Hola amigos, les traigo otra historia en la que vengo trabajando desde hace un tiempo. No puedo prometer actualizar pronto ya que volvi a la rutina facultativa, pero intentaré hacerlo.
Espero que les guste y desde ya cualquier sugerencia o comentario será bienvenido. Saludos!

Yo tenía la vida perfecta que había soñado por años desde que me vi forzada a vivir en la tierra cuando mi mundo se derrumbó por completo al estallar mi planeta teniendo solo trece años. La tierra había sido mi escape de Kriptón cuando mis padres me subieron a aquella nave mientras mi hogar se destruía, pero no partí sola de casa, yo tenía una misión, proteger a mi primo Kal-El de apeas un año, pero un asteroide choco con mi nave enviándome a la zona fantasma. Estuve sola, atrapada en mis pensamientos con la realidad congelada en ese espacio infinito por demasiado tiempo, hasta que un día finalmente, sin saber aún porque, mi nave salió de ese estado de hipersueño y llegue a la tierra. Pero para cuando eso pasó, habían transcurrido veinticuatro años, mi primo ya era un adulto y se había convertido en Superman al utilizar los poderes que el sol amarillo le daba a los kriptonianos. Yo acabe viviendo con una familia que me adopto como propia, me dio cariño y contención tratando por todos los medios de que me sintiera de nuevo en casa. Sin embargo yo ya no tenía una misión, la tierra no necesitaba a otro súper héroe, así que debí replantearme nuevos objetivos para mi vida. Finalmente y tras una transición algo turbulenta por mi adolescencia como humana, acabé estudiando periodismo con una beca completa para la Universidad de Ciudad Nacional, y tras graduarme con honores hice una maestría en economía y política internacional. Así que un día era una niña huérfana tratando de hacerse un lugar en este nuevo mundo, y al siguiente estaba entrando a trabajar como reportera para Catco Worldwide Media, una de las más prestigiosas cadenas de noticias del país.

Así que ahí estaba yo, con mis veintiséis años recién cumplidos, en mi trabajo perfecto, haciendo lo que amaba y para lo que era realmente buena sin tener que usar mis poderes, aunque no negaré que si los usaba de vez en cuando. ¿A dónde iba con todo esto?, ¡Ah! Si, al día en que mi vida perfecta se salió de curso totalmente por una cara bonita.

¡Danvers!- Escuche desde mi oficina como el jefe farfullaba mi nombre, yo estaba absorta redactando mi último gran reportaje así que esa voz carrasposa y atropellada me hizo saltar de mi silla provocando un contundente -¡Demonios!- que salió sin reparo de mi boca. Resople tratando de recuperar la serenidad fingiendo que aquel hombre no me sacaba aún de mis casillas, camine con paso firme y la mirada en alto hasta su oficina y abrí la puerta empujando mi falsa sonrisa por el umbral.

Llevo media hora llamándote, ¿a caso estas sorda?- despotrico al tiempo que se quitaba las gafas gruesas que enmarcaban su rostro regordete. - Disculpe señor pero solo me ha llamado una vez y aquí me tiene- replique de inmediato ya sin fingir que aquel sujeto me agradaba. -Tecnicismos- sonrió falsamente y volvió a sentarse en su silla- tengo un trabajo especial para ti, supongo que debes saber que la fiesta principal del año se llevará a cabo mañana en nuestra querida ciudad, y se me ha ocurrido la brillante idea de cambiar la cobertura mediática que hacemos siempre de este evento, y tú eres la chica indicada para darle vida a esta nota.

Mi rostro palideció de inmediato, mucho más de lo que era humanamente posible debido al ya blanco tono de mi piel, no podía creer que me estuviera pidiendo a mí, justamente a mí que fuera a cubrir semejante frivolidad. - ¿Es una broma señor?, esa no es ni por asomo mi área de especialidad- me apresure a argumentar antes que continuara la idea. – Lo sé Danvers, por eso eres perfecta para hacerlo, tendrás un enfoque nuevo y totalmente fresco del evento, y no quiero que vayas como reportera, quiero que estés encubierta, que seas uno más de ellos para que puedas darme una visión más profunda del significado y la dinámica de la fiesta.- No podía estar hablando en serio pero parecía que así era, que iba a hacer yo en ese lugar rodeada de niños ricos. – Señor con todo respeto, no conozco a esa gente, no sé nada de moda, tengo un televisor en casa que solo uso para ver clásicos de hace veinte años, como pretende que escriba sobre ellos si no se quienes son. Y por si fuera poco – continué con mi verborragia- yo no tengo nada que ponerme, ¡ni siquiera sabría que ponerme!.

