El amor es un suspiro de esperanza al que todos nos aferramos en algún punto de nuestras vidas, pero este no va de la mano con la magia.

Cherry'sFeathers

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Él no concebía siquiera la idea de enamorarse, eso era algo que en definitiva no estaba entre sus planes. Y es que no era para menos, su personalidad un tanto retorcida y el que disfrutase de poner a las personas en situaciones "complejas", por decir lo menos, le había hecho desterrar la palabra "amor" de su vida.

Para él era algo carente de significado, estaba más que acostumbrado a la soledad y no deseaba tener a nadie husmeando en su entorno o criticando sus costumbres. Esas que le divertían y hasta placer le producían al ver a las personas tratar de desenmarañarse de sus sucios trucos de magia.

Él era así, quizá el ser una reencarnación había influido en su aptitud que no distaba mucho de la del antiguo mago Clow, ambos seres acostumbrados a jugar al ajedrez con piezas humanas. Aunque en un principio negaba el parecerse a Clow Reed, la triste realidad era esa. La manzana no había caído muy lejos del árbol.

Tal vez en parte eso había influenciado para desterrar cualquier pensamiento romántico de su vida. En ocasiones solía despertar con la respiración entrecortada tras un mal sueño, le llevaba varios minutos el recomponerse del vívido sentimiento de frustración, desesperación e impotencia, esa que no era suya, sino la que Clow había experimentado al querer salvar a la única mujer que en verdad había amado. El dolor era tan lacerante que él había preferido mantenerse al margen de esa clase de relaciones.

Entonces. ¿Cómo era qué había llegado a esa absurda situación en la que actualmente se encontraba?

Ni él mismo lo sabía, en esos momentos la mujer que dormía plácidamente entre sus brazos era lo más valioso y sagrado para él.

Sonrió y la jaló hasta pegarla aun más a su torso desnudo. Si alguien le hubiera predicho que terminaría así, se hubiera reído en su cara y negado, pero ahora le era imposible hacerlo.

Hace dos años al despertar por la mañana e ir al British Museum ubicado en el centro de Londres, para recrearse con las nuevas exposiciones de arte, no pensó terminar tras una bella chica que caminaba por los pasillos con aire distraído contemplando las pinturas. Por mucho que luchó por apartar su mirada de ella le fue imposible… Estúpido quizás pero el mago considerado por todos un sádico había sido hechizado por un grácil ninfa sin magia. Su andar era casi místico, los mohín que hacía con su diminuta nariz le resultaban tiernos y sus ojos, inquisitivos que expresaban la máxima curiosidad. Una que buscaba desentrañar aquellos secretos que habían llevado a los autores de las distintas obras a plasmarlos en pinturas…

—¿Vas a saludar o te quedarás allí parado solo observando?

Le había preguntado la jovencita, con una mirada cargada de ironía. Él solo se había limitado a sonreírle pues no era un crío y de algo le servirían las memorias que aún conservaba de Clow Reed.

—Milady. Pido me disculpe por mi grosería. Soy Hiragizawa Eriol. —Hizo una reverencia mientras besaba el dorso de la mano femenina.

Ella simplemente se había limitado a sonreírle seductoramente. Y en ese preciso instante comprendió que estaba totalmente perdido...

—Amor ¿qué hora es? —preguntó, su amante en tono somnoliento mientras se estiraba entre sus brazos.

El joven inglés sonrió y besó su frente. —Creo, pasan de las diez —murmuró.

Al ver que ella solamente se acurrucó aun más en torno a su cuerpo. Una de esas enigmáticas sonrisas que a ella tanto le fascinaban se le dibujó en el rostro, una de la que ella se estaba privando en esos momentos por estar de perezosa. Coló una de sus manos entre las sábanas hasta dar con una de las cimas rosas que coronaban sus bellos y firmes senos, lo estímulo hasta endurecerlo. Al instante ella se retorció y soltó un suspiro de placer, como impulsada por un resorte invisible se incorporó, y se posesionó a horcajadas sobre su acompañante, le besó en los labios mientras él posaba ambas manos en las caderas femeninas.

—Me encantaría cabalgar un poco por los amplios y verdes pastizales de Londres antes de ir a trabajar —ronroneó.

—Sus deseos son órdenes para mí —respondió.

