Disclaimer: Los personajes del presente fanfic y demás trama reconocible son propiedad de JK Rowling, el resto es de mi autoria.
Pareja:Dramione
Fiction Ranking: M
Summary: "Una profecía protegida por el ministerio llega a oídos de Draco Malfoy mientras está siendo perseguido por un peligro desconocido y poniendo en riesgo su vida. Para su mala suerte, el vaticinio también involucra a la insoportable Hermine Granger. Él se niega a que su destino pueda estar ligado a la insufrible chica de Gryffindor. Pero entre más se aleja, más cerca regresa a ella."
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Capítulo 1. La rueda comienza a girar
Revisó su reloj y maldijo en un susurro cuando se dio cuenta de lo tarde que era. A pesar de eso las calles aún estaban muy transitadas. Londres parecía un hormiguero ese viernes, al parecer al resto no les importaba andar en el exterior en una fría noche de noviembre.
Hermione se aferró a su abrigo y se maldijo por segunda vez desde que había salido del bar, ahora reprendiéndose por haber dejado la bufanda en casa. Se detuvo en un cruce de dos calles donde se arremolinaba ya algo de multitud, expectante porque el semáforo cambiara su luz. Aspiró profundamente mientras esperaba con los demás y observó el panorama completo. En verdad el lado muggle de la ciudad era muy diferente a su similar mágico. Ambos eran bulliciosos en sus calles principales, pero sin duda la vida nocturna se veía más viva en el lado no mágico. Los oficinistas que hacían horas extra, o aquellos que hacían planes después del trabajo eran mayormente quienes se desplazaban por sus calles a esas horas.
El semáforo cambió y cruzó rápidamente la avenida mientras los coches se detenían. Una cuadra más adelante divisó la entrada al metro subterráneo. Casi resbala por las escaleras al tratar de bajar entre la multitud. ¿Por qué las demás personas disfrutaban estar fuera de sus casas con semejante clima? Ella estaba simplemente cansada y su paciencia estaba asomándose por los bordes.
Caminó por el túnel que la llevaría a la plataforma donde esperaría el convoy. Fue ahí que una sensación extraña la abordó. Conforme avanzaba parecía que el frío aumentaba. Un recuerdo pasó por su cabeza y lo descartó porque le parecía ridículo. Hacía años que no tenía de cerca un dementor. Por lo que sabía, Azkaban había aumentado su seguridad y los había mandado a sus niveles más inferiores con los criminales más peligrosos del lugar. La castaña no creía que esa hubiera sido la única razón, después de la guerra mágica pocos querían tener cerca una de esas criaturas.
Salió del túnel y se encontró en la plataforma. Había un reloj digital que marcaba cuanto tardaría en llegar el siguiente vagón. Se alejó del centro y caminó al extremo de la plataforma, los vagones centrales eran comúnmente los más llenos.
Esa sensación de frío le había llegado a la nuca, parecía ahora más como un escalofrío. Había algo raro ahí abajo, y no sólo las típicas ratas que en los últimos años parecían plaga en el subterráneo. Hermione metió la mano al bolso de su abrigo, sintiéndose menos ansiosa cuando pudo sujetar la barita en su mano.
Hizo una inspección visual, la cantidad de personas era menor ahí abajo, y el lugar parecía el mismo de siempre. Miró más allá, en la plataforma contraria donde se tomaba el metro en diferente dirección, ahí había aún menos gente.
Dio unos pasos adelante hasta la línea de precaución y se estiró para ver un poco sobre el oscuro túnel por donde se desplazaba el metro. Una ligera ráfaga de aire la rozó, pero no parecía más fría de lo que ya se sentía el lugar.
Cuando giró la mirada al lado contrario del túnel, hubo algo que llamó su atención. Su corazón dio un pequeño salto de la impresión. Había una persona frente a ella, quien la miraba fijamente. Parecía que había aparecido de la nada, ¿o es que ya estaba ahí cuando ella llegó? Alguien como él debería ser fácil de distinguir en la multitud. El hombre estaba en la plataforma contraría y la observaba detenidamente. Hermione lo conocía, desgraciadamente no era alguien que fuese tan fácil de olvidar. Trató de recordar la última vez que lo había visto, tal vez había sido en una situación similar, con un escenario como King Kross. Había transcurrido ya una década después de aquello. Poco había sabido de él y su familia en ese tiempo. Así que el hecho de tenerlo ahí en frente mientras parecía que un dementor andaba dando un paseo por la red del metro londinense, era algo sumamente sospechoso.