Tengo todo calculado chica, aquí tienes la tarjeta del local más elegante que tenemos en la ciudad, ya hable con Rebecca y esta esperándote, compra lo que quieras, la compañía cubrirá los gastos. Y Danvers – dijo finalmente con su sonrisa socarrona dando por terminada la discusión mientras me extendía una tarjeta con una dirección al dorso – que sea un vestido bonito.

Respiré profundo y me puse de pie quitándole de un manotazo el trozo de papel sin disimular mi molestia, -como usted diga señor, pero le aviso que no me pondré un vestido provocativo ni en un millón de años. – Gire sobre mis pies y azoté la puerta al salir haciendo alarde de todo el dramatismo que me fue posible en ese momento, mientras escuchaba la carcajada triunfante del calvo imbécil de mi jefe.

No importa cuánto me esforcé por parecer calmada en cuanto puse un pie en esa boutique para la clase privilegiada, mi evidente mal humor se hizo notar de inmediato y al parecer era demasiado evidente porque la pobre chica asignada para atenderme no dejaba de sudar frio y estrujar sus manos nerviosamente. Yo estaba descalza sobre una alfombra que costaba más que mi sueldo, mirando de refilón el espejo que me devolvía la grotesca vista del décimo cuarto conjunto que Rebecca me había traído. Sabía que ella moría de ganas de que escogiera algo, lo que fuera, y saliera rápido de esa tienda para jamás volver, y sabía también, que podía probarme cada prenda en los maniquís y seguiría teniendo la misma expresión de rechazo absoluto. Así que finalmente, y armándome de todo el valor que aún me quedaba en el cuerpo, deje librado al azar esa decisión tan difícil de tomar.

¿Rebecca?- llame saliendo del probador con mis zapatos en la mano, la cartera en la otra y una sonrisa falsa- ¿Le traigo otro señorita Danvers?- exclamo la joven con desgana mientras ya no podía fingir paciencia alguna. –No gracias, creo que ya vi suficientes.- resople colocándome los tacones – di un número del uno al catorce- le solté así sin anestesia regodeándome ligeramente en la cara de total desconcierto de la vendedora- ¿ocho?- dijo con temor y en un tono casi inaudible que mi súper oído escucho a gritos. –Perfecto, me llevo el traje azul-

Rebecca sonrió, no supe si fue por alivio de ya no tener que lidiar conmigo, o por la enorme comisión que tendría por esa venta, pero cargo la cuenta a nombre de Catco y tan pronto como tuve la prenda perfectamente envuelta en mis manos, me desaparecí de allí deseando no tener que volver a poner un pie en ese lugar en lo que restara de mi kriptoniana vida.

Día viernes, mi día favorito de la semana, o lo había sido hasta ese momento, porque ese viernes que usualmente utilizaba para salir de fiesta con mi hermana Alex, sería destinado dolorosamente a participar de un evento que me resultaba tedioso cuando menos. A las cinco de la tarde y sin invitación previa, alguien llamo a mi puerta generándome una sensación de invasión perpetua a mi intimidad. Un joven de tez morena con demasiado blanqueador dental me sonrió despampanante desde el umbral y se aventuró a mi sala sin darme tiempo alguno de replicar.

Tú debes ser Kara, eres todavía más bella en persona, tienes un cabello perfecto y ¡esa piel!, por dios querida, en cuanto termine contigo vas a desear haberme conocido antes.- Me quede estupefacta, parada aun con el pomo de la puerta en mi mano mientras el muchacho habría sus maletines y comenzaba a sacar elementos que a simple vista parecían armas de destrucción masiva.

Discúlpame, ¿pero quién eres tú?- pregunte en busca de respuestas al tiempo que cerraba el portal tras de mí.

