Haikyuu! y sus personajes le pertenecen a Haruichi Furudate, sólo escribo por diversión.

— No es por nada, Akaashi, pero...apestas.

Konoha frunció el labio superior en una mueca que parecía de asco, pero Akaashi sabía que era más de preocupación que otra cosa. Sarukui, a su lado, observó a Konoha con cara de pocos amigos dentro del gimnasio del colegio mientras Akaashi se echaba aire con uno de los mangas que Konoha había estado leyendo hasta hacía unos minutos, antes de que él ingresara al lugar.

— Me siento bien.— fue la respuesta tímida pero segura que dio el setter ante aquella declaración, pese a que los otros dos podían ver como se abanicaba cada vez con mayor ansiedad.

— Ahora te sientes bien, pero en unas horas vas a sentirte en el infierno. Y nosotros también si te quedas aquí.

— Tomé los supresores.

— ¿Cuándo?

El silencio se instaló entre los tres. Por suerte, era bastante temprano y nadie más se había dejado caer en el gimnasio, ni siquiera Bokuto. Mientras chasqueaba la lengua y farfullaba algo que Akaashi no llegó a comprender pero que había sonado como "estos niños de hoy" , Konoha se levantó de su asiento y abrió del todo el portón del predio; una suave brisa ingresó al lugar, golpeando de lleno el rostro de Akaashi.

— Maldición.— Sarukui se cubrió la nariz y se alejó unos pasos de Akaashi ante la mirada reprobatoria de Konoha.— Es verdad, apestas.

— ¡Por qué te cubre si tú eres Beta!¡No te afecta!

— Porque igual me pone nervioso.

— Tienes problemas en asumir tu género, ¿verdad?

— ¡Claro que no!

— Los tomé hoy al mediodía.

La voz de Akaashi distrajo a los otros dos de una posible pelea a gritos que podía alertar a otras personas; ambos lo observaron, Konoha con el ceño fruncido y aparentemente fastidiado y Sarukui con las cejas elevadas y una expresión indescifrable en el rostro. Otra vez, otro silencio incómodo se estableció entre ellos y, a medida que pasaban los segundos, Akaashi supo que su respuesta no era la que estaban esperando.

— Akaashi.

El tono de Konoha cambió; dejó de prestar atención a Sarukui y se acercó a su posición a paso lento. Su ceño fruncido y la expresión seria de su rostro amedrentaron un poco a Akaashi, quien se quedó firme en su lugar pero con fuertes deseos de retroceder.

— El tema del celo no es una tontería que puedas tomar a la ligera. De todos, pensé que tú eras precisamente el más responsable.- Akaashi abrió la boca para refutar aquello, pero Konoha levantó una mano para evitar que lo interrumpiera.— No es sólo por el colegio, sino también por el equipo. No puedes entrenar así.

— Konoha-san, no es que me haya descuidado. Literalmente no lo vi venir.

— ¿Cómo?

Akaashi tragó saliva, sin ánimos de dar mayores explicaciones.

Siempre, desde que se había enterado que era un Omega durante la secundaria, había mantenido el perfil más bajo que le había sido posible y había venido esquivando sus períodos de celo con bastante eficacia; desde que había sufrido su primera necesidad, aquella cuestión hormonal se había vuelto literalmente un calvario. Sus celos eran irregulares y demasiado espaciados en el tiempo como para saber a ciencia cierta cuándo se aproximaban, y a eso tenía que sumarle la desgracia - o la suerte, dependiera de cómo lo mirara - de que no tenía síntomas previos. Nunca un dolor de vientre, un cambio en su estado de ánimo, algo que le avisara que estaba por sucumbir en breve.

Y los supresores no eran drogas que pudiese tomar todo el tiempo; si hubiese sido un estudiante más podría haberlo considerado, pero aquella cosa alteraba su rendimiento deportivo de una manera inadmisible y lo había tenido que comprobar de mala manera. Durante su primer año y lo que iba de segundo en la preparatoria Fukurodani sólo había sufrido tres períodos de celo y había tenido la enorme suerte de que habían comenzado un fin de semana o fuera del horario escolar, eximiéndolo de alguna situación incómoda.

Pero en esa ocasión parecía que no iba a tener contemplación con él. Aquella mañana, Akaashi se había despertado con una sensación extraña. No había sabido definir bien qué era lo que sucedía, pero lo había adjudicado al repentino insomnio que había sufrido aquella noche; se había despertado varias veces en la madrugada e incluso en un par de ocasiones había tenido que hacer viajes a la cocina en busca de agua, sintiéndose sediento sin razón alguna.

