Emilie está en coma y Gabriel comienza a buscar alternativas para revivirla que no involucren a los miraculous. Por otro lado, Ladybug y Chat Noir siguen frustrando sus planes, pese a los desafíos que eso implica, sin importar que el gato tenga otras capacidades. ¡GRACIAS POR LEER!


¡HOLA A TODOS! Aquí me tienen con una nueva locura que espero que les llame la atención. Una vez más es culpa de Abby Lockhart y de cómo me hace sufrir con sus fics, el último casi me mató de varios infartos al hilo, pero bueno. Tiene una premisa bastante diferente que no creo haber visto por aquí, así que espero que les guste mucho. Me divertí mucho con esta historia… y créanlo o no, también sufrí bastante. ¡Mejor no les sigo dando lata y a lo que nos convoca!


DISCLAIMER: Los personajes son propiedad de Thomas Astruc, Zag Toons y quienes hayan comprado las respectivas licencias. No estoy ganando dinero con esta historia, sin mencionar que no tengo ni donde caerme muerta: si me demandan, no van a sacar nada.


ADVERTENCIAS

ESTAMOS EN ÉPOCA DE PLAGA. EL CORONAVIRUS ENFERMA HORRIBLE Y LOS GRUPOS DE RIESGO SON MÁS VULNERABLES QUE NUNCA. NO HAY SUFICIENTES CAMAS EN LOS HOSPITALES NI VENTILADORES PARA TODOS. QUÉDENSE EN CASA, LÁVENSE LAS MANOS Y CUÍDENSE MUTUAMENTE.

Lo típico, Gabriel es un desgraciado que odio con toda mi alma y en este fic es más desgraciado que nunca.

Y puede haber spoilers de la tercera temporada


"BARRERA DEL SONIDO"

Apertura: Secretos.

Mansión Agreste. Relicario.

Era increíble, pero ese enorme espacio sí existía bajo la mansión Agreste. El lugar contaba con una débil iluminación natural, que jugaba en perfecta armonía con el sinfín de luces artificiales que hacían del conjunto algo místico, como estar en algún templo sagrado y medieval, quizás sacado de algún cuento de hadas. Gabriel había cuidado cada uno de los detalles, incluso la ubicación de las plantas que le permitían criar a las mariposas mágicas. Un delicado aroma a romero y tomillo, sumado al delicado sonido de agua corriendo, hacían del sitio algo… mágico.

Un relicario, dedicado a cuidar el tesoro más grande de Gabriel Agreste.

El hombre se acercó a la urna que contenía a su esposa, acariciando la tapa como si se tratara del más delicado de los cristales. Emilie dormía en su interior, en un coma mágico profundo, sin dar luces de despertar en lo más mínimo. Su consciencia no existía, era un simple cuerpo que respiraba. Mantenía su belleza, la lozanía de su piel, el tono muscular, el suave compás del sube y baja de sus pulmones. Eran los únicos indicativos claros que decían que Emilie Agreste vivía, y que su coma no era algo normal. Gabriel lo sabía con demasiada claridad.

—Pronto estaremos juntos, mi vida. ¡Y será como si nada de esto hubiera pasado!

Visiblemente acongojado, Gabriel abrió la urna, sin que el cuerpo de su esposa se diera por aludido. Simplemente no reaccionó para nada. El hombre se sentó junto a ella y le tomó una mano para besársela.

—Esta pesadilla quedará atrás. ¡Te rescataré!

—¡NO ME TOQUES, ANIMAL!

—Volveremos a ser un matrimonio feliz—. Gabriel apartó algunos cabellos del rostro de Emilie—. Y nada nos separará de nuevo.

Gabriel levantó una de las manos de Emilie y la ubicó sobre su corazón, mientras cerraba los ojos, como queriéndose concentrar en el alma de su esposa, que parecía estar lejana en una prisión construida por el extraño estado de inconsciencia que la mantenía lejos del mundo de los despiertos. Era su bella durmiente, a la que a veces intentaba despertar en vano con besos.

—Mi vida… Prometo que nunca más te levantaré la mano. ¡Me hiciste perder la paciencia! Pero no importa… cuando pida el deseo, eso ya no tendrá importancia.

—¡Ni siquiera lo insinúes, enfermo de m**rda!

Por obvias razones, el cuerpo de Emilie ni siquiera reaccionó. Otra cosa era su mente… porque podrá haber estado en coma, pero la mujer se encontraba perfectamente lúcida respecto de lo que pasaba a su alrededor. Su mente estaba activa y muy despierta: recordaba muy bien las circunstancias que la habían dejado en esa situación.

