¡Hola! Ya que este fandom me recibió muy bien (gracias de todo corazón :D) aquí vengo con mi quinto fic Sasuhina, pareja que ahora amo totalmente. Es un oneshot que está escrito en segunda persona y que es para gente con criterio formado, pues tiene escenas subidas de tono. Sin más que agregar, ojalá les guste =]


Infieles


A un lado crepitan las leñas de la fogata que has armado a la entrada de una pequeña caverna. El fuego es voluminoso y ardiente, pero en nada se compara al calor ígneo que tú estás sintiendo dentro de ti. Es algo que te quema, que hierve como lava y la única cura que puede apagar esa fulgurante sensación se llama Hinata Hyuga. Por ello, la estás besando con lujuria, con ansias, con adrenalina fluyendo a flor de piel. Lo que ambos están haciendo es un pecado, un error, una terrible afrenta hacia sus verdaderas parejas. Sin embargo, que sea un error te prende todavía más, que sea una infidelidad lo vuelve todavía más sabroso. Te excita el sabor de lo prohibido, de saber que ella no te pertenece y, aún así, la estás tocando igualmente, pues la química que te produce es incontenible. No obstante, no es la piel lo que te ha unido a Hinata: es el amor. Siendo tan lógico y poco emotivo, no traicionarías a tu esposa y a tu mejor amigo si no la amaras con todo el corazón.

Se supone que deberías huir de ella como si fuera un veneno, un tóxico aberrante del que tendrías que escapar a cualquier precio. Sin embargo, es todo lo contrario, ella es el antídoto a tu dolor, la anestesia a tu sufrimiento, el remedio que tanto necesitabas en tu vida.

Hinata es tu felicidad. Sakura, en cambio, no lo es ni lo será. El verdadero error en tu vida no es la infidelidad que ahora mismo estás cometiendo... es Sakura Haruno. Esa es la equivocación por la cual te arrepentirás el resto de tu vida.

Todo empezó por la misión que Kakashi les había asignado juntos. De haber sabido lo que acontecería te habrías negado y obviamente ella también, pero ninguno de los dos pudo ver el futuro y sus nefastas consecuencias. Ambos eran ninjas profesionales, no eran siquiera amigos, ni siquiera les alcanzaba para ser cercanos. Salvo por conocerse por ser las parejas de Sakura y Naruto, eran dos perfectos ignotos que apenas intercambiaban palabras. ¿Quién mejor que tú, el asocial, el misántropo, para cuidar a la novia de tu mejor amigo? ¿Quién mejor que la inocente, la tierna, la eterna enamorada de Naruto, Hinata Hyuga, para que Sakura confiara completamente en dejarlos partir juntos?

¿Qué problema podría haber? Era imposible que, con un carácter tan opuesto, ambos siquiera se llevaran bien. Sin embargo, los días pasaron y la fuiste conociendo mejor. Fuiste grabando en tu mente su suave voz, te fuiste encantando con su adorable timidez; hasta sus sonrojos te fueron causando cierta ternura, cualidad prácticamente inexistente en ti. Inclusive los tartamudeos que le surgían de vez en cuando te fueron mutando de molestos a atractivos. Era la primera vez que una mujer lograba atrapar tu atención de esa manera. La primera vez que una mujer te volvía loco de ansias por conocerla mucho más. Inevitablemente comparas a tu esposa con Hinata y ahora entiendes por qué a Sakura siempre la rechazaste. Y ahora sabes, mejor que nunca, que debiste seguir rechazándola. Cediste a su persistencia, a su obsesión por ti, pero nunca debiste hacerlo. Ahora sabes que tu otra mitad no es la pelirrosa; ahora sabes que Hinata lo es. Que la necesitas, que la ansías, que han nacido para estar juntos...

¡Que la necesitas con infernal desesperación!

