Disclamer: Todo lo conocido es de J. .

"Este fic participa en la actividad extra de marzo de la Copa de la Casas 2019/20 del foro La Noble y Ancestral Casa de los Black".

BETA: Robinfleur.

REVISION: Miss Lefroy.


En los pasillos del castillo se podía sentir la ansiedad. Se acercaba el período de exámenes finales y los estudiantes de Hogwarts se iban poniendo más nerviosos cada día que pasaba.

El director tenía una frase motivacional cada día. Para algunos estudiantes, les daba la esperanza necesaria, otros empezaban a rezarle a Merlín, y un pequeño grupo ignoraba totalmente la situación.

El gran jugador de quidditch James Potter deambulaba por los pasillos del colegio con sus tres mejores amigos, cubriéndose con una capa invisible para esconderse de los profesores. Si alguien los viera rondando a esas horas de la noche se ganarían un buen castigo, pero con el mapa y la capa era imposible que encontraran algún problema antes de salir de Hogwarts a hurtadillas.

Una vez al mes, el cuarteto iba al sauce boxeador y, por medio de este, llegaban a una casa. Solo Dumbledore era consciente del pasadizo que unía estos dos sitios. Él lo había diseñado por la condición de Lupin, un hombre lobo. Los habitantes de Hogsmeade no se acercaban a esa casa porque creían que estaba embrujada, así que ninguno en el pueblo sospechaba de las reuniones clandestinas que allí se celebraban y no los molestaban.

Estaban por terminar su séptimo año en Hogwarts, y habían conseguido que nadie descubriese su secreto: haberse convertido en animagos no registrados acompañando a un licántropo de manera furtiva.

En menos de lo que se tardaba en decir «Lumos» terminarían sus estudios en el colegio y podrían trabajar y usar la magia sin restricciones. A menudo, Lily y James se veían planeando su futuro juntos. Desde el primer momento, Lily era la que más ilusionada hablaba del tema. James, siendo consciente de que pronto podría trazar sus propias normas, poco a poco se sentía más emocionado con lo que sucedería en su vida en los próximos meses y años.

Sin notarlo, ya era julio y, poco después de la graduación, la amorosa pareja se encontraba viviendo en una casa en el Valle de Godric. Pasado un año había un bebé como nuevo miembro de la feliz familia. Aunque la situación era diferente en ese momento: cierto mago tenebroso había ganado fuerza, y en cualquier momento la guerra en la que estaban envueltos podría empeorar.

El calendario seguía avanzado. La casa de los Potter había sido destruida por Lord Voldemort; James y Lily sepultados, y su hijo vivía con sus tíos muggles. Era 17 de marzo de 1982 y en unos meses Harry cumpliría dos años, sin ser consciente todavía de todo lo que había sucedido unos meses atrás.

Hasta pasados muchos años, Harry no descubriría su verdadera identidad. Que había algo más que vivir bajo una escalera, los empujones de su primo y el maltrato de su «familia».

Harry era un héroe de un universo que aún desconocía.