Los lunes no se encontraban entre el repertorio de días favoritos de Akaashi Keiji. Y mucho menos, si recibía un mensaje con la palabra "urgente" en mayúsculas, negrita, itálicas y subrayada y cuya remitente, era su hermana. Ahora debería estar entrando en un aula en la que impartirían clases de Sociología de la Salud; pero en su lugar, estaba cogiendo un tren a Edogawa.
Admirando la pantalla iluminada, desvió su vista del teléfono y la dirigió su atención a la voz que anunciaban la llegada del tren a la estación.
Recorriendo las calles del barrio residencial donde habitaban su hermana y su cuñado, comenzó a darle vueltas al motivo por el cual su hermana requería su presencia con tanto apuro. Sus gemelos comenzaban a dar tirones debido al ritmo que había cogido. Aunque hasta el primer año de universidad estuvo jugando como colocador en el equipo de voleibol de su facultad, el sedentarismo al que se había habituado con tantas horas de estudio le comenzaba a pasar factura.
Akane sabía de antemano que interrumpir a Keiji en horas de estudio, era para situaciones de gran importancia. Y así, barajando opciones, Akaashi llegó a la conclusión más razonable de todas; la boda de Akane.
La pareja había hecho pública la noticia tres semanas atrás. Su madre no cabía en sí de la felicidad, y sus tías, ya estaban realizando arreglos al traje que vestiría el día esperado. Él había asimilado la noticia con facilidad, y les había dedicado a ambos unas palabras de felicitación. Aunque mostrar sus emociones no era uno de sus puntos fuertes, no podía evitar sentir felicidad al ver a su hermana mayor tan entusiasmada.
El 17 de abril era la fecha señalada. Y aunque todavía el frío invernal se negaba a marchar, sabía que pronto llegaría marzo cargado de estrés y con ello, mucho calor para toda la familia.
Akaashi paró cuando llegó a la casa donde residía su hermana. Sin necesidad de tocar la puerta, una figura femenina se precipitó sobre él y lo arrastró hacia el interior. El olor a velas aromáticas inundó sus fosas nasales del muchacho a medida que se acercaban a la sala de estar.
La joven empujó a su hermano bruscamente hacia el sofá, haciendo que se sentara automáticamente. Tomando asiento a su lado rápidamente, tomó las delgadas y grandes manos de Keiji entre las suyas, entrelazando sus dedos a continuación. Clavó sus ojos marrones en los verdes del joven.
— En primer lugar, siento interrumpir tu tiempo de estudio, sé cuán importante es para ti. Pero tengo que pedirte un favor y no estoy dispuesta a escuchar un no por respuesta. — Las palabras tan directas de su hermana causaron que Akaashi comenzase a pestañear incrédulo.
— Buenas tardes para ti también, Akane— Tomando una gran bocanada de aire, se retiró del agarre de su hermana suavemente y comenzó a retirar la bufanda de cuadros que abrigaba su cuello—.¿Reiji-san aún no ha regresado del trabajo? —preguntó el muchacho con la intención de minimizar la tensión que desprendían las pupilas de su hermana. Conocía a Akane como la palma de su mano, y era su faceta dramática, la que más estudiada tenía.
—No, aún no ha vuelto— Akane comenzó a jugar con el dobladillo de su falda de forma nerviosa. De repente, su vista se dirigó a Akaashi con preocupación —. Keiji, en la boda, necesito que bailes el primer vals conmigo.
Si el rostro del joven no tuviese una serie de expresiones limitadas, podría haber fijado una mueca de gran sorpresa. En cambio, tosió un poco y aclaró su voz.
— ¿Acabo de oír una petición de bailar un vals en tu propia boda? —río y la miró con incredulidad —. Podría contar con los dedos de una mano las veces que he bailado, y encima me hablas de un baile con nombre europeo.
— Kei, no es cualquier baile— Akaashi enarcó una ceja. No oía ese apodo desde que tenía 8 años. Y ahora, tan solo le recordaba a aquel apático chico que conoció en secundaria—. Es el primer vals. Sabes lo importante que es para la familia de Reiji que respetemos las tradiciones occidentales.
— Se trata de un baile Akane, un asunto de pareja. Sabes que haría lo que sea por ayudarte pero en este asunto me pillas desprevenido.
— No lo entiendes— Lágrimas amenazaban con salir de los ojos de la joven —. El primer vals de una boda siempre se debe de bailar con el primer hombre de tu vida.
Al oír aquello, un nudo se formó en la garganta del muchacho. El primer hombre.
— ¿Me estás pidiendo que cumpla el papel de nuestro padre? — Trató de que su voz sonase seria, pero un tono de emoción era notable en su voz.
