Erase una vez en un mundo mágico conocido como Arendelle, había una malvada reina, cruel y ambiciosa. Vivía con el temor de que un día su hijastro se casara y ella perdiera el trono para siempre... y con eso, hizo todo en su poder para evitar que el príncipe conociera a esa princesa especial con quien compartiría el "beso de amor verdadero"

Lejos del reino, adentrándose al bosque encantado, una joven danzaba dentro de su pequeña cabaña mientras trataba de recrear, en una estatua, aquel maravilloso príncipe con el que había soñado.

Un suave golpe en su espalda la hizo voltearse, encontrándose con un caballo de agua sujetando una pequeña canasta repleta de objetos para su estatua.

– ¡Nøkk! – exclamó riendo.– ¡Oh! Gracias, se verán perfectos.

Elsa dejó en el suelo la canasta y se dispuso a recoger lo que veía conveniente para poder terminar. Sintiendo la suave brisa de Gale cerca suyo y como Olaf parecía divertirse con las pequeñas flores que Pascal había conseguido junto a Bambi.

– ¡Oigan, oigan! No estorben el paso, ¡por favor! – exclamó Bruni, una pequeña salamandra de color turquesa.– ¡Tenemos una cara que terminar de hacer mientras esté guardado en su subconsciente!

– Ow, Bruni... fue un sueño tan hermoso.– suspiro ella con una sonrisa.– Abrazados juntos, bailando y...

– ¡Mira, Elsa! ¡Estos son para los ojos! – chillo Thumber sosteniendo dos perlas verdosas.

Elsa las sujeto con una amplia sonrisa, tan emocionada.

– ¡Son verdes! ¿Como lo supiste? – preguntó acercándolos a sus ojos.– ¡Y resplandecen igual que los suyos!

La chica se acercó hasta la estatua, colocando con cuidado las dos piedras brillantes antes de chillar emocionada. Había terminado de recrear al hombre de sus sueños y no podía esperar para enseñárselo a sus pequeños y dulces amigos animales

– Les presento a mi verdadero amor.– comenzó girando la estatua.– mi príncipe, mi sueño vuelto realidad.

Una simulación de príncipe encantador se veía allí. Creado con diferentes objetos que tanto Elsa como los animales del bosque y espíritus habían conseguido. De ojos verdes y un cabello peinado con patillas, su saco blanco y estando en una pose tan heroica y de ensueño. Elsa sonrió, volviendo a ver a su príncipe, hasta que algo la hizo exclamar.

– ¡No puede ser!

– ¿Qu-que? ¿Que pasa? – preguntó asustado Bruni.

– Uh... olvide ponerle sus labios.– murmuro Elsa frunciendo los labios.

– ¿Por que necesita labios? – preguntó Flower.

– Bueno cuando tú conozcas a tu gran amor... Harás antes de nada la prueba de rigor.– les explico colocándose de cuclillas.

– ¿Su rabito torcerás? – preguntó Thumber.

– ¿Sus semillas le darás?

– ¡No! – rio.– Algo que a todos... Dulce les sabrá

Elsa volvió a levantarse, caminando por la cabaña con todos siguiéndole los talones.

– Con un beso de amor soñé... Y un príncipe que me lo de... – confesó.– Eso traen al final los grandes cuentos...

Elsa sonrió al sentir como Gale dejaba una pequeña corona de flores sobre su cabeza.

– Y ambos labios necesarios son... Al tocarse cumplen su función.– tarareo.– Lo que siempre a ti te feliz te hará... Tras de un beso de amor esta...

Acaricio el rostro de la estatua, manteniendo su sonrisa antes de alejarse. Bruni noto la expresión en su rostro, estaba pensando cómo solucionar aquel problema.

– Si quiero encontrar el par perfecto de labios, necesito conseguir más ayuda.– habló la chica acercándose a la ventana.

La ayuda de diferentes animales comenzó a llegar tras oír el dulce llamado de Elsa. Trayendo consigo diferentes objetos que podían pasar como los labios de aquel príncipe azul.

Pasando uno por uno, Elsa no parecía estar tan conforme con las búsquedas. Pero al fin encontró uno que parecía encajar perfecto, lastimosamente, era una oruga que se marchó molesta.

– Lo que siempre a ti feliz te hará... – canto Elsa acercándose a la estatua.– Tras de un beso de amor esta...

Cerca de allí, el hijastro de la reina, el príncipe Hans, se encontraba persiguiendo a un gigante que cayó luego de tropezar con la elaborada trampa del príncipe.

– ¡Cuidado! – advirtió Hans.

Al caer, un hombre fornido y grande, casi doblándole el tamaño al príncipe, llegó corriendo felicitando al joven príncipe por su nueva caza.

