Aclaraciones:
Iris no morirá ni será un homúnculo.
Kiritsugu no morirá por la maldición de Angra Mainyu, por lo que siguen viviendo juntos en Alemania en el castillo Einzbern.
Shirou será hijo biológico de estos dos y será el hijo mayor por tres años.
Al no poseer la magia natural de la familia, Jubstacheit no lo acepta en la familia por lo que solo lo llama Emiya.
Sella y Leysritt son las cuidadoras de Shirou e Illya.
Todo transcurrirá en la quinta guerra con algunos cambios, como los Edelfelt afectados una representante.
Los santos griales no se harán con homúnculos ya que se considerará inmoral fabricarlos por lo que usan artilugios, es decir objetos que tienen varios años, como los catalizadores para invocar servidores.
Sasaki es un sirviente con un fantasma noble en condiciones siendo Hiken: Tsubame gaeshi.
Capítulo 1.
Estamos en la ciudad de Fuyuki, casi al final de la guerra por el santo Grial, Saber estaba empujando su espada Excalibur dispuesta a destruir el grial porque Kiritsugu, su maestro, le había obligado a destruirlo con su último sello de comando.
El maestro tras una pelea contra el sacerdote Kotomine Kirei había descubierto que el grial había sido corrompido por una fuerza externa de una guerra anterior, que, por otra parte, estaba por nacer en el santo grial actual.
El sirviente arquero, Gilgamesh, fue derrotado por el sirviente de la espada por lo que tenía vía libre para usar toda su fuerza al usar su fantasma noble. Con una columna de luz el grial fue destruido y un fluido escuro fue vertido que fue directo a la ciudad. El fluido del santo grial inundó la ciudad que hizo que los edificios colapsaran y un incendio se causase. Desafortunadamente no hubo supervivientes.
Tras esa catástrofe hubo un acto por parte del alcalde de la ciudad en el que dictaban una semana entera de luto, así queda el final de la cuarta guerra quedando Kiritsugu como ganador por lo que volvió a Alemania con su mujer en un jet privado de la familia Einzbern. Tras unas cuantas horas de vuelo llegarán al aeropuerto internacional de Berlín con la intención de volver con su familia. Dos horas de conducción después de la pareja llegó al castillo de los Einzbern donde fueron recibidos por el "padre" de Iris que los miraba un poco enfadado.
"Pensé que me ibas a traer el santo grial Emiya". - Dijo el actual cabeza de familia con un todo desagradable hacia lo que vendría siendo su año. - "¿Me has traicionado?"
"Para nada Jusbtacheit" - Dijo el que había sido el maestro para la guerra. - "Pero en la batalla, fue informado de algo que me dio mucha atención sobre la situación del santo grial".
"¿Y eso sería?" - Pregunté el viejo un poco intrigado por lo que su año tenía que decirle.
"Al parecer, en la guerra anterior tu familia hizo algo que corrompió el grial". - Informó el asesino de magos incomodando al viejo mago que tenía enfrente. - "El maestro anterior podría invocar un servidor que no debería haber sido invocado, un servidor capaz de causar cualquier mal en la guerra asegurando así la victoria de los Einzbern". - Ese último dato causó que el viejo ahora estuviera nervioso por lo que sucedió hace sesenta años. - "El espíritu heroico Angra Mainyu fue invocado con la clase vengador. Él era muy débil y fue eliminado muy rápido, pero lo que simbolizaba quedó atrapado en el santo grial corrompiéndolo. Dime, ¿eso te suena?"
"Obviamente no puedo excusar lo que hizo mi padre". - Dijo el anciano. - "Pensó que usar el espíritu de un ser divino era lo mejor para coronarios como la mejor familia de magos, pero fracasamos y perdimos la oportunidad".
El asesino de magos solo negó con la cabeza, nunca le cayó bien ese viejo. Él estaba dispuesto a hacer todo para conseguir todo lo que quería, tanto como para intentar crear homúnculos, una práctica prohibida por la asociación de magos por el hecho de jugar con la vida que solo puede requerir por la tercera hechicería de la familia Einzbern, pero tras un pacto con la asociación se acordó prohibir la fabricación de homúnculos.
Tras ese encuentro la pareja de casados dentro del castillo donde encontramos con algunos sirvientas y algunos miembros de la familia de Iris. Ellos fueron directamente a una zona en la que los niños de la familia iban a practicar la magia de la familia Einzbern. El lugar en si era un edificio aparte del castillo que estaba dentro de uno de los patios que había. En ese edificio había mesas y sillas bajas y medias por los diferentes niños que había en él. De entre todos los niños que había uno que llamaba la atención sobre los demás. La mayoría de los niños tenían el pelo blanco y los ojos rojos, pero tenía el pelo rojo y los ojos de color miel.
