Cálido en la intimidad

Hyoga creía que Isaac iba a ser un santo de frío carácter y poderoso en la batalla sin dejar de ser gentil. Sin embargo, al ser atrapados en un lugar oscuro debido a un error en el entrenamiento en Siberia, el rubio descubre más que sólo frialdad en su amigo de la infancia/One-shot/R+18/Isaac de Kraken x Hyoga de Cisne

Disclaimer: Lospersonajes son de Masami Kurumada.

Cielos, hace tiempo que no escribo de Saint Seiya, a ver si no estoy oxidada.

Cálido en la intimidad.

Isaac estaba entrenando arduamente en los lugares más fríos de Siberia, junto a su amigo Hyoga y aunque fueron entrenados por Camus de acuario, el rubio sabía que en realidad su amigo y compañero de entrenamiento era el verdadero portador de la cloth del cisne.

Ya que varias veces el santo de oro les había enseñado que ser sentimental y usar su cosmos para algo más que para el servicio de Athena era fatal para todos ya que de nada servía todo ese sufrimiento para esas cosas.

Hyoga aún no superaba la muerte de su madre y eso era triste porque en verdad no quería decepcionar a su maestro y a su amigo. Isaac le repetía constantemente que eso era algo que un santo de Athena no debería permitirse.

Por más que lo intentaba no podía olvidar a su querida madre pero no había tiempo para lamentaciones ya que el rubio estaba muy ocupado en parte por los entrenamientos y en Isaac.

Isaac era su mejor amigo, lo había conocido desde que eran unos niños. El niño de pelo verde era un niño enérgico a pesar de vivir en un lugar con mucho frío pero eso no lo detendría, mientras que él era un niño muy tímido y dudaba siempre antes de cumplir con el ejercicio asignado.

Pero su amigo siempre le animaba y decía que después de todo ese entrenamiento sería satisfactorio y sería un santo que protegería a todos los seres que eran amenazados por los dioses.

Pero algo estaba cambiando en ellos dos, y era la adolescencia.

Hyoga cumplió los catorce, Isaac lo felicitó y dijo cuanto había cambiado.

-Vamos no digas tonterías, Isaac. Sigo siendo el mismo Hyoga.

-No, hay algo en ti que ha cambiado. Ya no eras el mismo niño escuálido y pálido que conocí hace años- al decir esto último, éste rió.

-No era escuálido. Eras tú el que ya tenía experiencia- se defendió Hyoga algo serio pero igual sonrió.

Lo que más le gustaba ahora, teniendo a su amigo de quince años era la risa que éste tenía.

Era una risa de lo más impresionante ya que Isaac siempre se mostraba serio en los entrenamientos. Y eso estaba bien, se esforzaba para ser un buen santo de Athena. Tampoco era que Hyoga fuera tan enérgico pero ese detalle le pareció de lo más hermoso.

Pero no sólo en los sentimientos sino también en cómo se estaba formando su cuerpo. Siendo sincero no sólo empieza a gustarle por su sonrisa y su forma de entrenar sino por su físico. Estaba en la edad en donde el físico estaba bastante presente a su vista.

Los músculos en los brazos, en las piernas, el abdomen marcado en la camisa de entrenamiento y su buena resistencia a los fríos de Siberia, la piel pálida y esos sorprendentes pero hermosos ojos verdes que poseía.

-Hyoga, es mejor que vayamos a entrenar, puede que sea el momento que elijan al santo del cisne.

-Si, ya voy- asiente el rubio mientras se levantaba y salían juntos de la cabaña.

-¿Qué te parece si tratamos de romper uno de los bloques de hielo?

-Hace mucho tiempo tratamos de romperlo Isaac- replicó Hyoga mientras ambos se dirigían hacia ese lugar, acompañados de una corriente de viento helado. Ellos no se inmutaron, puesto que estaban ya acostumbrados.

Isaac empezó a aumentar su cosmo, Hyoga se sorprendió un poco porque era distinto a como lo habían hecho antes. Estando cerca del bloque de hielo que, de niños no pudieron romper luego de acabar uno de los entrenamientos que Camus había impuesto.

Dio un golpe con mucha fuerza, una fuerza que Hyoga no conocía de él, al menos hizo una grieta algo grande.

-Vaya eres muy fuerte.

-Sigues tú- decía mientras se apartaba un poco, el joven peliverde estaba tomando distancia.

Aunque ya sabía que esa motivación de Hyoga no era la correcta, notaba la fuerza de su cosmo.

Hyoga apretó su puño mientras concentraba su cosmo helado. Haciendo que su amigo Isaac se sorprendiera por tal fuerza.

