TÍTULO: FOR YOU
SUMMARY: El misterio del búho número 12 fue un recordatorio para Norman que las viejas costumbres nunca se pierden. Luego de varios años, la primavera permanecía eterna en los corazones de los niños ganado. Happy Birthday Norman!
Los rayos del sol que se filtraban por las cortinas de la ventana no fueron lo suficiente para sacarlo de sus sueños. Se acomodó boca abajo sobre la cama y, a los pocos segundos, volvía a respirar profundamente. No obstante, de un momento a otro, sintió un extraño líquido viscoso en su mejilla y un extraño "objeto" suave lo llenaba de lamidas.
Cuando Norman abrió los ojos, se encontró con el hocico de un cachorro de pelaje blanco y traviesos ojos pardo. Detrás del animal , la chispeante expresión de una niña de cabellos naranjas lo contemplaba. La baba que caía de los dos fue una respuesta a la incógnita de hace unos minutos y sonrió ante el tierno escenario que lo recibía en esa cálida mañana.
– Buenos días, Mumu, Alice. – Tan pronto como se incorporó, obtuvo un ladrido feliz y el animalito se acomodó sobre su regazo. No alcanzó a acariciar su pelaje por que lo interrumpieron los sollozos de alguien más exigiendo su atención y cariño.
La bebé había gateado a su lado y tenía sus rollizos brazos elevados, esperando impaciente a que su padre la alze.
– No me olvido de tí, princesita. – Colocó a la bebé sobre su pecho y con su dedo limpió la línea de saliva que colgaba de su boca.
– Ba...Ba..Mu... – La pequeña balbuceaba mientras él frotaba su cara contra la coronilla de la menor. Su corazón se llenaba de una reconfortante calidez cada vez que tenía en sus brazos a Alice.
Su hija.
Aún le costaba creer que una parte de él vivía en otra persona. Y siempre que imaginaba estar en un eterno sueño, Alice lo devolvía a la maravillosa realidad jaloneando sus cabellos como en esos instantes.
– Oww, eres muy fuerte. – Norman apartó los pequeños puños alrededor de sus mechones y la regresó a la superficie de la cama. – Te despertaste muy temprano hoy. – El reloj sobre su mesa de noche marcaba las 6 en punto. Se percató que la rejilla de la cuna no estaba en su lugar y le pareció inusual que Emma lo haya dejado así.
Y ahora que analizaba la situación detenidamente, normalmente era él quien sacaba a Alice de su litera cuando despertaba ya que Emma hacia su rutina de ejercicios mañaneros. A menos que… no, imposible. No había forma que una bebe de 14 meses hubiera manipulado el seguro de la rejilla y gateado hasta subir a su cama.
¿O si?
– ¿Qué tonterías estoy pensando? – Sonrió para sí mismo concluyendo que fue su chica antena quién colocó a la bebé a su lado.
Luego de ponerse sus gafas y bata, bajó al primer piso cargando a la niña quién iba agitando una sonaja de búho. Detrás de ellos, el fiel Mumu los seguía meneando la cola.
Toda la casa estaba en una absoluta calma hasta que se dirigió a la cocina donde quedó de piedra en la puerta.
– ...Chicos, ¡¿Qué pasó aquí?!
Sherry y Phil se miraron nerviosos en medio del desastroso escenario: platos y cubiertos hechos un asco, cáscaras de frutas pegadas a la pared y una licuadora que no paraba de dar un lamentable sonido de agonía.
Antes que alguno de ellos se atreviera a hablar, un ruido en la entrada captó la atención de los presentes y se giraron para ver entrar a Emma con un par de bolsas del supermercado. La sonrisa de la recién llegada se borró cuando se cruzó con la expresión mortificada de su esposo.
– Ups, no regresé a tiempo.
Cómo la chica antena había terminado de dar sus vueltas por el parque antes de lo esperado, volvió a la casa temprano y decidió sorprender a todos con un delicioso desayuno que había visto en un tutorial de youtube. Sin embargo, al momento de preparar el jugo, olvidó poner la tapa sobre la licuadora y los trozos de frutas terminaron disparados por doquier. Ante su estrepitoso fallo en la cocina, voló a la bodega para comprar algo preparado.
