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SEMINARE

UN ROMANCE EN TRES PARTES

El sol de mediodía destella sobre los pasos apresurados de una alborotada y adolescente Vi, la cual no podía detenerse siquiera para preguntarse si acaso ha valido la pena el haber robado aquel collar del cuello de aquella mujer tan histérica, cuya mirada despectiva le habían caído como una patada en el trasero. Por la abarrotada Avenida Sideral dos pensamientos se encuentran constantes en la cabeza de la joven de cabello rosado, uno de ellos es el correr lo más pronto posible al callejón más cercano para así esconderse de los vigilantes que le perseguían, y el otro es la sola imagen de esas exuberantes amplificaciones en los pechos de esa mujer.

Según como lo veía ella, su suerte se encontraba echada desde que tomó la iniciativa de ascender a los distritos más altos de la ciudad del progreso con tal de encontrar ostentosa fortuna en la cual meter mano; no solo por la constante vigilia de los vigilantes, sino también por tantos otros delincuentes de mayor experiencia que campan a sus anchas por las sombras doradas de los hombres y mujeres que caminan sin parar por las calles de adoquines blanquecinos.

Campanadas de oyen a los lejos, dando inicio fortuito a la cacería de su persona, entre la multitud Vi logra ver a lo lejos a dos de sus perseguidores en una esquina, parecen estar interrogando a un encorvado mensajero. Sin saber a donde ir y con el sol golpeando directamente hacia su rostro, Vi comienza a sentirse expuesta, así que se pone a buscar cualquier posible abertura mientras que las personas a su alrededor le miran extrañados, por no decir asqueados, pues las pintas que la muchacha portaba respiraban procedencia zaunita de la más baja extirpe.

Ante tal situación, Vi guarda su mano izquierda en su bolsillo bueno, en donde escondía aquel tesoro con tanto recelo, con fuerza lo aprieta y de esa manera, nerviosamente, decide apretar el paso con la cabeza gacha mientras va dando empujones a todo lo que se le ponga enfrente para así lograr alejarse lo más posible. En ese momento, un hombre avejentado le detiene al tomarla con violencia del hombro, Vi intenta forcejear rápidamente pero aquella mano de acero revestida de porcelana blanca poseía una fuerza que no parecía encajar con tan delicada apariencia.

"¡Oficiales, aquí está el rufián!", exclama una mujer bien parecida mientras bruscamente logra sacar la mano de Vi del bolsillo, dejando en evidencia el collar.

Brillando este está sobre el tumulto de gente enardecida que decide apuntar con el dedo acusador a la joven ladrona, llamando totalmente la atención de los vigilantes y disparando todas las alarmas en el cuerpo de Vi, la cual se libera del agarre de la mujer para luego lanzar un golpe directo a los testículos del hombre de la mano amplificada, dejándolo adolorido en el suelo. Ella juraría haber oído un crujido metálico al impactar su golpe, pero antes de poder pararse a pensar en tan cómica situación, decide salir corriendo con ferocidad hacia el claroscuro del callejón, solo el dolor en su mano le quedara de evidencia.

La persecución da comienzo, Vi trastabilla ante el encontronazo de un muro de una torre menor que se encontraba en un distrito inferior, pero que aun así se imponía frente a ella al final del callejón; mira para todos lados, busca y rebusca con el corazón a punto de estallar, nota una tubería de vapor saliente que se extendía hasta la cima de un edificio a su derecha, toma carrera y da un salto para así aferrarse a ésta. Escalando con las manos hirviendo logra ver el tejado de aquella torre hundida que ahora se percibía cercano, respira profundo y toma valor para saltar al ver la proximidad de los vigilantes, al caer se da de bruces contra el alero de bronce y termina resbalando hasta casi caer por la cornisa.

No había tiempo para emitir queja o reproducir miedo alguno, era hora de correr. Vi se levanta y camina a paso veloz pero también adolorido hasta dar con un pequeño jardín de bellas flores en macetas de barro y cerámica, en el cual nota el estar de un marco dorado con la forma de una puerta que se encontraba posicionada como la entrada a una ornamenta de bronce con la imagen de un ave que la adolescente no logra reconocer, solo atraviesa temerosa el marco y se limita a pisar un poco sobre la base de la ornamenta para luego ver la abismal caída hasta la calle que le esperaba si llegaba a dar un paso en falso. No se explicaba a sí misma el sentido o utilidad de aquel decoro tan ostentoso, para ella solo es otro capricho de la arquitectura piltoviana, así que levanta la mirada y queda ante la imagen de una ciudad que parecía estarse elevando cada vez más y más; la colosal Escuela de Tecmaturgía resplandece sobre el extenso cañón y le recuerdan a la chica la culposa verdad de su fascinación por aquello que los hombres poderosos llaman progreso, tan lejano en ideales a lo que dejaron abandonado en el agujero tóxico el cual en el pasado ella llamo hogar. Pero, de nuevo, y como la cercana torre del reloj apunta en su impertinente sonar, no había tiempo para emitir queja o reproducir miedo alguno… era hora de correr.

