¿Deberia ser bromista? (una historia de Luan Loud)
¿Otro fanfic de TLH teniendo otro en proceso y una colección de Dtabbles por venir? Si, ya que a la vez que voy desarrollando otros proyectos, me gusta asi mismo comenzar otros (como JonasNagera) para no quedarme en mi zona de confort e ir mucho mas alla. En esta ocasión nos encontramos en una historia centrada en Luan Loud, una historia no NSL, ni Loudces, ni Yandere. Repito, me saldré de mi zona de confort para avanzar en la literatura, y en general, la vida. ¡Sobre que se tratara esta historia? Pues, la trama está en la descripción de la obra, ni más ni menos, para evitar spoilers.
Solo quiero decirles desde ya, que algunas escenas están inspiradas en una de mis películas favoritas del 2019 y de la historia, aunque claro narrados a mi manera y acorde a la trama. Tampoco es que hare un copy-paste masivo, je.
Aclarado todo, prosigue con tu lectura.
Capitulo 1:Preludio.
En esta historia Luan Loud tiene veinte años, y es la mayor de las Louds. El resto de sus hermanos y familiares poseen exactamente la misma edad canonica de la serie. Así que, en esta historia, Luan Loud es la mayor de todas las Louds.
—Luan, ¿estás bien? —Su psicólogo, el buen "Howard Patrowski" pregunto siguiendo el proceso de su interrogatorio diario. La familia de aquella paciente había frecuentado las visitas hacia su presencia diariamente, en vez de hacerlo semanalmente como, hasta hace dos semanas, lo solían hacer.
—Sí, me siento muy bien. —Respondió con una apatía totalmente seca.
El psicólogo, a pesar que esa era la conducta natural que su paciente, Luan Loud solía mostrar, nunca le había respondido así como lo hizo. Secamente. Así que inquirió que algo grave le había pasado a su paciente ese día. Algo muy, muy grave.
—Bien, lo que pasa es que te noto algo más extrovertida. Por lo general estas con tu icónica sonrisa y soltando uno que otro chiste, el día de hoy no has sonreído nada, ni lanzado algún chiste, y eso se me es… —Hizo una pausa para medir sus palabras —Incomoda. ¿Qué tienes? Sabes que estamos en confianza, ¿está bien? Lo que sea que me quieras contar, eres libre de hacerlo. De mi boca no saldrá nada.
—De su boca no. De sus dedos si, para llenar el reporte con las múltiples confesiones que yo le he hecho a usted, ¿verdad?
Howard por unos instantes sudo, su mano derecha comenzó a temblar y soltó la pluma con la que él había estado escribiendo.
—Desde que ingrese a este lugar hace tres meses por culpa de mis patéticos familiares…Usted les ha estado relatando cada cosa que sale de mi boca, y el día de hoy me lo restregaron en la cara, y me castigaron enormemente.
—Lu-Luan, no hables así de tu familia. —Dijo el psicólogo con un tono suave, tan suave que hasta parecía paterno. —Ellos te aman. Te trajeron aquí para hallarle solución a tus problemas.
—¿Usted sabe cómo es mi día a día?
Haword guardo silencio. No porque no supiera contestarle, sino porque quería escucharla. Rara, o escasa era la vez en que Luan tomaba la iniciativa para establecer una conversación con él. Por lo general, él tomaba la iniciativa.
—Mi familia no me quiere… Se lo he dicho múltiples veces, por mi tonto descuido. Perdí mi motivación, por mi puta pasión, y por eso…
Cualquier persona normal se pondría sentimental o como mínimo le temblaría la voz a ganas de llorar. Ese no fue el caso de Luan, la niña de los frenos lo platicaba como si fuera lo más natural del mundo, es más, lo contaba con una sonrisa en su rostro. No una sonrisa malvada, no, nada de eso; era una risa de… ¿Jubilo? ¿Le hacía gracia o, Luan les estaba jugando una maldita broma?
—¿Po-podrías decirme cómo te sientes ante ese fatal descuido el dia de hoy? ¿No sientes que tu percepción a cambiado desde ayer? —Pregunto siguiendo con el cronograma que la familia Loud le había entregado a Howard, por obligación legal (luego de tanto alboroto de parte de la familia) Howard fue obligado a seguir fuertemente las mismas preguntas. Luan Loud ya había comenzado a sospechar de ello, por ese motivo, ese día ella venia preparada.
Howard miro su reloj, le faltaban siete minutos para terminar la visita. Usualmente, en sus primeros días trataban media hora, pero el gobierno les había prohibido eso para que los empleados en psiquiatría y sus derivadas trabajaran menos, ocuparan menos espacio con los antiguos pacientes para darle prioridad a los nuevos, obtener más ingresos con ellos, jodiendo a los que verdaderamente están mal de la cabeza, para que al final, todas esas ganancias se las queden los políticos. Obviamente, esos últimos detalles no habían sido platicados con los empleados.
