Los aldeanos vivían con miedo. Miedo, no al ejercito feudal que ocupaba las tierras, no a los caballeros que de vez en cuando saqueaban esos bosques en busca de criaturas de cuento o a las brujas que se habían vuelto más numerosas. La aldea en la que vivían era solamente un conjunto de casas destartaladas de piedra y techos tejados en lo que destacaba de vez en cuando algún carro lleno de paja o algún animal correteando de aquí para allá.
Pero no eran los lobos o los osos que habitaban los bosques lo que asustaba al pueblo. Era algo mucho peor, las personas que lo habían visto, habían dicho que era un monstruo alto y fuerte como un roble, deforme y de un tono oliváceo junto con unos grandes ojos ámbar que se podían ver en la negra noche. Esa bestia era para temer pues en menos de unas semanas había ahuyentado a todas las personas que trabajaban en el bosque, cazadores, campesinos y leñadores no entraban en la espesura del pantano por miedo a esa bestia. El pueblo moriría de hambre sino tomaban medidas contra aquella bestia.
Sin embargo, a pesar de enviar cartas a los reinos cercanos ninguno quiso enfrentar al ogro en su terreno y se negaron a enviar soldados a aquellas tierras. Esa situación estaba durando demasiado como para que los vecinos la pudieran soportar. Después de muchos años soportando estoicamente al ogro en sus tierras decidieron hacer una reunión en plena plaza. El alcalde abrió el debate.
-Compañeros, como ya sabéis estamos reunidos aquí para tratar el tema de la bestia que asola nuestra aldea desde hace meses. Ese ser de naturaleza fantástica ha estado asolando nuestros campos, impidiéndonos hacer nuestras tareas. Los reyes no nos ayudan, temen al ogro, pero no hay que temer. Lo único que podemos hacer es destruirlo-dijo el alcalde rápidamente.
El mensaje fue captado por todo el auditorio y uno de los campesinos respondió-Señor, matarlo será inútil, esa cosa es más fuerte que nosotros. Nos arrancaría la piel y se la comería.
Ese comentario llevo al alcalde a pensar duramente, ya que sospechaba que lo dicho por los campesinos era verdad. Solos no podrían contra aquella bestia, era demasiado fuerte. Gracias a dios solo había uno, no podía reproducirse, sino la situación se hubiera descontrolado hace mucho. La población tenía miedo hasta que de entre todo el gentío, un elegante soldado apareció.
Llevaba una armadura plateada, finamente pulida y un casco broncíneo que le cubría la cabeza. Su expresión era firme y severa como si evaluara la reunión, el hombre simplemente saco un pergamino con una letra en cursiva y decorada con relieves azulados y empezó a leer.
-Aldeanos. Tengo que comunicarles que yo, Lord Farquadd por la presente declaro que cualquier criatura proveniente de cuento de hadas deberá ser entregada a mis soldados que custodiaran todos los puntos de la comarca. Aquel que entregue a un ser de cuento, será premiado con una cantidad proporcional a la peligrosidad que represente dicho ser para nuestra sociedad. Sino pueden sacar al ser mágico, deberán decirlo y un pelotón de soldados se encargará de escoltar a la criatura de vuelta a donde debería haber estado- termino el discurso y se fue dejando tras de sí varios carteles.
Los carteles fueron examinados y entre ellos la situación era clara, aquella tarde al anochecer un grupo de campesinos atacarían a la bestia. Con un poco de suerte conseguirían doblegarla y entregarla sin ningún herido.
Mientras tanto en lo profundo del bosque, justo en el valle entre unas lomas cubiertas de pasto, se levantaba una cabaña decorada con musgo y alguna que otra planta que se había aferrado a la estructura. En sí, la casa era un árbol, seguramente debía de haber sido enorme porque ahora seco y sacado de la tierra era lo suficientemente grande como para permitir que un ogro habitase dentro. Sin embargo, no era ahí donde estaba, sino que estaba en una cabaña alejada un poco y localizada encima de una cresta. Ahí, se encontraba leyendo.
"Había una vez una encantadora princesa, pero había sido maldecida con un terrible hechizo que solo podía romperse con el primer beso del verdadero amor. La habían encerrado en un castillo, vigilado por un horrible dragón que escupía fuego. Fueron muchos los caballeros que intentaron liberarla de esa sucia prisión, pero ninguno lo había logrado. Y custodiada por el dragón esperaba, en el último cuarto de la torre más alta a su verdadero amor y el primer beso de su verdadero amor"
Ese texto sonaba de forma melódica desde dentro de la cabaña, hasta que el sonido de una cadena resonó. De la puerta destartalada apareció un ser verde, era enorme tal como decían los aldeanos. Sin embargo, lucia una enorme barriga y sus brazos y cabeza eran anchas, parecía que tenía gran fuerza física, aunque sus piernas eran demasiado delgadas como para sostener adecuadamente todo el peso. Lo que mas destacaba de su figura eran sus orejas, estas eran finas y rematadas en un orificio en forma de cono invertido semejante a algunas flores. Ese ser que ahora hojeaba alrededor en busca de alguna forma de vida y sonriendo ligeramente al percatarse de que hoy era un día libre de humanos.
