Ni siquiera sé por donde empezar. Solo diré que esto lo escribí en un día que no me encontraba del todo bien, y en el cual mi depresión me estaba afectando más de lo normal, así que… en general, me gusta lo que salió, por eso lo publico, pero ahora veré qué tal os parece a vosotros/as. También quiero aclarar que está basado en la canción "Last dance" de Big Bang.
Y ahora, lo de siempre: Saint Seiya no me pertenece (en serio, si fuera mío, sería una serie deprimente llena de pasados oscuros y mucho dolor, o algo así)
¡Espero que lo disfruten!
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"El amor que creí para siempre, se ha ido.
Ahora, incluso algunos amigos se van.
Siento que envejezco, me convertí en un adulto;
No sé por qué eso me pone tan nervioso."
Last dance – BigBang
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Sus ojos, ahora azules, observan sus manos. Están limpias, pero él jura ver sangre en ellas. Una ilusión que su cerebro provoca, recordándole lo que acaba de hacer. En algún rincón de su cabeza, una escalofriante risa se burla de su miserable existencia, recordándole que solo es un simple humano, una mota de polvo, por muy fuerte que sea. Con la risa, sus ojos enrojecen, pero vuelven a ser azules, manteniendo así una fina línea de control sobre su otra personalidad.
Saga no lo entiende. Cuando echa la vista atrás, no entiende en qué momento todo se volvió tan miserable y oscuro. Hasta hace unos días, todo era feliz y sencillo, y no pensó que podría perder la persona a la que más ama, sin contar a su diosa. Maldita sea, incluso ha intentando asesinarla a ella, aprovechándose de que es un bebé.
Días atrás, tuvo un precioso momento con Aioros; un recuerdo inolvidable que piensa conservar en su mente todo el tiempo que pueda, pues es un clavo ardiendo que lo salva de la locura. Sino lo hace, podría volverse completamente loco, si es que no lo está ahora. Sinceramente, Saga ya no sabe si está cuerdo, o si todo esto es producto de una extraña sicosis. Podría ser una pesadilla, sino fuera por la de veces que se ha golpeado a sí mismo, comprobando que es una cruel realidad.
¿En qué momento la felicidad se le escapó de las manos? ¿Qué hizo él para merecer tan fatal destino, que hace parecer la muerte tan dulce y amable? ¿Por qué le dan ganas de pedirle a Hades que lo asesine, y tenga piedad?
Qué bajo he caído, piensa él. Si incluso está dispuesto a arrodillarse a su supuesto enemigo por piedad, en estos momentos tan duros.
Duele. Todo duele. Las lágrimas no dejan de salir de sus ojos, manchando su fino rostro, aquel que siempre ha contenido las emociones. Un hombre casi siempre duro, casi distante, visto como un dios entre los pueblerinos y algunos santos. El perfecto santo de oro al que todo el mundo adora, arrodillado, llorando lágrimas ardientes mientras mira sus manos, envueltas en un falso rojo.
Todo es su culpa. Mató a Shion, intentó matar a su diosa y mandó asesinar a Aioros, la persona de la cual está enamorado, y quién, trágicamente, acaba de morir, quizás a manos de Shura, o por las heridas del enfrentamiento que han estado teniendo. La escalofriante voz en su cabeza le dice que sí, que es su culpa, pues no ha sido capaz de resistir la maldad en su interior. Le dice que él solo ha puesto en práctica sus verdaderos deseos, y aunque Saga es consciente de que él no ha deseado jamás esto, empieza a dudarlo.
Ya no sabe nada. Solo sabe que le duele el alma.
En cuestión de poco tiempo, lo ha perdido todo. Ha perdido a su gemelo, al amor de su vida, al patriarca que lo ha criado como un padre y la confianza de su diosa. ¿Qué le queda, entonces, si ya nadie está a su lado? ¿A qué puede aferrarse, mas que a unos recuerdos dulces, que ahora son amargos?
—Aioros… —murmura con la voz ronca por el llanto desesperado que todavía no es capaz de detener —… lo siento.
