La primera vez que hable con él, fue en una fiesta de la facultad en la cuál estábamos estudiando en aquel entonces. Vestía una chaqueta negra y su cabello gris estaba un poco revuelto, su conjunto de negro y blanco, le lucía de maravilla y yo no era era él único que lo había notado, pues casi todas las chicas de la fiesta hacían hasta lo imposible por tener aunque sea una sola de sus mirada.
Yo no era muy sociable, en realidad sigo sin serlo y debido a eso mi circulo de amigos es muy reducido, pero en aquella fiesta, bebí un poco más de la cuenta y me termine acercando a él. De haber estado sobrio hubiera seguido con la pena de acercarme y solo me hubiera dedicado a observarlo desde lejos, sin embargo, ebrio, inclusive le invite a bailar.
Al día siguiente, desperté en mi habitación sin saber como es que había llegado hasta ahí, tenia una resaca horrible y me sentía mareado. Ese día no asistí a clases.
Cuando por fin pude ir a clases, la primera persona con la que me tope fue con él, Víctor Nikiforov, con su radiante sonrisa y dos cafés, uno en cada mano. Él me miró con una sonrisa antes de ofrecerme uno de ellos.
—¿Ya te sientes mejor?—había dicho después de que tomará el café con duda.
—¿Fuiste tú quien me llevo hasta mi habitación?
Su sonrisa contesto a mi pregunta.
—¿Te molestaría si el resto del semestre, soy tú compañero de mesa?
A pesar de que no entendía muy bien la situación, le acepte por cortesía. Y aunque en un principio me había parecido extraño, poco a poco comencé a acostumbrarme a su presencia hasta que se volvió alguien que me era necesario verlo a diario.
Víctor constantemente me invitaba a salir con sus amigos y la mayoría de las veces le rechazaba amablemente, siempre con la excusa de que no era lo suficiente platicador y me terminaría aburriendo, cuando recurría a esa excusa, el cancelaba los planes y se quedaba conmigo. Y por más veces que lo intentaba hacer desistir, él era demasiado terco, quedándose aun cuando le decía que saliera.
Fuimos amigos por casi tres años enteros, al cuarto, en nuestro último año de universidad, él se me declaro.
La sensación que tuve aquel día fue algo indescriptible.
Sus amigos me había llevado hasta el campo de fútbol americano y una vez estuvimos en medio de este, muchos de ellos comenzaron a sacar carteles, en cada uno de ellos se leía una frase diferente.
Sus emociones plasmadas en carteles escritos con su letra.
Apareció con un crisantemo rojo, una madreselva, una rosa blanca y otra azul, un tulipán rojo, amarillo, doble, jaspeado y una camelia roja.
Me entrego el ramo y me lo pregunto.
Pese a que no pude decirle que si porque estaba llorando, logre asentir una y otra vez con la cabeza, dando inicio a nuestra relación.
Un año después, cuando nos graduamos, comenzamos a vivir juntos. Él tenía un caniche, llamado makkachin, que me recordaba a un perrito que había tenido cuando niño.
Los tres vivimos juntos por dos años antes de que Víctor y yo decidiéramos dar el siguiente paso.
A los tres años de iniciar nuestra relación, nos casamos.
Nuestras vidas no se volvieron monótonas como muchas parejas suelen quejarse, jugábamos por la mañana al despertarnos, cocinábamos juntos, veíamos películas por las tardes, salíamos a pasear con Makkachin. Nunca hubiera imagina que se podía amar con tanta intensidad de no haber conocido a Víctor que se volvió mi todo.
Y justo cuando creía que viviríamos eternamente felices, las cosas cambiaron.
El despertador sonó e inmediatamente lo apague, mire como Víctor se removió un poco entre las sabanas, sonreí un poco antes de incorporarme y colocarme mis lentes. Le mire por un momento antes de sonreír con malicia.
—¡Víctor despierta! —grite sobresaltan dolo, se incorporó de golpe para luego verme con el ceño fruncido, dando paso después a una sonrisa.
—¡Ahora verás! —rió mientras me saltaba encima derribandome contra la cama, comenzando a hacerme cosquillas.
Me retorcí y patalee riendo a carcajadas, Makkachin al escuchar nuestro alboroto comenzó a ladrar desde un lado de la cama, corriendo de un lado a otro.
—¡Di que lo sientes!
—¡Est... esta bien —dije entre risas—, lo siento... perdón!
Víctor rió un poco antes de detenerse e inclinarse sobre mi para besarme.
