La habitación estaba en casi completo silencio, siendo la respiración acompasada de uno de los integrantes la única que lo perturbaba, durmiendo plácidamente. Sin embargo el chico a su lado era un caso distinto, totalmente despierto viendo al otro dormir con tranquilidad, una que su mente no poseía en ese momento.

Para Yusei Fudo, el concepto de "extraño" era muy relativo, es decir, teniendo en cuenta todos los males a los que se había enfrentado hasta ese momento, como los Dark Signers y descubrir que tenía los poderes del dragón carmesí, algo como viajar en el tiempo para detener a un sujeto que quería destruir el juego de cartas solo sería algo más en la agenda de cosas extrañas pero no tan extrañas que le habían pasado ya.

Más ahora, observando al desnudo chico a su lado, su mente divagaba y no dejaba de pensar una y otra vez en la extraña situación en la que estaba, no lograba entender como las cosas terminaron así y… tampoco es como si se arrepintiera que hubieran pasado. Pero él sabía muy bien que no era correcto y le perturbaba que a pesar de saberlo, lo hizo igual.


Judai Yuki.

Un chico realmente animado que captó su atención apenas lo vio. Desde su personalidad animada y alegre, su curioso cabello y sus bonitos ojos chocolate.

Además era un chico apasionado, se lo dejo claro en aquel duelo contra Paradox. Yugi y Judai eran personas fuertes que no se dejarían derrotar por nada y el admiro eso.

La despedida para el significo algo esperable pero emotivo, a pesar de apenas conocerlos, podía ver en sus corazones aquella valía que los hacia grandes duelistas. Y cuando se despidió de Yugi, en su mente se dijo que fue una valiosa experiencia y fue suficiente para él. Mas cuando dejó a Judai en su tiempo… se sintió extraño. Sabía que era otra despedida, pero hasta ese momento fue que cayó en cuenta de la ligera incomodidad que sintió dentro de él al pensar detenidamente en la idea de no volver a verlo, una que no sintió al despedirse de Yugi Motou.

Judai se bajó con emoción de la moto apenas volvió a Venecia, admirando el bello lugar y notando que el desastre causado por Paradox ya no existía más.

—¡Mira Yusei, lo logramos! —exclamó, aún si era algo obvio fue su espontaneidad hablando, mientras una amplia sonrisa se posaba en sus labios.

Yusei se sintió perdido en aquella sonrisa por varios segundos… definitivamente era difícil quitarle la mirada de encima a Judai.

—Lo hicimos —concordó, su tono suave y con una leve sonrisa, queriendo corresponder la contraria—. Cuídate mucho, Judai.

—¡Lo haré, viejo! —respondió animado, levantando un puño a manera de despedida.

Yusei vio aquel gesto y levantó su brazo correspondiéndolo, chocando sus puños con familiaridad para luego arrancar el motor. Miro de reojo al chico, los ojos marrones y cobaltos se encontraron, como si el tiempo en ese momento no existiera. Yusei no supo cuánto tiempo duro aquel intercambio de miradas, pero cuando finalmente cayó en cuenta de ello la desvió rápido, centrándose en el camino frente a él, su corazón agitado. Estuvo a punto de irse, pero un toque en su hombro le hizo respingar, evitando que tocara el acelerador.

—Yusei, ¡espera! —la manera en que dijo su nombre fue tan—. Yo…

El castaño se rasco la mejilla y pareció balbucear algo, inseguro. Yusei no sabía que intentaba decirle, pero lo que pasó después no se lo espero nunca.

Sintió como el chico levantaba su casco y estuvo tan sorprendido por eso, que simplemente no supo cómo reaccionar ante el repentino beso… Fue como si todo se hubiera congelado y lo único que existía en ese exacto momento eran los labios de Judai tocando con suavidad los propios, una sensación que nunca había experimentado y, en ese momento, le hizo sentir como si flotará.

Y tal y como vino, se fue.

Judai volvió a dejarle el casco en su lugar y sonrió, nervioso y con las mejillas teñidas de rojo.

—…nunca te olvidare —terminó la anterior frase, mientras el viento meneaba su cabello y chaqueta de una manera que Yusei pensó solo podía ser mágica.