¡Ay pero que grosero soy!, me llamo Alfredo Salvatore pero mis amigos me dicen Aly, y esta tarde seré tu estilista, así que necesito que me muestres tu fabuloso vestuario para saber cómo debo peinarte y maquillarte. – Yo estaba estática, con los pies encallados al piso, el chico hablaba, pero mi cerebro parecía no registrar su incesante parloteo.- Date prisa cariño, tengo menos de tres horas para hacerte lucir como una diosa antes que el auto pase por ti.

No sé ni cómo paso, porque mi mente pareció haberse bloqueado por completo a todo el proceso creativo de Aly, solo sé que en un momento yo estaba tratando de no hacer explotar su cabeza con mi vista de calor solo para que cerrara la boca, y al siguiente los flashes me segaban la vista. Tenía el traje azul Francia perfectamente ceñido a mi cuerpo, como si hubiese sido hecho para mí, una camisa blanca sin mangas con delicados bolados al frente y un escote que dejaba poco a la imaginación, el pantalón hacía juego con un tapado que llegaba apenas por debajo de mis rodillas, entallado, sin mangas, con unos cuantos botones que nunca supe si debía prenderlos o solo eran un adorno. Los tacones eran considerablemente más altos de los que acostumbraba a utilizar, mi cabello estaba ligeramente recogido en una trenza hecha moño y el resto caía alborotado con los rizos a ambos lados de mi rostro, el maquillaje era suave y delicado, al menos Aly había tratado de conservar algo de mi personalidad, aunque aún así yo seguía con ganas de darme una patada.

En mis trece años como humana, jamás me había sacado tantas fotos como en ese minuto y medio sobre la alfombra rojo carmín, sentí que el cerebro se me escurría por los ojos debido a los destellos que lanzaban las cámaras incesantemente. Acto seguido, una escolta me acompaño a una mesa justo en el medio del salón, pero algo apartada sobre un costado. Estaba en la acción sin duda, pero lo suficientemente alejada como para pasar desapercibida, que era después de todo el plan principal. Y sin duda lo estaba llevando a las mil maravillas, es verdad que no tenía idea de cómo iba a encarar ese reportaje, pero al menos la comida era abundante como para mantener mi cerebro adormecido mientras escuchaba discursos aburridos, comentarios aduladores y criticas despiadadas. Yo no tenía idea de lo que era ese mundo, pero cualquiera de las personas sentadas a mi mesa podrían haber escrito la nota por mi si demasiado problema.

Once treinta de la noche, la gente ya había comido y bebido más de lo recomendable, las premiaciones ya habían sido entregadas, los discursos ya formaban parte del cumulo de cosas sin sentido que rodeaban a esos eventos, y las cámaras se habían apagado, o al menos eso es lo que yo pensaba desde mi silla apartada mientras veía a un idiota querer conquistar a la nueva joya del cine juvenil. Estaba tan absorta en mis pensamientos que no note al musculoso estereotipo de galán que se acercaba a mí con una sonrisa conquistadora.

¿Cómo es posible que la chica más linda del lugar este sola?- exclamo tendiéndome una copa que no tuve el valor de rechazar, los hombres se me habían insinuado algunas veces, pero nunca de una manera tan poco sutil, y definitivamente nunca habían conseguido sacarme de mi elemento con tal facilidad. – Gracias – murmure tratando de no hacer contacto visual para que entendiera la indirecta y se marchara por donde había llegado.

Me encantaría saber todo de ti porque creo que serás la madre de mis hijos- dijo sin dejar de sonreír al tiempo que retiraba la silla que estaba junto a mí y se sentaba inclinándose ligeramente para hablar a mi oído. Yo lo escuchaba pero no sabía que decía, estaba nerviosa como pocas veces en mi vida, no podía hacer un escándalo, y no podía bajo ninguna circunstancia llamar la atención. Como iba a hacer para sacármelo de encima de una manera sutil y respetuosa pero que no sintiera que le estaba dando alas a su ataque de macho alfa. Y justo cuando mi cara de pánico no podía ser más evidente, una mano fuerte pero delicada, fría como la misma nieve, tiro de mí con determinación haciendo que me levantara por inercia.