– Lo sientooo. Olvidé apagar la licuadora. No volverá a pasar. – Prometió la bajita abrazando a su pareja e hija. En ese instante, un trozo de pera cayó al suelo y Mumu corrió a devorarlo.
Norman suspiró sin poder enojarse con su despistada pero adorable esposa.
Luego que entre todos limpiaron las consecuencias de la bomba nuclear de Emma, se dividieron en dos equipos: Norman y Sherry encargados del desayuno mientras que Phil y Emma alistaban la mesa del comedor.
– Norman, mira. ¡Esta vez sólo se quemaron dos pancakes! – Exclamó Sherry con un brillo emocionado en los ojos.
– ¡Impresionante! – El mencionado la felicitó pasando una mano sobre su flequillo mientras con la otra terminaba de revolver la miel. – Estás a punto de superar el récord de Phil.
La sonrisa de la adolescente se amplió aún más con un leve aura de malicia rodeándola.
– Y oficialmente Emma se llevó el título de La pirómana de los pancakes. – Se rió Norman y la menor también lanzó una carcajada.
– ¡Ella llevó a otro nivel quemar en dos pasos tres docenas de pancakes!
– Estamos hablando de Emma. – Siguió con una mezcla de socarronería y admiración. – Nunca dejará de sorprenderme.
– ¡Oigan, puedo escucharlos! – Habló el blanco de las bromas desde el otro lado de la casa. – ¡Phil no te unas a ellos!
– No hay mentira en mis palabras, cariño. – Canturreo el mayor.
– ¡Alice me distraía en la cocina!
– ¿Y cuando no estabas embarazada?
– ¡Pues tú, esposo mío!
Norman terminó sonrojándose hasta por las orejas y Sherry lo miró, dándole unas palmas de consuelo en la espalda. Era increíble lo fuerte que su corazón todavía latía cada vez que Emma lo llamaba de esa forma. Sin importar los años que habían pasado desde su boda, él no dejaba de ponerse tímido como colegiala en ese aspecto.
Alice, completamente ajena al revuelo, se mantenía entretenida proyectando a Mumu en unos garabatos amorfos.
– ¡Hoy me toca dar la papilla! – Dio el anuncio la chica pecosa tan pronto como los demás se sentaron a desayunar. – ¡Tengo la estrategia perfecta!
– ¿Ah sí? Demuéstralo. – La retó Emma inflando su pecho de orgullo. – Ninguno de ustedes logrará quitarme el título.
– Una vez te alcancé – Dijo Norman, tomando el vaso de leche que Phil le alcanzaba.
– ¡Claro que no! Esa pequeña manipuladora hizo que terminarás la mitad su plato.
– Era suficiente puré de espinaca para ella… – Se defendió con los hombros caídos y Emma le dio un suave beso en la pequeña curva lunar de su cabello.
– ¡Buena suerte! – Phil se llevó otro pedazo de pan a la boca, alegre y relajado. Sus palabras fueron traducidas como "Siempre seré mejor que tú, perdedora" en la mente de Sherry logrando avivar más su espíritu de competencia.
La joven sacó de su bolsillo unos llamativos búhos de crochet que ella misma lo había hecho bajo la guía de Guilda y los puso frente a los azul-violáceos ojos de la niña. Su atención fue captada al instante.
– Son preciosos, ¿No? Toma. – Le alcanzó uno a la vez que acercaba la cuchara a su boca. – Y esta papilla también se ve deliciosa. – Mintió, sabiendo la verdadera naturaleza del plato: hígado de pollo y espinaca.
Alice no se negó a las primeras cucharadas, pero conforme pasaban los minutos elevó su nivel de dificultad al querer el otro búho. El plan original de Sherry era darle el juguete restante sólo cuando alcanzara el décimo bocado, pero la paciencia de la bebé se agotaba con rapidez y tuvo que ceder.