—No recordarás nada… seremos felices.

—Lo dudo. Alguna vez creí que podría ser feliz contigo, pero ¡eres lejos el peor de mis errores! —En el interior de su mente, Emilie se revolcaba—. ¡Aish! ¡Me lo dijo todo el mundo! ¡¿Cómo Pude Ser Tan Tonta?!

De haber podido, Emilie se hubiera incorporado en ese momento y cruzado el rostro de Gabriel con una soberbia cachetada. Tan solo hacía dos meses que había recuperado la conciencia… bueno, no se podía mover, pero poco a poco había comenzado a estar pendiente de sus alrededores y pronto podría proyectar su mente fuera de su cuerpo en un viaje astral. Primero había notado las lucecitas, luego los pasos de Gabriel, luego los dolorosos sollozos de Nooroo y Duusu… Entonces pensó en su hijo, Adrien, con todas sus fuerzas y por breves momentos pudo verlo llorando a los pies de su estatua en el jardín. Eso había jalado su corazón de madre y ella misma lloró… lloró por no haber reaccionado antes, por no haberse dado cuenta del asco de persona que era su esposo, a quien había tomado como un hombre bueno de escasas habilidades sociales. ¡Todo eso era una farsa!

—¡Si tan solo pudiera obtener los miraculous de Ladybug y Chat Noir! Toda esta pesadilla habría terminado hacía tiempo.

Emilie hubiera rodado los ojos al cielo de haber podido. Ahí estaba su marido, un hombre adulto y dueño de un gran imperio de modas, la marca Agreste era reconocida a nivel mundial, pero que como supervillano daba vergüenza ajena y se moría de hambre. Era incapaz de vencer a dos adolescentes que apenas tenían entrenamiento como portadores, pero que compensaban con gentileza, creatividad y valentía.

Lo que le recordaba, ¿qué se había fumado el maestro Fu cuando le dio los miraculous a esos dos? Obviamente tanto Ladybug como Chat Noir estaban cumpliendo las expectativas, pero ¡Tenían Catorce! ¡Catorce Años! ¡¿Cómo se le ocurría arriesgar la integridad de dos menores de edad?! Bah. Seguro tenía algo que ver con trancas no resueltas. Después de todo, Wang Fu había sido arrancado de su familia incluso más joven. ¡Eso deja a cualquiera con traumas emocionales!

Al menos eran buenos niños. Y juzgando por como hacían rabiar a Papillón, entonces estaban haciendo un trabajo estupendo.

—Cuando salga de aquí, Gabriel, te haré pagar por todas las veces que me tocaste sin mi permiso, ¡Degenerado!

—Estuve leyendo el libro de miraculous.

—Como si pudieras descifrar el código…

—Encontré otra solución para sacarte de ahí… No involucra miraculous… Solo necesito sacrificar a alguien.

—Y lo dices como si fuera… ¡Espera! ¿Qué cosa?

—La mejor opción es pedir el deseo… —Continuó Gabriel con su monólogo—. Eso te traerá a la vida de nuevo, y sin recuerdos, tal como yo quiero. Solo tendrás ojos para mí y no recordarás al retrasado. —Gabriel sonrió con tristeza—. Ese estorbo… Nunca debí dejarlo nacer, pero ¡Te habías encariñado tanto!

—¡Por supuesto! Es mi hijo, ¡padre desnaturalizado!

—El incapaz no formará parte de nuestras vidas, ¡no tendrás que perder tiempo cuidándolo!

—¡¿CÓMO TE ATREVES A LLAMARLO INCAPAZ?! Es mejor ser humano de lo que tú eres. ¡Deberías estar orgulloso! No planeando matarlo. ¡TE ODIO!

—Es el plan B… Tengo que ponerme en el escenario que no pueda pedir el deseo. ¡Esos mocosos no sueltan sus miraculous! Busqué alternativas y las encontré… ¡Siempre puedo poner a alguien en tu lugar!

Sigue hablando, Gabriel… —Pidió Emilie con fastidio, consciente que su marido no podía escucharla en lo absoluto—. Nunca habías comentado ese plan tuyo… ¿se le acaba de ocurrir a Nathalie acaso?

—El deseo es la alternativa más segura, pero… ¡Un alma por otra! Algo que te permita despertar y seguir tu vida conmigo… que alguien más que ocupe tu lugar.

