A distancia.

Cuando Sasuke la vio por primera vez, él tenía dieciocho años y creía saber todo de la vida. Era el último año de instituto; tenía amigos, tenía excelentes notas y ni hablar de su suerte con las chicas. Creyó saberlo todo porque nunca nada le iba mal, como si fuera inmune a los errores o pasos en falsos. Desde pequeño se le había inculcado la perfección— con su hermano mayor siempre como ejemplo—, y en su más arrogante forma, sentía que era intachable y que poco se podría decir de sus defectos.

— Qué raro. A estas alturas es muy extraño que haya alumnos nuevos.

— ¿Has visto el auto que la deja? Seguro pagaron lo suficiente para que la escuela la recibiera con gusto.

La chica de los rumores ganó cierta fama por, simplemente, ser nueva en la escuela, y era algo normal a creencia de Sasuke. También ayudaba que la chica parecía ser de familia adinerada, pues no faltaba aquel que quería ser amigo de alguien así. Sería una pena que ella permitiera a esas personas rodearla como buitres..., a menos de que eso le gustara. No le importaba demasiado, en realidad. Ni siquiera la había visto de lejos...

—Oh..., ¡ahí está!

Naruto, su no muy disimulado amigo, apuntó hacia el frente mientras se detenían por el pasillo. Sasuke enfocó la mirada y entonces supo porqué la chica se hacía más y más famosa en la escuela.

No sólo era nueva y rica, ella también era hermosa, sin lugar a dudas. Sin evitarlo, comenzó a inspeccionar cada detalle; cabello rosado, muy peculiar, hasta la cintura, ojos verdes que parecían brillar como joyas y cuerpo con curvas finas, tentadoras.

Cielos.

Tuvo la gran necesidad de recordar su nombre, porque sí que lo había escuchado en algunas conversaciones. Naruto pareció leer sus pensamientos.

— Sakura Haruno —dijo en voz baja, sonriendo con gusto—. También está en el último año.

Permaneció mirándola unos segundos más. Ella guardaba y sacaba cosas de su casillero, ajena a su mirada y a la de cualquier otro. Se veía delicada pero, sólo entonces reparó en que había algo más en ella, algo... sobre lo que su instinto le advertía.

— Sakura Haruno...—murmuró. Por alguna razón, el nombre le pareció conocido.

Mientras pasó el tiempo, los rumores alrededor de Sakura fueron cambiando; que si era la hija de un actor famoso, que si era una presumida, o que quizá era lesbiana. Él la veía algunas veces al día, siempre a lo lejos, y se preguntaba si sería tan mala idea hablarle. Después de todo, los rumores salían de gente desinformada y a veces de unos rechazados resentidos. Casi se rió a carcajadas cuando uno de esos idiotas quiso mentir y hacerle creer a todos que pasó una noche con Sakura. Patético, sólo eso.

Es lo que las pruebas te dicen que es, diría su padre Fugaku, como el honorable y legendario jefe de policía que es.

Por lo que él veía, a Sakura Haruno no le interesaba tener amigos y mucho menos pareja. No era presumida o prepotente, pues una vez fue testigo de cómo una chica tropezó con ella por accidente y Sakura aceptó las disculpas con una sonrisa sincera, sin molestarse lo más mínimo. Era humilde y era lista, tal vez más que él, resultado de ver su nombre en el cuadro de honor. Y eso era todo lo que sabía de ella en el tiempo que había transcurrido, que eran meses.

No usaba redes sociales, no compartía su número, no salía ni hablaba con nadie del instituto..., y él no podía dejar de pensar en ella. Se sentía un acosador cada vez que se encontraba a sí mismo buscándola por la escuela. Más tarde que temprano entendió que había caído como una mosca más ante ella.

— No sé porqué te da miedo hablarle— dijo Naruto durante el almuerzo—. Tú tienes suerte con las chicas, ¿por qué Sakura te asusta?

— No me asusta —se defendió el pelinegro.

— Pues ve y habla con ella. Si sigues así, terminará el año y adiós, amada Sakura.

Sasuke evitó golpear a Naruto cuando éste fingió llorar al imitarlo. Pero el maldito rubio tenía razón; después de pensar y pensar en el porqué de su falta de acción, dedujo que quizá sí tenía miedo. Se sentía inseguro, nervioso y con nula confianza para acercarse a Sakura. Por más que buscara excusas o planee escenarios para hablarle, sus intentos quedaban sólo en eso.

Era un dolor de cabeza constante y su corazón estaba cada vez más incontrolable.

Por supuesto, Naruto no perdió la oportunidad para contarle a todos, incluída su familia, del problema que tenía. Tuvo a su madre queriendo darle consejos amorosos y también a Itachi, su hermano mayor. Y su padre sólo asentía cuando concordaba con algún consejo.

— Puedo contarte cómo me le declaré a Izumi —Itachi sonrió divertido mientras cenaban.

Sasuke inspiró hondo y lo miró con fastidio.

— Fue ella quien se te declaró.

Itachi sonrió más.