Sin embargo al impactar su puño, empezó a temblar de una forma que parecía que el cielo se estuviera cayendo.

De una forma muy extraña quedaron atrapados por un lado y las energías que tenían ya no estaban por ningún lado. La pared de hielo que pretendían romper les impedía el camino de regreso.

-Por Athena, ahora ¿Cómo saldremos de aquí?

-Es mejor que tú regreses… Veré como salir y pides ayuda.

-El maestro Camus regresó al santuario. Mejor nos ponemos a pensar cómo salir.

-Muero de frío…- Hyoga estaba abrazándose así mismo.

A pesar de estar acostumbrados al clima frío, era verdad que sufrían en aquel lugar, Isaac tenía puesto su chaqueta y se acercó a rubio para después de eso ponérsela encima.

-Isaac… No tenías que hacerlo con tal de… Encender mi cosmo…

-No importa Hyoga, mejor que estemos juntos para entrar en calor.

-Te congelarás.

-Nos congelaremos Hyoga- Isaac puso sus brazos musculosos sobre un acurrucado Hyoga que, se aferró a la prenda. Se sonrojó estando cerca pero era mejor aceptarla sino quería estar azul.

De pronto el cosmo gentil del peli verde se hizo presente, por el momento haciendo que el rubio dejara de tiritar, era un completo alivio pero no deberían olvidar que estaban atrapado y que según calcularon, Yakov podría pasar por ahí.

El pequeño pasaba ahí para darles de comer una vez terminado el entrenamiento, asi que solo deberían aguantar hasta mañana para después hacerle saber que necesitaban de su ayuda. No era mucho pero aquella necesidad de mantener calidez era grande.

-Isaac tu cosmo calienta mucho.

-Así estaremos bien- decía seriamente el peli verde mientras se aferraba más a su joven amigo.

Hyoga nunca olvidaría como fue que conoció a Isaac, era un niño valiente y decidido, pero más que nada valiente en una situación en donde estaban atrapados y la única forma de sobrevivir era resistir al frío y eso daba apariencia de ser sencillo. Sin embargo estaban en medio del silencio y no sabían cómo combatir contra eso.

-Isaac…

-Hyoga… ¿Te incomoda que esté cerca de ti?

-No… Para nada, no me incomoda. No te preocupes por eso lo haces para que no suframos frío.

-Bueno es que en parte te he querido pedir una disculpa.

-Isaac yo… No digas eso. La verdad es que lo que me has dicho es precisamente lo que debe hacer un santo pero simplemente no puedo olvidarlo por más que lo piense. Sé que tratas de cambiar esa manera tan sentimental pero…

-Hyoga, mis palabras no cambiarán con todo esto que te voy a decir pero más que nada, mi disculpa es por otra cosa.

Hyoga se le quedó viendo a su compañero de entrenamiento, sus ojos no se apartaron a pesar de estar muy cerca, en donde podían juntar sus cabezas y conciliar el calor corporal y olvidar aquel incidente.

-Me disculpo por golpearte, porque puede que pienses que no me importas.

El rubio no habló ya que Isaac no había terminado. Éste se incorporó de modo que puso una mano sobre su mejilla. Las mejillas pálidas de Hyoga se volvieron un poco rosas y su corazón comenzó a latir.

-Que te haya golpeado no fue excusa y solo fue porque estaba muy enojado por tu sentimentalismo pero más que nada que me dolía el hecho de que no te preocuparas por ti. Me preocupas pero más que nada me importas y eso… Hyoga no sé que pasará a partir de todo esto pero para que sea más fácil.

-Isaac, bésame por favor.

-¿Qué?- no era lo que esperaba pero por supuesto que eso fue algo sencillo. No fue bueno en declararse así pero vaya que, Hyoga se lo ponía bastante fácil.

-Que me beses… No sé qué es lo que siento… O tal vez para quitarme el frío en mi cuerpo pero quiero que me beses…- dicho esto el rubio cerró sus ojos.

Era obvio que esperaba el beso del peli verde. Pero no se acercó, en primera porque estaban muy cerca dándose calor y en segunda porque no quería darle la impresión de ser desesperado por un beso, era algo nuevo para ellos porque el entrenamiento consumía su cuerpo y su mente y las cosas de adolescentes fueron dejadas de lado.

El peli verde tomó de nuevo la mejilla del rubio, observando como nunca lo había hecho el rostro tranquilo y sereno de su amigo, aunque no estaba seguro que seguiría después pero sin pensarlo más acercó sus labios y los juntó con su amigo de entrenamiento.