SEMINARE

PARTE I

Con los agentes pisando sus talones, Vi abandona aquel panorama para volver a su rutinario juego del gato y el ratón. Y con ello la persecución se lleva a cabo en lo alto de los edificios de la Calle Glasswell; en su escape va saltando de techo en techo, pisando y destrozando tejas y deslizándose por las cornisas más delgadas mientras los peatones más jóvenes le arrojan piedras las cuales solo logran hacer añicos los ventanales de los áticos y algún que otro vidrio de pisos inferiores.

Luego de otro brinco, atraviesa un ventanal que le hace invadir el taller de un artista con su modelo viva en plena sesión, pasa de ojear la desnudez de la musa al alertarse por la intromisión de un vigilante el cual se lanza sin pestañear sobre ella, fallando miserablemente debido al rápido reaccionar de la adolescente; gritos de mujer se hacen presentes ante la escena y el pálido hombre del pincel abraza su lienzo con el fin de ocultarlo apenado de quien seguro habrá creído era una ladrona de arte. Vi presurosa abandona el taller mientras que a su paso tira toda estatua y caballete disponible para así retrasar a su perseguidor, luego se cuela por una pequeña ventana y cae sobre un techo inclinado que consigue utilizar como tobogán para de esa manera impulsarse hacia el edificio que se encontraba delante suyo, el cual logra alcanzar al saltar y sujetarse de otra tubería, pero esta se desprende y lleva a Vi a golpearse contra las escaleras exteriores del edificio detrás suyo.

"¡Ahh!", suelta un corto alarido para luego sujetarse la espalda mientras intenta no parecer que se retuerce de dolor.

Con aún menos tiempo para acomodar su cadera, se lanza de las escaleras y cae pocos metros hasta un charco que le hace tropezar y empaparse de pies a cabeza. Se levanta a duras penas y mira hacia arriba, nota como el vigilante salta hacia el edificio al que ella había intentado llegar, al parecer no se ha percatado de su caída, eso le daría margen suficiente para desaparecer. Y de esa manera se dispone a atravesar la calle a lo que varios peatones la observan atónitos, ella solo les ignora mientras se sujeta la espalda con una expresión de dolor en su rostro, su caminar entorpecido por el rengueo se ve detenido ante su llegada al lujoso barrio de los artificieros. Las anchas calles vacías de aquel lugar le hacen buscar apresuradamente otro escondidijo, pero solo puede encontrar gruesos muros rodeando altivas mansiones, dobla en una esquina, ve a lo lejos un vigilante que parece no haberle visto pero que aún así se acercaba a su posición. Sin opciones, escala el muro de una de esas mansiones con la poca fuerza que le queda y cae del otro lado, más concretamente sobre los arbustos, los cuales le amortiguan la caída hasta dejarla boca arriba en el verde césped.

Magullada y con una jaqueca que le nublaba la vista, Vi decide descansar un momento mientras observa al cielo. De repente, el pasar de una figura eclipsada por el sol, ennegrecida por su propia sombra; apenas logra reconocerla como femenina, esta parece desplazarse por medio de cables que salen de sus gigantescas piernas y se enganchan a las torres que le rodean. Con la respiración acelerada, Vi solo piensa que aquella mujer tan artificial se trataba de una cazadora, cuya presa debe ser mucho más importante que una simple ladrona de joyas, pues solo paso de largo para luego desaparecer entre los edificios. Con la calma de vuelta a su cuerpo, de su bolsillo decide sacar el collar, lo pone en alto de espaldas al sol, con un simple vistazo podía darse cuenta… No había valido la pena. Se trataba de un collar de bronce niquelado, con lo que se podía adivinar un zafiro que, en su centro hace tiempo había dejado de brillar, aunque se le notaba algo gris más que otra cosa. Tal vez solo se trataba de un objeto de valor puramente sentimental, en todo caso al menos podría sacarle unas cuantas monedas en algún bazar del distrito shurimano, con tal de comer esa noche, pues qué otra razón tendría para robar.

"Jajajaja…", Vi comienza a reír atolondradamente ante la situación y ante cierto pensamiento negador que se le había cruzado por la cabeza.