– Si, si. Se que es divertido cazar gigantes, pero mi corazón... – Hans suspiró con una pequeña sonrisa.– Quiere... Quiere encontrar a esa chica especial... aquella con la que compartiré el beso de amor verdadero... Con un beso de amor soñé y un prin...

Una suave y dulce voz se unió a la del príncipe, haciéndolo detenerse.

– ¿Escuchas eso, Ralph? – preguntó Hans.

– ¿Perdón? ¿Escuchar qué? Yo no escucho nada, absolutamente nada.– balbuceó el hombre.– Quizás sólo sea el viento... ¡Si, si! Debe ser el y...

– Y debo encontrar a la dueña de esa hermosa voz.– concluyó Hans, decidido.

– ¡No, no! ¡Su alteza no vaya! – rogó Ralph.

Hans subió a su fiel corcel, Sitrón, sujetando sus tiendas para poder emprender camino.

– ¡Sigue esa hermosa voz, Sitrón! – ordenó el príncipe.

El príncipe cabalgaba a gran velocidad, tarareando la misma melodía que había escuchado y viéndose interrumpido por el mismo gigante que corría en su misma dirección, parecía que el también había quedado embobado con esa maravillosa y hermosa voz.

Mientras tanto, Elsa acariciaba la cabeza de Bruni que parecía estar a punto de caer dormido. Sin embargo, una pregunta lo hizo alzar la cabeza.

– Elsa, ¿En serio crees que tu príncipe soñado existe? – preguntó.

La albina sonrió, dándole un suave golpe en la cabeza de forma juguetona.

– Se que está en alguna parte, Bruni.– suspiro la doncella.

Ambos voltearon a los animales que, asustados, señalaban hacia la ventana. Elsa levantó una ceja al escucharlos.

– ¿Ay? ¿Ay con que?

– ¡Ay voy a comerte! – rugió el gigante.

Elsa grito al verlo, corriendo lejos junto a los demás animales que habían logrado escapar de la cabaña. Mientras ella trepaba el árbol que sostenía su hogar, mirando sobre su hombro a la temible criatura que repetía el delicioso sabor que ella debía tener. Bruni fue a su rescate, rasguñándole el ojo al gigante que solo gritó de dolor, arrojándolo y siendo salvado por la albina.

– ¡Te tengo! – grito Elsa abrazándolo contra su pecho.

– ¡Llegó tú final! – exclamó el gigante.

Acercando su mano, Elsa trago pesado mientras se movía más lejos de él. Por suerte, una espada se clavó sobre al muñequera de cuero que este vestía. La albina miró al suelo, donde un joven sobre un caballo se encontraban.

– ¡No temas bella dama, ya estoy aquí! – grito Hans.

Elsa soltó a Bruni, cayendo a otra rama y sujetándose con ambas manos. El gigante cayó al suelo cuando quedó solo, quedando inconsciente. La salamandra corrió en rescate hacia su amiga, tratando de sujetarla al ver como sus dedos resbalaban con la corteza del árbol.

– ¡Elsa, sostente! - pidió colocando sus patas sobre la mano de la chica.– No te voy a...

Pero fue tarde, la mano de Elsa había soltado la rama y ella fue cayendo, chocándose con las algunas hojas que se enredaron en su cabello. Golpeándose con las débiles ramas que había y cayendo en los brazos de aquel príncipe. Elsa suspiro al verlo, quedando perdida en sus ojos verdes.

– No puedo creerlo... – murmuro acariciado su mejilla.– Eres tú...

– Si, soy yo.– rio Hans.– ¿Y tú eres?

– Elsa...

– ¡Oh, Elsa! – exclamó Hans.– Nos casaremos por la mañana... La más bella dama del lugar... Eres mi...

– ... razón de ser y amar... – interrumpió Elsa con una sonrisa.

– Lo que con los años crecerá... – cantaron ambos.

Hans sujeto las riendas del caballo, habiéndolo volver a cabalgar en dirección al castlllo.

– Es un recuerdo... – tarareó Hans.

– De amor eterno... – entonó Elsa abrazándolo del cuello.

– Que tras de un beso de amor sabré...

Ambos cabalgaron hacia el atardecer juntos, sin tener la menor idea que la mismísima reina los estás observando mediante su espejo mágico.

– Con que ella es la simpática criatura que desea quedarse quedarse con mi trono... ¡Eso nunca! – grito Gothel, alejándose del espejo.

Solo debía idear un plan que sacara a esa chiquilla del medio, alejaría de su dulce e inocente hijastro y podría seguir reinando Arendelle por muchos años más. Pero debía ser rápida, Hans no tardaría en llegar y anunciar su compromiso con esa niña.