Muchas gracias por todo el apoyo, realmente les agradezco que lean mis trabajos, lamentó no actualizar mis demás trabajos, pero no pude sacarme esta idea de la cabeza.
Como siempre los personajes no me pertenecen yo solo los ocupo sin fines de lucro,
Capítulo I.
Una joven cobriza se recostó sobre su cama, sentía como él corazón le bombeaba con mas fuerza de la normal, trato de hacer un ejercicio de relajación, pero sentía que era inútil, sus manos temblorosas alcanzaron una cajetilla de cigarros medio vacía de su buró, y al tomar uno entre sus labios dio una gran calada cuando encendió uno.
Sus pensamientos la llevaron casi de inmediato a lo que había acontecido hacia unas pocas horas.
Las calles de la ciudad estaban repletas de gente, algunos conversaban sobre lo que había estado sucediendo las ultimas semanas, pues las noticias de todos los medios no paraban de hablar de los autodenominándos héroes.
Un grupo de hombres y mujeres, si se les puede llamar así, que tenían capacidades muy diferentes a las comunes.
Algunos los apoyaban, otros tantos les temían por el poder que tenían.
Sin embargo, Anna caminaba sin querer prestar atención a lo que sucedía a su alrededor.
La joven mujer caminaba con su maletín en mano hacia el despacho legal donde empezaría a trabajar, los pocos que le prestaban atención, podían decir que era casi la representación de la felicidad en ese momento, su sonrisa no podía ser más grande, pues aquel puesto si bien no era mucho en un comienzo, le daba la oportunidad de alcanzar su meta de una vida digna.
Llego al alto edificio saludando a cuanta persona se cruzara en su camino, camino al pequeño cubículo que le había sido asignado, y comenzó a leer los papeles que estaban en su escritorio para ser etiquetados y dados a los socios del despacho.
Estaba tan concentrada en su tarea que cuando un grito resonó en la oficina casi se cayo de su silla. Sorprendida se levanto casi corriendo para ver qué sucedía.
La gente comenzaba a reunirse en las ventanas veindo como los edificios vecinos comenzaban a desmoronarse, el terror era palpable, el pánico no dejaba a nadie moverse para salvaguardar sus vidas, y Anna viendo ello accionó la alarma contra incendios, esperando que el estridente ruido hiciera reaccionar a las personas a su alrededor.
Afortunadamente para todos, ello fue suficiente para que los mismos tomarán las riendas, y se guiarán al sótano del edificio, donde creían podrían estar a salvo, pues las calles eran todo menos seguras.
Teniendo que fingir lo mejor posible, Anna camino fingiendo estar aterrada, incluso uno de los socios le dio unas palabras de aliento creyendo que se desmoronaría en cualquier momento.
Por un momento, Anna pensó que lo había conseguido, que aquel día solo sería una anécdota para la posteridad, pero cuando estaba a punto de bajar junto a los demás, pasando por la entrada del edificio, vio en la calle algo que le hizo paralizarse.
Una niña lloraba en medio de la calle, sus llantos eran callados por la destrucción de la metrópolis, su corazón se estrujo por la escena, y tomo una decisión que cambiaría su vida para siempre.
Corrió como nunca antes hacia la calle, importándole poco los gritos de sus compañeros. Su mente le recriminó sus acciones, sabiendo que no había vuelta atrás.
Sus brazos cubrieron su rostro cuando su cuerpo atravesó la puerta de cristal, sintió como unas cuantas astillas de vidrio se incrustaron en sus manos, pero el dolor fue poco cuando tomo entre sus brazos a la pequeña.
Ocultó a la pequeña en su pecho, viendo a su alrededor la destrucción, los cuerpos de las personas cubriendo las calles, de pronto un sonido ensordecedor le hizo alzar la mirada, justo para ver como enfrente suyo uno de los rascacielos se desmoronaba, el polvo y cenizas se esparcieron por todo el lugar.
Abrazo a la niña lo más que pudo, sin lastimarla, y sin que nadie se diera cuenta, la guió al edificio del despacho que parecía ser el único lugar seguro.
Pero una vez la dejo en las escaleras del sótano volvió a salir, dispuesta a hacer lo más posible para ayudar.
Dentro de un restaurante, el gas había ocasionado un incendió, impidiendo que las personas pudieran evacuar, las personas tosían mientras que la desesperación los hacía llorar de impotencia, el humo y el fuego les impedía ver, algunos se rindieron, pensando que las llamas en cualquier momento los alcanzarían, una madre abrazo a su hijo, prometiéndole que todo estaría bien.
Y fue cuando entre el fuego la vieron entrar, tenía cubierta su cabeza con un saco, la piel de sus brazos estaba en carne viva, pero de un momento a otro, tomo entre sus brazos una mesa y la arrojó contra la pared haciendo una ruta de escape, la luz de la salvación fue casi profética, la extraña persona les ayudó a salir, y de la misma forma las guió al sótano de un edificio, donde las personas se ayudaban unas a otras.