– Sólo tres más… – Susurró poniendo de nuevo la utensilio cerca a sus labios y cuando la nena estaba a punto de abrir la boca, unos maullidos robaron el interés de su objetivo.
– ¡Mi...na… Mi! – Alice señaló a una enorme felina de pelaje oscuro. Era Mina, la gata gorda de Phil, reclamando por su comida.
Mumu saltó bruscamente sobre la perezosa gata y la llenó de lamidas, provocando su indignación. Todos se echaron a reír menos Sherry quien se cruzó de brazos con el entrecejo fruncido.
– Phil, tu gata frustró mi inminente victoria.
– A la próxima ganarás. – Le guiñó el ojo; ella lo ignoró, aunque sus mejillas se veían levemente sonrojadas.
Emma y Norman no pasaron por alto ese sutil e íntimo momento, pero no dijeron nada.
– Tita… Ma….Tita. – Confinada en su silla de comer, la bebé comenzó a llamar a su mamá.
– Vaya, la señorita no acaba su comida, pero exige su leche. – Suspiró la joven madre, cargando sobre su pecho a la pequeña.
– Chicos, vayan a cambiarse sino van a llegar tarde al instituto. – Norman se levantó de su sitio y se apresuró a recoger las tazas. – Hoy es mi turno de lavar los platos.
Los jóvenes asintieron y marcharon a sus habitaciones. Luego de terminar la limpieza, el chico de cabellos níveos se dirigió a cuarto y encontró a Emma aún dando de lactar a Alice.
– V-voy a bañarme. – Le indicó con timidez sin verla directo a los ojos.
Ella rodó los ojos y bufó por lo bajo.
– ¡Me uno en un rato!
– ¡E-mma!
Minutos más tarde, la chica antena cumplió su palabra.
…
– Hoy me sorprendió despertar con Alice a mi lado… – Comentó Norman mientras terminaba de abrocharse el pantalón.
– ¿De qué hablas? – Emma paró de secarse el cabello, por un momento, y lo miró extrañada. – Tú siempre despiertas antes que ella.
– ¿Eh? ¿No fuiste tú quien la puso en la cama?
– No.
Norman empalideció, a punto de tener un ataque de nervios. Si Emma no lo había hecho, ¿Quién fue? Phil y Sherry estaban descartados por que ellos jamás entraban a su recamara sin tocar antes.
¿Y si Alice…?
Repentinamente lo descolocó escuchar la estridente risa de su pareja. No tuvo tiempo de sentirse ofendido por que Emma se echó en la cama arrastrándolo con ella.
– No es gracioso. – Protestó sintiendo las manos de su amada rodear su cintura y esconder el rostro en su cuello, respirando el aroma que desprendía su piel.
– Sólo quería castigarte. – Se quejó inflando las mejillas. – Llevas varios días despierto hasta la madrugada y ya pareces un panda con esas ojeras. No me gusta verte cansado.
Norman la apartó un poco, con el corazón oprimido por sus palabras. Sus ojos se encontraron y él se inclinó, buscando sus labios. Emma sonrió en medio del beso y posó una mano sobre su mejilla.
– Lo siento. – Murmuró el mayor, cerrando los ojos. – Me he sumergido demasiado en las obras de Tolstói.
– Ya no me cae.
– Controlaré mejor mi horario. – Le prometió, volviendole a robar un beso. Esta vez empezó como un roce calmado y tierno hasta que se fue transformando lentamente en uno demandante y apasionado.
Sin embargo, su caluroso momento fue interrumpido porque ambos percibieron la mirada juzgadora de su primogénita desde la comodidad de su cuna.
– Aguafiestas. – Le sacó la lengua Emma. Norman suspiró, riéndose del exagerado reclamo de su esposa a Alice.
Cuando se aseguraron de estar presentables, volvieron a bajar al primer piso. Phil y Sherry ya los esperaban en la entrada.