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"Volveré a ti cantando esta canción, si así puedo verte.
Haré un último baile pare esta canción,
Recuerda este momento para siempre;
Solo un último baile."
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Saga a veces se cuestiona qué diablos ha visto en alguien como Aioros, tan distinto a él. Sobre todo, se lo pregunta en momentos como este, cuando al santo de sagitario le da por probar algo nuevo, estúpido en su opinión, solo porque se aburre. El tiempo libre y el aburrimiento afecta a todo el mundo, y al parecer, Aioros no es distinto a los demás en ese sentido.
—Vamos, solo es probar. —le dice el moreno, sonriéndole como solo él puede hacerlo, y causando estragos en el corazón de Saga que, personalmente, no le gusta admitir —. ¿Qué puedes perder mas que un poco de tiempo? No es como si tuvieras algo mejor que hacer, ¿no?
Y, lo peor de todo, es que no tiene excusa para librarse; Aioros lo sabe.
—¿No tengo otra opción? —murmura, cruzándose de brazos, creando una posición defensiva.
—No. —ríe su pareja —. No seas soso, Saga. Un baile —suplica, levantando un solo dedo —. Solo uno, ¿sí?
—¿Por qué te ha dado por bailar ahora?
Aioros se encoje de hombros, restándole algo de importancia.
—Solo… vi en Rodorio a una pareja de enamorados bailando. —explica, bajando la vista con algo de vergüenza camuflada —. Se veían… felices. La verdad es que sentí algo de envidia, porque ellos pueden tener muchos momentos románticos, pero nosotros apenas podemos tenerlos, pues tenemos un deber más importante. Por eso… aunque solo sea una vez, me gustaría que fuéramos… no sé, solo dos hombres normales, como los demás.
Ante semejante explicación, el santo de géminis es consciente de que ha perdido completamente. ¿Cómo puede decirle que no a su pareja después de decirle algo como eso? No es tan mala persona. Además, como bien dice Aioros, solo pierde unos pocos minutos de su sagrado tiempo. No es para tanto.
—Bueno, entonces… ¿a qué estás esperando para ponerme la canción?
Dicho eso, el santo de sagitario sonríe; sus mejillas, rojas por la vergüenza de antes y sus ojos brillantes de emoción.
No tarda ni dos segundos en correr a abrazar al mayor, dándole un gran abrazo que ambos disfrutan. La calidez de sus cuerpos los hace sentir seguros, tanto que mantienen el abrazo por un largo tiempo. Saga esconde su rostro en el cuello de Aioros, respirando su dulce aroma, mientras que Aioros lo esconde en su hombro, con sus brazos alrededor de la cadera del geminiano.
—Te amo, Saga. —le susurra —. Te amo muchísimo.
—Yo también te amo, Aioros.
Tras el amoroso abrazo que se dan, Aioros no tarda en poner la música. Suena una lenta pero intensa melodía que impresiona a Saga, aunque no lo diga; sin embargo, su expresión corporal habla por sí misma, y Aioros capta al instante el interés de su novio.
Sonriéndole con cierto toque de picardía, el santo de sagitario levanta su mano y pone una pose caballeresca.
—¿Te gustaría bailar conmigo?
Saga no puede evitar alzar una ceja.
—¿Yo hago de chica?
—Por supuesto. —ríe —. Tú das más el pego que yo.
—Si tú lo dices… —pero, pese a todo, Saga le da la mano y se deja arrastrar por el santo de sagitario, quién lo pega completamente. Siente como el otro pasa su otro brazo por su cintura, rozando una zona más baja, con algo de descaro —. Cuidado dónde tocas.
—No te hagas el orgulloso ahora.
La melodía los invita a bailar, pese a las pocas ganas de Saga en un inicio. De alguna forma, acaba dejándose llevar; quizás es solo un pequeño acto de amor. Al final, ambos se encuentran bailando, mirándose a los ojos como dos enamorados que desean pasar todo el tiempo juntos, y disfrutando del pequeño momento.