Se sonrieron mutuamente y dieron rienda suelta a una sesión de sexo matutino. Adoraban esa faceta en la que podían ser ellos mismos y disfrutar uno del otro. En temas de desnudez no eran tímidos, simplemente eran criaturas liberales que pensaban que ver y disfrutar de sus cuerpos entrelazados y sudorosos, era igual a ir al museo y contemplar la más exquisita colección de arte. Los gemidos y suspiros no tardaron en inundar la habitación, seguido de un sin fin de palabras dulces y uno que otro comentario picante.

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Parte de su rutina diaria comprendía en practicar su magia. Por ello luego de haberse despedido de su amada, se había dirigido al patio trasero a realizar encantamientos en compañía de sus creaciones: Ruby Moon y Spinel Sun. Ellos al igual que su novia residían en su mismo hogar. Sus guardianes eran los únicos que conocían la meta que él se había impuesto, esa no era otra que superar a Clow Reed y no cometer sus mismos errores en el proceso.

El conocer a la mujer que ahora formaba parte importante de su vida lo había llevado a cambiar de perspectivas. Ella lo hacía querer ser una mejor persona, por eso deseaba darle la sorpresa, el descubrimiento de algún hechizo que fuera un bien para la humanidad y no iba a parar hasta conseguirlo.

Ella era la única que había confiado plenamente en él y no lo juzgaba por su pasado, muy por el contrario trataba de hacerlo sentir especial, y le recordaba a diario que él era Eriol Hiragizawa, que tenía el poder para elegir y cambiar su futuro sin tener que arrastrar las cadenas de unos demonios que no le pertenecían.

Soltó un suspiro. —¿Tanto te amo como para llegar a esto? —le preguntó en un susurro a la nada.

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¿Dónde estaba? No tenía ni la menor idea. Obscuridad y silencio era todo lo que él podía observar y escuchar en esos momentos, hasta que este fue irrumpido por su propia voz

—Iluso, ¿en verdad crees poder conservar tu magia y al amor a la vez?

—¿Quién eres? ¿Qué es lo que quieres? —preguntó con dificultad.

—Soy la conciencia que has tratado de acallar en lo más recóndito de tu mente.

Ante la respuesta guardó silencio. Si bien el que le hablaba era su propio eco, eso no garantizaba nada. Podía tratarse de algún truco de magia efectuado por otro mago que pretendiera atacarlo.

—¿Eras enemigo del mago Clow...?

—En absoluto. Él al igual que tú, no han sabido el deber que conlleva portar magia. Es un don y a su vez una maldición… Los magos no han nacido para el amor y entre más se aferren a los placeres mundanos de la vida peor será su destino.

—¡Cállate...!

—Reencarnación o no… Estás a punto de caer por el mismo precipicio por el cual cayó el antiguo mago al que representas. Seré piadoso contigo y dejaré que eches un vistazo a lo que se avecina.

Un destello de luz apareció ante sus ojos azules, al instante se vio a él mismo parado en el portal de su casa. Estaba despidiéndose de alguien más no veía claramente su rostro. Cuando estaba por ingresar a su hogar; un grito desgarrador resonó. Todo lo demás se volvió confuso…

—¡NO! —gritó, se incorporó de un salto sobre la cama hasta quedar sentado en esta. Su respiración era errática, el sudor perlaba su rostro y ancho pecho. «¿Qué rayos fue todo eso?»—. Malditas pesadillas —masculló.

Soltó un suspiro y giró su cabeza un poco a la derecha. Sonrió al ver que no había despertado a su novia con sus gritos, se recostó junto a ella, la envolvió entre sus brazos mientras escondía el rostro en el cuello de la chica y absorbía su exquisita fragancia. La amaba con su vida y mientras ella estuviera a su lado nada más le importaba.

—¿Todo bien amor? —preguntó ella entre la inconsciencia del sueño.

Él reprimió una carcajada que ya burbujeaba en sus labios, podría incluso caerles la casa encima y ella seguiría durmiendo. Pero cada que él tocaba algún punto por demás sensible en ella, aún entre sueños le hacía preguntas como esa aunque al día siguiente no recordará siquiera haberlas hecho. Negó con la cabeza y besó el níveo hombro desnudo de su amada.

—Duerme tranquila dulce amor, yo cuidare de ti siempre —susurró en su oído. Ella soltó un quejido que sonó más bien a un ronroneo.