Ese niño era un niño llamado Shirou por sus padres. Él estaba sentado al lado de su hermana menor Illya, la cual estaba feliz de estar sentada junto a su hermano. Kiritsugu e Iris miraron por la ventana para ver cómo estaban sus hijos, pero tuvieron una sorpresa al ver cómo lo vendría siendo un maestro estaba siendo sermoneando al niño por no poder usar la alquimia que todos los miembros de la familia podrían hacer. Shirou solo podría usar con facilidad y proyección de una forma un poco pobre siendo el blanco de bromas y burlas de parte de casi toda la familia alemana.
El tiempo pasó y el tiempo en el que los niños tendrán que estar en el edificio de enseñanza pasó y los niños volvieron a una zona designada se verá una sorpresa al ver a sus padres, que llevaban dos semanas fuera, esperándolos con una sonrisa. Los niños sin dudarlo corrieron hacia su madre para dar un gran abrazo que fue correspondido por la mujer con mucho gusto mientras que el hombre le sonreía a un paso de distancia de los niños y la madre. Kiritsugu no era bueno mostrando emociones, para él era reciente el sonreír, ni si quiera con Maiya había demostrado tantas emociones siendo ella una compañera de trabajo con la que pasaba mucho tiempo.
Los niños quisieron saber todo lo que habían hecho haciendo los padres se mirasen un poco preocupados al no saber si contar la verdad. Con un acuerdo sin palabras los dos acordaron no decir nada sobre las muertes de las personas que habían sucedido en la ciudad de Fuyuki. Les contaré que aquella señorita llamada Saber se enfrentó a muchos enemigos como un hombre que poseía dos lanzas, un hombre pulpo u un hombre muy obsesionado por el dorado que quería hacer cosas muy malas.
Cuando las historias terminaron de contarse por parte de los padres, fue el turno de ellos para saber qué es lo que había pasado con ellos. Illya era muy feliz por poder pasar tiempo con su querido hermano que era el único que la llamaba como una chica normal, no como los demás que no paraban de llamarla señorita y la trataban como un ser superior al que ni podíamos hablar. A la niña no le costaba usar la alquimia pudiendo crear familiares a partir de su pelo, pero Shirou era un caso distinto, él no había heredado la magia de su madre ni la magia de su padre, pero era compatible con la magia ya que habían comprobado que tenía circuitos mágicos, pero solo podía usar la mejora y proyección, pero su fortalecimiento no duraba más de unos pocos minutos y sus proyecciones estaban huecos y no se mantenían.
La pareja intentó volver a lo que era una vida normal, Irisviel intentó entrenar a Shirou con la alquimia, pero era imposible para él niño e intentó también Kiritsugu con la magia del tiempo, pero tampoco daba resultados. A la pareja de casados no le importaba el hecho de que su hijo no pudiera usar esa magia, por lo que decidió dejarlo estar por el momento.
Los días pasaron. Shirou entrenaba en la magia un poco cada día, Illya aprovechaba cada vez que podía jugar con él y con sus padres. Era invierno cuando llegaron de la guerra del santo grial por lo que los días eran fríos y más en el castillo. Los padres amanecieron juntos en su cama, la caldera irradiaba calor haciendo los dos se movieron de la cama por el calor. Se puede buscar con calma y tras vestirse bajar al gran salón para que puedan desayunar. Normalmente se serviría el desayuno cuando todos estuvieran en la mesa, pero por pedido de la hija se serviría el desayuno cuando llegue alguien. A los pocos minutos incluidos Illya con una sonrisa al ver que su favorito favorito estaba en la mesa.
Los minutos pasaban, la comida abandonaba los platos, pero Shirou no apareció en ningún momento. Iris, preocupada, se enfrentará a la mesa en busca de su hijo acompañado de su marido. Rápido fueron hacia la habitación del hijo mayor y para su sorpresa la habitación estaba completamente vacía. En ella había una cama completamente bien hecha, un póster en el que estaba el mapa del mundo donde había distinguido los países y había dos estanterías repletas por libros de diferentes materiales para la educación del infante.
Ante este panorama Iris entró en pánico, su querido hijo ya no estaba ya la hora que era no podría estar en ningún lado. Al ser un hijo de una familia de magos tan importante como los Einzbern es posible que otra familia como los Yggdmillennia, una familia que compite con los Einzbern por la antigua fabricación de homúnculos, por lo que primero llegó a la cabeza de la madre asustada fue que secuestraron a su querido hijo.
Kiritsugu rápidamente se puso a investigar toda la habitación. La cama estaba hecha, por lo que podría decir que el niño no pasó la noche en ella, pero Shirou fue educado para que hiciera su cama al despertar como entrenamiento de responsabilidad. Miró por la ventana y revisó que no había nada raro en ella, ningún sello de vigilancia, ninguna muesca de algún artilugio para forzar la ventana y el cristal no estaba roto, por lo que no había entrado por la ventana. Bajo la atenta mirada de su mujer se perdió al armario y vio algo que llamó la atención del padre. La mayoría de ropa que tenía el niño no estaba en su lugar.