Había llegado al colegio un tanto distraído, y las clases de la mañana habían pasado en una extraña nebulosa, un sopor peculiar que Akaashi atribuyó al sueño que tardó incluso hasta el mediodía en despejar de su mente.

El problema había surgido justo a esa hora; durante las clases, había tenido que colocarse la chaqueta del colegio porque, si bien no hacía frío realmente, un par de escalofríos recorrieron su espalda durante la mañana. Sin embargo, llegado a la hora del almuerzo, incluso había comenzado a sudar en el patio del receso con la camisa arremangada y la corbata fuera de su uniforme.

Fue en ese momento, al ver que sus compañeros seguían igual de abrigados que antes y de comprobar que no sólo era un simple sofoco, sino que su piel comenzaba a arder como si estuviese levantando temperatura, que se percató demasiado tarde que su celo se había adelantado. O atrasado, no sabía bien. Inmediatamente había rebuscado en forma desesperada algún supresor de emergencia en su bolso, lo había tomado y había aguardado a que la desgracia se aplazara aunque fuera unas horas más.

—Mi ciclo es muy irregular, y entenderás que no consumo supresores en forma diaria.

Akaashi se sintió otra vez incómodo ante la mirada de Konoha; su ceño se suavizó y la expresión de su rostro se ablandó al oírlo pero, aún así, aquel dejo de preocupación y fastidio no desaparecieron del todo. Konoha era también Omega pero, a diferencia de él, parecía tener un ciclo muy regular y carecía de aquel tipo de problemas, porque jamás había mencionado siquiera algo relacionado con sus períodos de necesidad. Sólo avisaba que durante tales fechas, cada tantos meses, se ausentaría por un par de días.

Y lo hacía con la exactitud de un reloj, bendito fuera.

— Comprendes que el supresor que tomaste hoy no afectará tu celo, ¿verdad? Con suerte y lo retrasará unas horas.

— Lo sé, por eso decidí ingerirlo.

— Vete a casa. Le diremos al entrenador que estabas indispuesto. Total y mañana es sábado.

Konoha logró esbozar un intento de sonrisa que, Akashi supo, tenía el objetivo de tranquilizarlo y restarle importancia a una situación que era de por si bastante grave. Akaashi sabía bien que si no hubiese tenido ese supresor encima, que si sus cambios hormonales hubiesen comenzado más temprano y él realmente entraba en su necesidad durante las clases, habría sido literalmente un caos, situación completamente inadmisible para sí mismo y para el resto.

Pero había logrado ingerirlo a tiempo y aquello probablemente podía llegar a postergarse hasta la noche, por lo que estaba seguro le permitiría entrenar aquel día. No estaban en condiciones de que el setter y vice capitán del equipo perdiera tiempo y días de prácticas por algo que no representaba un peligro en ese momento, teniendo el torneo nacional tan cerca.

No podía permitirse aquello, no tan cerca de la graduación de los integrantes de tercero.

— Me quedaré. Si no puedo manejarlo, diré que debo retirarme.

¿Cómo?

Sarukui se arrimó a Konoha y lo tomó de los hombros cuando notó la agresividad surgiendo del otro, visiblemente fastidiado por la respuesta de Akaashi.

— Soy tu senpai, maldita sea. Respétame y hazme caso, chico raro.

— Konoha-san, con todo respeto, vuelvo a reiterar que no me siento indispuesto. Puedo hacerlo.

El aludido se le quedó mirando y, de repente, contrario a lo que los otros dos creían, se echó a reír en la mitad del gimnasio. Negó con la cabeza mientras intentaba persuadirse a si mismo, dejando de reír.

— Akaashi, ¡¿eres acaso consciente que estamos en un lugar cerrado y, te reitero yo, apestas a Omega en celo?!.— avergonzado, Akaashi sintió un leve calor en su rostro añadiéndose al que ya estaba sintiendo.— No es por nada, pero Washio y Onaga son Alfas, estúpido. Se darán cuenta enseguida, y yo no voy a terminar herido por defenderte.

— Konoha…

— Y no nombré al peor. ¿Se te pasó por la cabeza pensar siquiera en Bokuto?