«Nada malo va a pasar. No puede. No ahora que te tengo en mi vida… A ti y mis guardianes Tomoyo».

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El canto de los pájaros lo tenían hastiado, prácticamente no había pegado el ojo en toda la noche, cada que trataba de conciliar el sueño las imágenes de sus pesadillas reaparecían. Tomó la almohada y se cubrió la cabeza tratando infructuosamente de amortiguar el ruido con esta. Frustrado, se quitó la esponjosa bola blanca y la arrojó contra la ventana, no pensó mucho en ello y al segundo siguiente, cuando un rayo de sol lo dejó viendo lucecitas de colores se encontró maldiciendo.

Bufó y con una de sus manos frotó sus ojos, mientras que con la otra palpaba el lado opuesto de la cama. Frunció el ceño al no sentirla ahí, junto a él.

—Cariño se te han pegado las sábanas este día —bromeó Tomoyo.

Eriol enfocó su mirada color zafiro en la erótica imagen ante él. Su amada amatista saliendo del cuarto de baño, con una diminuta toalla que apenas y le cubría lo justo. Enarcó una ceja y con una sonrisa ladina dijo.

—Parece ser que este día fui yo el que se despertó tarde. Aunque no pueda afirmar que esté del todo despierto, puede que necesite una dosis de tu cafeína nena.

Ella soltó una risotada, caminó hasta un mueble y de los cajones sacó ropa interior limpia. Si él quería jugar a la seducción en horas de la mañana ella no tendría conflicto en emplear todas sus armas. Giró sobre sus talones quedando frente a él que yacía sentado en el borde de la cama, sus ojos amatistas chispearon y una sonrisa seductora acudió a su rostro.

Eriol veía de lo más entretenido a su novia, a espera de lo que su cabecita maquiavélica pudiera estar tramando, esas provocaciones eran una constante en sus vidas. Pero nadie podría haberlo prevenido del cúmulo de sensaciones que se desatarían en sus entrañas, y es que verla dejar caer la toalla al piso y quedar tal cual dios la trajo al mundo ante él, fue más que suficiente para sentirse desfallecer. Se relamió los labios mientras sentía que el oxígeno volvía a sus pulmones, tal vez podría convencerla de ir con él a la ducha y hacer el amor. De lo contrario le tocaría apaciguar su ardor a él mismo.

Para su desgracia Tomoyo tenía otros planes. Se sentó en la silla frente al tocador, pero no de espaldas a él sino por el contrario, le sostuvo la mirada sin desviar sus ojos amatista ni una sola vez. Y como toda mujer dispuesta a torturar a un pobre diablo que no hace sino otra cosa más que contemplar su recinto sagrado; empezó a aplicarse crema en su tersa piel. Él sintió como toda la habitación daba vueltas, el calor se le acumuló en la entrepierna mientras ellas seguía con un pastoso ritmo acariciándose el cuerpo, tuvo que apretujar las sábanas y tragar grueso cuando ella abrió sus muslos y frotó esa zona que justamente él estaba anhelando palpar. Achicó los ojos cuando ella le dio un guiño mientras se aplicaba colonia en el valle de los senos y el cuello.

No soportando más el dulce suplicio que se había apoderado de todo su ser. Se levantó y como un crío ante su primer erección, corrió al baño y cerró con un sordo portazo mientras la escuchaba reírse a carcajadas por lo que había provocado.

Una vez resguardado en la seguridad de ese minúsculo cuarto masculló. —Mujeres… Benditas y jodidas mujeres.

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—¿Todo bien amor? —cuestionó, haciendo énfasis en la última palabra. Él no respondió y ella agregó—. Te has demorado más de lo habitual en el baño. Bueno no cojas un resfriado por permanecer tanto tiempo bajo el chorro de la ducha. —Eriol la fulminó con la mirada, y ella le regaló una sonrisa que distaba mucho de ser "inocente".

Cuando se disponían a desayunar Ruby Moon irrumpió en el gran comedor seguido de cerca por Spinel Sun. Tomoyo les dedicó una sonrisa, mientras veía como el primero devoraba los alimentos bajo la expresión aburrida del segundo.