Pese a lo bonito que es, ninguno de los dos sabe bien cómo se baila, así que solo imitan lo que han visto algunas veces. Si bien el baile resultante es, cuanto menos, desastroso, con algún que otro pie pisado misteriosamente, no hace más que intensificar la llama del amor entre ellos. Dan igual las pisadas, los tropezones o que Saga esté ocupando la posición femenina; solo importan ellos dos y lo que comparten, sin palabras y sin molestias. Solo dos hombres enamorados, amándose de muchas formas, unos pequeños instantes.
Para cuando acaba la canción, Aioros se estira, feliz. Sus ojos azules miran el techo, pensando en lo bonito del momento. Por su parte, Saga solo sonríe, pues, al final, ha resultado mejor de lo que esperaba.
—¿Has visto lo mágico que ha sido, Saga? —le dice, alegre, su novio —. Gracias por cumplir este pequeño capricho mío.
—No tienes que agradecerlo, Aioros. —asegura —. Sabes que haría cualquier cosa por ti.
—¿En verdad? —el menor entrecierra los ojos —. Cuidado con lo que dices; podría tomarlo literal y pedirte muchas cosas.
Saga se ríe de las locuras de su pareja.
—¿Qué pedirías?
—Mm… —el santo de sagitario se lo piensa por unos segundos —… por ejemplo… te pediría que esta noche lo hiciéramos en tu templo. Siempre es en el mío.
Por unos instantes, Saga recuerda el motivo por el cual nunca mantiene relaciones sexuales en su templo. Aioros no lo sabe, como absolutamente nadie en el santuario – salvo Shion –, pero él tiene un gemelo, Kanon, y aunque últimamente no hablan demasiado, quiere respetar el espacio de ambos. De todos modos, últimamente, Kanon desaparece por las noches, y si bien está preocupado, no cree que esté haciendo nada malo.
Tras pensarlo mucho, decide responderle:
—Claro, pero no hagamos mucho ruido.
—¡El que hace siempre ruido eres tú! —exclama Aioros entre carcajadas, avergonzando a Saga —. ¡Cuida tus sonidos y no pasará nada!
Aunque Aioros quiere saber por qué deberían tener cuidado en un templo qué solo habita Saga, no le pregunta. Si lo mantiene en secreto, por algo será… ¿no es así?
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"Hoy, las personas se quedan en el pasado,
pues el mundo sigue fuerte sin mí.
Todavía soy joven, por lo que aún tengo
el humor de cuando era niño; ¿será que soy estúpido?"
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El control dentro de su mente es ambiguo. Algunos mechones grises indican la pérdida de control progresiva de la personalidad buena, la verdadera. Las lágrimas han dejado de caer en algún momento, no porque haya dejado se sentir el dolor, sino porque ya no se siente capaz de seguir llorando. Sus ojos, humedecidos, observan de nuevo sus manos, las cuales se vuelven borrosas.
Siente un dolor de cabeza enorme. Una de sus manos se dirige a su cabeza, y aprieta sus cabellos con fuerza. Su lado malvado está intentando tomar el control de nuevo, mientras susurra cosas que hieren más y más su corazón. No le deja, sin embargo, tener el poder de su cuerpo. No otra vez. No se puede permitir hacer más maldades como las que ha hecho.
—No lo conseguirás… —susurra —… no te dejaré… ya me lo has hecho perder todo… no te dejaré hacer más daño a los demás…
Su otro lado ríe, tan malvado como es, y se burla. Le susurra lo estúpido que se ve y lo débil que es. Le recuerda que, si lo hizo una vez, lo podrá hacer una segunda. Una terrible verdad que Saga no quiere ver.
¿En qué momento surgió esa personalidad? Hace tiempo, Shion le explicó que el primogénito de géminis siempre carga con una maldición, pero, normalmente, la sobrellevan. ¿Es esta la maldición de géminis? ¿Tan débil es, que no puede aguantar la maldición?
Sus propios pensamientos no ayudan, pero entre estos, se le ocurre algo.