La sola mención del capitán del equipo de voley pareció afectar y dejar sin habla a los tres. Akaashi tragó saliva, de repente un poco consternado. Había pensado en lo que mencionaba Konoha y había llegado a la conclusión que, como nadie parecía haberse visto afectado durante toda la mañana y parte de la tarde, sucedería lo mismo con el equipo durante la práctica. Sobre todo había pensado en Bokuto; nunca se le había cruzado por la cabeza mencionarle sobre su condición irregular, pero intuía que el mayor sospechaba algo por sus repentinas desapariciones sin aviso previo. Jamás habían hecho alusión a la cuestión y todo era un supuesto, pero ya había un precedente: Komi, el libero de tercer año había sufrido una situación un tanto parecida a la suya el año anterior, y el único dentro de todo el gimnasio que no se había percatado de absolutamente nada, había sido justamente Bokuto.

Por lo que Akaashi le había restado importancia, suponiendo que quizás su cerebro sólo se enfocaba en el deporte o algo en sus receptores nasales funcionaba terriblemente mal.

— No creo que haya problema.

— Pero…

— ¡Hey,hey! ¡¿Hace mucho que están aquí, por qué no avisaron?!

Los tres se congelaron en su sitio; Akaashi quedó de espaldas al portón abierto del gimnasio y, al oír la voz resonante de Bokuto haciendo incluso eco dentro del recinto, perdió la seguridad que había estado sintiendo minutos atrás. De imprevisto, una nueva ola de calor lo asaltó internamente y logró evitar que se notara en su rostro, pese a que Konoha entrecerró los ojos observándolo de manera acusadora.

— Hace sólo 10 minutos, no te alteres.

— Ah, bueno...si llegan a comenzar antes avisen, estoy sin nada que hacer desde…

Bokuto dejó de hablar de repente al mismo tiempo que el chirrido de sus tenis cesaba sobre el suelo lustrado del gimnasio. La atmósfera cambió de repente y Akaashi cerró los ojos, consciente de la tensión que fluía de Konoha y Sarukui en esos momentos. Las voces de los demás no tardaron en dejarse oír, también ingresando en el predio.

Y también callándose abruptamente.

— Algo está mal.

La frase de Bokuto alertó a Konoha quien, pese a declarar que él no se involucraría en una pelea si llegaba a suceder, se acercó rápidamente hacia donde se encontraba Akaashi, colocándose a sus espaldas; finalmente, el setter decidió abrir los ojos y voltearse, aceptando que, después de todo, su plan no iba a funcionar como le hubiese gustado.

Por primera vez le decepcionó que Bokuto se percatara de algo por cuenta propia.

— Nada está mal.— replicó Konoha a la defensiva.

Akaashi pudo ver a Onaga y Washio cubriéndose las narices mientras fruncían el ceño en la distancia, sus miradas alternativamente de Akaashi a Bokuto. El capitán del equipo se hallaba cerca, demasiado cerca de la posición de Akaashi. Peligrosamente cercano, diría. Demasiado alejado del portón y de los demás ante la necesidad de actuar si una catástrofe se daba a lugar…

De repente, Akaashi se vio empujado hacia un costado por Konoha; iba a quejarse de su actitud cuando comprendió el objetivo de la misma: de manera perspicaz Konoha había notado la dirección de la corriente de viento que ingresaba por el portón. Le había estado dando de lleno a Akaashi y probablemente algo de sus feromonas habían afectado a Bokuto; ahora, alejado de dicha brisa, Akaashi se percató con espanto que Bokuto fruncía el ceño y olfateaba el aire sin siquiera percatarse del golpe que Konoha le había dado a su vice capitán.

— Yo...estaba seguro que…¿ustedes no sienten ese olor?

— Qué olor.— Konoha se posicionó delante de Akaashi y éste pensó en apartarlo delicadamente. La defensa del otro Omega era demasiado obvia e incluso alguien como Bokuto podría darse cuenta de que algo estaban escondiendo.

— Era como...no sé, pero me dio hambre.

Todos retrocedieron un paso, Sarukui incluido. Bokuto sí pareció notar esa acción, volteándose a ver a los recién llegados. Frunció el ceño, observándolos uno por uno.

— Actúan como si lo que dije fuese raro…¿qué sucede aquí?

— Bokuto, debes estar sintiendo el olor del comedor. Creo que los de la clase de cocina estaban tramando algo.— gritó Washio mientras se acercaba, palmeando en la espalda a Bokuto cuando estuvo a su lado.

¿Clase de cocina?¿Eso existía?

— ¿Eso existe siquiera? No lo sabía, aunque puede ser.— Bokuto pareció sopesar seriamente las palabras de Washio. Konoha podía ahora reírse en silencio de la cara del otro Alfa a espaldas de Bokuto al ver el esfuerzo que hacía para no respirar cerca de Akaashi.— El aroma que siento se parece a…¿vainilla?¿tú no lo sientes, Washio?