Eriol los escuchaba hablar sin realmente hacerlo. Por una extraña e inexplicable razón se sentía intranquilo, no había podido recordar nada de lo acontecido en su sueño de la noche anterior y eso aunado con que lo habían dejado con las ganas por la mañana, lo tenía un poco cabreado. Había algo que debía recordar pero no lograba dar con ello, solo sentía una opresión en su pecho y las ganas de retener a su amada todo el tiempo que le fuese posible a su lado.

Sintió orbes amatistas observarle inquisitivamente. Él negó con la cabeza y le sonrió. Ella asintió y continúo ingiriendo sus alimentos.

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Después de desayunar Eriol se encontraba de mejor humor, debía entrenar como todos los días y por eso pidió a sus guardianes ir al patio trasero, mientras él despedía a su ninfa.

Iban caminando con sus manos entrelazadas por el sendero que conducía a la entrada principal. Entre las cosas que él más atesoraba estaban esas caminatas en mutuo silencio, tenían días de no poder salir a dar un paseo debido a las responsabilidades que le estaban absorbiendo hasta la médula. Sin embargo ya estaba cerca de cumplir su objetivo y esa noche podrían darse un respiro e ir algún lado, así que sin más preámbulos mentales propuso:

—A la hora de la salida paso por ti y vamos a cenar. ¿Qué te parece?

Ella enarcó una ceja y dijo. —Eso se asemeja más a una orden que una invitación.

Intercambiaron miradas durante unos segundos para estallar en risas al unísono. Así de mal estaban, como locos era que muchos les percibían, como una pareja dispareja que reían de la nada dejando confusión en el rostro de aquellos que les veían. Porque nadie, excepción de ellos mismos comprendía la conexión que los unía.

—Nos vemos en la noche, y por favor no llegues tarde.

—Me ofendes cariño. Sabes que jamás llego tarde a nada, y mucho menos si tú estás involucrada.

—Eso espero, o de lo contrario tendrás que darte otra larga y fría ducha solo —dijo, dejando un casto beso sobre los labios del muchacho.

Una sonrisa boba surcaba el rostro del joven mago mientras le veía partir. Por nada ni nadie del mundo cambiaría lo que en esos momentos tenía en su existencia. Ella lo hacía sentir pleno y le daba un valor inigualable a sus días.

La vio detener sus pasos en la esquina, y girarse para sonreírle. Él le regresó el gesto y ella le lanzó un beso que él simuló atrapar y guardar en su corazón. Con un agitamiento de mano se dijeron un "hasta luego", ellos jamás usaban el término "adiós" ya que esa palabra comprendía una despedida que para ellos significaba una separación definitiva.

Antes de darse la vuelta para cruzar la calle, Tomoyo le dio un guiño. El mago sonrió y negó con la cabeza. Estaba por pasar la verja cuando un estrepitoso golpe resonó seguido de un grito.

De inmediato, giró la cabeza para ver de quién provenía aquel alarido de dolor. Entonces, sintió como todo su mundo se desmoronaba ante sus ojos. No podía creer lo que veía, estaba en estado de shock, su mente reproduciendo una y otra vez la misma escena gris. Su amada, flotando varios metros por sobre el suelo para finalmente caer e impactarse contra el frío pavimento. Un auto, que iba a exceso de velocidad, la había embestido. Quería correr junto a ella pero su cuerpo no respondía, sin siquiera notarlo lágrimas surcaban su rostro. Solo pudo reaccionar cuando vio al conductor bajar y correr a auxiliar a su novia que yacía inerte en mitad de calle. Un desgarrador grito escapó de su garganta y en ese preciso instante sus pies se movieron por sí solos. Unos pasos antes de reunirse con ella frenó en seco al escuchar:

—Si tienes magia... En esta vida no tendrás amor.

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Estaba en la sala de su casa, un cuerpo sin vida yacía entre sus brazos. Gotas color carmín chorreaban la verde alfombra. Agonía, miseria, una mierda era como realmente se sentía en esos momentos. Siendo la reencarnación del mago más poderoso de los últimos tiempos, no había reaccionado con rapidez para impedir que Tomoyo muriera. Si tan solo hubiese usado la carta viento habría podido evitar la tragedia en la que estaba sumido. Patético, inútil intento de hombre y mago, eso es lo que él era.