Emilie rodó los ojos al cielo por quizás enésima vez esa noche. Pero prestó atención: Gabriel era un hombre peligroso que tenía acceso a medios que lo hacían de temer. Como Papillón había causado mucho daño y mientras no pudiera salir de su coma, Emilie ponía atención a sus palabras, para adelantarse a sus planes y tomar medidas ni bien despertase. Incluso hasta había tenía planes trazados para su huida. Después de todo… no necesitaba de miraculous, ni deseos, ni intercambio de almas, ni ninguna tontería que se le ocurriese a su esposo. Estaba despertando sola y sin ayuda, lento, pero segura.

—Tampoco es muy fácil intercambiar almas, pero al paso que vamos es más simple que conseguir los miraculous. Nathalie me lo sugirió el otro día.

—¡Dale una medalla a la muy perra!

—Adiós mi vida… detecto… un candidato de akuma—. Le dijo Gabriel besándola en los labios antes de ponerse de pie. Emilie, en el fuero interno de su mente, hizo arcadas.

El hombre se ajustó el miraculous y se transformó en Papillón. Emilie quería gritar de frustración, ¡Necesitaba despertar pronto y escapar de esa mansión, junto con su hijo! Moría de angustia además porque sabía que todo el caos que Papillón desataba sobre París era por su culpa, por el enfermo afán de querer despertarla… como si no hubiera sido Gabriel el causante de su actual predicamento.

—¡Debí escapar cuando podía!

… Pero no lo había hecho. Enamorada como estaba, tratando de darle todas las oportunidades a su marido, nunca se percató de lo peligroso que era hasta que fue demasiado tarde. Emilie llevaba un tiempo dándose dolorosa cuenta que Gabriel no era ni el padre o esposo perfecto, o que sus tendencias no eran muy saludables. La relación entre ambos había comenzado a quebrarse y con horror descubrió que era violento.

Le había propinado una buena paliza. ¡Menos mal que Adrien no se percató!

Aquello le daba vergüenza, admitir que no era la mujer astuta que pensaba que era le dolió y la negación colmó sus sentidos. Entonces había venido la tragedia… justo un año antes… Emilie descubrió que Gabriel la engañaba con Nathalie y lo enfrentó, amenazando con irse de la casa. De hecho, eso era lo que estaba haciendo cuando el hombre la atacó. La actriz reveló entonces una faceta que nunca le había mostrado a Gabriel, revelándose como portadora de miraculous, pero… eso de nada bastó. Sobrecogida por las emociones, Emilie fue incapaz de defenderse bien y en un acto desesperado, invocó un encantamiento kwami secreto que no tuvo los efectos esperados. Ella cayó en coma y Gabriel tuvo acceso al libro de los miraculous, comenzando a utilizar a Nooroo como Papillón.

El resultado es que ella terminó en la heladera y su esposo sembrando el caos en París, buscando la solución para despertarla de una vez por todas, costase lo que costase.

—¡Todo esto es mi culpa!


Colegio Françoise Dupont. París, Francia.

Dos días después. Lunes. 17:08 horas.

—¡Buen Trabajo!

Ladybug, luciendo cansada por razones obvias, pero bastante contenta, chocó puños con Chat Noir. Acababan de detener y purificar un akuma, cuya víctima trataba de recuperar la compostura. Había sido más fácil de lo esperado. Al respecto, el akuma no había cumplido con las expectativas: de buenas a primeras daba la impresión de que les iba a tomar unas dos o tres horas neutralizarlo, pero apenas fueron necesarios tres cuartos de hora. ¡No se quejaban! La jornada escolar había sido cansada y ambos querían irse a recuperar energías.

—El akuma del finde estuvo más desafiante, ¿No lo crees lady? — comentó Chat Noir muy coqueto, gesticulando con las manos. Ladybug sonrió aunque se dio perfectamente cuenta que su compañero no la había llamado ma lady como solía acostumbrar.

Bueno, llevaba quizás poco más de un mes sin llamarla de ese modo, y sus coqueteos habían perdido algo de intención. Ahora era el divertido intercambio de palabras que tendría con una amiga muy querida, con la que solía arriesgar el cuello, pero ¿romance? No. Ya no. Los afectos del gato ya no la tenían como objetivo.

De hecho, Ladybug le había preguntado al respecto hacía unas semanas, sorprendiéndose con la tímida confesión del gato acerca que había una chica en su vida civil que le estaba llamando la atención y que no era ella. Lejos de ponerla celosa, Ladybug se puso realmente contenta por él, y hasta consejos había comenzado a darle sobre como acercarse a la afortunada, considerando que Chat Noir… bueno. Era un chico muy especial, además de ser uno de los más valientes y gentiles que conocía.