Con esto se descartaba la idea del secuestro ya que si se lo hubieran llevado a la fuerza no se hubiesen molestado en llevar ropa para que el rehén estuviese cómodo. Solo quedaba una opción, Kiritsugu no quería admitirlo, pero miró en el escritorio. A primera vista no había nada, por lo que buscó en los cajones, en el segundo cajón había encontrado un papel doblado por la mitad. La agarró entre sus manos y se dispuso a leerla en voz alta para que su esposa se enterara también.
"Hola, si alguien lee esto es porque descubrieron que yo fugado. Ya no aguanto más las palabras de los demás, sé que no soy bueno con la magia y la alquimia y no quiero ser un impedimento para el desarrollo de Illya. con ese amigo de papá, el viejo que se hace llamar Raiga Fujimura. para poder viajar sin problemas. No quiero ser más una molestia, espero que un día nos volvamos a ver, hasta pronto ". - Dijo Kiritsugu triste y con su mujer llorando a lagrima viva. Este acto hizo que Kiritsugu se preocupara y enfadara de una forma que hizo temblar de ira.
Lo primero que hizo tras calmar fue ir rápidamente a un teléfono para poder llamar. Muchos magos odian la tecnología, hasta el punto de repudiarla y no tener nada digital en sus viviendas, los Einzbern no era el caso, la tecnología los ayudaba con el desarrollo de su magia, o por lo menos a intentar llegar a la vieja hechicería de La dama invernal. Cuando por fin el padre llegó a un teléfono rápidamente marcó el número de su viejo amigo Raiga, un yakuza que controla parte de la ciudad de Fuyuki, tanto que lo ayudó en algunos trabajos. Kiritsugu le tenía en buena estima, tanto que dejó su cresta mágica a esa familia para seguir con el legado Emiya. Esperó un tono, dos tonos, al tercero notó la voz algo somnolienta de una joven, lo más seguro que el mar la hija de Raiga, Taiga una joven que le cogió cariño al asesino de magos.
"¿Sí? Complejo Fujimura". - Dijo la joven con un tono que denotaba cansancio.
"Hola Taiga". - Dijo el asesino de magos en un tono de urgencia. - "Necesito hablar con tu abuelo sobre un tema importante, ¿podría ponerse?"
"Él está dormido, pero intento despertarle". - Dijo la chica con un bostezo al final.
Kiritsugu notó como la cabeza del teléfono era dejado de lado y escuchando los pasos por un suelo de madera. Esperó unos minutos, de los cuales se les haría eterna la espera. No se puede creer que Raiga haya aceptado en primer lugar que un niño de seis años se queda con ellos sabiendo que vive en la otra punta del mundo. Por la cabeza del padre pasó muchos pensamientos, como el de retirar su cresta de la familia a los Fujimura, ir a pegarle un tiro en la cabeza al yakuza o el de ir personalmente a la orden de la torre del reloj para que le borren su cresta y matar al viejo de Jubstacheit.
Pasaron los minutos. Tras cinco minutos de larga y dolorosa espera para el asesino de magos, una voz de un hombre cansado se puso al dispositivo. - "¿Qué pasa Kiritsugu? ¿Otro trabajo que quieres que busquemos información?" - Dijo este como si no hubiéramos permitido viajar a un niño menor viajar millas de kilómetros.
"¿Un caso no sabes lo que ha hecho?" - Dijo el padre un poco enfadado por el comportamiento de su amigo y confidente. - "¿Cómo se te permite permitir que mi hijo viva contigo?"
El hombre al otro lado del teléfono no entiende nada de lo que le dice su amigo, pero unos minutos más tarde lo comprende lo que deciden. - "Pensé que era una broma de un niño pequeño". - Dijo este como su excusa. - "¿A caso ha pasado algo en vuestro castillo para que tome esa decisión?" - Dijo ya en un tono serio. Aunque no lo pareciera, Raiga le gustaban los niños y siempre que tenían algo que ver un tema siempre lo hicieron seriamente.
"La situación en casa no es buena con los demás miembros de la familia". - Informa al padre y abandonando el tono de enfado de hace solo unos segundos. - "Cree que al no poseer la magia de la familia no es apto para estar aquí y piensa que es un estorbo".
"No hace falta que digas más". - Dijo Raiga completamente serio. - "Si de verdad ha tomado un vuelo para estar con nosotros que no te quepa duda de nosotros lo que tratamos como uno más de la familia, lo prometo por la cresta que nos otorgaste".