Por largos minutos, han devorado sus bocas como si el fin del mundo ocurriera al amanecer. Es el primer beso entre ustedes y sabes que no será el último; no después de todo lo que sientes al contactar tu lengua con la suya. No cuando sientes un incendio de pasión que se propaga entre los labios; no cuando sientes que no es saliva lo que esa lengua tiene, es miel, néctar, un manjar prodigado por un ángel en la Tierra. La besas como jamás lo has hecho con tu esposa. Hinata te enciende, te prende, te hace sentir hombre. Sí, es ella la que te hace sentir un hombre enamorado. Es ella la única que te hace perder el control, que sublima tu instinto y anula tu racionalidad. Con Sakura siempre tienes el control de ti mismo, cada uno de tus movimientos siempre es calculado, nunca te has dejado llevar por el deseo. En cambio, con tu amante estás perdiendo el control, estás anulando totalmente tu habitual frialdad. Con ella descubres que tus hormonas sí pueden desbocarse. Por primera vez, estás ardiendo en verdaderos deseos por una mujer...

Las respiraciones son agitadas, alteradas, anómalas. El aire circundante es hendido por sus calientes alientos, los que contrastan completamente con el frío del ambiente. Vaporoso vaho sale de sus bocas y cada respiro desnuda sus ansias por el otro. El pecado se concretará esta noche o no lo hará nunca.

De súbito, ella pone una mano en tu pecho, intentando separar su boca de la tuya.

—Sasuke... n-no podemos hacer esto. E-es incorrecto —susurra contra tus labios, de los cuales se intenta separar por el mar de culpabilidad. Sabes perfectamente que una chica tan pura como ella jamás pensó que se vería en la odiosa e inmoral situación de ser infiel.

Tú, como la bestia oscura que eres, no sientes ningún remordimiento. Al contrario, te enorgullece que hayas empujado a un ángel como Hinata a cometer un pecado tan grande como el de ahora. Uno que ella, con toda su nobleza, jamás se hubiera atrevido a cometer. Pero tú la has hecho caer en la tentación, tú las has hecho caer en el deseo, tú has corrompido los que parecían sólidos cimientos morales.

¿Eso querías, verdad? Corromperla, oscurecer su bonhomía, hacerla pecar por culpa tuya. Tal como un demonio haría de todo para tentar a un ángel a caer en el pecado y la oscuridad, tú las has hecho caer en la infamia de una infidelidad.

No obstante, ella no es solamente un capricho. Es mucho más que sexo lo que sientes por Hinata. Esa mujer se te ha metido en el corazón con uñas y dientes, ha tocado tu alma y te ha ido purificando paulatinamente con su inocencia. Te ha enseñado cosas que jamás imaginaste aprender. Por eso no quieres dejarla nunca. Habías pensado seriamente en abandonar Konoha por muchos años amparándote en la excusa de una insulsa misión que con tu poder podrías acabar en un santiamén. Con Sakura no tendrías ningún problema en irte muy lejos... pero a ella, a Hinata Hyuga, jamás la abandonarías.

¡Jamás!

—¿Incorrecto? —espetas sus recientes palabras—. En toda mi vida jamás hice algo que se sintiera más correcto que esto —le dices a la vez que la vuelves a besar, enloquecido. Tus manos cobran vida propia: impulsadas por tus hormonas, se van directamente a su trasero. La deseas tanto que lo aprietas más de la cuenta, marcando tus yemas en su piel como un tatuaje de pasión. Tu musa da un gemido que te calienta todavía más, pero desistes de apretar más sus nalgas para no hacerle daño, dado que a ella nunca se lo harías. Es curioso: Sakura tiene un trasero mejor que el de Hinata y aún así tocarla a ella te incendia mucho más. Es la atracción psicológica que se une a lo puramente físico, mezclándose a la perfección. Mezclándose en aquello que se llama amor.

Ella se retuerce, mientras coloca sus manos en tu pecho para intentar colocar distancia. Lo poco que le queda de voluntad intenta seguir resistiéndose.

—P-por favor, Sasuke... detente —te pide en una súplica contradictoria. Tras sus palabras, sus labios siguen respondiendo los besos que le encajas, moviéndose contra tu boca con fulgor. Es una súplica mentirosa, pues carece de la fuerza que la convertiría en verdad.