— No hay nadie más que pueda hacerlo, Keiji — Akane comenzó a frotar sus ojos con las mangas de su chaleco. —. Entiendo que no te apetezca, pero era muy importante para mí como para seguir esquivando la cuestión— dijo seguido de una risa suave.
El silencio reinó de nuevo en la pequeña habitación donde se encontraban. Akaashi se levantó del sitio donde estaba sentado bajo la atenta mirada de su hermana. Aunque la habitación era bastante pequeña para considerarse "sala de estar", había millones de detalles que hacían que tuvieras que mirar muchas veces para percatarte de ellos.
Sus ojos comenzaron a recorrer los marcos que colgaban sobre las paredes. Se detuvo al llegar a una fotografía en concreto. La sostuvo con sus manos y un amago de sonrisa se formó en su rostro.
Aquel día habían ido a pescar al lago, como frecuentaban hacer todos los fines de semana. Un Keiji de apenas 4 años sostenía un gorro de pescador —del triple tamaño de su cabeza— mientras Akane lo cogía en brazos y dedicaba una forzada sonrisa a la cámara. Su padre, a la izquierda de ambos, les dedicaba una mirada cargada de ternura. Keiji, agradecía eternamente que la mayoría de recuerdos junto a su figura paterna fueran similares a aquel, felices.
Observando más a fondo la foto, se fijó en el gran parecido que poseían Akane y su progenitor. Mientras Akaashi había heredado la mayoría de rasgos faciales de su familia materna, Akane lo hizo de su padre. Desde una nariz respingona, hasta unos profundos hoyuelos. La copia exacta del gran Akaashi Hideo. Quizás, ese era el motivo por el cual el vínculo padre e hija era tan fuerte entre ambos. Y también, la razón del derrumbamiento de la joven ante su muerte dos años atrás.
Con aquella imagen en mente, se acercó de nuevo a su hermana. Sin hacer el mínimo ruido, se sentó a su lado y comenzó a mirar a la nada. Akane lo miraba tratando de descifrar sus pensamientos —cosa que jamás pocas veces había conseguido con Keiji— y se sobresaltó al oír como el muchacho aclaraba su voz.
— Te acompañaré en el primer vals.
Y así, es cómo había acabado frente a una academia de danza escondida por en calle cualquiera. Comparó la imagen de la fachada que había guardado en su móvil y asegurándose de que coincidían, entró en el local. Cerrando la puerta con cuidado, su mirada se encontró dos ojos azules que lo examinaban de arriba a abajo expectantes.
—¡Bienvenido a la academia Strauss! Mi nombre es Jurg Wilfgen, profesor de danza europea. ¿En qué puedo servirle?
— Buenas tardes— Inclinó levemente su cabeza para continuar su presentación —, mi nombre es Akaashi Keiji. Hablé con usted por teléfono hace unas semanas — Comenzó a mirar hacia otro lado, levemente incomodado por la mirada fija del joven—. Me había apuntado a sus clases de vals.
—¡Oh! Claro, por supuesto. Akaashi Keiji...— Por el acento tan marcado que tenía y por el nombre tan poco común, Akaashi figuró que se trataba de un extranjero nativo. Europeo, evidentemente—. ¡Aquí estás! — Jurg señaló su nombre en el cuaderno del mostrador. Al levantar la cabeza, le dedicó una sonrisa forzada — .Señor Keiji, ¿y su pareja? — Akaashi carraspeó.
—¿Perdón?— preguntó incrédulo— En el anuncio del periódico no figuraba la necesidad de una segunda persona— apuntó el muchacho, con un poco de nerviosismo en su tono voz. Quedaban 9 semanas para la boda, no podía echarse para atrás ahora.
—Joven, ¿es usted consciente de que el Walzer es un baile de dos, verdad?
Akaashi apretó los dientes y se dio una palmada mental en la cara. ¿Cómo podía haber olvidado el detalle de que necesitaba una pareja de baile? Comenzó a jugar con sus dedos escondidos tras su espalda en busca de una idea, pero nada parecía surgir de su mente en blanco.
—¡Jurg! — Una voz femenina acabó con el incómodo ambiente que los rodeaba — Lo dejo.
— ¿Señora Zen? — Ambos observaban con atención cómo aquella mujer de no más de 40 años, recogía sus pertenencias a una gran velocidad—. ¿Le ha ocurrido algo? —preguntó Jurg cogiendo a la mujer del brazo.
— ¡Es por ese endemoniado joven!— Por la gesticulación tan exagerada que hacía con sus brazos, ese chico debía de ser un grano en el culo— Me ha pisado 15 veces en la clase de hoy. ¡Y si contamos las de ayer, no acabamos! — respondió muy cabreada zafándose del agarre del muchacho.
