Abril, inicio de clases.

Nishikino Maki tenía razones para estar nerviosa, era su primer día de clases. Después de las vacaciones familiares, durante esos dos meses había olvidado completamente que tendría que volver al instituto. Ahora cursaba su primer año de secundaria. Esperaba que cualquier compañero de su escuela anterior estuviese en la misma clase que ella, aunque no serían muchos.

Enredó su dedo en un mechón de su cabello enroscándolo y desenroscándolo una y otra vez como un acto nervioso, sentía las manos bañadas en sudor al entrar al salón. Había muchos chicos y chicas que no reconocía, comenzaba a sentirse nerviosa, en verdad. Eso, hasta que logró vislumbrar a una cabellera de color castaño claro entre la multitud y prácticamente saltó, pegando gritos.

-¡TSUBASA! -la llamó, emocionada. Mientras se acercaba a la chica de prominente frente.

La mencionada pareció reconocerla y se lanzó a abrazarla. Su amiga era un poco más baja que ella y siempre andaba sonriendo, sus ojos eran de un hermoso verde claro y su piel blanca como la porcelana al igual que Maki. Solamente que la ojivioleta tenía un cabello de un fuerte color escarlata que le hacía resaltar sus ojos de un violeta brillante.

-¡Nishikino Maki, gracias a Dios! Pensaba que estaría sola -le sonrió y fueron juntas a sentarse, en el salón.

-¿Has visto a alguien más? Yo juraba que estaba sola, no muchos se matriculan en este instituto -comentó, cruzando las piernas. Maki se recostó en la mesa.

-Hasta ahora sólo tú, pero es mejor así -confesó con una sonrisa juguetona.

Los estudiantes iban entrando al salón y la ojivioleta no reconocía a nadie, parecían estar en mundos diferentes. Maki era una chica relajada. Podría durar todo el día estudiando o escuchando música, también utilizaba ropa cómoda: unos jeans ajustados, camiseta blanca, zapatillas negras y una chaqueta.

Ella no tenía muchos amigos, pero en estos momentos se encontraba feliz con Tsubasa, desde casi siempre habían sido amigas y ahora no estarían solas. Se tenían la una a la otra.

Las chicas estuvieron un rato conversando sobre sus vacaciones, hasta que Maki escuchó unas risas.

Por la puerta del salón entraron dos chicas, una poseía un cabello negro brillante y la otra un cabello bastante llamativo de color amarillo. Pero quien capturó la atención de la ojivioleta fue la pelinegra más baja. Lograba emanar alegría mientras reía por uno de los chiste de la otra chica, quien era más alta y de cabello liso amarrado a una cola alta.

Sus miradas se encontraron por unos segundos. Maki se perdió en unos ojos rubíes tan profundos como el océano «Claro, un océano rojo, por supuesto».

Tan pronto como empezó, todo acabó. Ella apartó la mirada y la chica pelinegra hizo lo mismo mientras se marchaba con su amiga a los asientos frente al pizarrón.

-¿Qué paso? ¿Encontraste a alguien conocido?-preguntó Tsubasa, levantando el rostro para buscar entre las personas. Maki negó.

-No fue nada-sonrío a su amiga y cuando entró el profesor, empezó la clase. Se presentó a los estudiantes y comenzó a dar un pequeño discurso, les indicó que por orden de mesa deberían ir al centro de la clase y presentarse.

Maki no quería, siempre le entraban los nervios al hablar en público. Por suerte, ella se encontraba en la cuarta fila y tardarían un poco en llegar a ella.

Los chicos fueron pasando y la ojivioleta se sorprendió cuando Tsubasa fue sin problemas y al volver le sonrió divertida. Por eso le agradaba, siempre había admirado su seguridad en sí misma.

Comenzó a hacer garabatos en su cuaderno, para distraerse. Iba muy bien, cuando llamaron a una chica. Vio a la misma pelinega, levantarse. Se veía muy linda con sus jeans oscuros y una blusa. Caminaba con seguridad y confianza mientras mostraba una sonrisa coqueta en sus rosados labios.

Se paró al frente de todos, sin mirar a nadie en específico. Era muy femenina o eso pensaba Maki, por sus cejas delgadas y su manera de caminar.

-Yazawa Nico, pero pueden decirme Nico, un gusto-sonrió, pestañeando, y de seguro la mitad del salón ya pensaba que era linda.

Lauren apartó los ojos de la hermosa pelinega y volvió a hacer garabatos. No le importaba.

Después de un rato era el turno de ella. Se levantó seguramente con el rostro pálido y fue hacia el frente, algunos murmuraban y otros reían bajito.

Maki los ignoró y siguió. Desde que estaba en primaria siempre era el centro de las burlas, pero con el paso de los años había aprendido a no darle importancia.

Yazawa la miraba con interés, apoyaba la barbilla en su mano y mordía uno de sus dedos. Aun haciendo aquel gesto, se veía increíblemente guapa y por más que decir femenina.

Maki intentó por todos los medios no observarla y al terminar fue como un rayo a sentarse en su asiento. Soltó un suspiro y observó cómo su amiga ojiverde alzaba los pulgares, en señal de ánimo. Después de dos horas tenían que cambiar de clases. Maki, apresurada, recogía sus libros mientras su amiga la apuraba.

-¡Maki-chan, mueve el trasero!-le apresuró en la puerta.

-¡Espera, Tsubasa!-le pidió, siguiéndola, porque la chica se había ido al pasillo.

Sintió que alguien la empujaba por el hombro y se le cayeron todos los libros. Había una chica de cabello naranja opaco frente a ella, riéndose.

-Ay, disculpa. No te había visto-mintió con ojos burlones, Maki la miró mal y comenzó a recoger sus libros

A su lado pasó otra chica, que pateó uno de los libros en el piso. Era otra de las amigas de Yazawa, la rubia más alta que entró con ella.

-Estabas en mi camino-excusó y se echó a reír con la otra chica. Maki frunció el ceño y miró a Nico, que apareció junto a ellas.

-Chicas, no sean tan malas-les dijo en broma, aunque también sonreía y miraba a la ojivioleta en el suelo-. Pobrecita, Eli.

Nico se estaba burlando de ella y, a pesar de eso, seguía pensando que era hermosa. Intentó descubrir el por qué, pero no lo consiguió. Logró volver en si misma cuando las tres chicas se fueron por el pasillo.

Tsubasa llegó hasta ella, disculpándose por dejarla sola. Maki le restó importancia, pero seguía pensando si Yazawa Nico y sus amigas serían las idiotas que le harían la vida imposible el resto del año.

Puede que estuviera en lo correcto.