Ignoras su pedido, porque sabes perfectamente que también te desea; que también te ama. Ahora tus manos viajan hacia sus pechos y notas inmediatamente la gran diferencia que existe con tu esposa. Los generosos senos de Hinata se desbordan en tus palmas y sus erectos pezones son mucho más notables. Tiene un cuerpo tan femenino, tan precioso, que te asombra. Tu tacto se regocija al delinear sus pronunciados montículos, mientras, como poseída, tu boca se mueve hacia su cuello. Hinata te hace saber el placer que le provocas con un jadeo que se prolonga, que se extiende y alarga más allá de lo imaginable.

Es tuya. Aunque intente evitarlo, es total y completamente tuya.

—Detente, por favor... te lo ruego... —entre jadeos, gimoteos y suspiros, te pide en un desfalleciente hilo de voz.

Obviamente tú no le harás caso. Si quiere que te detengas, tendrá que hacerlo ella. Tendrá que demostrarte que es lo que realmente quiere. Ese pedido tan débil, tan pusilánime, nunca podría mermar lo ingente de tu deseo. Anhelas todo de ella, absolutamente todo: su cuerpo, su alma, su amor.

Sin dilaciones, llevas tu siniestra a sus bragas a la vez que esquivas su pantalón; ella intenta impedirlo tomándote por la muñeca. No te importa en lo absoluto: prosigues tu camino, esquivas el tirante y rápidamente contactas el sexo de ella, humedeciendo tus dedos con su irrefrenable excitación.

—Mira cuán mojada estás —le espetas con victorioso regocijo —. ¡Mira cuanto me deseas! ¿Acaso a Naruto lo deseas como a mí sí? ¿Alguna vez has sentido esto por él? ¿¡Acaso él te desea como lo hago yo!? —le vociferas en un súbito arranque de posesión animal.

—Sasuke... p-por favor.

No te lo niega porque no tiene sentido negar lo evidente. Todo su cuerpo te anhela como tú al de ella: sus pezones turgentes, su lengua enredándose con la tuya, lo jugosa que está su intimidad. No es sólo humedad lo que padece; está completamente mojada por ti. Puedes hasta sentir como pequeños hilos de excitación recorren el nacimiento de sus muslos.

—Acéptalo de una vez, maldición. ¡Me amas a mí, Hinata! ¡A mí!

—¡N-no puedo aceptarlo! —exclama, acongojada—. ¡Estás casado y yo lo estaré pronto! No podemos hacerles esto a Sakura y Naruto. ¡No podemos! —pone sus manos en tu pecho con más firmeza y te separa de ella empujándote. Te lastima ver como por sus mejillas se desplazan un par de lágrimas, mismas que amenazan con trazar un sendero que servirá de guía para muchas más. Es el dolor de lo indebido lo cual la está martirizando por dentro.

Al ver el vestigio líquido de su dolor, detienes tus caricias a regañadientes. Le das la espalda, puesto que no deseas ver el sufrimiento que le provoca amarte. Das un suspiro con sabor a impotencia, al tiempo que alzas tu cabeza para ver las estrellas y encontrar consuelo en ellas. Sin embargo, el cielo está nublado; tan nublado como también lo está tu alma sin Hinata.

Te obligas a pensar en Sakura, en su entrega, en todo el dolor que soportó por tu culpa; sabes que ella no se merece esto. Naruto, como tu mejor amigo, tampoco se merece que lo traiciones de esta vil forma. Después de todo, Hyuga quizá tenga razón y deberías dejar tus intenciones. Abandonar la idea de amarla, pues causarás un tremendo daño a dos personas que, aunque nunca lo expreses, estimas mucho...

Acéptalo de una vez por todas: has llegado demasiado tarde para vivir tu amor con ella...

¡No, maldición! ¡Todavía no es tarde! ¡Todavía no!

Con un violento movimiento te das vuelta para encararla. Antes de hacerle el amor, le harás ver la realidad o después se sentirá culpable, se arrepentirá y sólo le causarás un dolor enorme. Uno que la lastimará por toda su vida. Y no quieres causarle daño. A cualquier otra sí, con cualquier otra no te importaría ser un monstruo, pero con Hinata las cosas son completamente distintas. No quieres dañarla porque, más allá del inmenso deseo que sientes por ella, más allá de las tremendas ganas que tienes de hacerla tu mujer ahora mismo, la amas con todo tu corazón.

La amas y nada más que eso te importa.