Aquellas palabras se sintieron tan reconfortantes, que temió estar en una especie de ilusión. Su rostro también se pintó de rojo, pero uno menos escandaloso que el de su compañero.

Y quizás fue por no saber cómo responder a aquello o un repentino miedo nacido de lo más profundo de su alma… que simplemente aceleró, invocando el poder del Dragón Carmesí, sin mirar de nuevo atrás, mientras volvía a su tiempo.

Una decisión de la que no sabía si arrepentirse o no.


Luego de cerca de medio año, Yusei aún era incapaz de superarlo.

Las primeras semanas fueron peores, volvió a su tiempo y todo siguió su curso, mirando aliviado a sus amigos y como todo seguía igual que antes. Sin embargo, por dentro las palabras y acciones de Judai Yuki le habían dejado intranquilo.

Ahora más que nunca recordaba esa espontaneidad de la que tanto presumía aquel muchacho y Yusei se sintió sumamente tonto por quizás darle tantas vueltas a algo que probablemente no había sido la gran cosa para él. Tal vez solo fue su manera de despedirse, ¡o quizás fue un gesto para desearle buen viaje!

…. ¿Entonces porque no había hecho lo mismo con Yugi? ¿Si se notaba a leguas que era un gran admirador suyo?

Suspiró, mientras se limpiaba la grasa de motor de sus manos con un trapo. Su mente divagaba siempre en aquel momento y eso lo notaron sus amigos, sin embargo siempre se excusaba con algo o le restaba importancia, no era la gran cosa y no necesitaba que sus amigos se preocuparan por algo así.

—Tal vez… —susurró para sí mismo, mientras veía su marca en el brazo…. ¿Sería muy irresponsable usar los poderes del dragón carmesí? Apenas lo pensó agito la cabeza. No, era una locura y un capricho que pondría poner en peligro la continuidad del espacio-tiempo, ¿en que estaba pensando?

Sin embargo, no podía quitárselo de la cabeza y le preocupaba que luego de tanto tiempo, fuera incapaz de simplemente olvidarlo.

Y un día, solo por mera curiosidad o prueba, lo hizo. Volvió al pasado, a aquella época, pero no, no dejo que Judai lo viera.

Le sorprendió ver la facilidad con la que el Dragón Carmesí le dejo volver, pero el mismo se dijo que no lo volvería a hacer. Solo- necesitaba verlo una última vez, para poder seguir su vida.

Por desgracia, apenas lo halló entre las calles de Millán… supo que había cometido nuevamente un error.

Quiso hablarle, disculparse por irse sin más, de… no haber dicho algo ante su acción. Pero Yusei sabía que si se acercaba, quizás… no, ni siquiera quería pensarlo. Además, no debía alterar nada del pasado por algo tan egoísta.

Así que se fue nuevamente, luego de horas de ver al duelista, de asegurarse que estaba bien.

Y cuando volvió a su época, nuevamente regreso a esa etapa donde no podía concentrarse en lo más mínimo. Ah, sí al menos pudiera saber que Judai tuvo una vida plena… Quizás así él tendría la paz que buscaba y podría dejarlo atrás.

Sus pensamientos siguieron atormentándolo hasta que unos días después, sin querer, Rua le dio una idea de la cual se sintió tonto nunca haber pensado.

—¡Meh Yusei! ¿¡Crees que podrías contarnos sobre Yugi-san?! Ruka y yo investigamos en la biblioteca sobre los grandes duelistas de la historia para una tarea, ¡pero nada se compara a que lo hayas visto en persona!

Fue un foco que se había encendido de repente.

Luego de ayudar a los gemelos, ni corto ni perezoso se dirigió a la enorme biblioteca pública de Ciudad Neo Domino. No solo habían libros, sino bloques llenos de información recopilatorio de los años anteriores, desde entrevistas, informes, hasta revistas y demás.

Busco su nombre, rogando con encontrar al menos un poco de información, algo que le calmará sobre aquella incertidumbre, cuando realmente dentro de él, lo que Yusei anhelaba saber era si Judai había tenido una vida feliz.