—Buenos días amor —murmuró contra mis labios.
Me acomode los lentes un poco, le mire antes de levantarme un poco y besarle.
—Buenos días —dije con una tenue sonrisa.
Víctor se quito de encima y bajo de la cama, acaricio un poco a Makkachin antes de dirigirse al baño, me incorpore de igual manera. Me puse de pie y comencé a quitarme la ropa, la puerta del baño se abrió y salió Víctor, que al verme, enarco una ceja.
—¿Tan temprano en la mañana y ya intentas seducirme?
Me reí por su comentario para luego arrojarle la playera que acababa de quitarme, él la atrapo y la aferro a su pecho.
—¿Quieres bañarte conmigo? —pregunte tomando una muda de ropa, le vi de reojo y note como me miraba con calma.
—Eso no se pregunta.
Me quite los lentes y los coloque en el ropero que estaba frente a mí.
Le sonreí caminando al baño, me adentre en él y sentí como Víctor me seguía de cercas. Me baje el pantalón, seguido de mi ropa interior para luego entrar en la regadera, apenas me había introducido cuando sentí las manos de Víctor en mis caderas, pegándome a su miembro semi erecto. Sonreí levemente mientras movía mi trasero contra él, me di vuelta y me encontré con sus ojos azules oscurecidos un poco.
—Juegas sucio amor —musito inclinándose sobre mi, sus labios rozaron los míos antes de besarme. Correspondí al beso lentamente sintiendo sus manos moverse por mi cintura y espalda, le escuche abrir la regadera y el agua comenzó a caer sobre nosotros.
Ni siquiera me di cuenta en que momento se quito la ropa.
Le rodee el cuello con mis brazos, haciendo al beso más profundo.
Poco a poco, el beso se profundizo y las caricias no fueron suficientes. Víctor me comenzó a preparar sin dejar de besarme o acariciar mi cuerpo. Sus labios se movieron por mi mentón, bajando por mi cuello, llego hasta mi clavícula donde mordió levemente. Un jadeo escapo de mis labios.
—Víctor...
Él me dio la vuelta, sentí como pasaba su miembro por mi entrada antes de comenzar a introducirse lentamente. Un gemido escapo de mis labios cuando estuvo por completo a dentro.
Se retiro un poco antes de embestirme, sus movimientos fueron lentos y profundos, arrancándome suspiros y gemidos quedos, sentía como repartía besos por mis hombros. Mis manos estaban recargadas en la pared. Víctor tomo mis caderas aumentando el ritmo de las embestidas, cada más fuerte y profunda que la anterior. Nuestros gemidos inundaban el baño, mezclándose con el sonido del agua al caer.
—¡Yuuri! —jadeo cercas de mi oído antes de morder mi lóbulo.
Levante un poco mis caderas, sentía como poco a poco el orgasmo comenzaba a alcanzarme. Las embestidas se volvieron frenéticas y el sonido de nuestros cuerpos al chocar, creaba un morboso ambiente.
—¡Víctor me vengo! —gemí pegando mi espalda a su pecho, levante mis manos y atrape su cabeza, acercándolo a mi para besarle, mientras seguía embistiendo mis gemidos morían entre sus labios, de pronto sus embestidas dieron en ese lugar especial—. ¡Ah!
Embistió una y otra vez en aquel lugar, pronto ya no pude soportarlo más y me deje ir, con un grito ahogado, Víctor continuo embistiendome un poco más antes de venirse de igual forma.
—¡Me encanta el sexo por la mañana! —dijo con voz jadeante después de haber salido de mi.
Me reí por su comentario.
—¿A quien no?
El resto del baño paso con relativa calma, entre juegos terminamos el baño.
Al salir me dirigí directo a la cocina, donde revise el reloj que se encontraba en la pared, notando que eran a penas las nueve de la mañana.
Saque unas verduras del refrigerador junto con unos huevos. Los coloque sobre la encimera y después, de uno de los muebles a mi derecha, saque un cuenco junto con una tabla para picar.
Puse los pimientos rojos y verdes sobre esta, para luego partirlos. De igual forma hice lo mismo con la cebolla y una hojas de espinaca. Note que Víctor se sentó frente a mi, mirándome moverme por la cocina.
—¿Quieres ayuda, amor? —me pregunto recargando su cabeza sobre su mano derecha.
Negué con una sonrisa en mi rostro.
Tome dos huevos y los partí, vaciando su contenido en el cuenco. Comencé a batirlos para luego agregar las verduras que había cortado antes.