Las lágrimas no cesaban en su afán de caer nublándole en el proceso la visión. Aunque eso no era un impedimento para ver el rostro ensangrentado de la mujer que amaba con el alma. Sus orbes amatistas no verían luz nunca más... No, eso no podía estarle pasando. No a él, no a ella que no había hecho sino otra cosa más que amarlo sin restricciones. Considerarlo bueno y especial pese a él creer todo lo contrario

Caminó hacia la chimenea, se sentó en posición de loto frente a esta, mientras observaba el crepitar del fuego aún con su amada en brazos. Empezó a mecerse hacia adelante y atrás a medida que tarareaba una melodía, arrullando a su razón de ser. Con una de sus temblorosas y ensangrentadas manos, le apartó los cabellos del rostro, dejó un casto beso en los pálidos y fríos labios, esos que ya no volverían a corresponder las caricias de los suyos. Más lágrimas brotaron y por un instante, pudo sentir que estas eran lágrimas del corazón y no de sus zafiros.

Tras las puertas las voces de sus guardianes se escuchaban, le suplicaban que los dejara pasar. Pero él les ignoró.

—Creí que el matar a ese conductor le supondría cierto alivio a tu alma. Veo que me he equivocado.

Escuchó su propia voz a sus espaldas.

—¡Lárgate! Déjame solo.

—Estás solo… Siempre lo has estado y lo estarás.

El mago sonrió tristemente. —Lo sé, lamentablemente me he dado cuenta demasiado tarde. ¿No crees?

—¿Qué estarías dispuesto hacer por esa chica?

—Mejor pregúntame... ¿Qué no estaría dispuesto hacer?

—No, mejor aún ¿Qué estarías dispuesto a dar a cambio de traerla nuevamente a la vida?

Esa última interrogante fue más que suficiente para que aún en su posición actual se las ingeniara para girar sobre sí. Al hacerlo, soledad lo recibió, tal vez había enloquecido y nadie se había percatado de ello, o era una de esas personas con desorden de personalidades múltiples. ¿A quién le importaba realmente eso? A él no, aunque solo fuera en su desquiciada mente quería creer que podía traerla una vez más.

—Todo… Daría absolutamente todo lo que poseo, incluso hasta mi propia alma con tal de verla sonreír una vez más.

—Yo puedo darte todo eso que anhelas... Si pagas un precio justo por supuesto.

—¿Cómo puedo confiar en ti, sino te muestras ante mí? Te ocultas en mis sueños, incluso ahora que no estamos en uno sigues utilizando mi voz.

Tras esa acusación el silencio se apoderó del lugar, no supo durante cuánto tiempo estuvo esperando una señal que nunca llegó. Soltó un suspiro en verdad creyendo haber perdido la cordura, estaba por volverse hacia la chimenea cuando un destello de luz inundó la estancia. Cerró sus pupilas hasta que le fue posible enfocar la mirada en un hombre alto, de cabellos oscuros sujetos en una coleta. Pese al dolor por el cual estaba pasando sonrió con ironía.

—¿En serio? No sé te ocurrió usurpar la apariencia de otro que no fuese el bastardo de Clow.

—Caer, o no caer por el mismo precipicio que él lo hizo. Mmm… La línea es tan delgada que no dudo después de esto puedas comprenderlo y empatizar con él...

—¡Jamás! —bramó.

—Eso quiere decir que tu deseo por salvar a esa mujer era falso…

—¡No! Ella es todo para mí.

—De acuerdo. Vida por vida reencarnación de Clow Reed, ella aún no cruza la última puerta. Puedo traerla de regreso pero el precio equivaldría a dos vidas...

—¡Toma la mía...!

—Las cosas no funcionan así. Deberías saber que para aceptar un trato debes esperar que te expliquen los pormenores.

Eriol asintió, se incorporó, caminó hacia el sofá y depositó el cuerpo de su novia en el. Dio media vuelta para quedar frente a frente con su verdugo. Sí, eso era aquel ser, un enviado del infierno que venía hacerse con su alma, pero por ella bien valía ir al infierno.

—Tu vida apenas y alcanza para frenar su paso por el inframundo. La segunda sería para hacerla renacer —siguió con su explicación mientras caminaba entorno al peliazul—. Y la tercera, será para enviarla a una dimensión y tiempo distinto. Comprenderás que en este universo ella ya no tiene cabida.

—¿Qué otras vidas puedo dar si solo poseo la que tengo?

—La de tus amados guardianes.