— Pero mujer, seguro que encontramos alguna solución. ¡Puedo encontrarle un hueco en otro horario!
Las voces de Jurg y la señora retumbaban en los oídos de Akaashi, pero sus ojos estaban fijos en la habitación del fondo de la academia. Mientras ambos discutían, Keiji comenzó a acercarse a la sala de la que provenía una agradable música, no sin antes murmurar un "con permiso".
Akaashi llegó a la conclusión de que explorar aquel lugar sería un acto de pura curiosidad. Nunca había sido una persona entrometida, pero deseaba conocer algo más de la academia. Pero eso sí, no tenía ganas de topar con ese "endemoniado joven", así que mejor se andaría con cuidado.
— ¡Señor Hun, tenga más cuidado con la cintura de su mujer! — comentó una joven.
Una serie de 6 parejas se encontraban bailando en aquel enorme salón. Las edades eran muy variadas, hecho que sorprendió gratamente a Akaashi. Pegándose con cuidado a una pared, intentó pasar desapercibido hasta que acabase la danza. Mirando hacia los lados de la sala, cuadros con las caras de numerosos músicos se alzaban frente a él.
—Ese es Johann Strauss — Una voz cantarina sorprendió a Akaashi mientras paseaba su mirada por un marco de gran tamaño —.Y ese Johann Strauss, hijo. — Aunque el tono de voz que empleaba el joven le irritaba de manera considerable, al encontrarse con su mirada, dio con una sonrisa muy agradable.
Examinandolo minuciosamente, se percató de que la edad del muchacho no superaría los 25 años. Por la presencia que emanaba, y el físico tan destacable, Akaashi apostaba 2 desayunos a que era atleta. Aunque sin lugar a dudas, lo más característico del chico eran las raíces negras de su pelo, que acababan en puntas blancas. Era tal y cómo... un búho.
—¡Bokuto!— El joven gritón encorvó sus hombros y se giró con cuidado para mirar a la joven que lo llamaba. — . ¿Qué haces que no estás sentado? ¡Haces que la señora Zen se vaya y ahora molestas a este chico — La voz de la muchacha fue apagándose mientras fijaba su mirada en Akaashi. Acercándose a paso lento, miró a Keiji con curiosidad. Bokuto, por su parte, observaba divertido la situación. Se había librado de la segunda bronca del día. —¿Qué hace usted aquí, jovencito? ¿Es un alumno nuevo? Jurg no me ha avisado de nada.
—Mi nombre es Akaashi Keiji. Había solicitado una inscripción en esta escuela, pero no dispongo de una pareja de baile — respondió sincero. No quería causar problemas, así que decidió que lo mejor sería volver a casa—. Siento la interrupción. Si me disculpan.
—¡Pero Akaashi, hombre, si acabas de llegar! Anda Marlijn, ¡dile que se quede!— Bokuto miró risueño a Keiji y levantó una ceja — ¿No dispones de una pareja de baile? Me alegra decirte que es tu día de suerte, ¡estoy libre! ¡Y todo gracias a que esa bruja se ha marchado!
—Bokuto, ¡no hables así de la señora Zen! — respondió la señorita "Marlijn".
—Pero no es mala idea, Marly — Jurg apareció detrás del grupo y comenzó a hacer gestos a las 6 parejas para que continuaran bailando —. La señora Zen se ha negado a seguir después de todo.— Bokuto hizo un gesto triunfante con su brazo mientras Keiji lo miraba con una expresión ligeramente molesta.
Además de bailar con una piedra en el zapato, resulta que también era hombre. ¿Qué quedaba por sucederle? ¿Que su hermana cancelase la boda a estas alturas?
—Akaashi —dijo Jurg colocando una mano en su hombro—. Bailar con hombre no es lo que se ve correcto en Japón —Giró su vista hacia Koutaro —.Y aún menos, con Bokuto como pareja —El nombrado intentó protestar, pero Marlijn le dió un codazo para evitarlo—Pero, no podemos hacer mucho por tu aprendizaje si no dispones de un compañero para el vals.
Akaashi vaciló durante un minuto. Después del día tan movido que había tenido, no quería repetir aquella jornada de nuevo. Las opciones que tenían eran casi tan escasas como el tiempo que faltaba para el gran día de su hermana.
Fijó su mirada en el enérgico joven a su izquierda. Sus orbes amarillas lo observaban como un ave de caza a su presa. No podía dudar, que suponía un gran reto sobrevivir siete semanas allí.
Pero a Keiji jamás lo habían atemorizado los retos.
—Bokuto — dijo suavemente. Tomó una bocanada de aire y extendió su mano, ganándose unas cuantas de miradas curiosas —, seré tu compañero de baile durante estas semanas.