Debido a la distancia que los separaba, Hermione no podía observarlo a detalle, pero parecía que el chico no había cambiado demasiado en ese tiempo, se le veía evidentemente más alto y había dejado de ser ese adolescente escuálido y ahora parecía que su cuerpo se había fortalecido, dando una apariencia más adulta. Pero a pesar de la lejanía, esos ojos de hielo y la mirada penetrante ahí seguían. Incluso llevaba el mismo corte de siempre, ligeramente largo y peinado hacia atrás. Había sido el rubio casi platinado en su cabeza lo que había hecho que lo distinguiera, no recordaba haber conocido a alguien tan pálido y rubio como él o su padre.
Hermione quiso maldecir de nuevo por lo injusta que era la vida en algunas ocasiones. Malfoy había sido un idiota y el tiempo lo había premiado mejorando su apariencia. No es que a ella le pareciera atractivo lo que tenía en frente, a ella no le iban los tipos como él.
Entonces se dio cuenta de que él notó como ella lo escaneaba, y por automático la chica se sintió sonrojarse. A los dos segundos se reprimió y elevó el mentón de forma retadora, no dejaría que el chico la intimidara ni un poco.
Su noche definitivamente iba de mal en peor, primero la plática con sus amigos en el bar y ahora esto. La chica casi bufó y volvió a mirar el reloj del metro, desgraciadamente aún faltaba para que el convoy llegara. Deseaba desaparecer en ese mismo instante.
Fue entonces cuando sintió de nuevo una nueva ola de aire frío. Y regresó a sus pensamientos iniciales sobre el chico ¿Qué tipo de situaciones habían llevado a un mago como él, de sangre pura y heredero de una gran fortuna a un lugar tan claustrofóbico y lleno de muggles como era el subterráneo? Ella casi flaquea ante el duro escrutinio que ahora él hacía sobre ella. Seguramente estaba maldiciendo el encontrársela esa noche. ¿Seguiría siendo el imbécil del pasado? Hermione podía apostar hasta el último penique que cargaba en su bolso a que la respuesta era positiva. Dudaba que un capullo como él se hubiese reformado del todo. La Madre de Malfoy de último minuto había apoyado al bando de Harry, mientras Lucius como su hijo se habían mantenido neutrales, lo cual los había salvado de ir a Azkaban, eso y que su amigo pelinegro había abogado realmente por ellos. Harry y su corazón de pollo. Pero aquella cooperación no significaba que un día para otro forzaran lazos de amistad. Parecía que en el mundo actual, ya sin Voldemort, las líneas entre los sangre pura y mestizos seguía siendo muy reales.
Entonces lo vio meter la mano en el bolsillo del abrigo. Sabía que estaría tocando su varita, justo como ella lo hacía en ese momento. Fue entonces que las alarmas de la chica se encendieron. ¿Es que acaso planeaba usar magia en un lugar así, frente a todos los muggles?
Del otro lado, Draco Malfoy no podía creer lo que veían sus ojos en esos momentos. ¿Por qué tenía que aparecer la princesa dorada de Gryffindor precisamente en ese momento? ¡Por Merlín! Las cosas no podían estar peores esa noche.
Parecía que la joven llevaba años escondiéndose del mundo, en todo ese tiempo parecía que hubiese estado escondida bajo tierra, ni siquiera podía recordar cuando fue la última vez que había visto una fotografía de ella en el profeta. Pero ahí estaba, vistiendo como muggle, viéndose igual de joven que antes, con ese horrendo cabello indomable cayendo sobre sus hombros, y mirándolo con la misma superioridad de siempre. Que se jodiera Granger, no tenía tiempo para lidiar con un reencuentro en esos momentos. Ella debía sospechar que algo estaba mal en el lugar además del hecho de volver a ver a su enemigo de su época escolar.
El rubio pudo sentir que aquello de lo que estaba huyendo se acercaba. La marca en su brazo quemaba más fuerte que en el exterior. Estando ahí abajo, no le convenía tener testigos si aquella cosa decidía aparecerse en ese lugar, y menos frente a la chica de Gryffindor. Sacó su varita justo cuando el metro llegaba.
Hermione no dudó en ponerse a la defensiva cuando vio a Malfoy hacer un movimiento, pero el convoy se interponía entre ambos. ¿Qué estaba sucediendo? La castaña no podía dar explicación sensata y menos cuando se trataba de Malfoy. Pensó en alguna forma de cruzar a la plataforma contraria sin llamar la atención. Tendría que regresar al túnel, subir muchas escaleras y bajar otras más, lo cual tardaría un par de minutos.