Te encontré, llevo buscándote un buen rato- exclamo la morena haciéndome señas de que le siguiera la corriente.

Solo descansaba los pies- atine a responder con mi cara de absoluta incredulidad.

Eso pensé- volvió a sonreírme sin soltar mi mano y se dirigió al hombre que aún permanecía sentado y con cara de pocos amigos- me temo que tendré que llevármela Will, la dama me debe un baile.- Le guiño un ojo en un gesto triunfante y me arrastro hasta el centro de la pista de baila haciéndome girar con habilidad bajo sus manos.

Gracias por eso- dije con timidez meciéndome con la melodía sin atreverme a mirar si el tal Will seguía detrás de nosotras.

Ni lo menciones, parecías a punto de sufrir un colapso nervioso, y si te soy muy honesta, llevo toda la noche buscando una excusa para hablarte- la morena volvió a sonreír de manera hipnótica, y algo en mí se quebró, no lo supe en ese momento, pero esa sonrisa era un antes y un después en mi vida.

¿Conmigo?, porque querrías hablar conmigo, hay cientos de personas más interesantes que yo en este lugar- pregunte sin dejar de bailar a su compas. –Eso no es verdad, conozco a todos aquí, y te puedo asegurar que sus vidas son todas una copia barata unas de otras.- Se detuvo un momento y tomo dos copas de una bandeja que llevaba un camarero que paso ofreciendo bebidas a la multitud. –Pero tú, eres un completo misterio, y si puedo decirte algo sin que te ofendas, eres sin duda la chica más interesante en este salón.

Gracias- exclame sin poder evitar el sonrojo en mis mejillas que ella noto de inmediato porque hizo una mueca adorable con su boca y acaricio mi mejilla sin reparo. –Lo ves, eres la única aquí que se ruborizaría por un cumplido, eso me dice que no eres de frecuentar este tipo de círculos sociales, ¿o me equivoco?.

Tienes buen ojo, es verdad, estoy aquí por trabajo, pero si te soy honesta preferiría estar en cualquier otro lugar del planeta- suspire- esto es un favor especial para el idiota calvo de mi jefe- Ella volvió a reír, pero esta vez con evidente gracia en su cara, sus ojos centelleaban como mil cometas en la noche, eran de un verde profundo como un bosque selvático, su cola de caballo dejaba ver su largo y delgado cuello adornado por un lujoso collar de diamantes que se extendía hasta su blanco pecho. Llevaba varios pendientes en sus orejas, la boca delineada con un rojo escarlata que inducia a un trance profundo. El vestido del mismo color que sus labios apretaba su figura esbelta y se perdía por sus largas piernas hasta sus pies, dejando ver unos tacones altos a tono con su vestuario. Aun así, era varios centímetros más baja que yo, y esa diferencia de altura me daban un panorama inmejorable hacia su busto que no pude evitar mirar en más de una ocasión.

La perfecta y sensual extraña me acerco a ella con un gesto sutil de su mano libre sin dejar de bailar la pieza ahora lenta que empezaba a sonar. Había sido una noche lenta y aburrida, pero ahora tenía necesidad de quedarme, y una gran intriga por la mujer que ahora rosaba el lóbulo de mi oreja con su boca y me invitaba a seguirla hasta una mesa más alejada para poder conversar con mayor comodidad.

En algún momento, entrada la noche, Kara se olvidó de lo que había ido a hacer a ese lugar, tenía trabajo, pero eso ya no le importaba, estaba perdida y absorta por completo en la charla de la joven mujer a su lado. Habían bebido demasiado, Alex, su hermana, diría que lo suficiente, y todas sus inhibiciones habían caído al piso. Lena Luthor era una mujer fascinante en toda la expresión de la palabra, destilaba elegancia por cada poro de su piel, y si tenía algo que era aún superior a su belleza, asumiendo que eso era posible en algún universo paralelo, ese algo era su mente. Si le hubieran dicho de entrada que a esa gala acudiría la mente más brillante del siglo, ella hubiera ido a la dichosa fiesta sin chistar. Nunca la había visto en su vida, pero si había oído su nombre incontables veces, la joven era un prodigio, todo lo que tocaba se convertía en oro, había llegado a la ciudad escapando de la reputación de su familia, y buscando forjarse su propio nombre en el mundo empresarial.

