Nota: ¡Hola! Hace unos meses escribí "Inmortal", una historia sobre Diego de la Vega y un personaje que me inventé llamado Josefina, quien es mesera en la taberna. Desde entonces, me he estado imaginando otras cosas que podrían pasarles a ellos dos; cosas que también les sucedieron, pero que no alcanzaron a entrar en la historia principal. Por eso, he aquí la primera de las que he llamado "historias del universo expandido de Inmortal". ¡Ta-dam! Puede decirse que ocurre a mitad del segundo capítulo de "Inmortal", luego de que Diego regresara de España, durante la época en que ella lo veía en la taberna y suspiraba por él. Esta está en primera persona y como entrada de diario; lo escribí de una forma ligera, algo así como van surgiendo los pensamientos de Josefina al escribir.

(También puede leerse por sí sola, como un oneshot o historia de un solo capitulo).

Título:

Inolvidable

Hoy lo vi.

Era la hora del almuerzo y él entró por esa puerta.

Dios Mío.

Debería ser un crimen ser así de guapo, don Diego, así de alto, de galante, tener esa sonrisa y esa mirada que usted prodiga por todos lados. ¡Crimen capital! Pena máxima, ya lo dije. Pero la que quería ahorcarse fui yo, cuando lo vi sentarse en la mesa tres (la uno, su habitual, estaba ocupada por unos lanceros) y sentarse ahí con ese aire que es una mezcla imposible entre despreocupado y elegante. ¿Lo sabe, don Diego? ¿Sabe que es usted la cosa más hermosa que ha agraciado la superficie de este planeta? Pues sépalo. Sorpréndase y ríase si quiere, que yo en esa risa me sumerjo y me arropo.

Me acerco con el alma hirviendo a borbotones:

"Buenas tardes, señor. ¿Desea almuerzo?"

Me atrevo a mirarlo a los ojos; él ya tenía los suyos color café claro clavados en mí.

¿O no?

¿O sí?

"Buenas tardes, señorita. ¿Cuál es el menú del día?"

Pato con arroz o pollo con vegetales, he repetido al menos veinte veces hoy. Pero las palabras me evaden, desaparecen mientras estoy ahí frente a él, como tratando de avanzar por una escalera que se hace humo.

Algo dentro de mí quiere rendirse y gritar mientras cae al vacío, a la vez que se deja envolver por unas ráfagas de algo dulce y embriagador. Pero otro algo, quizá la pizca de raciocinio que se aferra a trepar por una pared, sale al rescate y me hace pronunciar tres palabras como una autómata:

"Pato o pollo."

"Pato, por favor. ¿Viene con papas o arroz?"

Qué bien suena eso en su voz: papas o arroz.

Papas o arroz.

Lo que usted quiera.

"¿Cuál… quiere?"

"¿Papas puede ser?"

"Sí, con permiso."

No dijo papas o quiero papas. Pregunto si podía ser. ¿Por qué? Porque él es el colmo de la amabilidad y de lo respetuoso, no es que sea irrespetuoso decir quiero papas, pero estoy segura de que, sin buscarla, él siempre encuentra la manera de ser lo más cortés posible. Y en contraste, es fuerte y valiente a la vez. ¿Que cómo lo sé? Algo en sus ojos…

Papas.

Que si pueden ser papas.

Sí, sí y sí, no se me pasó por la mente un no.

Entonces fue cuando la burbuja en la que fui flotando desde el área de las mesas a la cocina hizo ¡plop! Había berenjenas, zanahorias, pimentones, cebollas y calabazas, pero ni la mitad de una papa.

No entres en pánico, Josefina, me dije. Piensa. Ir a buscar papas así fuera debajo de las piedras y cocinarlas me tomaría al menos una hora, así que: descartado.

Tú puedes, tú puedes hablarle de nuevo. Es bueno hablarle de nuevo. No se va a enojar, él no es así. Mientras don Theo no se entere de que ando agregando al menú cosas que no tenemos, todo está bien.

Mi vista se fue de nuevo a la mesa tres: se había sumado otro ocupante más.

"Permiso, buenas tardes, discul-"

"Un almuerzo igual al de él, por favor."

"Disculpe, pero ya no tenemos papas. ¿Podría sustituirlas por arroz?"

Él habló: "Claro, no hay problema."

Pero el otro continuó: "Pues yo sí tengo problema, ¿por qué ofrecen algo que no tienen?"

Porque estaba en estado de trance al estar cerca de su amigo, por eso. Porque no reaccioné, porque el camino del cerebro a la boca es muy largo cuando se encuentra ofuscado por el enamoramiento.