Le harás ver la verdad de sus sentimientos. Le harás ver que la amas más que a todo en esta maldita vida. Aunque sea lo último que hagas, ¡le harás ver que son el uno para el otro!


Toda tu vida creíste amar a Naruto. Creciste con ese sentir desde la mismísima infancia, tanto así que tu máxima meta era estar por siempre a su lado. Era lo que anhelabas, el gran sueño de tu vida, pero el hombre que tienes enfrente ha destruido todo lo que creías en tan solo unas semanas. No lo puedes creer, pero así es.

Conocer a Sasuke le ha dado una dimensión completamente distinta a toda tu existencia; ha cambiado tus perspectivas de forma radical. Él ha provocado cosas en tu corazón que nadie más. Gracias a su presencia te has cuestionado lo que sientes por Naruto, preguntándote si realmente lo amaste alguna vez o todo fue un amor platónico de niña ilusionada. Un amor que jamás evolucionó al siguiente nivel, que quedó pegado en una inocencia pueril e insípida. Es Sasuke Uchiha quien te hace sentir especial. Es él a quien realmente deseas entre tus piernas. Es él quien te hace sentir correspondida, deseada y amada.

Es él quien te hace sentir una mujer. No una niña, sino una mujer de verdad.

Con Naruto las cosas han sido hermosas, no podrías quejarte de él. Es muy atento, amable, caballeroso. Un hombre maravilloso en casi todas sus facetas... pero hay algo que entre ustedes nunca ha surgido: pasión, anhelo, deseo, descontrol, desesperación. Todo lo que Sasuke sí te provoca. Sabes que el rubio es un hombre apasionado e impulsivo, lo viste muchas veces demostrarlo, pero, mientras más tiempo pasas con él, más te das cuenta que no hay la química suficiente entre ustedes. Más te das cuenta que la ilusión dio paso a la realidad: no son el uno para el otro.

Los días transcurrieron e inevitablemente comparaste tu situación a la que él vivía con Sakura. A ella sí la buscaba, a ella sí la ansiaba, hacía lo posible por conquistarla y en cambio contigo nunca ha sido así.

Es entonces que una pregunta clave llega a tu mente: ¿él te ha correspondido como un deber a lo que sientes? ¿O porque realmente te ama también? Con Naruto nunca te has sentido deseada de verdad. Nunca has sentido esa necesidad recíproca que con Sasuke sí sientes. A Uchiha lo necesitas, lo ansías, lo extrañas. Por más que sea un pecado, y por más que te pese, lo quieres a tu lado cada día de tu vida...

Sin embargo, es difícil de aceptar; no sólo por el tema de la infidelidad, sino también porque te duele que tu ilusión de niña sea hecha pedazos como un cristal. Te duele que aquello por lo que tanto luchaste no fuera lo que pensabas. El camino a la meta fue lo que inspiró tu vida, lo que te motivó, pero, ahora que lograste tu objetivo, hubieras preferido no haberlo cumplido. El sendero a la meta fue mucho más emocionante que llegar a ella. Triste, pero cierto. Era más hermoso cuando Naruto era alguien inalcanzable, pues cuando lo alcanzaste las cosas en tu corazón fueron cambiando inevitablemente.

—Hinata —escuchas decir tu nombre al real dueño de tu corazón —, todavía no es tarde para enmendar las cosas. Puedo divorciarme y tú aún puedes cancelar tu futuro matrimonio —una gran determinación pudiste leer a través de las señales propagadas por su semblante —. Si tengo que enfrentar a Naruto y Sakura al mismo tiempo lo voy a hacer. Me importa una mierda si esto es correcto o incorrecto. Sí, soy un egoísta y no me importa serlo, pero, aunque sea lo último que haga, voy a demostrarte todo lo que siento por ti y vas a aceptar todo lo que sientes por mí.

—S-Sasuke...

Te emociona tanto, pero tanto, que sientes las entrañas de tu corazón derretirse de amor. Nunca has vivido algo así con Naruto. Nunca has sentido que con palabras te robara el alma entera. Nunca has sentido este deseo increíble que Uchiha sí te provoca.

—Sakura jamás me habría motivado a decir palabras como estas. Nunca. Pero tú sí, Hinata. Y eso es lo único que debe importar.

