Dos niños jugaban sentados en la tierra. Tenían alrededor suyo varios recipientes de barro: uno con pasto fresco, otro con tierra, otro con un jugo violeta dentro y así varios más, y los mezclaban en un cuenco más grande, aplastándolos y diciendo cosas ininteligibles. La más alta era una niña con pelo rubio largo y suelto, bellísima, con unos grandes ojos color carmín. Ella muy seriamente le daba indicaciones al otro, un pequeño niño rubio de pelo alborotado, con unos impresionantes ojos color aguamarina, y una mirada traviesa que sólo parecía invitar a la picardía y a los problemas. En un momento, mientras la mayor rebuscaba entre los frascos algún ingrediente puntual, el pequeño aprovechó para tirar en la mezcla unos pedacitos de una sustancia blanca y resbaladiza que hacía un poco de espuma, que había guardado secretamente en su ropa. Cuando la niña volvió con su preciado ingrediente, le dedicó una mirada fulminante al ver cómo su preparado burbujeaba ligeramente.

- ¡Tonto, arruinaste todo! ¡Si sigues así no voy a dejarte jugar más conmigo! Yo estaba inventando esta fórmula y lo arruinaste.

- No estabas haciendo nada interesante, de todas formas –dijo el pequeño cruzándose de brazos, son una sonrisa arrogante- De hecho, aprendí del tío Chrome un truco increíble para hacer cambiar el fuego de color.

- Eso es muy fácil, propio de un niño tonto como tú. Y sabes que no tienes que jugar con el fuego, mamá te va a retar mucho…y le va a volver a pegar al tío si se entera.

- Entonces vamos a hacer lo posible que mamá no se entere, porque lo necesito, y no quiero tampoco que mis pequeños tengan una carrera tan corta en la ciencia.

Una voz mucho más grave sonó a sus espaldas, haciéndolos saltar. Con sus manos apoyadas en la cintura, Senku apareció sigilosamente y los miraba divertido.

- ¡Papiiiiii!

Los dos corrieron a su encuentro, la niña abrazándolo dulcemente, mientras el otro pegó un salto enorme por encima de ella, y terminó abrazado al pecho de su padre, que lo sostuvo con firmeza, pero casi trastabillando para atrás.

- Diez billones por ciento seguro de a quién saliste con tanta fuerza y agilidad, Byakko. Y diez billones de puntos para ti por saber que ese truco es demasiado fácil, Michiko.

Los niños, todavía trepados a su padre, entraron a su choza. Escribiendo sobre una hoja grande se encontraba Kohaku, que levantó la vista y se acercó a recibirlos apenas escuchó ruido.

- Bienvenido Senku, esta vez sí que te tardaste un par de días –se dieron un beso en los labios, sonriendo al aplastar un poco al pequeño diablillo entre ellos.

- ¡Hey, que yo estoy aquí, no me traten como si no existiera!

- Byakko, no hay forma de pensar que no existes, te aseguras que notemos tu presencia cada minuto –le contestó un poco cansada Kohaku, pero dándole un beso en la cabeza a modo de disculpa-

- Sí, lamento la tardanza. Es que estábamos analizando unos planos de construcción del pueblo vecino. ¿Estabas practicando tu escritura?

- Así es. Reconozco que me negué y me tomó mucho tiempo, pero ahora que veo su utilidad, no quiero perder la práctica.

Senku bajó al niño al piso, y lo guió para que saliera afuera nuevamente con su hermana. Cuando volvió, se le acercó a Kohaku por detrás y la abrazó, descansando su cabeza en el hueco de su cuello, inspirando profundamente.

- No te haces una idea lo agotado que estoy, leona. Pero todo está saliendo bien, y cada vez hay más personas más capaces, así que el nuevo mundo avanza mejor y más rápido.

Sin soltar del todo su abrazo, se sentó en una silla cercana, y Kohaku se giró para sentarse sobre él, colocando sus piernas a cada lado de las suyas. Sonriéndole satisfecha, volvió a besarlo, poniendo sus brazos alrededor de su cuello. Extrañaba estar así con él, y a los pocos segundos ya estaban los dos tan pegados y encendidos que sólo pararon cuando ella se alejó y gruñó frustrada.

- No, tenemos que parar…están los niños afuera, y sería algo incómodo si entraran justo en el medio.

- Es verdad. Aunque si mal no recuerdo, de esta misma forma es como comenzó la historia de este otro leoncito.

Mientras la miraba con una sonrisa pícara, apoyó su mano en el vientre levemente abultado de Kohaku, y su expresión se volvió más cálida y suave. Ella no pudo resistirse ante esa mirada llena de amor y lo volvió a besar con dulzura.

- Sí, exactamente esta situación, pero unos meses atrás. Pero somos dos pervertidos… Estuvo tan cerca de que nos descubrieran.

- Menos mal que son niños. "Mamá, papá, ¿estuvieron corriendo en la casa? ¿Por qué están tan rojos y respiran así?" –rió fuerte, imitando sus vocecitas agudas e inocentes- Aunque cuando quieras repetimos la experiencia, de todas formas ya estás embarazada, hay que aprovechar.

- ¿No estabas cansado? Realmente prefiero que descanses un poco, fue un viaje agotador seguramente, y tenemos todo el tiempo del mundo por delante. Oye, Senku… ¿te acuerdas cuando nos enteramos de mi primer embarazo?

- Claro que sí leona, jamás podría olvidarlo, el shock más grande de nuestras vidas fue en ese momento, diez billones por ciento seguro.