Cuando fue a avanzar se dio cuenta de que una hoja se había quedado pegada a su voluminoso zapato, confeccionado con la piel de algún reptil. Con desdén, sacudió el pie y consiguió que el papel fuera a parar a un lugar oculto entre las hierbas. Luego amagando otra sonrisa y con sus brazos apoyados en su imponente barriga, observo su ciénaga. La belleza natural de su casa, de su terreno, un lugar que desde hace tiempo era un hogar para él.
Cerro la puerta de un fuerte empujón, y recogió con un cubo una gran masa de barro. Librándose de la ropa que lo molestaba, uso ese barro para lavarse con él. El lodo acumulado en el cubo se fue deslizando por todo su cuerpo tonificado, dándole mas hedor si es que acaso era posible. Los últimos fluidos del barro no bañaron su cuerpo, sino que fueron a parar a su boca, con los que hizo gárgaras y luego escupió. Tras esto y sin siquiera coger sus vestimentas hechas de lana, fue a remojarse en un lago que había en las cercanías.
Al remojarse, en el agua estancada y cubierta de hongos pudo limpiarse los restos del fango y recuperar un tono verde mas vivo. Ahora el ogro parecía mucho más limpio, aunque viendo el agua en el que se lavaba no era algo muy claro. En un momento se quedó estático, parecía que algún animal le había mordido, pero en realidad de la superficie del agua empezaron a brotar burbujas de algún gas. El ogro miro su obra y al cabo de un rato vio perecer entre las aguas a un pez de un tamaño considerable. Lo agarró y se fue a por sus vestimentas.
Con sus ropajes puestos, se situó enfrente de un espejo manchado, allí, admiro su figura y pudo sonreír grotescamente con el jugo de un bicho entre sus mandíbulas. El espejo como si tuviera vida propia se resquebrajo en mil pedazos. Eso levantó el orgullo del monstruo. Tras eso se volvió a ensuciar al coger una babosa de un tronco lleno de bichos y fango. Con lo que había capturado tenia suficiente para cenar, desde luego.
Dejo los productos cosechados en la mesa de la casa donde vivía y se fue a la loma a pintar carteles. Los carteles dejaban ver que no quería que nadie entrara en su pantano. En ellos había amenazas de muerte y caras grotescas simulando a su propia especie. Cuando hubo terminado de pintar el cartel, lo dejo colgado en un árbol grueso y se fue a preparar la comida.
Estaba amaneciendo cuando pudo escuchar las pisadas de varias personas en los alrededores y sus ojos pudieron captar a la distancia las luces de las antorchas. Movió los ojos con desesperación, los humanos eran muy pesados. Sin querer dejar que esos seres destruyeran su casa, dio la vuelta y los siguió entre las sombras. Los humanos se pararon entre unos juncos y pudieron vislumbrar con claridad la casa donde se suponía que estaba la bestia que iban a cazar.
Un humano agarro una antorcha y confiado en su valía, dijo-Venga a por él.
Ese alarde de temeridad hizo que otro de sus compañeros lo sujetara y le hiciera entrar en razón. -Para sabes lo que esa cosa podría hacerte. Si viera carne humana, nos comería.
Ante ese comentario, una voz grave y fría emergió de entre los arbustos. El ultimo de los hombres alumbro hacia detrás y pudo ver horrorizado como era la bestia de cerca. Todos tenían miedo.
El ogro fue andando mientras hablaba y los iba asustando. -Sabes, eso haría un gigante. Los ogros son mucho peores, nos hacemos trajes con vuestra piel, sacamos vuestros hígados y exprimimos vuestros ojos. No están mal con pan.
Todos los hombres estaban asustados, ellos habían ido valientemente hacia allí para capturarlo y deportarlo, y ahora era al revés. El, los había capturado y los mataría. Sin embargo, un hombre sin temor a la muerte, empuño la antorcha y la zarandeo en dirección al ogro, queriendo asustarla.
-Atrás, bestia atrás. Si te acercas….
Las declaraciones duraron poco porque el ogro viendo la estupidez humana, apago la antorcha con sus dedos sin sufrir una quemadura y con un fuerte grito consiguió atemorizar y ahuyentar a la horda de humanos. Todos se fueron rápidamente, mientras el ogro reía sin parar y les decía que no volvieran más. Sin embargo, uno de ellos dejo caer un papel, el ogro lo cogió y pudo leer.
SE BUSCAN CRIATURAS DE LOS CUENTOS.