La pantalla holográfica le mostró la cantidad de resultados, no eran ni de cerca la enorme cantidad que había al buscar sobre Yugi Motuo, pero era suficiente. Algunos artículos hablaban del sobresaliente alumno sliffer de la academia de duelos, otros de como lentamente se hizo conociendo en el mundo de los duelos como trotamundos, apareciendo en diversas competencias o ayudando a novatos a prepararse. Incluso Yugi lo mencionó en su autobiografía.

Saber eso le hizo sonreír sin que se diera cuenta, Judai fue alguien muy importante y eso le hacía sentir contento por él. Más cuando siguió navegando… aquella sonrisa desapareció por completo de su faz.

Un anunció más llamativo, una portada de un periódico antiguo le hizo sentir como si un balde de agua fría hubiera caído de repente sobre su cuerpo. Lentamente volvió a leer el título, rogando mentalmente por haberse confundido.

"Johan Andersen y Judai Yuki, ¡Los esposos duelistas que asombran al mundo!"

Debajo del título había una foto en blanco y negro del que suponía era Johan Andersen, luciendo un sencillo traje blanco mientras llevaba de la mano a Judai, que hacia un signo de paz con su mano libre mientras lucía una sonrisa avergonzada a la cámara, con un traje de tono negro.

La noticia detallaba como la pareja un día sin más apareció casada, no se había sospechado antes sobre una posible relación entre ambos duelistas más que simples chismes de revistas amarillistas y también debido a lo poco que se solían frecuentar en los torneos. Sin embargo al final resultó ser una verdadera relación donde ambos lucían sumamente contentos. La noticia fue viral debido al ya prestigio que tenía Andersen que combinado con la fama que poco a poco fue sembrando Judai con los años, fue una explosión de los medios que obviamente buscaron saturar el internet con la noticia.

Yusei tuvo que dejar de leer luego de unos minutos. Había sentido como si le hubieran golpeado con fuerza y se sentía sumamente aturdido. Pero siguió leyendo, con esa sensación amarga en su boca, mentalizándose que Judai era feliz, que eso era todo lo que importa, que a eso había venido-

Hasta que encontró otra noticia, o más bien muchas, pero todas con la misma foto y anuncio que hizo que dejará de leer.

La confusión de sus sentimientos fue tal que simplemente salió corriendo, subiéndose a su moto sin mirar atrás.

Estaba agitado, le costó trabajo poder manejar correctamente por eso mismo. Tuvo que tomar un carril poco transitado para evitar tener un accidente, su mente maquinaba a mil por hora la información y no dejaba de llamarse un tonto por estar así.

"Es normal que formará su vida con alguien más" no dejaba de repetirse incesantemente, algo molesto consigo mismo debido a su propio actuar. No tenía derecho a reclamar nada, es decir, apenas se habían visto, no llevaban más de un día de conocerse y ese beso no debió significar nada…

Yusei nunca era impulsivo.

Pero por esa vez, se dejó llevar por completo por sus emociones. Usando sus poderes, su moto empezó a rodearse de la energía del Dragón Carmesí conforme más aceleraba. Sabía que había llegado más allá del límite de velocidad permitido, pero no le importo, solo Judai ocupaba sus pensamientos en aquel momento.

Y cuando sintió la energía acumularse, solo un pensamiento atravesó su mente.

"Espera, Judai"


Judai se sorprendió enormemente cuando lo vio, al punto pensó que quizás era una alucinación, pero lo confirmo cuando corrió a sus brazos, envolviéndolo en un eufórico abrazo. Escucharlo gritar su nombre con tanta emoción reconforto su corazón de sobre manera, aliviando ese sentimiento de vacío que lo estuvo acompañando desde que había vuelto a su época.

Yusei correspondió el abrazo, queriendo embriagarse de su aroma. Los celos lo habían llevado de vuelta, pero su corazón fue el más aliviado al ver esos hermosos ojos chocolate de nuevo.

Judai le guio por la ciudad, esa vez se encontraba en Irlanda, siguiendo con su camino de duelista aventurero. Le contó sus aventuras en aquel tiempo que se fue, al parecer solo habían pasado como dos meses desde la última vez que se vieron para el duelista del pasado y aun así le confesó que lo había echado de menos.

—¿Sabes? Realmente creí que jamás te volvería a ver —admitió apenado Judai, desviando la mirada. Ambos estaban en una cafetería pequeña, debido al poco presupuesto del chico.