Ante esa afirmación, Kiritsugu no pudo pedir más y con un asentimiento por parte de este dejó la llamada para enfrentarse a alguien que se acababa de convertir en el enemigo natural de su familia, el padre de Irisviel, Jubstacheit. Con un faso firme por el castillo fue ahuyentando a todos los habitantes de este, ya sea familia o sirviente, incluso hizo llorar a las podras chicas que cuidaban a sus hijos Sella y Leysritt que ya lamentaban no haber puesto más atención al pequeño Shirou.
Él estaba iracundo, no tardó más de unos segundos en llegar al despacho en el que su suegro. Con un golpe fuerte irrumpió en la sala en la que estaba y vio algo que nunca esperó ver. Al igual que él fue a reclamar a su amigo por permitir que su hijo viviera con él, su esposa Iiris fue a reclamar a su padre por darle el dinero a su hijo.
"¿Cómo te has atrevido a permitir algo como esto?" - Dijo la mujer completamente llena de ira ignorando por completo la presencia de su marido.
"Haciéndolo". - Fue lo único que dijo el viejo sin presentar atención a las dos personas que habían irrumpido en su despacho. - "Fue él el que no quería estar aquí, por eso le suministramos el dinero necesario para poder irse de este sitio, una parte, eran todo ventajas". - Él solo recibió una mirada de desagrado por parte de su hija y su marido. - "En ningún momento le obligué, me pareció que no quería estar aquí y yo no quería que estuviera aquí, por lo que llegamos a un acuerdo. Si estuviera dispuesto a irse a pagar todos los gastos del viaje".
Iris tenía sus puños completamente apretados, sus ojos mostraban completo odio hacia esa persona que tenía delante. Kiritsugu era la primera vez que tenía una mujer de tal forma, siempre era dulce y amable, siempre tenía una sonrisa en su cara, pero ahora era completamente diferente. - "Él es mi hijo, tú no tienes el derecho de decidir nada que tenga que ver con él". - El viejo iba a discutir, pero su hija le hizo callar. - "Tú ya no eres el líder de la familia, yo, Irisviel Von Einzbern, declaro que tú ya no formas parte de esta por lo que ya no tienes ni voz ni voto en todo lo que tiene que ver con la familia".
Este hecho hizo que el viejo Jusbtacheit abriera los ojos. Por la líder y actual portadora de la cresta Einzbern, este quedó repudiado por sus actos. A partir de ahora todo será dirigido por la mujer alvina. Ella después de hacer eso no lo pudo soportar más y se puso a llorar en los brazos de su marido.
Por otra parte, en Japón, todo el complejo Fujimura había sido despertado por el cabeza de familia. El despertarse por la mañana no era cosa que les gustase a los yakuza de ese clan, pero si lo mandaba el líder había que acatarlo sí o sí, por lo que de mala gana se reunieron todos en el patio. El líder Raiga era un hombre viejo de pelo cano que vestía un traje tradicional japonés con un aori de estampado de tigre.
El hecho de que estaría serio era un claro indicativo de que algo estaba pasando. La familia Fujimura era una familia yakuza que había obtenido el favor de un mago ganando así una cresta mágica, la cresta mágica Emiya, que les permitía manipular la aceleración de los objetos y un poco el tiempo. - "Escuchad todos". - Dijo el viejo llamando a la atención de todos los que le oían. - "Todos conocemos ya a la familia de Kiritsugu, ¿cierto?" - Dijo e hizo que la mayoría de las personas asintieran un poco preocupados por lo que querían decirles. - "Shirou ha abandonado la mansión Einzbern, yo pensando que era una broma accedía a darle un asilo, por lo que al amanecer como muy tarde iré al aeropuerto para recibirlo, espero que, al ser el legítimo dueño de la cresta, no lo tratéis de mala manera.
Todos obedecieron la orden y fueron de vuelta a sus habitaciones. Obviamente, ellos no se sentían mal por tener el hijo de Emiya con ellos, era un honor completo. Poder ayudar a Shirou a entrenar la magia que era de su familia paterna les parecía bien a los yakuza y de paso podría tener un poco de sangre nueva en el complejo.
Para el joven Emiya todo parecía ser demasiado bueno. Primero de todo, fue a hablar con su abuelo de cómo lo tuvo el resto de la familia, luego de eso dejó con el viejo Raiga que se ofreció a cuidarlo, cuando se lo contó a su abuelo le pareció bien y le dio el dinero necesario para poder viajar a Japón. Él sabía que no le caía bien a su abuelo, es más, lo despreciaba por no tener la magia de su familia, por lo que aprovecharía todo lo que pudiese su estancia en Japón, sabía que los Fujimura tenían la cresta mágica Emiya, por lo que entrenará con ellos el tiempo que haga falta para dominarla y para poder usar la proyección en condiciones. Quería devolvérsela a su abuelo derrotado en un duelo con la magia que él dice que es inútil.