¿Enamoramiento? ¿Amor?

"Disculpe, señor, pensaba que había pero se nos terminó."

"Pues no parece que pienses mucho."

"Oiga-"

"Ricardo, ¿qué te pasa? No tienes por qué hablarle de esa manera."

Ay, Dios.

El embrujo se acrecienta. Otra vez y cada vez más. Como un cosquilleo detrás del cuello y de la mente.

Olvidé qué era lo que iba a responder.

"Diablos." El que se llama Ricardo respiró profundo: "Mis excusas, señorita, he tenido una mañana de perros. De eso quería hablarte, Diego, de la reunión con el Magistrado sobre los terrenos. Eh, arroz está bien."

"Con per-miso."

El miso me salió como en un débil susurro y voy a explicar por qué: justo en ese momento, cuando estaba por retirarme, miro a don Diego una vez más:

"Con per-"

Él me mira. Y sin que el otro lo vea, me guiña un ojo.

"-miso."

Voy caminando, buscando los platos, sirviendo la comida (un poco más de salsa para usted, don Diego, y la mejor parte del pato), y me regocijo en las palabras con que me defendió, las disecciono y me las guardo; revivo el breve gesto al final, su forma de decirme no te preocupes, todo está bien, de restarle importancia al grave problema que nos azotó hoy, el problema de las papas y mi distracción, un poco más de arroz para él, como decía tía Caridad, definitivamente todo pasa por algo, mi estupidez con las papas sirvió para que se fijara en mí un ratito, para que me mirara, para que reprochara a su amigo para protegerme a mí, en honor a la caballerosidad, seguro, pero a mí.

Les serví la comida y la bebida mientras hablaban. El Ricardo parecía bastante acalorado contando su historia, hasta enojado; Diego lo escuchaba con atención, serio, una expresión pensativa, como buscando una solución a cualquiera que fuera el problema, estaba ceñudo, incluso.

¿Qué le preocupa, don Diego?

Sea lo que sea, sé que lo resolverá.

Me voy detrás de la barra a secar vasos y a servir bebidas y lo miro de vez en cuando, lo suficientemente poco como para que parezca casualidad. Solo su presencia cambia toda la atmósfera de la taberna. Tengo que concentrarme para no servirle vino al que pidió brandy, para cobrar la cantidad que es y dar el vuelto con exactitud.

Voy a recoger una mesa y otra más, siempre cuidando de no darle la espalda a la número tres. Y en eso, veo que se ponen de pie.

Qué alto que es, pienso mientras me acerco. Si me pusiera a su lado y nos midieran, ¿a dónde le llegaría? Con suerte, al mentón.

Concentración.

El otro dejó el dinero sobre la mesa y se adelantó a la puerta.

Yo voy recogiendo los platos. Si lo miro, me voy a desintegrar en pedacitos.

"Señorita, le ruego disculpe a mi amigo."

"Usted disculpe que no había papas."

¿Qué dije?

"El arroz estaba delicioso así que no me quejo."

Cada una de sus palabras me endulza el oído, aunque sean sobre papas y arroz.

Y yo… yo no tengo palabras que decir. O las tengo, pero no podría decírselas. De modo que, sin pensar más, lo miro.

Ya no sé nada más. Todo me da vueltas.

Recibo el dinero y además del metal de la moneda, siento la piel de su mano que roza la de la mía en un milímetro cuadrado durante un instante infinitesimal.

"Hasta pronto, señorita."

"…adiós."

(…)

Ya debe ser cerca de la medianoche. Tío Pedro ronca en su habitación y yo estoy aquí en la mía, escribiendo una sarta de cursilerías sobre un hombre que nunca le va a prestar atención a la mesera de la taberna. Es duro decirlo, pero es así, Josefina. No lo olvides.

Y sin embargo…

…hoy lo vi. Y él me miró y ¡hasta me guiñó el ojo! Y fue amable conmigo.

Don Diego…

Hoy lo vi y este día no lo voy a olvidar jamás.

FIN.

Notas:

- Para quienes leyeron "Inmortal", probablemente notaron algunas referencias de esa histoeia. Por ejemplo, me gustó mucho mencionar al tío Pedro otra vez.

- ¿Es raro pensar que un hombre es "la cosa más hermosa"? Jaja, para mí no XD De hecho es lo que suelo decir al estar viendo un capítulo del Zorro y ver aparecer a Diego por primera vez en el capítulo. De hecho eso mismo digo: "Y aquí llegó la cosa más hermosa que ha pisado este planeta". Así que bueno, de mi mente a la mente de Josefina, es normal para nosotras (jaja).

- Gracias por leer!