—Sabes, el otro día estaba platicando con Yurio y me dijo que quiere hacerle una fiesta sorpresa a Otabek —comentó Víctor mientras yo vertía la mezcla sobre una sarten que había prendido con anterioridad.
—¿A sí? ¡Eso es algo muy dulce de su parte! —dije con una tenue sonrisa bajando un poco la flama de la estufa.
—Y lo sería si supiera planear fiestas sorpresa, ¿recuerdas cuando estábamos en nuestro cuarto año y él hecho la fiesta sorpresa de Pichit por la borda cuando lo posteo por accidente en instagram? —Víctor negó con la cabeza al decirlo.
Reprimí una risita al recordar como trato de borrarlo ya siendo demasiado tarde.
—Como olvidarlo —musite volteando el omelette—, entonces ¿nos esta pidiendo ayuda? —concluí al final mirándole de reojo.
—Él no quiere ayuda... quiere "asesorías" —corrigió Víctor con burla.
—Bueno, que se le hará. Si tanto quiere "asesorías", ¿quienes somos nosotros para negarse lo? —seguí con la burla mientras sacaba el omelette del sarten.
Serví el plato frente a Víctor antes de poner dos tenedores sobre él. Me senté a un lado de mi esposo y ambos comenzamos a comer.
—Delicioso, pero hubiera preferido katsudon —dijo Víctor tras probar su desayuno.
—Es muy temprano para comer eso Víctor.
Él sólo se rió.
—Si, pero debes de admitir que es delicioso.
—Bueno, eso no lo discuto.
Ambos salíamos casi al mismo a nuestros trabajos, por lo que solíamos salir casi al mismo tiempo de casa.
Bajamos por el elevador entre risas y bromas con Makkachin aún lado nuestro, Víctor pasaría a dejarlo con Pichit como ya era costumbre. Cuando salimos del elevador, caminamos hacia la salida del edificio.
—Ten un buen día amor —me dijo besándome la frente una vez estuvimos fuera de nuestro hogar. Aquella simple acción desencadeno una serie de sentimientos muy conocidos en mí, logrando que una sonrisa tonta se dibujara en mis labios.
—También tú cariño —le devolví el beso en los labios para luego agacharme a la altura de Makkachin y acariciarle la cabeza—. Compórtate—le advertí acariciando cariñosamente su cabeza.
Me incorpore y me despedí por fin de ambos. Cuando comencé a caminar sentí la mirada de Víctor en mi espalda por lo que volví un poco el rostro para verlo, notando como él seguía en el mismo sitio.
—¡Te ves hermoso!
Mis mejillas se sonrojaron ante su comentario.
—¡Gracias amor, tu también te ves guapo! —le guiñe el ojo derecho y por fin me puse en marcha hacia mi trabajo.
Pese a todo el tiempo que llevábamos juntos el romanticismo entre ambos seguía sin morir, y eso lo hacía muy divertido. Yurio solía decir que parecíamos unos idiotas enamorados y puede de que no estuviera tan lejos de la realidad, si que estábamos enamorados.
Me detuve en un cruce peatonal cuando mis ojos comenzaron a arder. Parpadee un par de veces y el ardor paso tan rápido como había llegado. Me extraño que ocurriera eso pues nunca antes me había pasado.
El indicador de cruce cambio y comencé a caminar.
Probablemente no era nada y sólo era producto del cansancio.
—¿Entonces quieres que se sorprenda pero no tienes una idea de como? Eso no ayuda mucho —le dije a Yurio que por lo visto, sólo consiguió molestarlo.
—Es que... ash, no se como decirlo —se quejo removiendo un poco su cabello.
Me reí al verlo tan abochornado de no poder decir lo que quería.
—Tomate tu tiempo, a Otabek le gustará cualquier cosa que le prepares. Eso te lo puedo asegurar —mis ojos miraban con atención los escaparates de las tiendas a nuestro alrededor.
Yurio asintió con la cabeza.
—Sabes que no se me da bien eso de expresar lo que quiero —confeso jugando un poco con sus manos al decirlo.
—Y por eso Otabek y tú hacen tan buena pareja —recibí una mirada afilada de su parte—, lo digo en el buen sentido, son una pareja perfecta.
—Tú y Víctor lo son —dijo sin verme.
A lo largo de los años había descubierto que su forma de expresar cariño era un poco estoica, pero no por ello quería decir que no nos quisiera realmente demostrar su afecto. Y es que eso era lo especial de él, su forma de amar era única.