No quería irse, de verdad quería seguir hablando con esa chica, así que cuando Lena le ofreció ir por una copa a su casa, ella no pudo más que asentir sin pensarlo siquiera. La siguió fuera del salón, caminaron sin prisa por las escaleras de mármol blanco y subieron a un lujoso auto en cuyo interior ya aguardaba su chofer personal. En todo el trayecto hasta la casa de la joven empresaria, Kara no fue capaz de decir una sola palabra, Lena hablaba y hablaba de su vida, de su familia, de su empresa con una soltura que le resultaba extraño en alguien que apenas conocía.

Al cabo de algunos largos minutos, arribaron a la explanada de un edificio que Kara no tardo en reconocer. Se trataba de L-Corp, la nueva sede de la compañía de la mujer que la acompañaba, al parecer no solo trabajaba allí, sino que además vivía en ese lugar. La reportera no tardo en preguntarse que se sentiría tener el mundo a sus pies, ser dueña del edificio inteligente más fascinante de la ciudad, saberse ama y señora de todo lo que la rodeaba y poder observar al resto desde lo más alto de su imperio. Porque su departamento era el último del edificio más alto de la ciudad, y ocupaba el piso completo que tenía balcones todo alrededor con ventanales que se extendían desde el piso al techo. Lena Luthor era la princesa de Ciudad Nacional, y aquella construcción era su torre de marfil.

¿Qué quieres para beber?, pide lo que sea, tengo de todo- sonrió de medio lado con altanería moderada cruzando el enorme portal que separaba el ascensor privado del interior de su departamento y quitándose los tacones a su paso. –Si te soy honesta, por muy acostumbrada que este a usarlos- dijo señalando el calzado que ahora estaba a un costado de la puerta- nunca veo la hora de llagar a casa y poder quitármelos. Te sugiero que lo hagas también, este terciopelo es un regalo para la planta de los pies.

Kara la miro con incredulidad, Lena era una mujer con la capacidad de intrigarla tanto que le hubiera llevado toda una vida llegar a descifrarla. Miro los ojos verdes de la mujer frente a ella que la incitaba a que tomara su consejo, y se quitó dubitativa sus tacones soltando todo el peso de su cuerpo sobre sus pies ya adoloridos por la falta de costumbre. La morena noto el gesto de alivio que su invitada lanzo sin pensarlo en cuanto sus pies se relajaron sobre la suave alfombra que cubría el centro del lugar.

¿Y bien?, no me has dicho que quieres para beber- volvió a increparla con su tono seguro y firme sin dejar de estudiar los gestos tímidos de la rubia. –Lo que tu bebas estará bien- Kara no sabía bien porque había accedido a un trago después de la fiesta, y ahora estaba comenzando a arrepentirse, la cercanía de la joven Luthor era tan imponente e implacable que comenzaba a sentirse asustada y nerviosa sin saber aún porque.

Lena desapareció tras un arco que separaba su sala del resto de la casa, Kara la vio alejarse meciendo sus caderas en ese vestido rojo que le quedaba de muerte y no pudo evitar contener la respiración. Nunca había reparado de esa forma en otra mujer en lo que llevaba de sus jóvenes veintiséis años, de hecho, nunca había reparado en nadie de esa manera desde que tenía uso de razón. Algo tenía aquella mujer, algo que la hipnotizaba y la intrigaba a partes iguales, y no sabía si era solo una mera curiosidad o una implacable atracción.

Al cabo de unos minutos, la morena volvió con una botella de vino y dos copas en su mano libre, parecía tener siempre esa sonrisa generosa y provocativa clavada en su rostro perfecto. –Usualmente bebería whiskey, pero creo que la velada amerita otra cosa- descorcho la botella con habilidad, sin duda llevaba mucha practica con eso y sirvió un poco en cada copa extendiéndole la suya a Kara que no sabía cómo hacer para no mirarla más de la cuenta.