¡Qué chica tan suertuda! Aunque medio tonta, si le preguntaban a Ladybug, pues no se daba cuenta de los sentimientos de Chat Noir. Su compañero no era otra cosa que un gato con mucho amor que dar. ¡Y como lo entendía! Le dolía mucho que no le prestaran atención, pues sabía perfectamente lo que se sentía querer a alguien y no ser correspondido. Chat ya había tenido suficiente rechazo en su vida.

—El akuma del finde nos dio más trabajo, cierto, pero éste no dejaba de ser peligroso, mon minou—. respondió Ladybug mirándolo a los ojos. La chica se puso las manos en las caderas por breves instantes antes de volver a gesticular con ellas—. ¿Y esa cara que traes?

—… No es nada… Solo espero poder volver a tiempo—. Chat Noir dejó caer los hombros y las orejas, incluso comenzó a gesticular derrotado—. Puede que haya perdido mi oportunidad para hablar con mi amiga

—¡Aaagh! ¿Qué pasó ahora? — rezongó Ladybug condolida—. ¿No conseguiste invitarla a tomar jugo? Chaaaaaat, ¡Pero si lo tenías todo listo! ¡Incluso te dije como acercarte!

—Akuma —indicó Chat Noir encogiéndose de hombros—. Pudo ser peor.

Ambos héroes dejaron escapar un suspiro derrotado.

—Pues sí—. Ladybug sacó pecho y puso una actitud más positiva. Lo que menos necesitaba su compañero era que su ánimo decayese, por lo que en seguida trató de animarlo—. Mañana será. ¡Pero no dejes pasar la oportunidad! Ni dejes que te dé un no por respuesta. ¿Te parece?

Chat Noir asintió con energía e iba a aprovechar de preguntarle algún otro consejo cuando el miraculous en su mano comenzó a vibrar, anunciando que le quedaban unos pocos minutos. Y por lo visto, la alarma de Ladybug también había dado ya una alerta. El muchacho se quedó viendo la mano y suspiró. Ladybug aprovechó para acariciarle los cabellos e indicarle con señas que partiera ya a deshacer la transformación, despidiéndose de él y deseándole suerte con su amiga.

La heroína entonces se fue, tras asegurarse que la víctima de akuma estaba a salvo. Él hizo lo propio y pronto estuvo buscando el refugio más adecuado, que terminó siendo un tejado más o menos alejado del sitio del combate. Ahí se ocultó entre unas chimeneas y deshizo su transformación. Atajó a Plagg entre sus manos y no dudó en darle su queso. Fascinado, observó como el kwami tomaba el bocadillo y lo abrazaba con emoción, antes de comenzar a comerlo y saborearlo como si fuera el manjar más exquisito de la creación. Su lenguaje corporal era fascinante y decía mucho sobre la personalidad del kwami. Adrien lo dejó comer sin incordiarlo, aprovechando para mirar al cielo.

¡Vaya que le había costado asumir que Ladybug nunca lo querría! Y más todavía dejarla ir, considerando que la chica nunca iba a corresponder sus sentimientos de manera romántica. Ahora era su amiga muy querida, casi como la hermana que nunca tendría. Siempre la iba a querer, la heroína ocupaba un pedacito importante de su corazón, y no solo por ser la chica tan genial que era, sino… porque había sido de las primeras personas aparte de su madre en tratarlo como un ser humano normal.

Suspiró, pensando en aquél día en que la había conocido. Nunca supo por qué el maestro Fu le había entregado el miraculous a él, cuando podía haber elegido entre cientos de muchachos más capaces, pero en ese momento no lo pensó. Le dieron una misión y los poderes para llevarla a cabo y él lleno de adrenalina se había lanzado de cabeza al desafío, pero al poco andar y cruzarse con Ladybug y aquél primer akuma, pensó que sería una muy mala idea, por instantes sintió terror y ganas de irse corriendo de ahí.

Era sordomudo, ¿Cómo miércoles se supone que iba a coordinar un ataque contra un akuma en esas condiciones? Sin embargo, Ladybug lo había mirado perpleja varios instantes, antes de poner cara de espanto cuando se dio cuenta que algo no andaba bien con él. Para su sorpresa, en lugar de regañarlo, rechazarlo o tratarlo como a un incapaz, procedió a disculparse con él, usando lenguaje de señas, argumentando que no se había dado cuenta que no la entendía y que no quiso faltarle el respeto. Y como si fuera la cosa más normal del mundo, procedió a explicarle el plan a seguir, usando señas, y hasta preguntándole su opinión, tal como si se tratase de una persona normal y no con capacidades diferentes.