Claro que lo siento.

— Todos lo sentimos, Bokuto. No estás delirando.— Komi y Onaga se acercaron también, el semblante relajado del primero y apesadumbrado del otro indicaba claramente quién la estaba pasando mal allí.

— Quizás deberíamos cerrar el portón, no sé por qué pero me desconcentra…

— ¡No!

Bueno, si con el grito que habían dado Konoha, Washio, Sarukui y Komi Bokuto no se percataba de que algo realmente estaba mal, Akaashi iba a creerse realmente seguro en aquel lugar. Por suerte, aquella ola de calor no se había repetido e increíblemente creía que los supresores sí estaban haciendo una especie de efecto tardío en su cuerpo, aunque claramente estaba liberando demasiadas feromonas como para que siquiera se les ocurriese cerrar la única ventilación que tenían allí.

— Pero no hace calor.— Akaashi se dio la vuelta para evitar que Bokuto viera la sonrisa que se había formado en su rostro al notar lo ingenuo que podía ser, caminando directamente hacia el sector donde estaban los bolsos, la seguridad volviendo a su mente.

— Ahora no tienes calor, pero ya después te sofocas y te pones de mal humor.— sentenció Konoha, zanjando el tema.

— Bueno, supongo que tienes razón. Qué va…¡Akaashi, vamos a calentar un poco, quieres!

Maldita sea.

Konoha se adelantó a Sarukui, casi chocando contra el Beta en su camino hacia la banca; los demás lograron distraer a Bokuto mencionándole el cronograma final del torneo nacional mientras el Omega posaba una mano en el hombro de Akaashi en un intento por amedrentarlo.

— Akaashi, maldición, vete. Ya ves que sí lo nota. Todos lo notan.

—Pero…

Akaashi estaba dispuesto a entrenar; había notado que su mayor preocupación parecía no comprender realmente qué era lo que lograba distraerlo de aquella manera, pero ahora que Konoha había mencionado a todos, se percataba de que tenía razón. No sólo Washio y Onaga habían percibido rápidamente su aroma, sino que tanto Sarukui como Konoha estaban visiblemente nerviosos por la posible reacción de los demás. Akaashi frunció el ceño y apretó sus labios en una fina línea, debatiéndose entre lo que deseaba y lo que debía hacer.

— Nadie va a poder entrenar bien contigo aquí. Eres un estorbo, entiéndelo de una vez.

— Lo entiendo.

Konoha aflojó su agarre al ver la expresión compungida en el rostro ajeno mientras oían de fondo los gritos de los demás. De alguna manera, Bokuto había terminado de distraerse con la llegada de otros miembros no titulares del equipo y les había dado un margen de tiempo para controlar un poco aquella situación.

— Ve ahora, yo le diré que no te sentías bien. Se lo haré saber al entrenador. ¿Quieres que te acompañe?

— No, está bien…

— Yo lo acompañaré.

Ambos voltearon al ver a Sarukui detrás de ellos, sonriendo. Palmeó la espalda de Akaashi a modo de consuelo porque sabía lo que pasaba por la cabeza del setter en esos momentos, aunque no hubiese remedio para su situación.

— Sarukui-san, no es necesario. Puedo ir a casa solo, vivo cerca.

— Claro que no. Voy y vuelvo.— Sarukui ignoró olímpicamente a Akaashi y habló directamente con Konoha, quien asintió con la cabeza, visiblemente aliviado.

Y así, la finalización de su jornada escolar fue determinada por sus superiores. Akaashi tomó su bolso y se dirigió a la salida, echándole un vistazo al resto. Bokuto estaba de espaldas y no logró ver cuando Sarukui y él abandonaron el gimnasio y, en el momento de surgir de aquel lugar, Akaashi al fin se permitió respirar tranquilo.

— A que te sientes mejor fuera, ¿verdad?

— Totalmente.

Konoha tenía razón. No tenía caso que se quedara, no sólo porque afectaba al resto, sino porque visiblemente las feromonas de los demás lo habían estado afectando a él de manera inconsciente. Ahora comprendía por qué había sentido aquella ola de calor tan repentina siendo que venía manejando tan bien la cuestión. Si se hubiese quedado, si hubiese accedido a practicar con Bokuto durante escasos minutos…

— No te preocupes. Vamos a tu casa y te acuestas un rato, ¿está bien?

— Si, Sarukui-san.