—¿Más allá de nuestros compromisos? ¿Más allá de la fidelidad que debemos dar?

—Sé muy poco del amor, pero algo sí que sé: la fidelidad no puede estar sustentada en una maldita mentira —te arroja con una seguridad que te hace tambalear.

Al instante, bajaste tu cabeza ante la veracidad de sus palabras.

—Y-yo sé que la fidelidad debe nacer porque uno lo quiere así, porque se ama a la otra persona. Si no es por amor entonces no tiene ningún sentido. No tiene sentido si está basada en una falsedad... p-pero esto está muy mal, Sasuke. Tenemos que terminar con esto antes de dar el paso final o lo lamentaremos por siempre. Haremos un tremendo daño.

—Más daño sentiremos nosotros estando separados —gruñe su argumento con furia y, rodeándote con sus brazos, te aprisiona contra la casi lisa pared de piedra que está a tu espalda. Sus fornidos brazos te impiden cualquier salida.

Por un momento piensas empujarlo nuevamente... ¿pero realmente deseas escapar?

Se inclina hacia ti y contacta su frente con la tuya. Un gran brillo asalta sus negros ojos y tú eres la única causante. Clavándote su mirada, te hipnotiza hábilmente con ella y absorbe tus dudas de cuajo; constatas una emoción tan grande en él, una tan honesta que te deja perpleja. Es ahora, en este preciso momento, cuando sientes que estás contactando su alma como nunca antes. Un alma que, a través de su mirada, te grita que te ama. Que esto no es un capricho, que esto es amor de verdad. No te lo ha dicho verbalmente todavía, puesto que Sasuke no es de palabras dulces y nunca lo será; él es de actos, de demostrar así todo lo que siente por ti. Las palabras se las lleva el viento, pero las acciones no. Él te ama y tú lo amas... pero no puedes ceder. No cuando él tiene una esposa —que además es una gran amiga— y no cuando tú estás comprometida con Naruto. Tu moral tiene que ser más fuerte.

¡Tiene que serlo!

Te acerca su rostro a pausada velocidad. Posas tu mirada en su boca y la tuya se hace agua enseguida. Sientes que tu hiel se rompe en deseo. Quizá sólo sea algo provocado por tu excitada mente, pero sientes tus labios partidos y deseas que él te alivie posándote encima la humedad de los suyos. Muy pronto los cercanos y cálidos alientos se entremezclan, alterando el aire circundante.

—Sasuke... t-tenemos que...

—¡Cállate y bésame! —te silencia de raíz con su voz más hosca. No es una petición, es una clara orden. No sabes si es por el lado sumiso de tu carácter, pero te encanta que te dé órdenes con esa voz tan autoritaria. Te prende que sea así de demandante, que te necesite de esa forma tan urgente.

Hechizada por sus vehementes palabras, te limitas a obedecerle. Más bien tus labios se mueven solos, como encantados, sobre los de él. Lo anhelas demasiado y vuelves a darte cuenta de todo lo que sientes por ese hombre que encarna al pecado.

Él profundiza su beso, te muerde, te lame, te engulle. Al instante, frío y calor recorren tu médula en oleadas isócronas. Te sorprende la ferocidad de su beso. Te demuestra anhelo, excitación, una brutalidad incomparable. Gimes contra su boca, ya que ese hombre te está haciendo perder la razón. Si no detienes esto pronto, te hará suya completamente; serás su mujer de forma inexorable. Por eso te estremeces entre sus brazos, intentando liberarte de su sensual yugo, pero él te besa con más fuerza para aquietar tu intento de rebelión. Mientras viola tu boca sin reconcomios, aprieta sus dedos contra tu cintura alardeando una posesión que raya en lo sádico. Saborea y mordisquea tus labios como si fueran dulce néctar. Mueve su lengua de tal forma que te es imposible resistirte. Un sonoro gemido de satisfacción irrumpió en el ambiente y estás tan perdida que tardaste varios segundos en darte cuenta que tú misma lo provocaste.