Flashback

- ¡Senku! ¡Senku, ven por favor!

- ¿Qué sucede Ruri?

- No lo sé, Kohaku está mal. Ahora está descansando, no se siente bien, cuando vino a verme me pidió si podía recostarse un poco. Me dijo tuvo náuseas y hasta vomitó en el camino. ¿Y si la comida que almacenamos estaba en mal estado, y la enfermamos?

- No, eso es imposible, sino todos estaríamos descompuestos. Déjame verla.

Una sospecha asaltaba ya la mente brillante del científico, pero no quería decírselo a la sacerdotisa porque primero quería estar completamente seguro…y porque sería un incordio si se enteraban ella y su padre de las últimas actividades de ellos dos. No eran pareja oficialmente, pero cualquier persona veía el afecto y la cercanía que tenían cada vez más evidente, y desde hace un par de meses habían dado rienda suelta a su pasión contenida durante los últimos años.

Vio a Kohaku en el pequeño colchón al ras del piso, y estaba realmente pálida y demacrada.

- Te ves horrible leona, ¿en qué momento te pusiste así?

- Gracias Senku, siempre tan caballero…aunque a poco de conocerte ya perdiste ese título –bufó molesta-. Esta mañana en especial, fue insoportable, pero la verdad es que venía con algunos mareos desde hace tres o cuatro días.

- ¿Por qué no me dijiste a mí, o a algún médico de la aldea? Mira que eres descuidada.

- Oh vamos, siempre tuve muy buena salud, puede ser porque estaba entrenando intensamente y viene haciendo mucho calor. No iba a preocuparme por eso, además sólo me pasa de a ratos, no debe ser una enfermedad.

- ¿Entrenando intensamente? –Senku se puso pálido – Realmente te estás ganando el título de idiota descuidada.

- ¿Qué demonios? Toda mi vida entrené mucho, y lo sabes, de hecho te aprovechaste de eso desde que nos conocemos, así que no te entiendo. Así lo hice toda mi vida.

- Solo que quizás esta vez no es sólo tu vida –murmuró, apretando las manos en puños, muy tenso.

- ¿…Qué? Estás realmente extraño Senku, me parece que el que está mal aquí eres tú.

- No digas tonterías, voy en serio. Estos síntomas…y hace unos días que nosotros…puede que estés…

- No es propio de ti hablar con tantas dudas –contestó un poco irritada- de hecho, ahora tendrías que estar explicando todo perfectamente como si fuese obvio.

- Embarazada.

El tiempo se detuvo en la habitación. Los ojos de Kohaku comenzaron a abrirse desmesuradamente, mientras Senku la miraba muy serio y apoyando unos dedos en su cabeza.

- ¿Que Kohaku está QUÉ?

Otra voz en la entrada fue la que pronunció esas palabras, y ambos voltearon a ver a Ruri, cubriéndose la boca muy sorprendida.

Fin del Flashback

- Oh sí…me acuerdo. Fue inesperado, y después tener que decírselo a todos, especialmente a tu padre. Qué molestia, todavía me acuerdo y me duele el tremendo golpe que me dio, pero por suerte después resultó todo bien.

- Sí, aunque nos obligaron a casarnos bajo la amenaza de mi padre de que te daría un golpe igual de fuerte cada día si no accedías. Pero no me arrepiento de eso, yo me habría querido casar contigo, tarde o temprano.

- A mí no me importaba mucho el concepto de matrimonio, de hecho, nunca pensé que me casaría, pero teniendo en cuenta las tradiciones de la aldea, y de que era contigo, no me molestó. Y fue la excusa perfecta para no tener que andar a las escondidas cuando queríamos estar juntos –deslizó sus manos hasta las caderas de la rubia, y la empujó un poco más hacia él.

- Parecíamos conejos –murmuró sonrojada ante el recuerdo-, con eso ya sabía que iba a estar satisfecha con nuestro matrimonio, porque siempre fuiste un buen hombre para lo demás. ¿Pero quién diría que podrías ser tan buen padre? Realmente pensé iba a ser más difícil, con lo frío y utilitario que a veces puedes ser. Que me ibas a dejar atrás criando a nuestra hija mientras tú restaurabas el mundo.

- Nunca me sentí tan halagado y ofendido al mismo tiempo–la miró haciendo una mueca de desagrado, pero luego sonrió de costado- Pero gracias por eso. El único modelo paterno que recuerde fue Byakuya, así que lo único que procuré fue dar de mi parte lo mejor para cuidarlos y criarlos, no hice nada especial. Y en el mundo anterior a la petrificación, las mujeres no estaban solamente dedicadas a la crianza de sus hijos, sabes, sino que también estudiaban y trabajaban prácticamente a la par de los hombres, aunque eso dependía las costumbres de cada lugar o país.

- Bueno, me parece bien, porque yo jamás podría estar quieta todo el día. Y todavía tenemos mucho por recuperar del mundo, juntos.

- Y todo eso mientras criamos a la primera generación de niños del reino científico, no sé cuál de los dos es más difícil –suspiró largamente, pero muy satisfecho por dentro.

Holaaa! Venía pensando hacer un fic con esta trama, como continuación de "Los corazones tampoco mienten", pero varios años después...y aquí está. Dedicado a Desyampi, que me leyó la mente, y me decidí a escribirlo.

Muchas posibilidades de continuarlo, si les gustó y quieren que lo siga, sean libres de comentar y opinar! Mucha ternura familiar y una buena pizca de pasión (seguro tendrá lemon si lo continúo, me encanta escribir historias picantes)