Silencio volvió inundar el lugar. Si bien él ya se esperaba algo como eso no quería decir que le fuera grato de hacer. Una parte de su ser le gritaba que no lo hiciera, que su amada no le perdonaría tal cosa. Pero otra, esa en la que estaba guardado su amor por ella, le pedía mandar todo al demonio, eso era lo correcto, después de todo si él no la hubiese arrastrado a su mundo ella no hubiera perecido. El sujeto frente a él se lo confirmaba, tener que repetir los errores de Clow quizás fuera lo más bizarro que tendría que hacer siendo Eriol Hiragizawa.

Un última alarma se disparó en su mente, pero su juicio ya estaba nublado por el dolor. Con un nudo en la garganta, el alma hecha pedazos, sus ojos abnegados en lágrimas y los puños apretados a sus costados, dijo:

—Acepto lo que sea. En esta como en la otra vida ya he manchado mis manos —afirmó, bajó la mirada al recordar cómo había hecho desintegrarse el cuerpo de aquel que había arrebatado a su ángel de sus brazos—. Yo, he hecho cosas de las que no me enorgullezco. Si puedo retribuirle un poco de lo que Tomoyo me dio lo haré

—A mi no tienes porque mentirme, sé que tu vida no tiene un límite. Me entregas esta y al igual que ella renacerás… Con la única diferencia de que sin importar cuántas veces lo hagas, estarás maldito por el resto de la eternidad. Cómo sea ya nos retrasamos mucho, trae a tus guardianes si es qué aún sigues dispuesto hacer esto.

Eriol se dirigió hacia la puerta, sacó los pasadores, un Ruby Moon y Spinel Sun deshechos en lágrimas se abalanzaron sobre su creador en un fraternal abrazo, tratando de transmitirle todo su afecto y apoyo. El joven mago sintió su corazón apretujársele, las piernas le fallaron y maldijo internamente una y mil veces su miserable destino.

El otro sujeto que estaba en la sala observaba todo con una chispa de diversión. En una de las manos de Eriol hizo aparecer un destello de luz que aparentemente solo era visible a sus ojos, cuando este desapareció en su lugar quedó una daga de empuñadura dorada, con una piedra roja incrustada en el pomo. Abrió los ojos de par en par, no pudiendo creer lo que eso significaba. El usurpador demandaba arrebatarle la vida a sus guardianes con sus propias manos.

Negó con la cabeza sin deshacer el abrazo en el que lo tenían envuelto sus familiares, sí, su familia porque eso eran ellos para él. El otro sujeto solo le asintió, confirmándole todos sus temores. ¡Maldito! Una y mil veces maldito fuera él por lo que se disponía hacer. Incorrecto o no ya no había vuelta atrás. Solo le pedía a los dioses que ellos al igual que su adorada amatista pudieran perdonarle.

Sin querer retrasar más lo inevitable, y con un "por favor perdónenme" clavó el frío acero desde atrás, directo al corazón del guardián con apariencia femenina, para seguir con el otro. Ambos le veían con dolor y como el traidor que él era, aunque lo que más le dolía al mago era la clara decepción que sus orbes reflejaban, la misma que su amada tendría de poder ver lo que había hecho. Se dejó caer al piso de sentón, acomodó las cabezas de sus dos víctimas en su regazo y se quedó así. Acariciando los cabellos de uno y el pelaje del otro, hasta que sus vidas se extinguieron entre sus manos, llevándose consigo la poca humanidad que aún le quedaba.

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Londres Inglaterra, cinco décadas después.

Contemplaba la nueva exposición de arte del British Museum, como en aquel primer día en que la vio. Después de cincuenta largos años le vería de nuevo, o al menos eso había esperado. Lamentablemente la noche había caído en la ciudad Londinense y ella seguía brillando por su ausencia. Suspiró, todos los momentos felices vividos con ella acudieron a él, como si le estuviesen mostrando una película. Ese era el momento en que sabría si sus atrocidades habían surtido el efecto deseado, o si se había condenado en vano. En el exterior él seguía siendo aparentemente el mismo pero eso no era más que una fachada, había renacido siendo un mago con el don de la magia oscura, tal cual le había declarado aquel individuo. Por otro lado, se había asegurado de que su amada seguiría siendo la misma.

Dio un último vistazo al lugar, nada… No quedaba un sola alma en la estancia. Volvió a suspirar.