—¡¿Ensoñando otra vez?! Tenemos que cantar a casa. ¿O no te das cuenta de la hora? — Plagg apareció en su campo visual, gesticulando con hastío. Adrien dejó escapar una risita: su kwami estaba aprendiendo lenguaje de señas, por lo que a veces confundía las palabras.

—¿Cantar a casa, Plagg? ¡Sabes que no puedo cantar!

—¿Cantar? — El kwami entrecerró los ojos y tras darse cuenta, procedió a apretar los puños y vibrar de frustración. Dejó caer los hombros y se corrigió—. Llegar a casa, cachorro. Llegar a casa, no cantar.

Adrien sonrió de costado y rascó la cabeza de Plagg unos instantes antes de iniciar la transformación. Nuevamente convertido en Chat Noir, se acercó al borde del edificio y tomó aire. Era difícil ser un superhéroe sordo en un mundo lleno de estímulos auditivos, pero se las arreglaba muy bien. La transformación le ayudaba muchísimo, pues el traje se había adaptado a sus necesidades, advirtiéndole mediante vibraciones por donde venían los sonidos, las amenazas y las palabras, permitiéndole además detectar muy bien las ondas y aumentando sus otros sentidos en compensación por la falta del oído. Eso sumado al hecho que Ladybug ni siquiera se mosqueó por tener un compañero sordo (ella lo trataba como trataría a cualquiera), le había hecho ganar mucha seguridad en sí mismo durante el último año.

Por un tiempo creyó estar muy enamorado de Ladybug. Pero ésta no le correspondía y se lo hizo saber, lo que en un principio ni lo pudo entender ni tolerar, pero… el amor no se puede forzar y lentamente logró dejarla ir… hasta que se dio cuenta que había otras posibilidades y que esta chica en el colegio… hacía que sintiera que había tragado mariposas. Lentamente se estaba enamorando de ella… y eso lo hacía sentir feliz.

Chat Noir miró en dirección de la mansión, que ya tenía a la vista, y bajó los hombros muy triste. ¡Si tan solo pudiera compartir su felicidad con su maman! O conversar estas cosas con su padre, quien lo trataba como si fuera un ignorante, o peor, como si fuera una planta que está ahí para decorar y no querer. Si tan solo no estuviera tan aislado… y que lo quisieran un poquito más.

Solo era sordo, nada más. ¿Acaso eso era un crimen?

Ni modo. Hora de partir. Quizás, si tenía suerte, podría ir a ver a Marinette a su balcón esa noche… ¿o no?


Mansion Agreste. Guarida de Papillón.

Momentos antes.

Papillón se sujetó de su báculo resoplando de ira, inflando los pulmones con furia, como si eso le ayudase a relajarse. Generalmente soltaba un grito a estas alturas, maldiciendo firme y derecho al par de insolentes que impedían que cumpliera sus objetivos, pero no esta vez. ¡No esta vez!

—¡Argh!

Apenas exclamando su desprecio, giró sobre sus talones y a pasos fuertes se dirigió a la salida de su guarida. Tomó los pasadizos y vericuetos apropiados para llegar a su despacho, deshaciendo la transformación antes de entrar de lleno.

—Nooroo, mantente cerca.

—Sí, amo.

Ni bien atravesó la puerta y la hubo cerrado tras de sí, Gabriel ajustó su traje y caminó derecho hacia el ventanal más cercano. Dirigió su mirada a la calle, cruzando las manos a sus espaldas. Nooroo, en una actitud bajoneada, flotaba cerca de él, aparentemente resignado y sin saber qué hacer para mejorar su situación. Miró de reojo hacia el cuadro estilo Gustav Klimt de Emilie, detectando un par de ojitos que lo miraban preocupados. Nooroo reconoció en seguida a su querida Duusu, escondida tras el cuadro, y le sonrió tranquilo, logrando sonrojar a la kwami, que se tapó los ojitos con dulzura. En ello, sintió como se abría la puerta del despacho y rápidamente se ocultó de la vista.

—¿Traes noticias, Nathalie? — preguntó de pronto Gabriel, al sentir la entrada de su más que asistente.

—Por supuesto señor.

—¿Qué pasó?