La reportera que a esas alturas de la noche, y con todo el alcohol que tenía en sangre se había convertido en una autómata, no hizo más que acotar breves frases como respuesta o nexos ante la implacable verborragia de su anfitriona, quien simplemente no paraba de arrojar dato tras dato a su interlocutora buscando por todos los medios sorprenderla y mantenerla curiosa. Botella y media después, Kara sentía que cada uno de sus sentidos estaba idiotizado, comenzaba a arrastrar las palabras, nunca había bebido de esa forma, siempre pensó que el alcohol humano no le afectaba, pero quizás estaba bebiendo el alcohol equivocado, porque ese elixir rojo intenso la traía totalmente entregada a lo que le deparara la noche.

Siento que no he parado de hablar y que apenas te he dejado responder- acoto Lena poniéndole una pausa a su parloteo siendo alrededor de las tres de la mañana- está bien- respondio Kara roja como el mismo vino añejo que seguían bebiendo- no soy la persona más habladora del mundo, pero sin duda me gusta escucharte- sonrió apartando su copa vacía y viendo como de inmediato la morena se abalanzo para rellenarla nuevamente.- En una noche normal, te escucharía hablar sin reparos hasta el amanecer, pero creo, y debo ser muy honesta, que ya no puedo seguir bebiendo esto- dijo con la copa nuevamente en su mano.

Lena disfruto del comentario con una mueca triunfante en su boca al tiempo que sus ojos se perdían en los labios enrojecidos de la mujer a su lado que se encontraba evidentemente ebria. –No tienes que seguir bebiendo si no quieres- exclamo la morena apartando el recipiente de la mano de Kara para dejarlo sobre la mesa de cristal y acortar la distancia que mantenían entre ellas. La mano pálida y fría de Lena fue directo al rostro hirviendo de la reportera que recibió la caricia con evidente temor en sus ojos, pero mientras el tacto suave y delicado se abría paso por su rostro, relajo lentamente cada uno de sus sentidos y se permitió disfrutar de ese contacto no planeado. Los largos dedos de la morena contornearon sus labios con cuidado y no pudo evitar morder el suyo con deseo contenido.

Lena Luthor era una mujer acostumbrada a salirse con la suya a donde fuera que estuviera, y era casi imposible decirle que no. Todo en ella era ardiente, vertiginoso y sensual, invitaba a explorar de manera constate su cuerpo, a perderse en sus ojos, en su boca, o en el largo interminable de sus piernas que ahora asomaban misteriosamente por el tajo de su vestido. Kara suspiro entregada a todo lo que esa mujer le estaba provocando, y cuando menos lo esperaba, la boca ardiente de la empresaria estaba sobre la suya, abriéndose camino con su lengua serpentina entre los pliegues de sus labios. Las manos hábiles por costumbre fueron quitando los botones uno por uno de la camisa de la rubia hasta que la prenda quedo arrojada a un costado del sofá, olvidada sin preocupación alguna sobre la fina alfombra.

Lena se puso de pie y tomo la mano cálida de Kara tirando suavemente de ella para que la siguiera por unos largos pasillos hasta su habitación. La reportera avanzo con pasos torpes tras el aroma segador que esa mujer desprendía tras de sí. Esa no era la idea cuando la noche comenzaba, ella estaba en esa fiesta para escribir una nota fresca y reveladora, no para acabar enrollada entre las piernas de una de las personas más importantes de la ciudad. Pero ahí estaba, casi desnuda con el cuerpo de Lena Luthor sobre el suyo, ayudándole con su vestido, casi tirando de la prenda para despojarse de ella y sentir su piel sobre la suya.

Yo nunca he hecho esto- exclamo la joven reportera sintiendo como todo su cuerpo se curvaba tras los besos apasionados que la morena dejaba a lo largo y ancho de su pecho. El jadeo incesante le hacía muy dificultoso poder hablar, y no sabía si era momento de huir como una rata, o dejar que todo pasara como la mujer a su lado tenía planeado. Sin duda Lena contaba con experiencia, y sin lugar a duda se habría llevado a más de una chica a casa a lo largo de sus alocados años de juventud, y eso hacía que Kara se sintiera cada vez más insegura con respecto a lo que estaba pasando.