—Gracias.
Ambos caminábamos por el centro comercial, mirando cada vitrina.
—¿Cuando es su aniversario?
—El 15 del mes que viene —musito deteniéndose frente a un vitral donde estaba una camiseta con un estampado bastante llamativo.
—Bueno, tenemos alrededor de tres semanas para planear su sorpresa —dije deteniéndome aún lado suyo—, si tanto te gusta deberías de comprártelo.
Yurio me sonrió un poco.
—Siento que eres él único además de Otabek que no me dice nada cuando vamos de compras —se rió al decirlo.
—Imagino porque no mencionas a Víctor —reí ya sabiendo que cuando de ir de compras se trata, Víctor no pregunta nada y simplemente te arrastra por ahí.
—No sé como lo aguantas, en serio. Yo lo hubiera ahorcado hace mucho tiempo —sonreí ante su comentario para luego jalarle un poco su mejilla derecha.
—Es por eso que tu tienes a Otabek —me burle—, ¿te la vas a comprar? —mi cabeza apunto a la tienda.
Yurio miró una vez más la vitrina antes de reírse.
—¡Diablos sí!
—Gracias por acompañarme, Yuuri —murmuro Yurio mientras sostenía las compras que había hecho ese día.
—Para que son los amigos.
Ya casi oscurecía por lo que ya teníamos que volver a casa, además ya tenía dos llamadas perdidas de Víctor, lo cual indicaba que hoy había salido temprano del trabajo.
Mientras caminábamos hacia la estación del metro, el ardor de hace algunos días volvió y con algo más, una serie de puntos blancos comenzaron a aparecer en mi campo de visión por lo que me detuve. Parpadee un par de veces e inclusive me quite los lentes para tallarme los ojos, pero ni siquiera así se fueron aquellas manchas blancas.
—¿Qué tienes Yuuri? —pregunto Yurio acercándose a mí al ver que no me movía.
—No sé, por algún motivo empece a ver unos puntitos blancos... —murmure desconcertado parpadeando varias veces.
Me puse los lentes y al tratar de enfocar alrededor todo se veía borroso y las manchas blancas distorsionaban todo, no podía ver con claridad.
Camine unos pasos y tropecé con alguien, estire mis brazos para tratar de mantener el equilibrio pero me precipite de todas formas directa al suelo. Yurio alcanzo a tomarme del antebrazo evitando que me diera de lleno contra el asfalto.
—¿¡Qué tienes!?
Todo comenzó a darme vueltas, los sonidos iban y venían y mi visión cada vez era más borrosa.
—No puedo ver —jadee con un hilo de voz.
Al día siguiente fui al medico. Me hicieron un examen con lámpara de hendidura, un examen de agudeza visual y otro examen microscópico especular.
Todos arrojaron lo mismo.
—Parece que tienes Distrofia endotelial de Fuchs —explico el medico dejando una pequeña linterna sobre el escritorio—, verás, las células que recubren tu superficie interna de la cornea están muriendo. La enfermedad a menudo afecta ambos ojos, como es tu caso —dijo tomando un pequeño ojo me plástico apuntando las cosas mientras hablaba.
Yo solo asentí un poco con la cabeza.
—La enfermedad puede ser hereditaria —informo moviendo sus manos de un lado a otro—, ¿alguien de su familia a padecido esta enfermedad?
—No que yo sepa.
—Bueno, es más común que se presente por la herencia pero existen casos donde puede ocurrir en personas sin este tipo de antecedentes —dijo suspirando—, lamento decirlo, pero iras perdiendo la visión lentamente, puedo recetarte unas gotas, pero sólo servirán para aliviar el dolor. No son una cura definitiva.
—¿Hay alguna manera de quitarse? —pregunte esperanzado.
—La única cura para la distrofia de Fuchs es un trasplante de cornea —informo y sentí como si mi alma se fuera al suelo—. La lista de espera es muy larga y también...
Mientras más le escuchaba menos quería estar ahí.
Me estaba quedando ciego.
Una rara enfermedad cuyo nombre apenas podía recordar se esta llevando mi visión lentamente. Poco a poco perderé lo poco que tenía de mi vista.
Mientras más pienso en eso, más me duele la cabeza.
Según el medico, puedo estar desde meses hasta años en la lista de espera y esta operación puede tener un costo desde 124.000 pesos hasta 200.000 pesos.
Era una cantidad que no podíamos costearnos.