—Llamó su cuñada preguntando por Adrien otra vez. Pregunta cuando lo podrá ver.

—¡Nunca si de mi dependiera! ¿Acaso esa mujer no se cansa?

Nathalie se quedó en silencio. Solo suspiró hastiada, esperando que Gabriel bajara las revoluciones. Carraspeó un poco para llamar la atención una vez que se hubo asegurado que su jefe ya se había calmado.

—¿Qué le respondo? ¿Lo usual?

—Sí. Adrien no puede salir de la casa. No voy a arriesgar a que lo vean y me deje en vergüenza.

—¿Y si insiste como la última vez?

Ah. Cierto. Gabriel rodó los ojos al cielos. La última vez que había intentado impedir que Amelie viera a Adrien, terminó siendo investigado por servicios sociales y fue obligado por un juez a que el mocoso ese comenzara a ir a un colegio. La muy p**a lo había denunciado e incluso involucrado a tribunales. De hecho insistía en pedir la custodia del muchacho. ¡Qué descaro! Claro, como el irritante de su hijo Félix era normal y no tenía que pasar por la ignominia de tener un retrasado como Adrien en su casa…

—Ya le di los anillos a esa mujer. ¡¿Qué más quiere?!

—Asegurarse que Adrien no está desnutrido.

—Bah—. Gabriel sacudió el brazo como restándole importancia—. Accede por esta vez. Deja que venga a buscarlo y que pase el día con ese niño a ver si le gusta estar en compañía de un sordo. Mientras antes lo haga, antes me deja de molestar.

—Haré los arreglos. Si me disculpa.

Gabriel ni siquiera se despidió de Nathalie y la dejó marcharse sin otro comentario. El hombre fijó la mirada en la vista de su ventanal, olvidando casi al instante a su hijo. Eran otros los pensamientos que rondaban su cabeza. Por un momento miró el miraculous que pendía de su corbata, Nooroo le miraba tímido desde su escondite.

—Pronto Emilie querida… ¡Pronto!

Fin de la Apertura.

POR

MISAO-CG

Publicado el 23 de marzo. Modificado el 25 de marzo


Próximo capítulo: Antes del huracán

—Hola Adrien—. Lo saludó de pronto Lila, llamando su atención, sin molestarse en usar señas—. ¿Vas a ser mi novio por hoy? — El aludido puso una expresión en blanco y se hizo el que no entendía nada. El lenguaje corporal de Lila nunca le había gustado, le daba mal yuyu, además que sabía que la chica podía ser bastante mala y cruel si se lo proponía… y tenía certeza que él le caía mal a una de sus voces.

—Lila. Adrien no te va a entender si no le hablas con señas—. gruñó Nino sin olvidarse de gesticular. En lo personal no tenía nada…


Notas finales: Agradezco montones que hayan llegado hasta aquí y espero de corazón que esto les haya interesado. Como particularidad mía, no habría publicado de lo contrario, el fic ya está completo, así que tienen la certeza que no quedará a medias. Sospecho que seré más regular con las actualizaciones en esta ocasión, y esperemos que el coronavirus no me impida hacerlo. A propósito: quédense en casa y no salgan a menos que sea estrictamente necesario. Por favor, cualquier error, gramatical o de ortografía, me lo dicen para poder arreglarlo si corresponde. ¡MUCHAS GRACIAS POR LEER!


BRÚJULA CULTURAL:

Traída gracias a la magia de internet y Wikipedia. Otros sitios serán debidamente indicados.

Gustav Klimt: (Baumgarten, 14 de julio de 1862 – Alsergrund, 6 de febrero de 1918) fue un pintor simbolista austriaco, y uno de los más conspicuos representantes del movimiento modernista de la secesión vienesa. Klimt pintó lienzos y murales con un estilo personal muy ornamentado, que también manifestó a través de objetos de artesanía, como los que se encuentran reunidos en la Galería de la secesión vienesa. Intelectualmente afín a cierto ideario romántico, Klimt encontró en el desnudo femenino una de sus más recurrentes fuentes de inspiración. Sus obras están dotadas de una intensa energía sensual, reflejada con especial claridad en sus numerosos apuntes y esbozos a lápiz, en cierto modo herederos de la tradición de dibujos eróticos de Rodin e Ingres.

Como curiosidad, Klimt falleció víctima de la influenza española, que asoló el mundo entre más o menos 1917 y 1920 y que causó la friolera de entre 50 y 100 millones de muertos en todo el mundo. Esa pandemia es una de las más mortíferas de las que se tiene registro.