Lena espera un segundo- exclamo buscando una bocanada de aire que le permitiera hilar una frase completa. La morena se detuvo de inmediato sentándose a horcajadas sobre su regazo y tratando de normalizar su respiración para concentrarse en lo que la mujer bajo sus piernas estaba a punto de decir. –No sé si esto sea buena idea, yo nunca estuve con una mujer, y tú sin duda estas más que acostumbrada a traer chicas a tu casa- Kara suspiro incorporándose para quedar frente a frente y hablar con el poco dejo de conciencia que aún le quedaba. – Esto del sexo espontaneo, no es lo mío, no sé si estoy preparada o quiero acostarme contigo y luego hacer como si nada hubiera pasado. ¿Entiendes?

Lena sonrió, y la reportera no entendió en ese momento porque lo hacía hasta que volvió a acariciar su mejilla y volvió a hablar después de un largo rato. –Yo nunca dije que quería que esto sea algo de una noche Kara- la mirada de la mujer era sincera y penetrante, era imposible no perderse en esos ojos, y sin conocerla siquiera, la rubia pudo notar que no mentía. – No soy una santa, es verdad, pero no traigo a cualquier persona a mi casa, y aunque no lo creas, no me acuesto con nadie en la primera cita. Pero contigo siento algo que no puedo contener, lo siento, pero cada fibra de mi ser me pide a gritos tenerte. No vas a creerme, pero no quiero que seas una más, y ya no lo eres a pesar de que apenas nos hemos conocido y no tenga idea de a dónde vamos a ir a parar con esto.

Pero si le creía, en lo más profundo de su ser sabía que decía la verdad. Llámenlo sexto sentido, instinto, flechazo o amor a primera vista, pero Kara sabía que la morena era muy honesta en ese momento, y no necesito mucho más para dejar sus miedos de lado, atraer el rostro de la mujer contra el suyo para volver a perderse en sus labios.

El sexo por primera vez en su vida resultaba adictivo, sus anteriores parejas, y tampoco habían sido tantas, siempre le habían hecho sentir al acabar que eso era todo, una experiencia fácilmente olvidable y comparable en lo placentero con un buen libro y un baño caliente. ¿Relajante? Si, ¿trascendente? Ni por asomo. Pero Lena le había mostrado durante las siguientes horas, un mundo de sensaciones que no conocía y que se estaba perdiendo en manos inútiles y descuidadas de amantes que rápidamente pasaban a la historia.

Jamás imagino que podía sentir tanto con solo un beso o una caricia, pero cuando la boca de Lena Luthor comenzó a recorrer los pliegues ocultos de su cuerpo, no pudo más que retorcerse de placer. Alguien debió de darle un manual a esa mujer porque no encontraba otra explicación de cómo había conseguido arrancar tantos gemidos de su boca. Kara sintio como la piel blanca como la leche le quemaba entre sus manos inexpertas, pero no tuvo reparos en recorrerla con cuidado y con ansias de descubrimiento. Quería hacerla sentir aunque sea un vestigio de lo que ella estaba sintiendo, ¿pero cómo?, cuantas manos con infinita experiencia superior a la suya habrían recorrido los kilómetros de belleza de la joven Luthor. Y sin embargo, ante cada embestida de sus labios, Lena se las ingeniaba para darle ánimos y hacerla sentir la única persona sobre la faz de la tierra.

Los primeros rayos de sol ya golpeaban los enormes ventanales cuando el último grito de Kara se ahogó en los besos de la morena que recostó por fin su cuerpo sudado sobre el suyo, y descanso su mejilla sobre el pecho firme de la kriptoniana escuchando el latir de su corazón tan acelerado como una locomotora a vapor. Lena sonrió de satisfacción al tiempo que rodeaba la cintura de la otra mujer dejando delicadas caricias a su paso. Kara permaneció estática, con los ojos apretados sin poder creerse lo que acababa de vivir, como una noche más de trabajo se había convertido en la experiencia más trascendente de su vida adulta. Enredo con cuidado sus dedos en la larga cabellera negra desparramada sobre la espalda que se perdía bajo las sábanas y sonrió volviendo a apretar los ojos al tiempo que soltaba un suspiro al aire.