Aunque el invierno ya había dado paso a la primavera, había días donde nevaba de improviso y quedaba rastros de nieve en las calles. El florecimiento de sakura estaba próximo por lo que se podía percibir un ambiente agradable y fresco.
– No llegaremos a tiempo. – Dijo Phil abrochándose el cinturón de seguridad.
– ¡Claro que sí! – Emma puso en marcha el vehículo mientras Norman, su copiloto, la miró fijamente con una sonrisa encantadora – … bajo los parámetros de velocidad permitidos. – Añadió poniéndose muy recta en su asiento.
Al final lograron arribar a la escuela a tiempo.
– Norman, hoy no es necesario que me recojas. – Le avisó Sherry antes de bajar del auto.
El mayor pareció un poco sorprendido pero asintió.
– Ok. Cualquiera cosa que pase me llamas. – Su tono fue firme.
La adolescente se despidió inclinando ligeramente la cabeza y corrió detrás de Phil, intentando superarlo.
– Estará bien. – Le aseguró Emma, apretándole un hombro a Norman. Permanecieron en silencio un buen rato hasta que fueron interrumpidos por los gimoteos de Alice, desde el asiento trasero.
Cuando los niños ganado llegaron al mundo humano, no pensaron que ese acontecimiento daría paso a otra larga aventura llena de desafíos y bastantes obstáculos. A pesar que recibieron apoyo de la mayoría de gobiernos y movimientos humanitarios en favor de sus derechos, la sociedad aún no se acostumbraba a convivir día a día con ellos y, varias veces, les demostraron su rechazo.
Como al principio todos vivieron juntos bajo un mismo techo, el choque no fue tan abrupto. Pero conforme pasaron los meses, cada miembro del grupo fue trazando su propio camino y , por lo tanto, enfrentando por sí mismo a ese nuevo mundo.
Emma, como una de las líderes de los niños ganado, siempre trataba de mantener el contacto con todos sus hermanos y cada semana celebraba una pequeña reunión con algunos hermanos que vivían cerca para mantenerse informados sobre la situación de los demás.
Norman, al ser quien manejaba mejor la diplomacia y por su absoluta serenidad, tuvo la responsabilidad de ser el portavoz de los niño ganado con las organizaciones políticas. Era un trabajo agotador, pero pocas veces lo desarrollaba ya que desde un comienzo trazó una serie de acuerdos globales y homogéneos.
La forma casi tan natural en que los sentimientos románticos de Norman y Emma se amoldaron uno al otro fue percibida por todos a excepción de los enamorados. Ray y el escuadrón de Lambda tuvieron que dar el empujón final para que ese inocente amor de Gracefield floreciera en este nuevo mundo.
...
– Las luces están prendidas.
– Hayato debe haber llegado antes.
La familia avanzó hacia el interior de una pequeña, pero acogedora cafetería. El interior del establecimiento se caracterizaba por las decoraciones de búhos en las paredes así como sus variados cuadros y accesorios. Y lo llamativo se hallaba en la esquina cerca al ventanal que daba la cara a la calle: unas pequeñas repisas de distintos colores y tamaños.
– ¡Emma! ¡Norman!– Hayato apareció con una expresión risueña, cargando unas cajas. Incluso si pasara una década, el rubio conservaba ese aura infantil que lo caracterizaba. – ¡Y Alice!
Los mencionados devolvieron el saludo (incluyendo a Alice quien respondió con un "Awao")
– Voy a traer a los huéspedes. – Avisó Norman mientras caminaba hacia una de las puertas traseras del lugar. En cuanto ingresó, fue rodeado por varios búhos. Unos lo observaban desde sus nidos mientras que otros seguían durmiendo, ignorando al intruso.
– Hola a todos. Betty, Samuel, están muy animados hoy. – Las aves se apoyaron sobre los hombros del joven e inclinaron sus cabezas para acariciar su rostro. – Cloe, Iván, ¿Han vuelto a romper sus casas? Vaya, les gusta verme de carpintero.
Se fijó que la temperatura de la habitación estuviese regulada y procedió a recoger los platos de comida. Fue entonces que se dio con la sorpresa que no quedaba ningún grano de maíz y el agua escaseaba.