Tomó con firmeza la cintura de Hyoga mientras movía la boca de una forma de poder entrar en aquella cavidad sin esperar mucho pero Hyoga comenzó a corresponder, aferrándose a sus hombros. Le sorprendió ya que lo mínimo que esperaba era ver los ojos celestes de su amigo sonrojado pero sin hacer ningún movimiento.

No quería apresurar las cosas ya que lo que menos quería era presionar a Hyoga y el calor iba en aumento mientras seguían besándose y abrazándose mientras la chaqueta caía poco a poco del cuerpo de Hyoga.

-Creo que es mejor parar… Hyoga, creo que con esto es suficiente.

-No Isaac, no pasa si continuamos. Ya no tengo frío.

-Somos amigos, la verdad no quiero perder mi amistad contigo.

-Al contrario, me gustaría besarte de nuevo porque creo que este sentimiento es porque me gustas.

-No inventes…-Isaac se cubrió la cara, no quería que Hyoga lo viera sonrojarse. No era experto en el tema. Nunca había besado a una chica. Debería analizarlo mejor.

-No miento, no estoy inventando nada y sé que sientes lo mismo, por eso me has besado.

-Eso fue porque me lo pediste.

-¿Haces lo que te pido? Ese no eres tú Isaac.

-Me gustas Hyoga- tomó los hombros del mencionado- Pero no quiero apresurar las cosas ahora que lo sabes y que tengo un pequeño problema.

El rubio bajó la mirada para observar como un bulto se asomaba en los pantalones de entrenamiento de Isaac y como este estaba agitado, el beso los había emocionado tanto que lo abrazó para calmar un poco todo.

-No te preocupes Isaac te aseguro que eso que tienes en el pantalón no me disgusta para nada.

-Hyoga…

-Puedo decir con toda seguridad que no he dejado de pensar en ti, no sólo como eres cálido, gentil pero a la vez valeroso sino que también por tu físico.

-No mentiré que…-las mejillas de Isaac se encendieron, puede que sea un aspirante a santo de lo más serio y frío pero en ese momento dejaba ver que sentía pena por esas cosas. Tenía catorce años, aun así era penoso- tú también me atraes Hyoga pero no puedo darme la libertad de hacerlo solo por este incidente.

-No es incidente si es lo que deseas.

Sin poder más tomó la cintura de Hyoga y lo besó pero no era un beso como el que sucedió antes, sino uno en donde ahora hacía que Hyoga usara sus brazos para aferrarse y no perder el ritmo.

Los labios de Isaac estaban necesitados de atención y Hyoga no quería decepcionar a su amigo por lo que aumentó la intensidad y sus manos estaban acariciando el cabello verde y sedoso de aquel finlandés… Sus labios al principio estaban algo fríos pero conforme la intensidad, estos estaban cálidos pero no solo estos tenían esa calidez sino también sus manos. Tal vez era su cosmo pero no sintió más que las manos de este sobre su piel, ante el contacto las cosquillas se hicieron presentes erizando su cuerpo de cintura para arriba. Y eso le encantaba.

Isaac estaba encantado debido a como Hyoga correspondía a sus besos de una forma que si bien era intensa y apasionada, esos sentimientos tan puros seguían ahí por lo que juntó su bulto con el de Hyoga que jadeaba entre besos.

-¿Quieres que me detenga?

-No he dicho que lo hagas Isaac…- la voz de Hyoga era entrecortada debido a que sólo pasaron a besos cortos ya que esa sensación sobre su entrepierna comenzaba a dominarlo.

Aprovechando que la chaqueta estaba en el suelo, acostó a Hyoga con cuidado y al ponerse encima continuaba con aquellos besos que incluía lengua.

Su mano pasaba por aquellos muslos trabajados pero más que nada hacía la entrepierna que comenzaba a molestar por lo dura que estaba y rogaba por se liberada, desabrochó primero el botón y bajó con cuidado el cierre para encontrarse con aquella ropa interior que era otra capa de seguridad para lo que quería.

.-Poséeme Isaac- rogaba Hyoga mientras veía como éste sacaba su pene debajo de la ropa interior y comenzaba a masajearla- Ah… Isaac- gemía mientras se dejaba hacer, acostado completamente.

Iba a dejarse llevar.

Sus cosmos estaban en un punto en donde el ambiente helado era ignorado y solamente ese calor lo reemplazaba mientras las manos de Isaac se dedicaban a desnudarlo. Hyoga no iba a quedarse atrás y también le quitaba aquella camisa azul de cuello alto.

-Siempre quise hacerlo.

-¿Quitarme la ropa?

-Verte así…

-Hyoga de verdad no puedo creer que esto esté pasando.

-Ni yo pero es lo que quiero… Me gustas también y mucho. Nunca pensaré en alguien más.