— Ah, cierto. Qué mal que tú no tengas la suerte de que correspondan tus sentimientos.

— Itachi, no seas malo con tu hermano —regañó Mikoto—. Estoy segura de que Sasuke pronto abrirá su corazón y hablará con ella.

Sasuke casi se levanta de la mesa, si tan solo su padre le permitiera hacer esa clase de escenas.

— No lo hará — sentenció Itachi—. Y aún si lo hiciera, sólo quedan dos meses de escuela. Ya no se verán más. Aunque, bueno..., si lo hiciera ya mismo, podrían ser dos meses muy buenos. Si tan solo tuviera el valor.

Supuso que Itachi quiso darle un empujón, y realmente pensó en eso durante días. Bueno, en realidad estuvo pensando en eso casi todo el año y el tiempo se le fue entre los dedos. O se arriesgaba al rechazo, o se resignaba y dejaba el tema por la paz.

Cuando llegó a la escuela, esperó a Naruto en las puertas y se entretuvo con el celular. No solía esperarlo, pero sabía que cierta chica llegaba a cierta hora, y eso sería en unos minutos. Y sí, era un jodido acosador. Y sí, su padre iba a tener que arrestarlo si seguía así.

Qué puntual, pensó al ver cómo aquella enorme camioneta negra se estacionaba. Sakura descendió de una de las puertas traseras y, por un segundo, le pareció verla decaída.

Ella caminó a la entrada, dónde él estaba. Casi podía verla en cámara lenta. Tan hermosa, tan platónica... ¿Debía darle los buenos días? ¿Se vería muy obvio, muy estúpido? ¿Será que ella se detiene a hablarle?

Cuando estuvieron lo suficiente cerca, Sasuke abrió su boca, dispuesto a llamarla, a decirle algo y acabar con su desdicha.

— Sakura.

Pero no fue él quien dijo su nombre, sino un sujeto desconocido que la tomó por el brazo e hizo que se diera la vuelta. Era un hombre como de treinta años, alto, de cabello plateado y ojos morados.

Sakura parecía sorprendida de verlo.

— ¿Hidan, qué...?

— Algo pasó. Debemos irnos.

—Pero...

— Tu padre me llamó. Tenemos quince minutos para llegar a casa.

Ella titubeó un segundo, pero se dejó llevar por aquel hombre. Al seguirlos con la mirada, supo que él era el chófer y pronto se fueron en la camioneta. Tan rápido fue, que pareció que sólo él los vio y escuchó. Sintió preocupación. Sintió que fue testigo de algo que no debió y a la vez que perdió su única oportunidad de hablar con ella.

Para empeorar, Sakura no volvió en esa semana.

La escena de la última vez que la vio se repetía en su cabeza sin descanso. Cómo nadie era amigo de la chica, nadie sabía sobre ella y su ausencia. Es como si en realidad nunca hubiera asistido al instituto.

— Sasuke, tal vez ella ya no venga a la escuela — dijo Naruto al terminar las clases— Sus compañeros dicen que ya no la nombran al pasar lista.

— Eso no significa nada... —Sasuke frunció el ceño, sin saber a dónde dirigir sus pensamientos—. Tal vez pueda hablar con los profesores. Quizá ella pidió permiso y por eso no necesitan nombrarla.

Sentía tanta desilusión de imaginar que Naruto estaba en lo cierto, que quiso aferrarse a otras opciones. Cuando Sakura no asistió la segunda semana, se armó de valor y fue a la oficina directiva. Preguntó, preguntó y preguntó. Nadie pudo decirle algo más allá del no sé. A nadie le interesó quitarle sus dudas y, cuando Sakura faltó a la tercer y cuarta semana, decidió recurrir a alguien más.

— ¿Es en serio?

Su padre lo miró directo a los ojos, arrugando un poco el entrecejo.

—Sabes que no te lo pediría si no lo creyera conveniente.

Fugaku había estado leyendo los informes de sus subordinados cuando su hijo menor llegó. Y para su sorpresa, Sasuke venía con una petición casi absurda.

— ¿Quieres que investigue el nombre de tu novia?

Sasuke pudo haber aclarado que no era su novia, pero pensó que tal cosa no era el problema. Asintió, manteniendo la determinación en su rostro.

— No ha ido a la escuela desde hace semanas. Si algo le ocurrió, seguramente su nombre aparecerá en el sistema, ¿cierto? Un accidente, una denuncia..., yo sé que puedes encontrar a cualquier persona.

Hubo un extenso silencio, en el cual Sasuke creyó que su padre comenzaría un largo sermón sobre el uso de los recursos de la policía. Sin embargo, Fugaku se acomodó en su silla y le indicó que tomara asiento.

— ¿Cómo se llama tu novia?

Sasuke se guardó la sonrisa para después.

— Sakura Haruno —anunció, y vio como su padre profundizó aquel ceño fruncido.

— ¿Haruno? —repitió el Uchiha, receloso.

