Territorio gris

Capítulo 1: A mamá no le va a gustar

Es de noche. En realidad no sé qué hora es, pero ya está oscuro y hace un poco de frío. Camino entre los árboles, sin rumbo. Creo que estoy perdido, hace ya un tiempo que dejé de saber dónde estaba y hacia dónde iba. Pero no me importa. Me parece que debiera estar asustado, pero no tengo fuerzas para tener miedo. Mamá debe estar preocupada, pero mi casa es el último lugar en el que quiero estar ahora. No quiero ver su cara de pena, no quiero que me tenga lástima. No quiero que me vea derrotado. Así que sigo caminando. Mi cuerpo se mueve por inercia, la verdad no sé qué me impulsa a seguir andando, pero supongo que es mejor que quedarse quieto. Así que sigo caminando, sin ver, sin oír. La cabeza me da vueltas. Demasiados recuerdos, demasiadas sensaciones. No puedo con todo. Quisiera llorar, pero no me parece suficiente. Quisiera gritar, pero no encuentro la voz. No vale la pena. Nada vale la pena.

Nunca ha importado lo que yo he querido. Hoy me di cuenta de eso. Deseaba tanto, tanto, ser un héroe a la altura de All Might. Quería conseguir algo importante con mi vida. Pero nunca importó. Sin particularidad era obvio. Pero eso ya ni siquiera me parece importante. Simplemente soy muy débil. Nunca he podido defenderme a mí mismo, nunca he podido responder los insultos de Kacchan. Hoy no pude siquiera protegerlo de ese ataque. Me humillé a mí mismo frente a él, frente a All Might, frente a todos. ¿Y quería ser como All Might? Imposible. Kacchan lo supo antes que yo. Soy un un tonto, y lo he sido toda la vida.

"...Y quizás nazcas con una particularidad en tu próximo vida". Tal vez Kacchan tiene razón. Esto no tiene caso, estoy cansado, no puedo más. No quiero continuar. No quiero volver a casa a enfrentar a mamá. No quiero volver a la escuela a enfrentar a Kacchan. A mamá no le va a gustar, pero ya que no puedo ser un héroe, tampoco debo serlo, ni por ella ni por nadie. Si quiero, puedo rendirme, renunciar, olvidarlos a todos y ser egoísta. Sí, eso suena bien. Más que bien. Vamos. Rápido. Debe haber algún lugar por aquí cerca. Por aquí. No, por allá. Si voy camino abajo de seguro me encontraré con el río. El río en el que jugábamos de niños.

Acerlero el paso, el pecho me retumba. Me tropiezo varias veces, casi no veo en esta oscuridad, pero no me detengo. Tengo un propósito, por miserable que sea. De repente, empiezo a oírlo. El agua del río. Estoy cerca. Sólo un poco más. Sí, aquí está. Ahora sólo debo seguir la rivera. Recuerdo que había un puente más allá. No será una azotea, pero servirá. Camino un buen trecho. Sólo un poco más. Logro ver el puente. Lo han vuelto a construir. Ahora tiene barandas para que sea más seguro. Como sea. Me acerco, camino hasta la mitad y trepo la baranda. Me paro justo en el borde, agarrándome con las manos. Miro hacia abajo. La altura no es mucha, pero corre un buen torrente de agua. Tengo buenas chances de lograrlo.

—¿Vas a lanzarte? —dice una voz a mis espaldas. Doy un respingo y miro hacia atrás. Es el último lugar en el que esperaba encontrarme con alguien. Se ve mayor que yo. Lleva una sudadera negro, con la capucha levantada. La mitad de la cara está oculta tras mechones de pelo claro. La otra mitad se ve demacrada, pero esta persona no puede tener más de veinte años—. Hoy corre mucha agua. Si te lanzas ahora de seguro morirás.

—¿Vas a decirme que no me lance?

—Haz lo que quieras, es decisión tuya. Sólo me da curiosidad, ¿qué tan mala es tu vida para que quieras suicidarte? —pregunta. Su respuesta me desconcierta, pero también me tranquiliza. Si no me va a detener, no pierdo nada respondiendo su pregunta.

—Quería ser un héroe como All Might, pero no tengo particularidad, así que es imposible. Él mismo me lo dijo. —El sujeto queda impasible. Después de unos segundos, estalla en carcajadas.

—No me estás tomando el pelo, ¿verdad? —Al ver mi reacción, o falta de, se calma un poco—. Pobre criatura, incluso el gran All Might te ha dado la espalda y ahora no tienes un propósito para vivir. Qué divertido. ¿Qué harías si te dijera que a mí me pasó lo mismo?

—¿Qué?