-Hyoga- se dejaba desnudar y con sus brazos tomó la cintura del ruso para besar su cuello y acariciar todo ese cuerpo que lo atraía como si imán se tratara.

Abrazados juntos, desnudos no sólo de cuerpos sino de mente ya que no era momento para pensar si eso que hacían estaba bien porque ambos eran hombres pero al estar solos se daban cuenta que eso no importaba.

Jadeaban juntos al frotar sus penes mientras se movían de manera sugestiva y viéndose a los ojos como nunca lo habían hecho. Ni siquiera cuando Isaac lo veía con furia porque no dejaba la idea de ser un santo para ver a su madre. Era una mirada de lo más gentil y llena de deseo que hacían que Hyoga sintiera otra vez ese cosquilleo y parecía que se correría.

Metió un dedo para comenzar a lubricar aquella entrada. Procuraba no ser brusco ya que lo que menos quería ocasionar era incomodidad en aquel rubio que tanto lo volvía loco. Besaba su cuello, atendía su pecho y lamía sus pezones de una forma que hacían que Hyoga arqueara su espalda. Sus gemidos animaban al finlandés de que continuaba con aquella muestra de cariño.

Era capaz de escuchar como el sonido dentro de su interior era tan peculiar que se excitaba cada vez más y deseaba que avanzara al siguiente nivel.

-Te necesito Isaac… Te necesito dentro.

-No tanto como yo te necesito Hyoga- comenzó a ponerse en esa posición en donde guiaba su miembro erecto sobre aquella entrada lubricada y lista. Respiró hondo al mismo tiempo que lo penetraba poco a poco y daba uno que otro beso en la mejilla del rubio para distraerlo y ver como este jadeaba.

-Hazlo Isaac…- jadeaba mientras abría los ojos y ese color celeste los miraba con determinación y seguridad- Sé que me amas como yo te amo a ti.

Al estar dentro no se movió de inmediato pero se dedicó a acariciar a Hyoga. Conocer más sobre su cintura, muslos y pecho. Rostro, nariz, ojos y boca. Todo incluso sus orejas pálidas y esos cabellos rubios que parecía ser como de otro mundo. Ante esos estímulos, Hyoga se sentía cada vez más seguro que con un movimiento de caderas le dio la señal a su amigo que se podía mover.

Isaac suspiró un poco y comenzó a moverse lentamente mientras observaba como el rubio también se movía y disfrutaba de la lentitud de las embestidas pero con ganas de que esas cambiaran a un ritmo aún más rápido y así fue.

Quería complacer a Hyoga de una forma inolvidable por lo que encendió su cosmo para mantener cálido al ruso y esos movimientos continuarían hasta hacer que las expresiones de Hyoga y sus gemidos. Esas expresiones lo ponían a mil que decidió darle en su parte sensible y todo cambió ya que Hyoga poseía un rostro que se podía interpretar como placer extrema.

Aquella pieza de carne le estaba dando golpes tan adentro que no evitaba soltar un sonido que le daba a entender al peli verde que estaba haciendo un gran trabajo y que pronto iba a venirse…

Se abrazaron, fundiéndose en aquella llama de pasión y los cosmos los hacía olvidarse de aquel problema de quedarse atrapados para besarse y mirarse como nunca.

Isaac poseía unos ojos preciosos que hicieron que Hyoga lo besara aun siendo golpeado en aquella zona que lo hacía perder la razón hasta que sintió como aquel líquido caliente recorría su interior.

Se sentía raro pero después de eso él también soltó lo suyo… Se quedaron jadeantes pero aferrados más que nunca.

-Hyoga… Eres increíble…

-Isaac…

Se abrazaron más que nunca. Ya no sentían temor sino algo muy hermoso en sus mentes y corazones. Hasta que Yakov apareciera para rescatarlos a la mañana siguiente ellos continuarían amándose. Ya no eran unos niños.

Isaac fue cálido en la intimidad y eso era lo que Hyoga quería porque eso sentía Isaac igual.

¿Qué pasaría después?

FIN

¡Al fin! Terminé este one-shot. Me encantó el resultado porque este es mi primer Isaac x Hyoga que me nació después de ver la pelea de Isaac y Hyoga en la saga de Poseidón. Aparte que una amiga en FB me dijo que amaba esta pareja y pues en parte es para ella porque me dio inspiración para continuar.

Con todo esto de la cuarentena estaré checando mis fanfics para seguir actualizando. Espero que la flojera no me consuma porque no sólo es el bloqueo de escritora que me cargo.

Sin embargo he recobrado un poco la inspiración así que la aprovecharé al máximo.

Nos leemos a la próxima.