En el instante que el transporte se detuvo, el frio volvió como si de una ola se tratase, aquel lugar parecía una nevera enorme. La chica notó como las personas a su alrededor sólo se abrazaban a sí mismas mientras sus alientos se convertían vapor helado, los ingenuos parecían no sospechar de la extraña situación.
Entonces los vagones comenzaron a desplazarse de nuevo. Hermione quedó a la expectativa de lo que sucedía del otro lado, cuando el metro se hubo retirado, no había rastro de Malfoy por ningún lado. Y así como si nada el frío que se había sentido enseguida bajó al subterráneo, se esfumó. Trató de recordar algún hechizo que pudiera provocar aquello, tal vez había un par, pero no cuadraban en esa situación.
Esa noche Hermione no pudo conciliar el sueño tan fácilmente. Su encuentro con Malfoy la había dejado intranquila, parecía que se traía algo entre manos, tal vez debería notificarle a Harry y que él como auror investigara, o no, mejor a Ron, pues conociendo al pelinegro y su radical cambio hacía los Malfoy, era probable que le restara importancia.
Cerraba los ojos y podía verlo de nuevo frente a ella, mirándola con esos ojos grises. Pensó en lo tonto que era todo el asunto y se molestó con ella misma por darle tantas vueltas ¿Y qué si ahora le daba por pasear en lugares de muggles? Aunque si algo tenía claro es que el chico no era de los que usaban el subterráneo como transporte frecuente.
Un par de días más tarde parecía que la castaña no había olvidado aquel episodio en el metro londinense. Había agendado por lechuza una cita con Harry y Ron, por lo que se verían por la tarde y les comentaría lo sucedido.
Los lunes por la mañana a diferencia de los demás, a ella le encantaban. La ponía de buenas regresar al trabajo, aunque su oficina fuera un lugar tan cerrado y alejado del resto del Ministerio. Aquello se debía al trabajo que realizaba, ser parte del Departamento de Misterios tenía varias ventajas que les ofrecía la confidencialidad con la que se manejaban. Lo mayoría de los inefables, cómo así se les llamaba a los trabajadores de esa sección, podían aparecerse en el lugar, inmediatamente después de la puerta de entrada al Departamento, sin tener que pasar por el atrio y toparse con el personal de otras áreas y los visitantes. Gracias a eso, había llevado una vida relativamente tranquila después de graduarse.
En comparación de sus amigos, ella no tuvo que lidiar con la fama que los prescindió después de la guerra. Sus amigos en cambio estaban aún al día de hoy en el ojo público. Los chicos habían optado también por una carrera relacionada al Ministerio. Lo habían tenido muy claro, y a pesar de que trataron de convencerla de que se les uniera, la dupla terminó en la Oficina de Aurores, en el Departamento de Seguridad Mágica. Ella por su parte, aunque también había estado tentada en convertirse en auror, sabía que lo suyo era más detrás de un escritorio, en una actividad donde se le permitiera usar más la cabeza. Así que había aceptado la oferta de Kingsley para ser reclutada para el Departamento de Misterios.
Tan rápido como se apareció esa mañana, fue directo a la oficina de su jefe. Tocó un par de veces a su puerta y esperó pacientemente. Saul Croaker no era el mago más joven en el lugar, tenía un problema auditivo con el que había sido muy negligente en sus buenos años, así que muchas veces no llegaba a escuchar cuando tocaban a su puerta. La chica esperó frente a la puerta de roble. En el centro de esta había un gran escudo del Departamento de Misterios. Cuando por fin pudo entrar, pudo ver a su jefe entre las pilas de libros y papeles sobre su escritorio que apenas le dejaban notarlo en el lugar.
—Granger, que bueno que llegas, había estado esperándote durante varios minutos.
—Apenas me aparecí fue que me llegó su mensaje. ¿De qué necesita hablar? El viernes que nos reunimos pensé que habíamos tratado todos los pendientes.
Croaker le pasó un pergamino que había estado leyendo cuando ella llegó.
—El Departamento de Aurores está solicitando información para una de sus investigaciones —su tono llevaba algo de molestia— Kingsley debería tener un mejor control sobre esto, no podemos estar soltando todo lo que nos pidan, corremos un riesgo al hacerlo.
Hermione comprendía en parte a Croaker, muchas de sus investigaciones contenían secretos tan peligrosos que lo mejor para el mundo mágico es que no se supieran, nunca se sabía a manos de quien podía llegar información tan valiosa como esa.
