One Piece no me pertenece, los personajes son creación de Eiichiro Oda.
Prólogo
En medio de una ciudad se oían unos pasos apresurados, el viento fuerte azotaba el cielo y las nubes que lo cubrían completamente le daban un aspecto mucho más sombrío, los pasos siguieron acelerando.
Un joven rubio, con un alto sombrero de copa era el dueño de aquellos pasos, la cicatriz que llevaba en el rostro era casi invisible a ojos de cualquier extraño, ya que al ser una marca característica siempre se encontraba oculta a ojos externos, Sabo nunca se permitiría ser tan descuidado con su aspecto, ser un revolucionario implicaba muchas cosas y una de ellas era trabajar con Koala, al estimar el tiempo que le tomaría llegar a la base aceleró el paso, no podía llegar tarde de nuevo o su compañera lo mataría.
Su misión fue dada por Monkey D. Dragon, el líder del ejército revolucionario, consistía en espiar a una importante organización de la Marina que probablemente estaba infiltrada entre piratas, debido a la complejidad de la misma tuvo que partir solo, por precaución.
A Sabo no le gustaban las misiones en solitario, desde niño las había detestado.
Ya que era en esos momentos, cuando se encontraba lejos de sus amigos, completamente solo, cuando más sentía aquello que le calaba el alma. Vacío. Soledad. Sin importar cuanto tiempo pasase, él sentía que le faltaba algo, una pieza fundamental de su ser, pese a la abrumadora cantidad de amigos que tenía, pese a que a todos los apreciaba más que a su vida, Sabo se sentía incompleto; Koala lo sabía, esa era justamente la razón por la cual se preocupaba en exceso.
No era un secreto que el rubio no recordaba nada de lo que había vivido en su infancia, la vida de Sabo empezaba junto con los revolucionarios, normalmente no tenía problemas respecto a eso, pero en su soledad era distinto, en esos momentos era solo una cascara vacía, un pedazo incompleto y, aunque él mismo no lo notara, aquello lo estaba matando.