Mi mundo perfecto comenzaba a desmoronarse lentamente delante de mi y no podía hacer nada para pararlo. Todos los problemas que podríamos tener a futuro serían culpa mía y solo mía.
¿Como le explicas a la persona que más amas que te estas quedando ciego?
Tengo miedo
¿Qué se supone que le tengo que decir?
No quiero convertirme en una carga para él y eso es exactamente en lo que me convertiré. Solo seré una molestia.
¿Y si él esta mejor con alguien más?
No quiero convertirme en su paciente, no quiero ser una molestia.
No quiero que nada de esto pase
Cuando llegue a casa todo estaba a oscuras. Tantee la pared hasta dar con el interruptor de la luz al presionarlo se ilumino la soledad del departamento. Un ladrido llamo mi atención, Makkachin se acerco corriendo hasta mí pero lo único que pude ver fue una mancha café avanzar hasta donde estaba de pie.
—Hola amigo... —musite agachándome para acariciar su cabeza—, veo que Víctor tuvo que salir de nuevo. Que bueno que estas aquí, no quería estar solo —murmure antes de abrazarlo y soltarme a llorar por fin.
Makkachin solo se sentó y permaneció inmóvil mientras lloraba sobre él.
Por fin me permití liberar todo el dolor y miedo que estaba cargando en mi interior. Tenía tanto miedo de perder todo lo que había construido.
—¿Por qué? —solloce apretando más a Makkachin—, ¿¡por qué!?
Permanecí temblando y berreando un poco más antes de calmarme un poco.
—Perdón amigo —dije al ponerme de pie.
Makkachin se puso a la par mía y camino conmigo hasta la habitación, el me guió hasta la cama y cuando me senté sobre ella, el subió conmigo.
—Gracias.
Me recosté y el hizo lo mismo.
Acaricie su pelaje mientras lo escuchaba llorar un poco.
Víctor, no quiero que ninguno de ustedes pase por esto, ¿estarán mejor sin mi?
Las situaciones difíciles siempre nos hacen tomar malas decisiones, el miedo puede influir mucho en aquellas decisiones. Si nos ponemos en el lugar de Yuuri, también tendríamos miedo.
Él no teme que Víctor quiera abandonarlo, sabe que él sería incapaz de hacerlo, lo que él teme es ser una carga para nuestro ruso, teme que él solo quiera quedarse como su enfermero y no como su amante.
El amor puede poner muchas pruebas, pero si es la persona indicada, ni aún la más difícil podrá separarlos. Dejémonos consumir por el amor de estos dos.
Nos leemos en la siguiente y última parte.
PD: Si, es el especial que subo mil años después.
Aclaraciones.
Idioma de las flores:
Crisantemo: "Ningún amor será comparable al nuestro". En el lenguaje de las flores, el crisantemo simboliza la eternidad. El rojo "te amo intensamente".
Madreselva: "Estamos hechos el uno para el otro". En el lenguaje de las flores, la madreselva representa la amabilidad natural. La de color blanco o rosa: lazos de amistad y de amor.
Rosa blanca: "Eres tan pura...". En el lenguaje de las flores la rosa simboliza el amor, el romanticismo y la fidelidad. Las blancas son inocencia, "mis sentimientos por ti son puros", las azules, paciencia y espera eterna.
Tulipan: "Te prometo un amor sincero". En el lenguaje de las flores el tulipán simboliza una declaración de amor sincera. El amarillo, "estoy locamente enamorado", el rojo, "simboliza amor eterno", el doble, "tendremos éxito como pareja" y el jaspeado, " tienes unos ojos preciosos".
Camelia: "Eres la más bella". Me siento orgulloso de que me hayas elegido a mí. La camelia significa: "te querré siempre". La camelia roja es amor ardiente, incondicional y duradero.
Distrofia de Fuchs: Es una enfermedad de los ojos en la cual las células que recubren la superficie interna de la córnea lentamente empiezan a morir. Muy a menudo, la enfermedad afecta ambos ojos, haciendo que el paciente poco a poco pierda la vista hasta gradualmente perderla.
Examen microscópico especular - que le permite al doctor mirar la delgada capa de células que recubre la parte posterior de la córnea.
Examen de lampara de hendidura - Examina las estructuras que se encuentran en la parte frontal del ojo.
Examen de agudeza visual - Es una prueba que se utiliza para determinar las letras más pequeñas que usted puede leer en una tabla (tabla de Snellen) o tarjeta estandarizada sostenida a una distancia de 20 pies (6 m).