—… ¿Usted nunca va a cambiar el ritmo de nuestras consultas, verdad?
— ¿Disculpa? —Howard no entendió.
—Sí, he notado que… —Las piernas de Luan comenzaron a temblar, como si le estuviera entrando adrenalina. —desde hace dos meses, usted no me escucha… Tal vez usted no lo haya notado, no lo culpo ya que todos tenemos muchas cosas rondando por nuestras mentes, pero siempre intento platicarle sobre cómo me siento, cada vez que trato de contarle sobre mi rutina, las buenas cosas que pienso y hago para contener toda la depresión que tengo a diario… Usted intenta cambiar el curso de la conversación. ¿Has tenido alguna mala experiencia en el trabajo? ¿Tienes pensamientos negativos? Siempre le digo que no, pero siempre mueve las cosas llevándolas a un ritmo que saca de quicio a cualquiera.
—Lo último lo dice con un tono tan tétrico, que hasta le dieron ganas de ir al baño al psiquiatra.
—Lu-Lua-an, ¿tu haz estado tomando tus pastillas? —La ignoraba. Debia hacerlo, no por tu moralidad, sino más bien por su seguridad.
—Sí. —Contesto con más naturalidad, pero manteniendo su tono serio. —Tomo mis medicinas. No porque me guste, sino porque mi familia me obliga, prácticamente.
—Hkph —Le molesto que su paciente criticara sus métodos, y se rehusara a mejorarse por su propia cuenta. —Bien, y —contuvo su ira, debía seguir si o si con el procedimiento. —¿No se te ha ocurrido algún chiste?
—Bueno, ya que usted lo menciona… —De entre sus pies, saco una libreta que decía: "El diario de Luan", una libreta de unas quinientas páginas, en donde estaban todos los registros de Luan, según ella. —Allí hay unos chistes, no son tan buenos, ya que son borradores. Actualmente también lo uso como si fuera un diario, y escribo, ya sabe usted… Pensamientos. —Decía apática, sacando un cigarro de su bolsillo. Howard lo tomo como un gesto de "me vale madres lo que me digas".
Howard, quien había estado hojeando la libreta página por página, sorprendido de todo lo que Luan escribía, llego a la última página. Entre todos los chistes, malos por ciertos, que encontró, diviso dos frases que lo dejaron con mucho de que pensar.
¿Tendrá mi vida más sentido que mi muerte? Yo creo que sí.
Muchas personas quieren que actúes como si no tuvieras un trastorno como por ejemplo, la bipolaridad, cuando lo único que espera uno, es que lo acepten y lo valoren tal como es.
Esto intrigo mucho a Howard. Hubiera continuado en su trance de no ser porque la alarma que indicaba la culminación de la entrevista sonó.
— ¿Du-dure cinco minutos leyendo eso?
—Al parecer. —Luan se levanta de su asiento y, sin decir nada previo, le arrebata su diario de las manos del psiquiatra. —Nos vemos mañana, Howi. —Ya estaba acostumbrada a entrar y salir de ese lugar con poca iluminación al que su familia la había sometido durante días hace semanas ignorando las quejas de su psiquiatra. Mientras caminaba encendió el cigarro y comenzó a fumar.
Su familia no estaba en la sala de espera, ¿Por qué? ¿Para qué? Ellos no querían empanizar con ella, no después del "accidente". Al salir, estaba nublado, ese centro psiquiátrico estaba ubicado en una zona no tan adinerada de Royal Woods, ni tan segura. Era peligroso, muy peligroso; pero su familia no tenía otra opción, y si la tuvieran, nada cambiaria.
Luan Loud solo deseaba ver a la sociedad en donde vive reír, pero esta le daba la espalda. Había gente buena con ella, sí, pero habían sido asesinadas…. Y amigos de confianza solo sobraban dos: Sus compañeros de trabajo.
¡¿El trabajo?! ¡Es cierto! Debía llegar lo más pronto a la empresa en donde trabajaba.
Soy yo, o… El mundo está podrido, y es una locura haya afuera. Pensó, mientras se alejaba a pies largos de ese lugar que le incomodaba, ya que sabía que no podrían escucharla, que de verdad no quería ayudarla. Sospechaba que todo estaba controlado por sus padres, y eso aumentaba su odio hacia ese lugar.
Pero ese lugar, será un paraíso en comparación a lo que se avecinara en la vida de Luan Loud.
Continuara…
¿El capítulo fue corto? Pues más largo serán, el número de palabras variara enormemente, puedo publicar uno de mil y otro con más de cinco mil, lo que considere necesario para el capítulo: "El libro manda". Aclaro también que el ritmo de actualización al igual que mis otros proyectos será anormal, no se cuándo actualizare ni me preocupare por eso, tomare todo el tiempo que yo considere para desarrollar mis capítulos ya que tengo ideas bien buenas para esta historia llena de drama, desilusiones, sufrimiento, malas palabras, traiciones, eventos sexuales desafortunado… Y mucho dolor psicológico.
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