Le pareció muy extraño que no sobrara nada puesto que él siempre les servía comida extra antes de irse a su casa y al día siguiente encontraba entre dos a tres cuencos llenos aún.
¿Tuvieron un hambre voraz ayer?
– Sí, debe ser eso.
Regresó a la sala principal con todas las aves volando detrás suyo.
– ¡Bu...bu! – Desde su corral-cuna cerca a la cocina, Alice aplaudía maravillada el vuelo de los animales.
– Ama que hagan eso. – Emma se colocó al lado de su esposo viendo cómo cada búho se situaba en su propia repisa.
– ¿Todo listo para abrir?
La respuesta afirmativa de la joven fue la señal para que cambiara el cartel de "Cerrado" a "Abierto" y los primeros clientes ingresaran.
La idea del "Owl-Cafe" nació como una vía de distracción para las aves principalmente. A los búhos de Vincent no les gustaba pasar tanto tiempo solos en su departamento y buscaban el ruido de los humanos. Entonces Emma propuso abrir una cafetería con ellos como anfitriones. Si había café de gatos, perros, erizos, ¿Por qué no de búhos?
Norman la apoyó y se encargó de la logística para llevar a cabo el proyecto. Al comienzo tuvieron la ayuda de Ray con respecto a los postres y algunas bebidas, pero luego que emprendiera su viaje alrededor del mundo, Hayato se ofreció a darles una mano.
El negocio iba viento en popa y lo importante era que los búhos disfrutaban de su pequeño paraíso. Con el tiempo la familia de aves creció con las 7 crías de Oscar y Susie: Amelia, Louise, Iván, Cloe y Edward.
– Norman, ¿Me pasas el brownie de la refrigeradora?
El mencionado sonrió y se asomó a la cocina, pero en ese instante la silueta de un animal ingresando al santuario de los búhos lo distrajo.
¿Y eso…?
Norman pensó que se había confundido con la sombra de un objeto que alguien estaba moviendo, pero conforme se acercaba pudo reconocer que la figura era de un búho que se había quedado quieto en la entrada.
Un búho que nunca había visto en su vida.
De un momento a otro la ave alzó vuelo y se perdió de su vista. Norman apuró el paso y cuando ingresó a la habitación, no encontró nada.
– Creo que los búhos tienen un nuevo amigo.
A la hora de la cena, les contó su descubrimiento a Emma, Phil y Sherry. La chica antena lo escuchaba atenta con los ojos muy abiertos con la cuchara a medio camino de la boca de Alice mientras que los menores intercambiaban miradas de sorpresa.
– ¿Un doceavo búho? – Se preguntó la mayor, meditando unos segundos. – Interesante.
– Tiene relación con el hecho que no encontrarás ni una pizca de comida. – Apuntó el moreno.
– ¡Exacto!
– Debe ser muy tímido para no querer que lo atrapen. – Fue la opinión de Sherry.
– ¡Busquemos a ese misterioso búho! ¡Seguro que lo encontraremos! – Dijo Emma, inclinándose para darle la papilla a su bebé.
Norman asintió, pero había algo que no conseguía sacarse de la cabeza y , esa noche terminó durmiendo poco ya que se mantuvo pensando en lo sucedido hace unas horas..
A la mañana siguiente, de nuevo halló los cuencos vacíos y sin rastro del visitante.
– Ninguna puerta fue forzada. – Le comunicó Emma. – Hayato tampoco encontró alguna ventana rota.
Extraño.
Norman se rascó la barbilla, pensativo.
Sólo quedaba esperar a que la ave volviera a aparecer y entre los tres le cerrarían cualquiera vía de escape.
Durante la mañana no hubo rastros del intruso hasta que recibió unas gratas visitas.
– ¡Jefe!
– ¡Jefazo!
– Awaa
Bárbara, Cislo y Zazie lo saludaron desde una de las mesas del recinto. Uno de los búhos descansaba sobre la cabeza de Zazie quien ya se había acostumbrado a no tapar su rostro con cualquiera bolsa.