Al acabar de reír, Vi queda en silencio, el atravesar aquellos muros y caer allí le habían ensordecido, el ruido de la metrópolis había desaparecido de un momento a otro, quedando así el sonido de sus propios pensamientos; se molesta, golpea su puño contra el suelo y se levanta. Delante suyo, un bastó jardín de ensueño que se extendía por los terrenos de una opulenta mansión de piedra caliza, de altos techos en tonos azulados cuyos revestimientos dorados que decoran sus esquinas, demuestran superioridad frente a sus vecinos. Vi traga un nudo en su garganta, guarda el collar en su bolsillo y comienza a caminar de cuclillas, apegada a los rosedales con tal de no ser vista por algún criado. Necesitaba ir con cautela, aunque eso significase clavarse mil espinas, claro que ella desconocía tal dato de aquellas flores.

Vi recorre el jardín, soltando quejidos ocasionales debido a los tajos que extrañamente parecían estar apareciendo en sus piernas y brazos, o al menos extraños para ella. A gatas se esconde detrás un pilar cubierto de enredaderas, ve a lo lejos la fachada trasera de la mansión, no parece más sorprendida por la falta de vida humana en ésta, que por aquella otra vida que le rodeaba por todas direcciones. No era la primera vez que Vi ve una flor, o una enredadera, de esas había muchas allá abajo en Zaun, todas marchitas o con extrañas protuberancias, saliendo a borbotones de los húmedos muros y hediondas tuberías, para nada parecidas a las de aquel jardín en el cual se encontraba. Se queda pensando un momento al ver de nuevo las rosas, luego mira para ambos lados, no había moros en la costa; de esa forma, y con el rostro sonrojado, acerca su nariz a una flamante rosa roja y la olfatea por un segundo. Sin saber porqué, ella había dibujado una pequeña sonrisa en su rostro al sentir tan placentera fragancia, así que acerca su mano, no sin antes descubrir sobre aquellas espinas causantes de esos extraños cortes en su piel, y la desprende con la mayor delicadeza posible para luego colocarla en el pecho de su camisa.

Se levanta del suelo con el rubor aun tiñendo sus mejillas, se apresura en subir las escaleras para así llegar a la fachada y tener una mejor perspectiva del lugar. Al subir estas descubre la verdadera extensión del jardín, podía ver la calle desde allí, no muy lejana, lista para recibirla pero, algo más había llamado su atención. En el centro aguardaba algo majestuoso, cuya presencia no podía negarle la mirada, un templete de acabado shurimano, que ocupaba el corazón del terreno, y en él, una pequeña mesa redonda mantelada con blanca tela volada y dos sillas delgadas, una de ellas bastante alejada cuando la otra se encuentra oculta bajo el mantel. Eso hace que Vi llegue a la obvia conclusión: aquel terreno no se encontraba tan vacío como ella pensaba.

Decide no arriesgarse y salir de allí, de un salto abandona la fachada antes de siquiera ver a fondo lo que se encontraba sobre la mesa, pues algo de comer era lo que más se aquejaba antes que cualquier golpe o quemadura. Era algo que nunca había podido ocultar, así su hambre se volvió evidente al oír a su estómago sonar. Hace a un lado el follaje de un arbusto, su cuerpo comenzaba a sentir el frío que solo produce un estómago vacío, asoma su cabeza con temor sobre las hojas, entonces lo ve recostado en el pasto, un cupcake solitario a las faldas de un gran árbol de cerezo.

Parte de Vi le advertía que aquello era una trampa, parte de Vi gritaba por algo de comer. Ahí estaba tan llamativo cubierto de glaseado rosado que casi parecía burlarse de ella. Y la cereza sobre el pastel definitivamente estaba allí, en un segundo para el otro la chica de cabellos rosados tenían en su mano una pieza de necesidad. En un segundo para el otro esa misma chica se encontraba boca arriba, colgando de un soga que atrapada sus tobillos. Efectivamente se trataba de una trampa de conejo, una firme atadura en las gruesas ramas de un viejo árbol que dejaron a Vi con un deseo irrefrenable de sueño y desilusión, solo quería que el día acabe pero el rugir de su estómago le impedían desmayarse para así desaparecer al menos un momento.

La rosa que descansaba en su pecho cae al suelo, junto con su tesoro, Vi los ve allí dejados e intenta alcanzarlos con su mano luego de haber soltado un resoplido producto de su fastidio. Aun así no logra siquiera rozar un pétalo de la rosa, cierra los ojos y toma algo aire, preparándose así a alcanzar aquella cuerda que le ata. Pero antes de siquiera poder encorvar la espalda, decide detenerse, algo más había captado su atención.