A Yusei esa respuesta no le sorprendió, pero recordando aquel beso, finalmente pudo hacerse una idea entonces del porque este había ocurrido.

Estuvieron hablando otro rato, tratando de no presionarlo, era agradable simplemente hablar con él, verlo reír. Pero para Yusei, cuya sensación amarga seguía en lo profundo de su garganta, fue inevitable tener que preguntar una vez salieron de la cafetería.

—¿Por eso me besaste? —cuestionó en un murmulló, recordando las palabras del chico.

La reacción de Judai no se hizo esperar, una sonrisa avergonzada acompañada de un rubor algo más profundo en aquellas bonitas mejillas, deteniendo su caminata.

—…realmente si, viejo. Yo… ah, vas a llamarme un completo tonto pero- —tuvo que tomar algo de aire. Yusei aguanto la respiración en anticipación—…. Realmente me gustaste desde el primer momento que te vi y- ¡ya sé que no pasará nada! —Aclaró de inmediato, rascando su cabeza con nerviosismo—. E-Es decir, eres del futuro y ¡es genial! Solo uh… quería despedirme al menos sabiendo que no me iba a arrepentir de no haberte besado y…

Judai siguió hablando, pero para Yusei, aquellas palabras habían sido más que suficientes para él.

El chico habló y habló, moviendo las manos con nerviosismo, tratando de explicarse con aquella elocuencia que recordaba. Sin embargo, el motociclista vio sumamente tentador el movimiento de sus labios. Y sin que Judai lo esperara, lo tomo con suavidad de la barbilla y lo hizo, volvió a juntar sus labios, callando por completo al antiguo slifer de su extensa cháchara.

Cuando pasaron varios segundos, finalmente se separó, dándole algo de gracia la cara avergonzada y sorprendida del contrario.

—Tú también me gustas, Judai.

Y aquellas simples palabras iniciaron algo que se le salió de las manos, a ambos.


El duelista del futuro finalmente se levantó de la cama, tratando de no hacer mucho ruido, aún si sabía que podía caer una bomba en ese momento y Judai no movería ni un solo dedo.

Acarició su cabello con suavidad, sonriendo.

Su estancia en aquella línea del tiempo se había prologando más de lo que quería, llevando ya cerca de tres meses. Intento irse varias veces, pero le fue imposible. No sabía si el poder del dragón carmesí le permitiría seguir yendo y viniendo o si esto mismo le haría provocar una fractura en el espacio-tiempo, que era su latente temor.

No sabía cómo despedirse… o si solo sería un adiós temporal, prometiendo volver luego. Suspiró, era muy temprano para perderse en esa clase de pensamientos.

Fue a darse una ducha rápida y al volver, ya Judai estaba sentado en la cama, tallándose un ojo mientras bostezaba.

—Buenos días... —saludó, sonriendo un poco adormilado. Yusei le sonrió y deposito un beso en su mejilla.

—¿Dormiste bien? —preguntó secándose el cabello.

—Como un bebé —exclamo divertido, sacándole una pequeña risita al motociclista.

El día pintaba para ser perfecto, ambos sonriendo y haciéndose bromas, como si aquellos problemas no existieran.

Salieron de aquel hotel, viajando en la moto. Judai abrazaba su espalda con cariño siempre que se montaba en esta y a Yusei le reconfortaba su calor.

Habían estado viajando alrededor del Reino Unido, como si fueran una pareja recién casada. Una bella ilusión que ambos compartían en sus mentes, pero que por desgracia, no duraría mucho.

Ese día llegaron a su destino en Escocia. Debido a las horas de viaje tomaron un merecido descanso y fueron a una pequeña tienda a comprar provisiones. Mas luego de estar unos minutos entre los estantes, hubo algo que saco a Yusei de aquella zona de ensoñación en la que había estado en los últimos meses.

—¡No puede ser! —exclamó el castaño, señalando la pequeña televisión colgada en una esquina al pasar por un pasillo—. ¡Es Johan!