–Hola chicos, ¿Cómo les fue en su viaje a Egipto?
– Genial jefazo. ¡Las pirámides son preciosas! – Exclamó la muchacha de cabellos negros.
– Esperaba que resucitarán las momias. – Suspiró el de cabeza rapada.
– Awaa – Zazie le dio la razón a Cislo
Norman rió por lo bajo meneando la cabeza.
– Me da gusto que hayan disfrutado su paseo. – Les dijo, con una felicidad sincera.
Luego del infierno que habían padecido en Lambda, ellos solo buscaban paz en sus vidas.
– ¡Oh Emma y la jefecita! – Chillaron Cislo y Bárbara cuando divisaron a la chica antena con la niña abrazada a su cuello.
– ¡Hola! ...Alice, saluda a tus amigos.
La bebé se apartó de su escondite y extendió la mano.
– Owaa
– Awaa – Respondió Zazie.
– Owaa – Rebatió Alice.
Y entonces la conversación se redució a esos dos balbuceos.
Norman iba intervenir cuando en ese instante algo de color pardo apareció y desapareció de su campo de visión.
– ¡Es el búho!
Otra vez el ave trotaba hacia el dormitorio de los búhos.
El joven salió de inmediato tras el animal, y Emma con Barbara, Cislo y Zazie fueron detrás.
– Hayato, sal y vigila los exteriores. – Le ordenó Norman antes de entrar al cuarto.
Y por segunda vez, fue burlado por el doceavo búho.
...
Al día siguiente, a Norman le resultó más difícil levantarse ya que trasnochó contemplando los videos de las cámaras de seguridad de la cafetería. No vio nada inusual en las imágenes, pero estaba más esperanzado que esta vez atraparía a la ave.
– Jefe
– ¿Vincent? – Esa visita no se la esperaba.
El moreno le dio un sorbo a su café y le entregó una enorme bolsa de una reconocida marca de ropa.
– Por favor pruébese estos trajes. Son unos diseños de una colaboración con louis vuitton.
– ¿Ah? ¿Y por qué yo?
– Usted posee la talla ideal y perfecta.
Una gotita de sudor resbaló de su frente, pero al final Norman accedió.
Debido a sus gustos por la moda y talento en la alta costura, Vincent, Gillian y Gilda se asociaron y fundaron una marca de ropa para fiestas. Les iba tan bien que varias veces fueron invitados exclusivos en pasarelas reconocidas a nivel mundial.
– También traje unos vestidos de primavera exclusivos para la señorita Alice. – Le dijo mientras le medía los hombros con un centímetro.
– Creo que ya tiene muchos y Emma siempre repite…
– ¡Sacrilegio! – Se llevó las manos a la cara, horrorizado. – Voy a tener que volverle a enseñar a Emma el uso correcto del guardarropa.
Era admirable que Vincent no se rindiera con su esposa sobre su falta de interés en la moda.
– Oh, ¿Y ese búho?
En el momento que su amigo habló, el color pardo que tanto lo intrigaba apareció frente a él.
El búho lo miraba fijamente y repentinamente abrió sus alas y cruzó por encima de su cabeza rumbo a la cocina.
– ¡Atrapalo! – Norman abrió la puerta de la entrada y se encontró con Emma y Hayato.
– Norman, estás agitado – Emma puso una mano sobre su pecho, preocupada. – ¿Qué pasa?
– El ave estuvo aquí. ¿No lo vieron?
– Escuché un ruido mientras sacaba unas frutas del refrigerador, pero no me voltee a ver qué era. – Dijo su esposa, apenada.
– Yo entré unos segundos antes que tú. – Fue la respuesta de Hayato.
Norman se contuvo para no lanzar un quejido de frustración en frente de todos.
…
Había pasado ya una semana desde la aparición del doceavo búho y Norman había comenzado a unir cabos de todos los acontecimientos que sucedían en la cafetería.
Lo primero era que el ave sólo aparecía cuando recibía visita de sus amigos.