—¿Qué nos están requiriendo esta vez? —preguntó con desgana.
—Recuerdos de un cerebro en particular— al oír esto a la castaña se le pusieron los pelos de punta, le daba escalofríos pensar en lo que venía. La parte más detestable de su trabajo se relacionaba con la Sala de Cerebros, un lugar enorme donde dentro de un gran cubo de cristal nadaban como si de pecera se tratase, varios cerebros que habían sido conservados para su estudio. Algunas de las mentes más brillantes, pero también una que otra de las más oscuras, estaban ahí. Y tras años estudiando esos cerebros, seguía detestando trabajar con ellos, cada vez que sucedía le procedían varios días de recuperación. Croaker sabía lo que le estaba pidiendo, prácticamente ella era la única que hacía esa parte del trabajo, pues todo mundo la evitaba, incluso él.
—En el pergamino vienen todos los detalles— el tono de voz de su jefe era cauteloso, la castaña le echó una ojeada al papel que tenía en sus manos, sus ojos se agrandaron cuando vio el nombre del cerebro en el que debía investigar— Entiendo que tienes toda una historia algo oscura con respecto a ese espécimen, pero es un mal necesario, te conozco y sé que puedes afrontarlo.
Hermione sintió que su brazo picaba, recordándole uno de los episodios más lúgubres de su pasado.
—¡Por Merlín, es Bellatrix Lestrange! —casi gritó la chica unas horas después frente a Harry y Ron, esto mientras comían en un restaurante del callejón Diagon. A los dos segundos se dio cuenta de su error y maldijo por haberse dejado llevar. Ya de por sí las pocas personas que había en el lugar los miraban raro, parecía todo un suceso para el resto de la gente poder ver al trío dorado reunido.
En los últimos años, a petición de la chica, en un intento de no llamar la atención del resto, habían evitado los lugares concurridos donde hubiese gente extraña a ellos. Aunque claro, en situaciones más privadas con amigos siempre se dejaba ver. Y citas como aquella para comer, aunque fuese en el restaurante más discreto del callejón la ponían de nervios.
— Pero está muerta, no es cómo si pudiera revivir—Harry trató de consolarla.
— Es hog—rrible— Ron tenía la boca llena de comida y sus palabras apenas eran audibles. Las malas mañas nunca se olvidaban, y esa hambre voraz del pelirrojo siempre lo acompañaría. El chico tragó y continuó— Aún tengo pesadillas con esos cerebros, no entiendo cómo voluntariamente los tocas.
— Ella no los toca, ya nos ha explicado el proceso—mencionó Harry, a lo que Ron pareció temblar recordando los sucesos pasados. En su quinto año en Hogwarts, habían irrumpido en el Ministerio para rescatar a Sirus Black, el padrino de Harry, y mientras perseguidos por mortífagos y dementores, el chico Weasley había terminado siendo atacado por uno de los cerebros, lo que lo había dejado con algunos estragos, así que era muy justificado el miedo que le provocaba siquiera que los mencionaran.
—Y luego está Malfoy—cuando dijo esto, ambos chicos le dirigieron la mirada.
—¿Qué pasa con el descerebrado? —Ron tampoco simpatizaba con su ex compañero de escuela.
—¿Te has visto con él? Pensé que estaba fueras del país—comentó el pelinegro.
— Pues no, y podrán tacharme de loca, pero tratándose de él nunca será nada bueno.
La joven narró lo acontecido el viernes por la noche mientras sus amigos la escuchaban atentos.
— ¡Deberíamos investigarlo Harry!—exclamó Ron y su amigo rodó los ojos, estaba muy acostumbrado a sus arranques.
— No podemos investigarlo sólo por eso— dijo el chico de anteojos— necesitamos algo más tangible. Pero podríamos estar atentos por si ocurre algo más que pueda relacionarse con eso. Aunque por años los Malfoy han permanecido de bajo perfil, lo último que se habló de ellos fue en la muerte de Lucius. No hemos tenido noticias de ningún ex mortífago en mucho tiempo. Y sobre los dementores, puedo asegurarte que la última vez que revisé, estaban muy resguardados en Azkaban.
Hermione suspiró, tenía que admitir que tal vez se estaba escandalizando de más por el tema. Llegando a casa tomaría alguna poción para sus nervios.
