LIVING ON A PRAYER

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El frío de Chicago podía llegar a ser tan alto que todo tu cuerpo dolía. El viento helado chocaba contra sus labios agrietándolos como pequeñas cuchilladas y cada vez que intentaba respirar hondo el frío inundaba todo su organismo. Mickey se aferró a su deshilachada bufanda verde y vio cómo salía vaho de su boca. Hacía un frío de cojones.

No debería estar allí, joder. Todo esto era idea de los idiotas de sus hermanos y sus grandes ideas. Si les hiciera menos caso todo le iría muchísimo mejor, eso lo sabía. "¿Por qué no te tiras a Karen Jackson? Es la que está más buena". Karen Jackson... Mierda. Ni si quiera se había fijado en ella hasta que Iggy se lo propuso. No se había fijado en ninguna.

Pero sus hermanos empezaban a hincharle las pelotas con tantas preguntas. "¿Por qué no te echas novia?", "La vecina no deja de mirarte, tíratela", "Hace mucho que no echas un polvo con nadie, ¿qué te ocurre, hermanito?". Joder, él tenía mejores cosas que hacer que malgastar su tiempo pensando en cualquier tía a la que follarse. Su padre había vuelto a entrar en la cárcel hacía meses y es sólo significaba una cosa. Él tenía que encargarse de la familia. Si quería follar, follaba, pero no tenía humor para ocuparse de estas mierdas de instituto. Karen Jackson ya le dijo una vez que no, era mejor dejarlo así. Pero esos idiotas...

Paró un segundo bajo las vías del metro frente a la casa de Karen y encendió un cigarro para darse un poco de calor y alargar lo inevitable un poco más de tiempo. Él no tenía tiempo para estas mierdas... Pero ahí estaba, intentando parecer ese "gran macho" que se suponía que era y no quedar mal frente a Iggy o Joey por no tener la suficiente vida sexual que ellos creían te convertía en todo un hombre.

Si supieran...

Un grito le sacó de sus pensamientos y alzó las cejas al ver a uno de los Gallagher saltar por la ventana del piso de arriba. Su hermano pelirrojo, ese lleno de pecas que que iba a la clase de su hermana Mandy, apareció corriendo de detrás de la casa con la cara blanca y sin zapatillas. ¿Qué cojones...?

-¡Da lo mismo que corráis! ¡Os pillaré y os mataré!- Escuchó cómo el padre de Karen gritaba desde la ventana mientras el pequeño de los Gallagher se acercaba a la puerta a recoger sus zapatillas.

-¡Vamos!- Gritaba Lip desde la calle.

El pelirrojo salió corriendo tras su hermano, con terror en la cara y los calcetines empapados por la nieve que pisaba.

Ese no era un buen día para visitar la casa de Karen Jackson...

-¡Que te jodan!

Los gritos llegaron hasta él incluso antes de abrir la puerta de casa. Siempre la misma mierda. Siempre el mismo caos... Pero ya había aprendido a vivir en él.

-¿Qué coño pasa?

-¡Tu hermano es idiota!- Gritó Mandy hacia Joey mientras este daba un portazo en su habitación.

-También es tu hermano, ¿sabías?

Se quitó el abrigo y la bufanda y se acercó hacia la cocina mientras miraba cómo Mandy recogía del suelo los restos de lo que suponía era un proyecto para el colegio.

-¿Dónde estabas?- Preguntó su hermana con la voz más calmada.

-Fui a casa de Karen Jackson.

-¿Querías que te diera calabazas por segunda vez?

Le hizo un corte de mangas mientras agarraba una de las cervezas del frigorífico y tiraba la tapa en el fregadero.

-¿Sabes si tiene algo con alguno de los Gallagher?

Mandy pareció pensarlo un segundo mientras ralentizaba sus movimientos a la hora de recoger el destrozo que seguramente Joey había formado.

-Con Lip puede ser, van al mismo curso. Con Ian no lo creo.

Mickey se tiró en el sofá y le dio un sorbo a su cerveza.

-¿El pelirrojo?

-Está bueno, ¿eh?

-¿Y yo qué cojones sé? No me van los tíos.- Dijo de mal humor.

Su hermana rodó los ojos con esa expresión que siempre ponía cuando parecía que era la única persona de la casa que entendía algo. Igual que hacía su madre. La misma puñetera mirada...