Cuando todo terminó, y se comenzaban las acciones de rescate, Anna camino hacia un callejón, sus manos estaban llenas de tierra, y la sangre escurría de sus brazos en tal cantidad que de ser normal, se hubiera desmayado en cualquier momento.
Se recargo en contra de la pared, quitándose pedazos completos de carne, para ver como debajo de ella, nueva nacía.
Estaba a punto de quitarse el saco de la cabeza, cuando de pronto sintió una mirada sobre de ella, alzando la mirada la vio.
A más de cuatro metros en el aire estaba ella, su cabello negro bailaba con el aire, su traje azul y rojo estaba manchado de polvo, y aun así se podía ver la belleza de la mujer, siendo tanta está, que sintió como su miembro despertó golpeando en contra de sus pantalones.
- Gracias por la ayuda. - Dijo la mujer descendiendo lentamente, hasta que estaba justo enfrente suyo. - Si no hubieras interferido, las pérdidas hubieran sido masivas.
Pero Anna solo se quedó en silencio.
- Me llamó Diana de Temiscira. - Dijo extendiendo su mano, pero se dio cuenta que era inútil, cuando después de dos minutos, no era tomada. - Supongo que no eres de muchas palabras, conozco a alguien así.
La amazona sonreía, tratando de hacerse ver mas amigable, pero de respueta solo tenía aquella intensa mirada sobre de ella.
Los nervios hacían que Anna se quedara completamente paralizada, todo se podria ir abajo si descubrían que era ella, y era algo que no podía permitir. Dio un par de pasos hacia atras, tratando de escapar, pero antes de lograrlo, Diana la tomo del brazo, la fuerza que ambas ejercían, hicieron que el saco que le cubría cayera al suelo.
La princesa de las amazonas se quedo paralizada de la belleza de la mujer, sus ojos esmeraldas brillaban, aquel rostro lleno de pecas, sus finas facciones, todo ella era como si de pronto frente a ella estuviera una diosa.
Y antes de que pudiera decir algo, la cobriza se libero de su agarre y corrió lejos de ella, cuando se dio cuenta de ello, corrió tras de ella, pero era inútil, no la veía por ningún lado como si se hubiera desvanecido en el aire.
Tirando la colilla al suelo, Anna suspiro con cansancio, había sido una estúpida, mas de diez años cuidándose, para que de un día para otro su vida se vea amenazada.
La imagen de la llamada Wonder Woman llego a su mente, sus facciones, sus ojos, su maravilloso cuerpo.
De pronto sintió nuevamente aquella presión en sus pantalones, viendo como la tela se estiraba por la erección que su imaginación había provocado.
Su mano paso por arriba de la misma, acaricinadose sobre el pantalón, imaginado tener entre sus brazos a la heroína, sentir su aliento contra su piel.
Su mano libero su cinturón y bajo sus pantalones junto con sus bóxers, su mano rodeo su pene, y comenzó a bombear mientras que la fantasía de su cabeza seguía en aquella amazona.
El líquido preseminal hizo la fricción cada vez más placentera, su pulgar acaricio su cabeza, mientras que su otra mano apretaba su pecho pensando que era aquella mujer de cabellera azabache, en sus manos, en sus ojos.
Su liberación fue fuerte manchando su ropa, agradeció que igualmente la iba a tirar a la basura.
Su respiración era errática mientras que su pene perdía vigor y en la quietud de su hogar, dijo para sí misma, aquel nombre que tendría para siempre consigo.
- Diana.
La princesa de las amazonas llego a la habitación del hotel donde se hospedaba, después de discutir con el resto de la liga sobre aquella mujer de cabellos cobre, Diana se sentía más tranquila, sabiendo que tarde o temprano la vería de nueva cuenta.
Se quito el traje que le ayudaba a sobrellevar a su alter ego, para las pocas personas con las que convivía era Diana Prince, una historiadora.
Completamente desnuda camino al baño de la habitación, metiéndose bajo la regadera, dejando que el agua le ayudará a quitarse la suciedad de la pelea que habían tenido.
Dejo que sus manos recorrieran su cuerpo, de pronto la imagen de la mujer que había visto en el callejón llego a su mente, mientras que su mano se abrirá paso entre los pliegues de su centro, sus paredes se envolvieron alrededor de sus dedos, con cada empuje su respiración se hacia más pesada, acaricio su botón de nervios, y un gemido escapó de sus labios involuntariamente, sintiendo cerca su climax utilizó su otra mano para acariciar su nalgas, sintiendo como sus fuerzas se pedían cayo de rodillas, jurando que encontraría a esa mujer a cualquier costo.
Una mujer de cabellera rubia platinada caminaba entre los pasillos de su castillo, su mente repetía lo dicho por Diana.
"Era una mujer, no parecía muy mayor, de cabellos cobrizos, y rostro angelical lleno de pecas"
Elsa se repetía una y otra vez, que aquella descripción podía ser cualquiera, pero solo era una mentira que se repetía, por no haber tenido el valor de buscarla.