Las maravillosas sensaciones, amplificadas como nunca antes, causaron una efervescencia inexplicable en las células de tu piel. Nunca te sentiste tan comprometida con la excitación. Nunca antes la sentiste latir en tu matriz y descender por todo tu sexo como un verdadero enjambre eléctrico. Cada fibra íntima, cada célula, cada recoveco que compone el misterio fabuloso de tu placer, se remueve escandalosamente cual torbellino. Jamás te habías sentido tan conectada a alguien en toda tu vida. Es Sasuke Uchiha a quien amas; todo tu cuerpo y tu mente te lo gritan al unísono.

Su mano intrusa vuelve a levitar hacia tu intimidad y comienza a explorarte con una delicadeza impropia de él. Las cálidas yemas de los dedos índice y medio, acarician la línea que forman tus pliegues vaginales, descubriéndote de forma dactilar todavía más. Lo hace superficialmente, sin infiltrarse en ti. Pronto percibes como recoge el dedo medio, dejando únicamente al índice extendido. Este último se mueve lentamente desde abajo hacia arriba, paseándose con la confianza de quien se sabe tu dueño. Te acaricia de una manera grandiosa por un tiempo que no podrías definir. Pronto necesita más y, escatimando el tiempo, se dirige hacia tu parte más sensible. Recorre con la yema tu diminuto órgano eréctil, explorándolo, descubriéndolo, meciéndolo hábilmente. Evidentemente, ya conoce la anatomía femenina de una manera impactante y es entonces que sientes algo muy impropio de ti: envidia. Sí, te da envidia que Sakura haya sido la primera en su vida, que ahora mismo sea su esposa. Tras un profundo suspiro, dejas tus incipientes celos a un lado y te das cuenta cuanto deseas que te penetre ahora mismo, que te haga suya de la forma en que él quiera: violenta, vehemente, suave o dulce. Estás dispuesta a ser suya como él lo dicte, como él lo requiera. Quieres entregarte sin condiciones porque lo amas más que todo en esta maldita vida.

—Hinata... —susurra tu nombre a ojos cerrados, mientras tus gemidos premian su excelso hacer. Inundas sus oídos con el placer que te provoca, mismo placer que tú sientes al escuchar tu nombre dicho por él.

Nunca te habías mojado tanto en tu vida. Ahora mismo no las puedes ver, pero sabes muy bien que tus blancas bragas están oscurecidas por el líquido producido por lo incandescente de tu excitación. No puedes evitarlo porque amas como te mira; amas como te habla; amas su forma de caminar; amas lo derecha de su espalda cuando está de pie; amas sus hombros rectos; amas su fornido pecho; amas su altura perfecta. Amas todo de Sasuke Uchiha con total e irrefrenable devoción.

De pronto, a un costado de tu vientre, sientes como presiona su enorme erección contra ti, misma que te aturde y te enloquece al mismo tiempo. Un incendio se provoca en todo tu interior, uno que te suplica que llenes el horrible vacío que sientes en tu vagina. Lo que él tiene es más grande que lo de Naruto...

¡No! ¡¿Pero qué diablos estás pensando?! ¿Cómo es posible que pienses cosas tan pervertidas? Te sientes tan sucia, tan maldita... Pero, para tu gran pesar, también te sientes más excitada que nunca...

¡Cuán contradictorias son las emociones humanas!

Reprimes el deseo que tus manos sienten, pero quieres tocarlo tal como él te está tocando a ti. Quieres sentir su hombría sexual palpitar entre tus dedos, quieres sentir el calor que desprende, su dureza, recorrer lo sobresaliente de sus venas. Explorarlo desde la base hasta su final. Muerdes tu labio inferior por tus propias ansias. Has estado quieta en el mismo lugar todo el tiempo, pero tu respiración está tan agitada como si estuvieras corriendo un maratón. Ese hombre definitivamente es un demonio. Sólo un demonio podría provocarte todas estas cosas; sólo uno podría hacer que dejaras todos tus principios al margen. Estás siendo infiel en este mismo instante, pero todavía es perdonable. Naruto todavía podría disculparte si no concretas el paso final...

¿Quieres su perdón, verdad?

No...

Lo que quieres es pecar. Lo que quieres es ser de Sasuke Uchiha. Quieres ser su mujer ahora mismo. Sin embargo, no puedes ceder a tus bajos instintos. No puedes hacerle esto al rubio que creíste amar desde niña.