Apenas oír ese nombre, Yusei sintió su estómago encogerse. Su mirada fue a donde apuntaba Judai y efectivamente, el duelista que había visto en aquella noticia hacía meses estaba en pantalla, dando un pequeño discurso en honor a un torneo amateur que empezaría al día siguiente en Londres. Lucía más joven, pero era él, hablando fluidamente en inglés lo contento que estaba de ayudar a futuras promesas del duelo y que no importaba los resultados, todos debían esforzarse y confiar en sí mismos.

—¡No estamos tan lejos de Londres! —siguió diciendo Judai, rebosante de alegría—. ¡Podríamos ir a verlo, Yusei! Es mi mejor amigo, estaría encantado de conocerte.

Pero el siguió en silencio, su mente se había perdido en aquella noticia, en el sonriente Judai de la foto, con ese brillo avergonzado en sus ojos, su mano entrelazada dulcemente con la de aquel chico y el traje que, sin ser ostentoso, lo hacía ver aún más hermoso.

Aquellos temores que había estado haciendo a un lado todos esos meses vinieron de golpe, agitándolo. ¿Qué estaba haciendo?

Lo había leído e investigado, Judai tendría una vida plena, quizás no sería muy reconocido pero se forjaría su propio camino a su manera, su matrimonio seria estable y en ningún artículo alguna vez se insinuó un divorcio o problema marital. Incluso…

Pero sus celos habían sido tan grandes que prefirió huir, huir de algo que ya había pasado y en vez de afrontarlo con la cabeza en alto y aceptar esa vida plena que le esperaba a Judai, fue a la opción más cobarde. Cada minuto que pasaba a su lado le estaba arrebatando momentos de felicidad al lado del que sería su futuro esposo, con el que estaría hasta su vejez, pleno y completo. Y más que nunca, Yusei se sintió como el ser más egoísta y estúpido del mundo.

—¡Yusei! Tierra llamando a Yusei, ¿me copias? —su voz fue lo único capaz de hacerlo salir del trance.

El castaño lo miraba con algo de preocupación, se había quedado congelado a mitad del pasillo sujetando un envase de ramen instantáneo. Por un segundo creyó que quizás le estaba costando trabajo elegir un sabor, pero pasado tanto tiempo fue inevitable llamarlo con preocupación.

El motociclista lo miró finalmente, para luego levantar el envase de ramen.

—Lo siento, yo… recordé que esto solíamos comerlo mucho en Satelite —mintió a medias.

Judai lo observó por varios segundos, pero su semblante se tranquilizó poco después, a lo que le dio un juguetón golpe en el hombro, queriendo alejar cualquier posible mal recuerdo que su pareja pudo haber tenido—. ¡Hey, relaja la cara! Sé que debes extrañarlos, pero… vas a volver pronto, ¿no? ¡Y luego te estaré esperando!

Ah… sus palabras se sintieron como cuchillos clavándose en el estómago. Era tan comprensivo, dulce y despreocupado…

—Anda, vamos a pagar, ¡me muero de hambre y debemos planear nuestra ruta para Londres! —tomando su mano y con la otra llevando la pequeña cesta con compras, Judai emprendió el camino a la caja. Yusei solo se dejó llevar, dejando que su novio hablará sin parar para permitirse pensar.

El momento finalmente había llegado.


—Neh Yusei, ¿estás seguro que estas bien?

Ambos estaban acostados en la cama de aquel hotel. Era individual así que estaban bastante pegados, Yusei tenía abrazado al menor desde atrás, así que Judai no podía ver su rostro, sus manos entrelazadas.

—Solo estoy algo cansado —se excusó, besando su cabello—. Quiero pasar este último momento tranquilo a tu lado.

—Heh… Suenas como si me consideraras un torbellino andante —fue inevitable para el de ojos chocolate no sonrojarse ante sus bonitas palabras ni el bromear para disimularlo, sin detectar el doble sentido—. Está bien, ¡necesitaras energía para el largo viaje!

Y el propio Judai tampoco detecto que eso pudo sonar con el mismo sentido de lo que Yusei planeaba hacer. El mayor cerró los ojos, volviendo a besar su cabello. Tal vez iba a odiarlo por el resto de su vida, pero ya había tomado una decisión.

Y sabía que era lo mejor.