«Tal vez me tomaron el pelo» pensó, mientras avanzaba por uno de los pasillos principales sin dar con ella. Detuvo su andar al contemplar una pintura, La Noche Estrellada de Van Gogh, era como estar dentro de una especie de sueño, y extrañamente le recordaba a sus nuevos poderes: «Oscuros y silenciosos como la noche misma» reflexionó. Tan absorto en ese pensamientos había estado, y suspirando de vez en cuando que no notó la presencia a sus espaldas...

—Y si en lugar de dejar sin oxígeno al resto de la humanidad me invitas a un café.

Como un torbellino giró sobre sus talones para encontrarse de cara con el amor de su existencia, su melodiosa voz era un cántico divino. A penas y podía creer tenerla ahí, parada ante él, estaba aún más hermosa que la última vez en que la vio: con un vestido blanco de mangas largas, unas medias y zapatillas en color negro, y sus cabellos azabaches cayendo en ondas. Luchó contra el impulso de estrecharla entre sus brazos, él la recordaba pero ella no. Esa había sido una de las cláusulas de aquel trato.

Sonrió y ofreció su brazo, cosa que ella no dudó en tomar.

—Mil disculpas por mis malos modales, mi… —Negó con la cabeza, era una nueva etapa y no sería un buen augurio iniciar de aquella misma manera, optando por decir algo más, agregó—. Mi bella ninfa de ojos amatistas.

Tomoyo le sonrió como solo ella lo solía hacerlo. Se encaminaron con sus brazos entrelazados hacia la salida, y en ese pequeño tramo el mago lo comprendió todo. Ya no volvería a juzgar a Clow Reed por sus pecados, y a ninguna otra persona, porque no es sino hasta que estás en sus propios zapatos que ves el panorama completo. Por amor él había cometido errores aún peor, y sabía que de ser necesario seguiría haciéndolo, no importaba cuántas veces tuviera que enviar su alma al infierno, ni mucho menos interesaban las vidas que tuviera que sacrificar para ello. Solo deseaba conservar a su amada por siempre a su lado.

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¡Uuff! Escribir este shot ha comprendido todo un desafío para mí. Después de mi intento por ir en primera persona en el último shot, quedé en un especie de limbo, creo que experimenté eso que muchos suelen llamar pérdida de la voz narrativa.(Que horror, soy nueva y ya ando con complejos jajaja)

¡HE VUELTO Y ESO ME HACE MUY FELIZ! La verdad estoy saturada y ciertos fic anda descuartizados por ahí en el drive, jejeje que cosas ¿no?. Creo que más de uno de nosotros ha experimentado esa sensación de inconformidad por lo que hacemos, pues precisamente es eso lo que me está pasando. Tengo buena parte de los capi pero no me cuadra, cambio y modifico más de lo que avanzo, ya veremos qué puedo hacer al respecto.

Mientras les traigo regalitos (y que regalitos). ¡Disfruté, amé y adoré escribir este bebé! ¡Woow! No miento al decirles que ya extrañaba escribir: drama, romance y tragedia muajajajajajajaja soy como pez en su pecera cuando lo hago.

La verdad, escribir para mí comprende un escape, algo que me permite relajarme y echar a volar la imaginación. Sin embargo he estado apunto de hacer todo lo contrario, un verdadero caos y una carga de presiones innecesarias. Con esto de la escritura solo busco pasármela bien, lo que menos me apetece es dejar de disfrutar de esta nueva experiencia por estar armando me líos tontos. En fin agradezco su incondicional apoyo y cariño, el que dediquen parte de su valioso tiempo para leer mis locuras, en verdad no saben cuánto lo aprecio, me hace muy feliz cuando llegan sus comentarios.

Espero se encuentren bien y este pequeño granito de arena que dejó acá sirva para distraerlos de todo lo que está aconteciendo en el mundo. Por favor cuídense mucho.

Bueno este ha sido mi regalo de cumpleaños para Eriol y aunque no lo visualizo del todo con Tomoyito, quise hacerlo así. Y sí, ya sé, soy una cruel y malvada mujer por darle semejante regalo al pobre. Si esperan una disculpa no la hay. Lo disfruté muajajajajajajaja. Espero les haya gustado esta "pequeña" tragedia tanto como a su servidora escribirla.

Besos y abrazos xoxo cuídense un montón, y si no es mucha molestia y les ha parecido buena la trama, dejen sus review ;)