ADULTO

Al parecer todos los participantes de los exámenes Chünin habían decidido ir a celebrar el final de la primera prueba al mismo lugar. La taberna estaba a rebosar y los equipos victoriosos brindaban felices mientras que los derrotados ahogaban sus penas con comida, bebida y buena compañía.

A pesar de que uno de los objetivos de los exámenes era el de fomentar las relaciones entre las aldeas, los equipos no solían mezclarse, pero sí se espiaban entre sí. Muchas veces para tratar de conocer al enemigo a vencer, otras para ver si se podía encontrar a alguien que hiciera aquella noche más interesante. Al fin y al cabo al día siguiente todos los participantes partirían de Konoha.

Varios componentes del Equipo de la Aldea de la Arena compartían una mesa al fondo del local, desde donde podía observarlo todo. Temari estaba sentada en una de las esquinas y prestaba atención a medias a la conversación de sus compañeras.

—A mí me gusta el de la coleta—.Comentó una aspirante a Jonin.

Temari siguió la dirección de su mirada y se encontró con un tranquilo Shikamaru que reía por algo que le debían estar contando. Temari alzó la ceja.

"Ni siquiera es guapo", pensó, "sólo le llama la atención porque es alto y lleva un peinado estrafalario." Bastaba con mirar alrededor para encontrar a chicos más atractivos y atléticos.

Precisamente en el grupo de Shikamaru había un Hyuga de pelo largo que no estaba nada mal. Jonin, guapo y con aspecto serio, quizás demasiado. No tenía pinta de ser de los que se dejan arrastrar por una noche de pasión, aunque el chico de su lado sí. Tenía algo salvaje, reía escandaloso y le pasaba trozos de comida a su perro por debajo de la mesa. Un poco infantil, decidió Temari desechándolo.

Su atención se desvió hacia el grupo de la Aldea Oculta de la Nube, esos sí que eran buenos prospectos; morenos, fuertes y con labios carnosos. Los tatuajes les daban un plus. Uno de ellos pareció captar su mirada porque se volvió hacia ella. Temari le dedicó una sonrisa enigmática, pero la compañera de su lado la tocó el hombro para que le prestara atención.

— ¿Tú le conoces, Temari?—. Ella, perdida no entendió la frase—.Al chico de la coleta

— ¿A Shikamaru?— preguntó extrañada ¿todavía seguían con eso?

— ¡Preséntamelo Temari-Sama!

A la pobre chica le brillaban los ojos.

—No te lo recomiendo, es vago y aburrido—dijo tratando de desalentarla.

Lo último que le apetecía era ir hasta la mesa de los de Konoha, prefería quedarse donde estaba flirteando en la distancia con el de la nube. Sin embargo, sus compañeras se empezaron a poner muy pesadas con el tema y Temari ya no sabía cómo explicarles que Shikamaru era perezoso hasta para ligar. Jamás había manifestado interés alguno en las chicas "seguro que es virgen" pensó "no sabría qué hacer con una mujer".

A regañadientes se levantó, con la chica pegada a sus faldas, para ir al lugar en el que se apiñaban los de Konoha. Se sentía fuera de lugar entablando conversación con Shikamaru en un bar. Sin embargo, él parecía relajado. Tan pronto como Temari hizo las presentaciones la chica prácticamente la hizo a un lado para acaparar la atención de Shikamaru. A Temari le sorprendió el cómo él respondiera con comodidad a la situación. Observó a la pareja entre alucinada y ultrajada. Su compañera reía coqueta y le agarraba del brazo de forma casual y el muy idiota se dejaba hacer. Murmurando una excusa que estaba segura que ninguno de los dos escuchó les dejó solos.

De camino a su mesa le abordó el chico con el que había estado intercambiando miradas. Llevaba dos jarras y ofreciéndole una le preguntó cómo se llamaba. Temari aceptó y comenzó a conversar con él.

La verdad es que el chico era algo aburrido. Se dedicaba a presumir de sus logros. Hablaba y hablaba, sin darse cuenta de que la mitad de las cosas que contaba a Temari no le impresionaban. Mientras él se dedicaba a narrar su examen de Jonin ella buscó con la vista a Shikamaru y a su compañera. Ninguno de los dos estaba. Convenció a su acompañante para ir a la barra a por más bebidas. No es como si los estuviera buscando, pero no había ni rastro de ellos.

Al final la noche había resultado un fiasco. Temari recorría las calles de vuelta a su posada. Había terminado intercambiando algunos besos con el chinobi de la nube, pero cuando él le propuso el ir a otro lado ella se negó. No estaba de humor y el chico no le estaba entusiasmando demasiado.

Las calles estaban solitarias, así que el sonido de unos pasos acercándose a ella en dirección contraria se escuchaban perfectamente. Se encontró con Shikamaru bajo una farola. No le extrañó demasiado, dedujo que venía de la posada en la que se alojaba todo el equipo de la Arena.

Él la saludó como si nada:

—Vuelves muy tarde—comentó mientras sacaba un cigarro.

—No más de lo que llegarás tú a casa.

Shikamaru se limitó a reír por lo bajo. No llevaba su típica coleta y el chaleco táctico tenía la cremallera medio bajada. A Temari le dio la sensación de estar hablando con un Shikamaru diferente, no con el crio inteligente y llorón que conoció hacia años. Tenía un chupetón en el cuello. Le quedaba bien el pelo suelto.

—No esperaba que fueras todo un galán —dijo señalando la marca de su cuello.

Shikamaru frunció el ceño.

—Ya soy adulto, Temari, hago lo que quiero— respondió dándole una calda al cigarro.

Aquella frase la perturbó. El darse cuenta de que Shikamaru había crecido era extraño y revelador. También se fijó en que tenía las manos bonitas y que estaban demasiado cerca para estar en una calle vacía.

—Espero que a este hombre adulto no se le peguen las sábanas mañana—. El tono coqueto se escapó de entre los labios.

—Mañana a primera hora te espero para acompañarte a la puerta—. Y aquello sonó como una promesa.

Se sonrieron. Fue como si el mal humor que la había acompañado durante el camino se diluyera y tan sólo quedara en su interior un núcleo cálido que le hacía cosquillas.

Temari dio un paso atrás y con un gesto de despedida se perdió por el callejón que llevaba a su posada pensando que quizás, sólo quizás, le interesaría conocer aquel lado adulto de Shikamaru.