un poco más…
Hermione sabe que ese "poco más" significa meses o años. Muchos años donde no podrá decir libremente que su mejor amigo es el rubio Draco Malfoy.
Draco suelta de forma lenta a Hermione y la voltea para limpiar con sus pulgares los ojos de ella, las lágrimas siguen cayendo de forma lenta por sus mejillas y Draco no encontró mejor manera de limpiarlas que besando sutilmente las mejillas de Hermione. Granger sonríe, dejando que el chico bese su rostro evitando cualquier rastro de lágrimas provocadas por él.
— ¿Cuántos regalos recibiste? —Hermione preguntó, viendo que el chico ya no tiene todos los obsequios flotando a su alrededor.
— Ni idea pero ya los queme… ¿Tú no me vas a dar un regalo?
—¿Debería?
Draco se ríe y le golpea la frente de forma amistosa. Ya eliminando ese sentimiento de culpa en su cuerpo.
Tantea sus bolsillo y saca una caja de color verde esmeralda.
—No es mucho pero… ¡Feliz día de San Valentín!
El pequeño Malfoy le entrega el obsequio a Hermione, está aún sonriendo lo abre y ve que adentro se encuentra un lindo pasador de cabello dorado con diamantes rosados.
Draco se lo quita de las manos y se lo coloca en el cabello.
— Gracias, Draco… Yo si te tengo un regalo pero debes cerrar los ojos.
Y sin quejarse, el Slytherin cierra los ojos ansioso por recibir el regalo de Hermione ¿Qué será? Lo más seguro es que sea un libro o quizás un lindo peluche muggle.
Impaciente por los segundos que pasan sin saber nada de la castaña, Malfoy hace el intento de abrir los ojos pero su sorpresa fue otra.
Hermione al ser un poco más baja que él, de puntillas se afirma de los hombros del joven Malfoy inclinándose un poco chocando de forma inesperada sus vírgenes labios con los de él.
Un dulce, suave, sorpresivo e inocente San Valentín recibió a los doce años Draco Malfoy.