Lo segundo era que Emma y Hayato escondían algo.
Y además sospechaba que las cámaras de vigilancia habían sido manipuladas.
Las tres principales piezas ya se habían unido en su cabeza. Solo faltaba una más para resolver el rompecabezas.
Esa tarde había cerrado temprano la cafetería por que era la reunión semanal de Emma con sus hermanos y se había llevado consigo a Alice. Hayato estaba en sus clases de repostería.
Él prefirió volver a casa y estudiar unos manuales de reinicio de sistemas complejos de seguridad. Cuando terminó su lectura, se percató que ya había anochecido y nadie había vuelto.
Sólo estaban él, Mumu y Mina.
¿Qué había pasado con todos?
Primero llamó a Phil y Sherry, pero sólo lo atendía el buzón de voz. Le mensajeo a Emma para que ella tratara de comunicarse con los chicos, pero no recibió respuesta.
Las alarmas se encendieron en su cabeza y decidió ir al punto de su reunión: La casa de Gillian.
Durante el trayecto no pudo evitar que pensamientos negativos carcomieran su cerebro. ¿Y si le había pasado algo a Phil, Sherry, Emma… o Alice?
Alice.
Ella era un milagro.
A pesar que siempre quiso formar una familia con la mujer que amaba desde pequeño, los experimentos en Lambda lo cambiaron bastante y estaba aterrado que su enfermedad resultara hereditaria.
Por ello, tuvieron que pasar varios años luego que se curara para que diera el enorme paso de tener hijos. En ese largo camino, Emma respetó su decisión y jamás le reprochó por sus miedos y pesadillas.
Era natural.
Lo que experimentó en Lambda difícilmente desaparecería de sus recuerdos.
El taxista lo interrumpió de golpe informando que ya habían arribado a su destino. La casa de Gillian estaba a oscuras y tranquila. Fue fácil ingresar por que no le habían echado llave a la cerradura.
El interior de la casa se había sumergido en un absoluto silencio y Norman vislumbro algo moviéndose en el patio, pero no podía distinguir bien qué era así que palpó la pared para poder encontrar el interruptor.
– Norman…
Se giró sorprendido al escuchar la voz de Gillian.
– ¿Dónde estás? ¿Qué ha pasado?
– Todos estamos en el comedor.
– ¿Qué hacen ahí?
– En cuanto vengas, lo entenderás.
Fue entonces que Norman comenzó a tener un deja vù y nuevamente estaba en Gracefield atravesando los pasillos en busca de sus hermanos. Pero se enfocó en el presente y avanzó tranquilo.
Tan pronto como ingresó a la otra sola, la puerta detrás suyo se cerró de golpe.
– ¿Qué está pasan..?
Su pregunta quedó a la mitad por que todo se iluminó a su alrededor y varios cañones de confeti resonaron.
– ¡FELIZ VEINTITRESAVOCUMPLEAÑOS, NORMAN!
Norman, asombrado, se quedó muy quieto unos segundos y entonces giró bruscamente. Todos sus hermanos y hermanas le sonreían, vestidos de gala.
Tal y como sucedió en su onceavo cumpleaños.
– Por tu cara, recién recuerdas que hoy es tu cumpleaños. – Se burló Gilda. Su vestido era de un azul claro. El mismo modelo que diseñó de pequeña.
– Las viejas costumbres no mueren. – Se unió Don.
Volvió a mirar a su alrededor y comprobó que incluso los chicos de Lambda vestía formalmente.
Y entre la multitud de personas, volvió a reconocer ese color coral que lo hipnotizó de niño.
– Emma…
– ¡Te volví a sorprender!
Emma, con su cabello largo y ondeado, giró sobre sí misma. La miraba fascinado como si fuera la primera vez que la veía así.
– Te vas a caer, tonta. – Dijo alguién más y Norman volteó la vista rápidamente hacia el dueño de la voz.
– Ray…
El susodicho, vestido como un shinigami, cargaba a Alice quien usaba el mismo vestido coral de Emma.