—No me malentiendas, yo sí tengo particularidad. Pero digamos que incluso en esta sociedad de héroes hay basura que sobra. Basura que ni siquiera a All Might le importa. Soy uno de ellos, y al parecer tú eres como yo. No te sientas mal, hay muchos otros como nosotros, comúnmente nos conocen como villanos. —Aquella última palabra me hace reaccionar. Me asusto. De repente pierdo el agarre de mis manos y sé que voy a caer. Cierro los ojos. Hasta aquí he llegado.

Pero en vez de caer, quedo colgando. ¿Quedo colgando? Abro los ojos y veo que el sujeto me tiene agarrado del brazo con ambas manos. Entonces, un escozor empieza a quemarme el brazo, justo donde el sujeto me agarra. El escozor de transforma en dolor. Un dolor que me corroe. Grito. Casi no me doy cuenta de que soy jalado hasta que caigo en suelo sólido. Me miro el brazo. Ahí donde estaban las manos del sujeto, ahora no tengo piel.

—Disculpa. Esa es mi particularidad, básicamente destruyo todo lo que toco —comenta el sujeto casualmente. El dolor es horrible. Pero sigo vivo—. Escucha, entiendo si quieres terminar todo aquí, pero si quisieras hacer algo más por tu miserable vida, ven conmigo. Dirijo un grupo de imbéciles que se hace llamar Liga de villanos. No somos amables, pero todos hemos sido rechazados por el sistema. Ahí nadie te va a juzgar por no tener particularidad. ¿Quién sabe? Tal vez descubras que tienes talento para esto.

No. Por supuesto que no. ¿Cómo podría? Va en contra de todo lo que siempre he creído. Hace unas cuantas horas mi mayor ambición era convertirme en héroe, ¿y ahora estoy siendo reclutado por un villano? Claro que no. Pero… ¿Qué tal si…? No, mala idea. ¿Pero y si pudiera…? No puede ser tan mala idea. Quizás si… Pero a mamá no le va a gustar. Aunque en realidad eso ya no importa. Yo podría… ¿Por qué no? Tendría que renunciar a… Pero no iba a volver de todas formas. Cierto, no iba a volver… La otra opción que queda es el río. ¿Pero y si pudiera… no valdría la pena intentarlo? No tengo por qué ser un héroe, puedo rendirme, olvidarlos a todos. Sí, me gusta eso. Ahora puedo ser alguien más, alguien diferente. Sí, me gusta eso...

—Acepto —digo entre dientes. Una mueca aparece en la cara del sujeto, y creo que es una sonrisa.


El idiota de Deku había dejado de ir a clases. Y no podía importarme menos. De seguro había quedado tan asustado después del villano de lodo que no se había atrevido a salir de su casa. Quizá finalmente había caído en la cuenta de que siendo tan inútil no podía ser un héroe, menos uno como All Might. ¡Bien! Esperaba poder ver su cara cuando volviera. Pero entonces los días pasaron, Deku seguía sin venir. Y empezó a haber rumores. Que del susto había quedado con secuelas, que se había vuelto loco. Pura mierda.

Supe que Deku había desaparecido cuando la policía vino a mi casa a preguntarnos si sabíamos algo. Me interrogaron, les dije que la última vez que lo había visto, el idiota iba hacia su casa. No preguntaron más. Entonces, aparecieron los carteles de "se busca" en las paredes del barrio. En la escuela dejaron de preguntar por su nombre cuando pasaban la asistencia. Ninguno de los adultos mencionó algo sobre su desaparición. Después de un tiempo el asiento vacío no parecía molestar a nadie. Un tiempo más y ya ni siquiera quedaban rumores.

Dos meses pasaron. De repente me estaba graduando de la escuela. No tenía cabeza para nada que no fuera la prueba de admisión de la U.A. Como era de esperarse, obtuve el mejor puntaje en la prueba práctica. La noche en que llegó mi aceptación, salió el anuncio en la televisión. Habían dejado de buscar a Deku.

—¿Sabes lo que significa, Katsuki? —dijo mi madre—. Significa que decidieron que no era importante. No lo van a decir en televisión, pero es muy probable que lo hayan dado por muerto. Su madre debe estar destrozada.

No reaccioné en ese momento. No procesé las palabras de mi madre. No las entendí, no tenían significado para mí.

Hoy es el funeral. Es una ceremonia simbólica, no hay nada que enterrar. Pero hay una lápida con el nombre de Deku. Su madre llora en silencio. Mi madre está a su lado. Mi padre no dice nada. No ha venido nadie más. Y hay una lápida con el nombre de Deku.

De repente me doy cuenta de que no veré nunca más su patética cara llorosa. De que nadie volverá a llamarme Kacchan. De que no volverá a joder cuando crea que necesite ayuda. De repente me doy cuenta de que no va a estar. Nunca más.

Y eso no me gusta.