Una alarma en su cabeza comenzó a sonar, pero asintió. Su padre pareció divagar antes de teclear en su computadora, y la emoción en sus ojos poco a poco se fue oscureciendo.

— ¿Es ella?

Fugaku volteó la pantalla hasta que su hijo pudiera verla. Ahí, la fotografía de una preadolescente se mostraba junto con un texto corto. Si bien la chica en la foto tenía como once o doce años, su cabello, facciones y ojos eran inconfundibles.

— Es ella, pero esa foto debe ser...

—Es de hace siete años. Uno de mis hombres la consiguió cuando trabajaba encubierto.

Su padre debió notar la confusión en él. Con cierta preocupación, recargó los codos en el escritorio para explicarle lo que pasaba.

—Sakura Haruno es hija de Kizashi Haruno, Sasuke. Tú sabes quién es, ¿verdad?

La habitación pareció consumirlo en segundos. Asintió, mirando otra vez la fotografía, pero ahora con un gran contraste. Kizashi Haruno era uno de los líderes Yakuza más peligroso desde hace más de una década. Por eso siempre sintió que el nombre de Sakura le parecía familiar.

— Yo... jamás hice la conexión —confesó abatido—, nunca hubiera pensado...

—Tranquilo, hijo. No podemos ir señalando a todo aquel que comparte apellido con un delincuente. Pero al parecer ella comparte algo más que el apellido, ¿no?

Mientras hablaba, Fugaku se levantó y cerró la puerta con llave, así como las persianas. Algo delicado y peligroso como eso, debía quedar entre él y su hijo, por el bien del mismo.

— ¿Tenías una relación seria con ella?

Sasuke esperó a que su padre volviera a sentarse y entonces negó con la cabeza. Miró hacia abajo, hacia sus manos.

— Ella me gustaba. Es la chica de la que hablaban Itachi y mi madre siempre—suspiró—. Jamás pude hablar con ella, en realidad.

Fugaku creyó en él.

— ¿Hace cuánto dejó de ir a la escuela?

— Un mes.

El jefe de policía volvió a buscar en el sistema, en lo más clasificado.

—Sí..., concuerda.

— ¿Con qué?

— Hace un mes, dos cuerpos fueron encontrados con signos de tortura. Ese tipo de tortura se aplica sólo a quienes han cometido traición, y los identificamos como parte del círculo que protege a Kizashi.

Sasuke inspiró hondo. Con esa información, era obvio que Sakura tuvo que escapar al verse en riesgo. Sus sentimientos ya estaban agotados y alterados para ese punto.

— No puedo decirte más, Sasuke. Lo único que puedo decirte ahora es que lo siento mucho.

Su corazón se estrujó ante la empatía de su padre. Se levantó lentamente, con el recuerdo de Sakura presente; sola, delicada y siempre manteniendo la distancia con todos. Recuerda haberse preguntado tantas veces el porqué de su soledad.

Antes de salir, se detuvo y miró por encima del hombro a Fugaku.

— Ella no es mala persona, papá.

— Confío en tus habilidades e instinto para saber a quién acercarte y a quién no, hijo —contestó el hombre con firmeza y seguridad—. Creo que por eso dudaste tanto en hablar con ella, a pesar de tus sentimientos.

Quizá. Tal vez fue su instinto y no su cobardía lo que lo mantuvo lejos de Sakura. Los hijos malcriados de los Yakuza eran peligrosos porque eran impulsivos, idiotas, se sentían dueños del mundo y escupían a las personas. Pero Sakura, Sakura Haruno...

— Ella no es mala —le repitió a su padre. O tal vez sólo quiso recordárselo a sí mismo, a su decepción.

Supuso que su padre le contó a Itachi y su madre sobre lo sucedido, porque no se volvió a mencionar a Sakura y de vez en cuando los atrapaba con una mirada preocupada. Tuvo que contarle a Naruto, porque confiaba en él y el rubio no descansaría hasta saber qué pasó. Si Naruto puso una cara tan triste, se preguntaba qué cara puso él mismo cuando lo supo todo.

Y los días pasaron, y los meses y el último año escolar terminó. La ceremonia fue algo dulce y amarga. Mucho más amarga. La visión que Itachi le había propuesto, aquella de pasar con Sakura los últimos dos meses, no era más que una triste fantasía.

— Así que... —Naruto llegó a su lado, en aquel pasillo que ya no recorrerían más. Aquel pasillo donde vio a Sakura por primera vez—, Itachi me dijo que ya estás listo para ir a la academia de policía.

Sasuke asintió, su mirada fija en un único casillero, reviviendo sus recuerdos.

— Siempre supe que seguiría los pasos de mi padre y que iría más lejos que él— declaró—, pero no había tenido una razón.

Y ahora la había.


Bueeeeeno, no sé muy bien de dónde salieron estas ganas de empezar a escribir, pero espero que le haya gustado al que lo leyó. No creo que sea un fanfic largo, porque no soy tan activa y no tengo el tiempo, pero al menos actualizaré una vez a la semana.

Dejen un comentario, siempre se agradece. Muack. ( )