Su corazón se enterneció y de pronto el graznido de un ave llamó su atención.
¡Era el doceavo búho!
La ave se sentó sobre el hombro de Emma quien sacó de su bolsillo un control remoto.
– Ah…
– ¡Nosotros lo diseñamos! – Exclamaron Thomas y Lanni.
– Yo dí los dibujos y ellos lo llevaron a cabo. – Le explicó Ray. – Tu hija también participó dando la aprobación del modelo.
– Pa… pa. – Alice se revolvió en los brazos de su amigo.
– La aburrí. – Señaló con burla en sus ojos. – Ve con tu padre. – Y se la entregó a Norman.
– Tu también me engañaste. – Le reprochó con ternura a su hija. – Ahora entiendo por que cada vez que venía uno de ustedes, ese búho aparecía. Y también tienen que ver con las cámaras de seguridad…
– Fui yo, jefe. – Admitió Vincent. – ¡Y te hice este traje! – Dos Adams le entregaron una chaqueta de color azul. – ¡Para que se imponga como un emperador!
Ray explotó en carcajadas.
– Es como príncipe. – Le corrigió Gilda y le alcanzó a Norman una corona. – Emma y Alice también tienen la suya. ¡Venga, pruébatelo!
– ¡Sí, ponte tu traje! – Corearon el resto de sus hermanos.
El dueño del cumpleaños le pasó a su hija a su amiga y , un poco avergonzado, se puso la chaqueta y corona.
– ¡Wow, se ve magnífico! – Lloró Vincent.
– ¡Al jefazo le queda todo bien!
– Awaa
– ¡Los tres parecen de la realeza!
Todos los presentes aplaudían emocionados.
– ¡Fue un éxito total! – Exclamó Emma, orgullosa de sus hermanos quienes la ayudaron en su plan.
– Damas y caballeros, damos inicio al show de regalos para el jefe. – Anunció Vincent luego de tomar el micrófono. – Jefe, por favor siéntese en su trono.
Norman enrojeció al comprobar que habían disfrazado dos muebles como tronos de la realeza.
Sherry lo jaló de la mano y lo instó a sentarse en esa enorme silla. Emma se puso a su lado, con Alice sentada en su regazo.
El primer acto de la noche consistió en la interpretación con instrumentos musicales de la canción de feliz cumpleaños. Nat se puso en el piano, Phil tomó el violín, Sherry tocó la flauta y así cada hermano tomaba su instrumento. Otros que estaban con las manos vacías, se pusieron a cantar.
Ahora entendía el porqué Sherry le pidió en los últimos días que no la recogiera de clases. Se estaba reuniendo con los demás para practicar la actuación musical.
El segundo acto consistió en los trucos de magia de Don como hace años. No obstante, esta vez se lució por que Ray no logró revelar sus secretos. Alice se entretuvo bastante con el show de las cartas.
El tercer y último acto consistió en un recital de poemas de sus amigos de Lambda. Aunque eran versos muy cursis, Norman se conmovió por el sentimiento que le pusieron a cada estrofa. En algunos versos también incluyeron alabanzas a Alice.
– No esperabas esto, ¿verdad? – Le preguntó Emma mientras avanzaban hacia el patio para cortar la torta.
– Es la segunda vez que recibo una grata sorpresa. – Aceptó el cumpleañero tomándole de la mano. – Gracias.
– ¿Crees que, cuando seamos adultos, llevaremos ropas tan distintas como estas y nos reuniremos para cenar? – Ella repitió las mismas palabras que Norman le había dicho aquella noche de su onceavo cumpleaños. – Aquí tienes tu respuesta. ¡Feliz cumpleaños, Norman!
El cumpleañero sonrió pellizcándole una mejilla y alzó la vista hacia la luna que los iluminaba junto a la constelación de estrellas.
Esta vez cuando miró sus manos no había sangre.
Era difícil borrar los malos recuerdos, pero junto a su familia y amigos los buenos momentos los iban reemplazando poco a poco.
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FIN
Espero que les haya gustado :)