Cuando Judai se despertó al día siguiente, se sintió algo frio. De inmediato notó que estaba solo pero no se preocupó, levantándose con pereza para buscar a su pareja en el baño.

—¡Eh, Yusei, buenos días! —exclamó abriendo la puerta del baño, pensando que sería gracioso si lo cachaba duchándose o haciendo sus necesidades.

Pero en vez de su pareja, la completa nada lo recibió. Se extrañó, buscando en cada rincón, pero el baño era muy pequeño no era posible que el motociclista se hubiera escondido.

—¿Yusei?

Siguió llamándolo, recorriendo el resto del pequeño cuarto. Ahora que lo notaba… no estaba su ropa ni el casco. Pero intento pensar en una razón, ¿tal vez había ido a comprarle el desayuno? No tenían mucho efectivo, ¡pero era una posibilidad!

Sin embargo al seguir buscando encontró algo: una carta con su nombre, justo en la mesita cerca de la puerta. Reconoció de inmediato la letra de su amado. Curioso lo tomo en sus manos, sentándose en la cama, sonrió divertido al pensar en la posibilidad de una carta romántica, Yusei no era de los que expresaban cariño directamente con palabras, así que la idea le pareció tierna y hasta divertida.

Abrió el sobre y empezó a leer.

Conforme más leía su expresión feliz lentamente fue deformándose. Su labio inferior tembló y arrugó el papel conforme avanzaba su lectura. Unas pequeñas lágrimas mojaron la hoja, la habitación se inundó de sollozos y negaciones, Judai no quería creerlo, no podía. ¡Yusei nunca…!

Sus hombros temblaron. Sin poder aguantarlo la hoja cayó al suelo, sus manos subieron a su rostro, tratando de controlar sus lágrimas, que empezaron a caer sin control. ¿Por qué?

—N-No Yusei… ¿Qué hice mal…?

Ya no habían dulces recuerdos de sus viajes, divertidos momentos de cuando provocaba un poco a Yusei al conocer sus pequeños celos o apasionados encuentros cada que unían sus cuerpos en una sincronía perfecta.

Ahora solo quedaba un solitario chico que derramaba amargas lágrimas de dolor, siendo observado por su querida guardiana. Y Yubel odio más que nunca a Yusei Fudo, pero solo podía ofrecerle consuelo, dejándolo liberar toda aquella angustia.


En ciudad Neo Domino, Yusei observaba desde el techo la ciudad, su expresión dolida pero firme, dejando que el viento acariciaría su rostro.

—Vas a estar bien, Judai… te extrañare.

Deslizo la pantalla holográfica que se había llevado con él.

En esta no estaba el anuncio de la pareja casada, sino uno que se había negado a leer antes y que le provocaba dolor de solo hacerlo.

"¡La exclusiva del momento, el mundo del duelo felicita a Johan Andersen y Judai Yuki! ¡Los nuevos padres de año!"

La portada mostraba a ambos padres tratando de pasar algo desapercibidos debido a como no miraban a la cámara, Judai llevaba en brazos a un bebé de cabellos azules mientras sonreía, siguiendo a Johan mientras parecía que subían al auto del primero.

La amarga sonrisa de Yusei al ver aquella foto habría quebrado en mil pedazos a cualquiera que lo viera. Pero había tomado su decisión. Había roto su corazón, pero sabía que Johan Andersen estaría allí, en el lugar que él nunca debió ocupar.

—Se feliz, Judai.


*Se asoma* Wow, ¿desde hace cuanto no visito este lugar? Años me parece je.

No he estado muerta, solo me mude de fandom y de plataforma. Si, me fui a Wattpad pero debido a los problemas de la plataforma decidí que debía volver aquí antes de que fuera muy tarde(?).

Bueno se que esta historia no tendrá muchas leídas o comentarios (fandom muerto cofcof) pero recientemente me volví a enamorar del starshipping, ¡así que decidí dejar mi granito de arena! Estoy planeando otra historia, un poco más larga, pero que me emociona mucho. Espero en unos meses poder publicarla.

Creo que eso es todo. En estos días estaré subiendo algunos fanfics que solo me dedique a subir en Wattpad (todos de Undertale) así que si aún queda alguien por allí que me seguía, gracias por recibirme(?).

¡Cuídense!