-Jenny está colada por él pero a Ian parece que no le interesa ninguna.- Continuó haciendo caso omiso del repentino mal humor de su hermano.- Así que no creo que esté con Karen Jackson.

Arrugó la frente y le dio otro sorbo a su cerveza sin entender por qué Ian Gallagher había salido descalzo y asustado de aquella casa... Y sin poder evitar pensar que su hermana tenía razón. Ese hijo de puta pelirrojo estaba muy bueno.

...

Mickey se tiró en la cama y bostezó grande mirando las paredes llenas de posters de su habitación. Estaba derrotado. Se había pasado el día haciendo unos encargos para su padre. Incluso desde la cárcel era capaz de romperle las pelotas ese hijo de puta. Abrió el cajón de su mesilla de noche y sacó un par de revistas porno que Iggy había mangado en un kiosko un par de días atrás. Se acomodó entre sus sábanas rojas y abrió una de las revistas, pasando las páginas aburrido. Tampoco entendía por qué siempre tanto alboroto por ver a una tía en pelotas. Se podía ver en cualquier lado. Internet estaba lleno de tetas y en ese barrio de mierda en el que vivían tenías una prostituta casi en cada esquina. Tetas. No eran para tanto... ¿No?

Empezó a tocarse intentando entretenerse con algo. Quizás si se hacía una buena paja se quedase dormido enseguida y dormiría como un bebé. Pero estaba demasiado distraído como para que ninguna de esas chicas le provocaran nada. Otra página. Otra. Una más...

Entonces paró en seco al pasar una de las páginas y ver a una chica pelirroja semidesnuda sobre el capó de un coche. Tenía pecas por toda la cara y una melena hasta la cintura. Le miró el pelo y la imagen de Ian Gallagher corriendo descalzo con el pelo alborotado y las pecas marcadas por el susto pasó por su cabeza haciendo que su entrepierna palpitara en su mano.

Cerró los ojos con fuerza y tiró la revista al suelo. No. Se había prometido no volver a pensar en nada así nunca más. No.

-¿Qué falta?- Preguntó hastiado sujetando las pesadas bolsas a cada lado de su cuerpo.

-Deja de quejarte, capullo. Tú quisiste venir.- Apuntó su hermana con mala cara.

-Lo que quería era irme de casa, no ser el perrito que te sigue a todos lados para cargar tus mierdas.

Mickey levantó las bolsas de plástico enseñándoselas de forma exagerada a su hermana.

-Estas mierdas son para todos.- Le recordó.- Sólo falta la cerveza.

-¿Dónde quieres ir?

Mandy miró al otro lado de la calle y señaló con la cabeza el Kash and Grab, la tienda del moro donde su padre solía robar casi cada día.

-Nunca digo que no a cerveza gratis.- Sonrió acompañándola a cruzar la calle.

-¿Sabes? Creo que Ian Gallagher trabaja aquí.

Escuchar el nombre de ese crío pelirrojo le revolvió el estómago. Recordó la noche anterior, su intento fallido de hacerse una paja, su polla poniéndose dura por primera sólo al pensar en la imagen de ese pelirrojo pecoso que había salido corriendo de casa de Karen Jackson. Ian Gallagher le recordaba las cosas que se supone no debía pensar... pero pensaba.

-¿Y?

-Nada, pero si está puedo preguntarle si su hermano tiene algo con la rubia que te gusta.

"La rubia que te gusta". Mierda. Su padre estaría tan orgulloso y sus hermanos festejarían como gilipollas si lograse tirársela...

-Me importa una mierda a quién se folle esa tía.

Mandy rodó los ojos y empujó la puerta de la tienda, pero no se abrió. Lo intentó otra vez pero parecía estar cerrada.

-Qué raro...

-¿Está cerrado?

-Eso parece, pero hay luz dentro.

-Déjalo, le robaré al moro otro día.

Cualquier cosa con tal de largarse de allí. De alejarse de cualquier conversación sobre Karen Jackson o todas esas mierdas que le hacían recordar la reputación que intentaba ganarse y que en realidad le importaban menos que nada. Cualquier cosa con tal de alejarse de Ian Gallagher y todo lo que le hacía pensar y no debía.

Con suerte Lip Gallagher se estaría follando a Karen y él podría olvidarse de todo ese estúpido asunto. Incluído ese pelirrojo con la cara llena de pecas.