—Mírame —te exige él de repente. Después, usando la mano que no está en tu sexo, te toma fieramente de los cabellos. Los jala hacia la derecha para que tu cabeza se incline en la misma dirección, dejando al descubierto la zona opuesta de tu cuello. Entonces te huele profundamente. Husmea tu piel como una bestia carnívora lo hace con su futura comida. Dispuesto a embriagarse con tu esencia una vez más, inunda sus fosas nasales con tu perfumado aroma. De súbito, escuchas como mastica el aire un par de veces, insinuándote que muy pronto hará lo mismo con tu cuello. Sientes un nerviosismo placentero, uno que te suplica que te bese y muerda de una vez por todas; que te marque como suya sin importar nada más. Una bufanda o un cuello largo se encargarán de ocultar el testimonio del pecado en tu carne. Exhalando su cálido aliento, acerca sus labios a tu piel cervical, apenas rozándote, como si estuvieran flotando sobre ti. Los desplaza manteniendo esa tónica por muchos segundos. Está creándote ansias, expectativas, maximizando tu deseo a escalas que ni siquiera sabías que existían. Llega un momento en que no soportas más esta dilación torturadora.

—Hazlo, por favor... —le suplicas con todo tu corazón. Las zarpas del instinto le ganan la partida a tu razón.

Sin poner objeciones, Sasuke se arroja sobre tu cuello cual vampiro sediento de lascivia. Mientras su siniestra sigue en tu entrepierna, acariciando el punto culminante de toda mujer, hunde labios y dientes en ti y te provoca un escalofrío brutal que te atraviesa de pies a cabeza. Tu placer descomunal se plasma en el ambiente a través de gemidos que parecen atravesar dimensiones. Su boca y su mano están electrificando los sectores que ataca. Son oleadas de fulgurantes vibraciones las que recorren tanto tu zona vaginal como la cervical. Te está volviendo completamente loca. Ida de toda razón. La animalidad del instinto primario trepida en ti con una voracidad inaudita.

Después abandona los mordiscos a tu cuello y saca su izquierda de tu intimidad. Se relame los labios con ansias y, unidos, pone sus dedos índice y medio frente a tu vista; notas que están completamente bañados en tu caliente líquido sexual. Sientes un pudor que te enrojece de manera fulgurante y que se incrementa cuando Sasuke te sorprende con algo que no esperabas: mira sus yemas con deseo y las separa lentamente cual tijera, provocando un jugoso hilo que, todavía adherido a cada dedo, se va estirando sin cortarse, signo de lo pegajosa que estás. De pronto, chupetea sus dedos para ingerir tu excitación, lamiéndolo todo como si fuese un exquisito manjar brindado por ti. Una dulce miel que le resulta irresistible.

Te estremeces desde la raíz de tus cabellos hasta la punta de tus pies al verlo gozar de tu sabor. ¿Realmente le gustara o sólo lo hace para excitarte incluso más de lo que ya estás?

—Eres deliciosa... —dicho esto, tiemblas por el fuerte chupetón que hace al succionar por última vez sus yemas.

Sus palabras emergieron tan honestas y su mirada tan diáfana, que sientes un éxtasis arrollador.

—Tú serás mi alimento esta noche... voy a deleitarme contigo como no tienes idea... —te dice mientras comienza lentamente a bajar hacia la vulva.

Te desea tanto. Tanto. A pesar de la gran confianza que has formado con él durante estos días, te avergüenza mucho que te vaya a hacer sexo oral, ¿le gustará tu sabor? ¿Lo disfrutará? No quieres que darte placer le sea un sacrificio. Tu timidez impulsa dudas en tu mente que no logran perdurar, pues Sasuke, entre candentes jadeos, te besa en la unión de tus senos, luego en tu abdomen y entonces desciende todavía más. Finalmente, queda completamente arrodillado ante ti y te baja los pantalones, los cuales se arremolinan en tus pies. Hecha su primera labor, toma tu prenda más íntima desde los costados y la desliza lentamente, muy lentamente, a sensual velocidad. Tu calzón queda un poco más arriba de tus corvas, como un vestigio patente de que ya nada te cubre. Como si se tratara de un bello paisaje, detiene sus movimientos para admirar lo que tienes entre las piernas. Te pones incluso más roja de lo que ya estás. Estás pecando, pero quieres que te coma, que te pruebe, que te saboree. Que se deleite contigo. De pronto, a sólo un par de centímetros de ti, inhala tu aroma para grabárselo en la mente para siempre.