¿Te encuentras bien?- pregunto con su voz quebrada por el alcohol y el cansancio al tiempo que levantaba ligeramente su rostro para poder observarla. -Estoy... rara- le dijo la reportera con una mueca entre agotada y dichosa en su boca aún del color del vino. -¿Rara porque?, ¿No estas cómoda conmigo?- se incorporó sobre sus antebrazos para que su rostro quedara pegado al de Kara y no perderse una sola mueca de la mujer bajo su cuerpo. Se la notaba preocupada y algo en la profundidad de sus ojos le dijo que estaba asustada o triste, un punto justo en medio, en ese momento Kara entendió que no todo en la vida de Lena había color de rosas.

No, en absoluto Lena- exclamo sonriendo y levantando su mano con la poca energía que le quedaba aún en el cuerpo para acariciar con dulzura la mejilla pálida de la empresaria. – Me siento mejor que nunca en mi vida, pero esa sensación me asusta un poco. Jamás estuve con una chica, o con alguien como tú.

¿Alguien como yo?, ¿te refieres a mi estatus social o a mi apellido?- pregunto curiosa sin dejar de mirarla y algo asustada por la posible respuesta. Había sido apartada por esos motivos durante toda su vida, y quienes se acercaban a ella, era por conveniencia.

Quizás un poco de ambas, yo no soy la chica de la fiesta Lena, tengo una vida sencilla y normal y algo me dice que si no hubiese tenido que ir a ese evento en contra de mi voluntad, jamás habrías volteado a verme. – Kara parecía segura de lo que estaba diciendo y al mismo tiempo ligeramente triste cuando comenzó a notar que sus mundos no eran compatibles, y que indefectiblemente aquella magnifica experiencia no sería algo que trascendiera más allá de esa noche.

Te equivocas Kara, te vería en cualquier lugar en el que estuviéramos juntas. Quizás no lo sepas, pero tienes un brillo que resplandece por encima de cualquier persona que conozca. ¿Cómo crees que te vi en medio de cientos de personas?- le preguntó sonriendo tratando de sonar lo más convincente posible a medida que desnudaba sus pensamientos. – Te vi ni bien llegaste a tu mesa, lucias perdida, desconcertada, tímida. Totalmente ajena al mundo que te rodeaba, inconsciente de tu belleza, y de todo lo que eres capaz de generarle a alguien que sea capaz de observarte de verdad. – Otra vez las palabras de Lena se clavaban hondo en su cabeza sin encontrarle replica alguna, como refutar aquello que decía la morena, si en cuanto ella misma poso sus ojos sobre ese rostro angelical quedo totalmente hipnotizada por él. Tal vez, y solo tal vez, Lena Luthor era en verdad sincera con ella, y si sentía ese algo extraño que estaba pasando en esa habitación, algo que no tenía nombre pero que se podía notar a kilómetros de distancia. Una química incesante, esas extrañas conexiones que pasan pocas veces en la vida a algunos afortunados que en el fondo jamás llegan a saber que lo son. Y quizás era posible que ella estuviera siendo parte de ese proceso, quizás había conocido a ese alguien que deja huellas tan hondas de las que jamás se puede salir.

De pronto Kara sintió que las palabras en ese momento estaban de mas, entendía lo que la morena decía, porque algo en su interior sentía lo mismo. Así que jalo de su brazo con cuidado para que volviera a caer sobre su cuerpo retomando el lugar que había abandonado y que tan perfectamente encajaba en su piel. Lena estiro su brazo y tomo un pequeño control remoto de arriba de la mesa de noche y apretó un botón amarillo con sus delgados dedos. Acto seguido, unas cortinas de algún material sintético cayeron silenciosas cubriendo los ventanales para evitar que la luz siguiera entrando a la habitación. El lugar se cubrió en penumbras, pero Kara aún podía ver los serpentinos ojos de la morena observarla en la oscuridad. Habría pasado todo ese amanecer observando ese destello de luz, pero había sido un día interminable, el cuerpo le latía en todas sus extremidades y de pronto pareció como si todo el alcohol que había bebido volviera a tomar parte en cada uno de sus sentidos. Finalmente se acurruco entre las curvas vertiginosas del cuerpo de Lena que no abandonaba su cintura, y se dejó caer en el mar profundo de sus sueños que la llevaron a dormir como pocas veces en su vida.