Tambaleándose, se levanta y camina hasta la daga dorada con la que, hace unas horas, intentó asesinar a su diosa. La agarra, apretando sus dedos entorno la empuñadura. Su brazo tiempla, pues su otra personalidad está intentando apoderarse del cuerpo con desesperación, previendo lo que quiere hacer.
—Dije que… —respira hondo —… dije que no te dejaré…
Sus ojos se humedecen una vez más y las lágrimas vuelven a caer, aunque escasas. Condenó a su gemelo a la muerte, mandó matar a su pareja e intentó asesinar a su diosa. ¿Por qué debería de seguir vivo?
Cierra sus párpados, levanta la daga y, con fuerza, intenta clavársela en el pecho, mas el filo se detiene a pocos centímetros. Sus cabellos, totalmente grises, indican la total falta de control.
Ahora, su cuerpo no es suyo. Es del otro.
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"Parece que fue ayer cuando yo era feliz con nada;
Ya estoy muy lejos de todo eso.
No puedo recordar esa sensación, todo era nuevo.
Los recuerdos de ese entonces permanecen como si fueran sueños.
Ya no sé a dónde voy ahora."
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—¿Qué es lo que quieres, Aioros? No estoy de humor.
El santo de sagitario asiente. Es perfectamente consciente de que, últimamente, a su novio le sucede algo. Si bien siempre ha sido alguien solitario y callado, más bien serio, en los últimos días se ha visto depresivo, entristecido, decaído y rodeado de un aura de negatividad que empieza a preocuparlo.
—Lo sé, por eso te he invitado a venir a este lugar. —le dice, manteniendo su sonrisa —. Aquí hemos compartido unos cuantos momentos especiales, ¿te acuerdas?
—Sí. —el santo de géminis no puede evitar sonreír ligeramente —. Aquí nos besamos por primera vez, también nos entregamos el uno al otro y, otro día, me obligaste a bailar.
—No te obligué. —ríe —. ¿Ves? Ahora estás sonriendo.
Comparten una mirada tierna entre ellos, pero dura poco. Más temprano que tarde, Saga deja de mirarlo a los ojos y observa el suelo, incómodo.
Todo está siendo difícil estos días. Kanon le dijo cosas que le dolieron, y por las cuales lo encerró en cabo sunion – aunque no recuerda bien cómo sucedió eso –, desde entonces, ha estado escuchando voces en su cabeza, no ha dejado de tener pesadillas y siente que está perdiendo el control de su cuerpo. Por si fuera poco, Shion no lo ha escogido como el próximo patriarca, y aunque le duele, no lo entiende. La voz en su cabeza no le está ayudando.
—Saga… ¿quieres bailar un último baile? —le dice Aioros, dándole la mano como lo hizo la última vez —. Un vals.
—¿Siquiera sabes bailar uno?
—No, pero podemos inventarnos nuestro propio vals. —propone —. ¿Qué te parece?
Quiere decir que no, que no está de humor para eso, pero la forma en la cual lo mira su novio es tal, que no se ve capaz de negárselo.
—Solo uno. —avisa —. ¿Sí?
—Me conformo con uno. Solo quería sacarte una sonrisa.
Con una timidez repentina, Saga se deja abrazar por Aioros. La música suena y ellos bailan tan mal como aquella maravillosa vez, pero es tan, o más, especial. La primera vez fue para contentar a Aioros, pero esta, es para hacerlo feliz a él, y Saga de verdad lo aprecia.
La melodía apenas dura tres minutos, pero ellos bailan muchos más. Envueltos en el amor que se tienen, hacen durar el momento todo lo que puedan.
Es tan especial, y Saga se siente tan bien, que casi puede dejar de escuchar la extraña voz en su cabeza.
Casi.
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"Volveré a ti cantando esta canción, si así puedo verte.
Haré un último baile pare esta canción,
Recuerda este momento para siempre;
Solo un último baile."
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En el fondo de su propia mente, sin poder controlar más su cuerpo, el alma de Saga llora.