—Mira todo lo que provocas en mí, Hinata —te dice con un provocativo susurro, mientras su cálido aliento golpea lo largo y ancho de tu feminidad—. Mira cuanto te deseo. Mira cuanto te anhelo. Ni siquiera a Sakura le he querido hacer sexo oral... pero contigo... a ti te lo haría gustosamente cada vez que lo quieras.

—Sasuke... —dices su nombre mientras tus piernas tiemblan. Él logra extinguir de raíz tu timidez y te extrae el animal que toda mujer también lleva por dentro.

Te hace sentir tan especial, tan única...

Tan suya.

Navegas por el vasto mar de las emociones desatadas, sumergiéndote en un amanecer incandescente. El amanecer de fuego que significa un nuevo comienzo tanto para ti como para él. Un nuevo comienzo en donde, después de la entrega total, ambos unirán sus caminos de manera sempiterna.

Se relame y te huele una vez más, tal como un demonio salvaje a punto de devorar lo que le pertenece. Respira por la nariz y exhala el aire caliente por la boca, acariciando otra vez con su aliento aquello que te hace mujer. Sigues mojándote más, nunca pensaste que pudieras excitarte tanto. Nunca pensaste que el deseo pudiera alcanzar este punto tan exacerbado. Estás ardiendo de verdad. Te hace flotar en una nube etérea de placer descomunal. Quieres que lo haga de una vez, que hunda su lengua en ti. Quieres dejar todo tabú de lado, que te haga suya con todo lo que tiene. Quieres ser de él de todas las formas posibles e imaginables.

Quieres todo eso y mucho más, pero tienes que detenerlo. Aún tienes algo de remanente conciencia, aún puedes cortar lo imperdonable.

—No puedo, Sasuke. ¡No puedo hacerles esto a Naruto y Sakura! —chillas mientras te pones de puntillas, apretándote contra la pétrea pared para alejar tu intimidad de esa lengua que desea violarte.

Él congela sus movimientos completamente. Te desilusiona tanto que esta vez sí te haga caso. Te arrepientes tanto de haberlo detenido. Desgraciada moral; desgraciada por siempre.

Se pone de pie, clavándote sus ojos de tono ébano. Puedes leer la gran decepción en su mirada y te duele mucho.

—Mírate —indica tu entrepierna—, sigues mojándote, sigues deseándome. Dime, Hinata... ¿No es suficiente todo lo que sentimos por el otro? ¿Por qué diablos insistes en resistirte a lo que de verdad ansiamos? —aprieta sus puños por la ofuscación. Los contraídos nudillos marcan el blanco de los huesos.

Bajas tu cabeza, apesadumbrada hasta tu raigambre.

—P-porque esto está muy mal —insistes de manera temblorosa, como dudando de tu propio argumento. Enseguida, tu mirada vuelve a la suya como una imperiosa necesidad.

Uchiha da un respiro que explota sonoramente. Parece severamente decepcionado de ti. La prueba es que cambia su semblante al tiempo que forma una mueca muy disgustada en su cara. Poco a poco su respiración se normaliza, abandonando los jadeos anteriores. Su excitación está mermando y la cordura volviendo.

Te duele de una manera terrible ver como las cosas van mutando. Presientes que te dirá que tienes razón, que esto es un pecado imperdonable, que amarte es imposible. Te calcina imaginar sus siguientes palabras, te quema esbozar que aceptará a Sakura como su legítima mujer y que ella es la realmente importante. Que nunca más volverá a tocarte, que nunca más se acercará a ti, que nunca más volverá a hablarte. Al pensarlo, algunas lágrimas de sumo dolor se desplazan rápidamente por tus mejillas. Lágrimas que te hacen saber algo claramente...

Acabas de cometer el peor error de tu vida.

El peor.