Ese día al regresar a la oficina se quedó hasta muy tarde, tenía que dejar todo listo para el día siguiente hacer un contacto con el cerebro una de las brujas más despreciables que había existido. Pensar en eso le hacía doler la cabeza, así que cuando dejó la oficina, en vez de aparecerse directo en la entrada de su casa, se apareció en un oscuro callejón cercano a uno de los pub muggle que frecuentaba.
—Por Merlín Hermione, apenas es Lunes— murmuró para sí al sentirse culpable por estar en ese lugar. Su plan era sólo pasar por una copa de vino para relajarse, tal vez funcionaría mejor que la poción.
Mientras estaba en la mesa más alejada del bar, con la copa en su mano, deseó probar un poco de Whiskey de fuego, pero en su casa se había terminado y no estaba de humor como para pasar por segunda vez en el día por el callejón Diagon.
Tomó sólo una copa, el lugar no estaba muy lleno pero sí había mucho ruido, lo que no ayudaba con su ánimo. Cuando salió regresó al mismo callejón donde se apareció, pero apenas hubo girado para entrar en él, sintió cómo alguien la jalaba hacía la oscuridad. Una mano tapaba su boca y la otra la rodeaba de forma que le inmovilizaba los brazos, haciéndola quedar de espaldas a su atacante. La joven trató de zafarse, pero quien la sostenía – al parecer un hombre – era tan fuerte que ella poco pudo hacer. Su varita era imposible de alcanzar, pero no se dio por vencida, pataleó y trató de propinar algún golpe en los pies del otro, pero por más que se resistía no lograba hacerle nada.
—Demonios Granger, detente de una buena vez—escuchó decir a una voz grave detrás de ella, el aliento del tipo le rozó la nuca, cómo llevaba una coleta su cuello estaba despejado. Ella se sintió temblar ligeramente y se auto maldijo. Se quedó quieta entonces, había algo ahí que su cerebro reconocía, pero no lograba recordar del todo.
Trató de recuperar el aire y analizó aquello, claro estaba que era un hombre, muy fuerte y más alto que ella. Notó el pecho duro contra el que estaba siendo aplastada y la forma casi indecente en que las caderas del tipo se rozaban contra su propia anatomía. Por alguna razón no tenía miedo, sino enojo, mucho.
Cuando aspiró profundo, notó un perfume que casi le nubla el pensamiento. ¿Acaso existían violadores con buen gusto en fragancias caras?
El tipo se reclinó y le habló al oído.
—Te voy a soltar sólo si te calmas— la mano que la sostenía se deslizó por su cintura, buscando en los bolsos de su abrigo, cuando una de las manos de ella se liberó, trató de ir por su varita, pero la mano del tipo fue más rápida y logró capturar el objeto antes que ella, para inmediatamente volver a sostenerla— ¿sabes? Imaginaba que sería más fácil quitarte la varita, me decepciona lo fácil que ha sido.
A ese punto Hermione estaba que echaba humo, hubiese querido gritar que tal vez se debía a su poca tolerancia al alcohol y la copa que había tomado antes, pero no podía emitir palabra alguna. Sintió su orgullo un poco herido. Trató de soltarse de nuevo, pero lo único que lograba era que el extraño la estrujara más contra su cuerpo.
Cuando lo escuchó la risa burlona que el tipo soltó ante su pobre intento de soltarse, fue que ella explotó, trató de abrir la boca, pero esta vez no emitió palabra, simplemente lo mordió.
—¡Maldita sangre sucia! —lo escuchó gritar mientras ella se alejaba de golpe de él. Tuvo que sostenerse contra un muro, donde casi había sido disparada.
Entonces levantó la mirada y pudo ver quien era su agresor. Aunque antes de que sus ojos lo vieran, sus oídos habían escuchado las palabras que vociferó y mandaron la señal a su cerebro, el cual lo terminó de reconocer. Hacía años que no escuchaba aquel término, pero que era tan familiar pues incluso lo llevaba marcado en su cuerpo. Y sólo alguien había disfrutado tanto en el pasado llamarla así.
—Malfoy—se escuchó a si misma decir con rencor.
Notas de la autora: Este es mi primer fanfic dramione, y también mi regreso después de un largo hiatus sin escribir. Siempre tuve miedo de escribir una historia relacionada con Harry Potter, era un mundo donde no tenía ni idea de como comenzar, para otros fandoms tenía mil ideas, pero con este simplemente no encontraba cómo y ni siquiera lo intentaba. Espero haber comenzado al menos no muy mal y poder hacer una historia decente, más por un deseo y reto propio que por desear que alguien más lo lea, aunque si a alguien le gusta, estaría más qué feliz.