Pues verla ahí de pie, frente a sus ojos, a un lado de su rosa y su tesoro le produjo desazón, vergüenza y un extraña sensación aliviadora. Lo primero que conoció de ella fueron sus pies descalzos y la culata de su rifle, siguió de a poco por todo su cuerpo contenido en un vestido de tenue color esmeralda en una sola pieza el cual producía inconsciente aburrimiento en tan incorregible muchacha como lo era Vi. Al llegar a su rostro noto una mirada indiferente, de silencio contemplativo en su tersa piel, en sus ojos azulados tan brillantes bajo una larga y sedosa cabellera de cielo nocturno que producían en Vi toda clase de pensamientos ridículos, pues era eso o que la sangre se le había subido a la cabeza por llevar todo ese tiempo colgada, de todas formas ella sabía que en su cara se había coloreado el rubor del sentido incómodo y de lo que no se sabe explicar.

Esa mujercita que se detuvo a verla tendría su misma edad, y levanta el rifle para apuntar a su presa, dibuja una gentil sonrisa para luego decir: "No eres la primera persona que cae en mi trampa, ahora sabes porque no hay ningún criado pululando por los jardines", la cazadora comienza a orbitar alrededor de Vi, está solo puede seguirla con la mirada cada que pasa frente a ella. "Suelo jugarles estas bromas a diario, ahora veo que han aprendido, pero no esperaba tal sorpresa. No esperaba a alguien como tú. Te encuentras lejos de casa… zaunita".

"Estoy donde quiero estar, cupcake", la cazadora suelta una pequeña carcajada al oír tal apodo y mira a aquel objeto que dio paso a su encuentro, aún seguía ahí en el césped, junto a la rosa. "De acuerdo, este no es exactamente mi mejor ángulo. Dime, ¿qué harás conmigo? ¿despellejar mi piel, entregarme a los vigilantes, o tal vez prefieras a una nueva criada? Sea cual sea tu elección voy a acabar jodida de todas maneras", Vi cierra los ojos y respira profundo para luego soltar en un leve susurro: "Ya no me importa realmente".

"Esas actitudes tuyas no te llevarán muy lejos, aunque te han traído hasta aquí después de todo", Vi al oír esas palabras abre los ojos y dibuja una pequeña mueca de orgullo. "Pero no engañas a nadie con esas palabras, se honesta conmigo, ¿o es que acaso sientes miedo?", la cazadora acerca su rifle hasta que este se presiona contra el pecho de Vi, contra su corazón.

"No es la primera vez que me apuntan con un arma, así que más te vale no fallar", la doncella del rifle intenta contenerse a lo que quería escapar de su boca en ese momento, pero sin previo aviso se aleja unos pasos y comienza a reír, dejando a Vi en una confusión tal, que logra hacerla enfadar. "¡¿De qué demonios te ríes?! ¡¿Tienes idea de con quién estás hablan… ", su estómago parece haber hablado primero, dejando a Vi totalmente sonrojada frente a una cazadora que le mira con indulgencia al oír tal interrupción.

"Ya veo", admite la damisela del vestido, dejando su rifle colgar de la correa que lleva en sus delgados hombros. "Tu no sientes miedo, digamos que puedo creer eso, pero aun así no puedes ocultar tu humanidad y eso parece ser humillante para ti. Demasiado infantil de tu parte he de decir", al terminar la frase levanta con una mano el cupcake que se encontraba en el suelo y lo observa detenidamente, con su otra mano toma un cuchillo que se ocultaba en su cintura. "Hace poco menos de un minuto preguntabas por mis planes con respecto a tu persona, creo haber encontrado una solución que podría beneficiarnos a ambas."

"¿D-De qué estás hablando?", titubea Vi al verla acercarse con un cuchillo, tan cerca que incluso logra oler su fragancia a perfume de mujer. "¿Qué piensas que estás hacien… ¡Ah!", se interrumpe a sí misma al soltar un pequeño grito luego de que la cazadora cortara la cuerda, haciéndola caer de bruces contra el suelo; Vi solo se queda allí tirada, cubriendo su estómago hambriento y mirando hacia arriba, hacia esa joven radiante que parecía estar muy por encima de todo lo que ella podría desear.

"Me gustaría que me acompañará con una taza de té", al decir eso la doncella extiende su mano hacia su nueva invitada, y con la otra mano detrás de su espalda, una rosa oculta. "Por favor".

Continuará…

SEMINARE

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Nota de autora: La parte dos ya está en proceso, espero que encuentren este pequeño proyecto de su agrado el cual planeo vincular de alguna forma a la futura serie Arcane, próxima a estrenarse este año que tendrá ciertas connotaciones en futuras historias que vendrán. Nos vemos en la parte dos, dejen sus opiniones y compartan con cualquiera que crean puedan estar interesado en estos escritos.

Namaste.