Capítulo 1: CALLEJÓN DIAGÓN.

Hermione Granger estaba fascinada con el hecho de su condición de ser una bruja. Hermione era una niña que se consideraba simpática a pesar de nunca haber tenido amigos. Era amable y muy inteligente para su edad. Tenía el pelo realmente estofado y castaño, unos hermosos ojos de color miel y unos dientes delanteros, bastante grandes en mi opinión. Aun así era guapa. O eso le decía su madre.

Los padres de ella eran dentistas, y le habían prometido que cuando cumpliera los trece años (faltaba un año y unos meses), le reducirían los incisivos. Hermione deseaba que hubiera algún hechizo para reducir dientes, y de no ser así deseaba aún más que el día de la consulta con sus padres llegase.

Sin saber muy bien cómo, estaba en el callejón Diagón comprando sus útiles escolares para el primer año en Hogwarts su futuro internado de Magia y Hechicería.

Habían entrado en una librería, Flourish y Bloots ahí se compraban los libros escolares. Hermione miraba todos los libros de las estanterías mientras su padre y su madre se encargaban de buscar los escolares. Vio un libro que le llamó la atención;

-"Quidditch a través de los tiempos"- dijo mientras sacaba el libro.

¿Qué sería el Quidditch?

-Leyendo sobre el Quidditch, ehh. ¿Te gusta? Mi padre dice que si no me meten en el equipo sería una humillación. Él me ha enseñado a volar desde incluso antes de que supiese andar.

-¿Ahh?- dijo Hermione repentinamente, pues no podía articular ni una sola palabra. Simplemente se había quedado mirando a aquel niño. Un rostro pálido y puntiagudo, con pelo rubio platinado casi blanco y unos ojos grises. Su forma de peinarse era… bastante… curiosa. Como si una vaca le hubiera lamido y se le hubiera quedado hacia atrás, pero no le quedaba mal; es decir le quedaba bastante… ¿bien?

Sí, esa era la palabra, le quedaba bien, aunque con un corte de pelo natural estaría mucho mejor.

"Deja de pensar y articula alguna otra palabra, Hermione que le vas a dar miedo" pensó.

-Bueno por lo que se ve eres bastante tímida. Yo soy Draco Malfoy.

-¿Draco? O ahí estás, vamos que tenemos que ir a comprarte las túnicas, veo que tienes una nueva amiga- dijo una mujer igual de pálida que (suponía que era su hijo) Draco, lucía bastante… elegante.

-Madre…- intentó decir el niño, pero entonces entró un señor de pelo platinado y pálido a la tienda.

-¡Lucius!- dijo la mujer- Ya íbamos para lo de las túnicas.

-Narcissa, primero pasaremos por Ollivanders.

-Oh, está bien.- dijo como sintiéndose idiota la pobre mujer.

-¿Draco vas a presentarnos a tú nueva amiga?- dijo el señor.

-Padre… Ella es tímida.

-Bueno pues dile a "Tímida" si le gustaría ir con nosotros a Ollivanders, no te vendría mal un poco de compañía, antes de empezar Hogwarts. Visto que Zabini y Nott no van a venir hoy a comprar.

-Bueno pues, ¿quieres acompañarme a Ollivanders?- dijo el niño mientras le temblaba la voz.

-Yo… Bueno… Vale.- dijo al final. Draco de repente ensanchó una sonrisa, JAJAJA, que fácil había sido.

Hermione dirigió una última mirada a sus padres antes de salir de la librería, aprovechando que tenía unos galeones en su bolsillo, con suerte, ¡encontraría una varita! Bueno más bien la varita la elegiría a ella, había leído un pelín sobre el tema en la librería antes de ser interrumpida.

De verdad esperaba no preocupar a sus padres. Hermione estaba sumida en sus pensamientos cuando alguien la saco de ellos.

-Sé que son muy insistentes, pero si no querías venir solo tendrías que haberlo dicho.- dijo el chico con voz apenada.

- No, no es que pensaba en cómo será mi varita, porque esperaba poder comprarla ahora.- dijo Hermione intentando sonar lo más convincente posible, no quería desaprovechar probablemente una de sus únicas oportunidades para hacer amigos.

-Es cierto, espero que mi varita sea fascinantemente bonita, así podré dar envidia a todos.- dijo con un gesto y tono de voz de indiferencia.

-¿Envidia? ¿Por qué tendrías que dar envidia? Se supone que todo el mundo tendrá una varita. ¿No es así?

-Claro que todo el mundo tendrá una varita, pero por ejemplo la familia Weasley, ugh esos no tienen ni dinero para comprar un sombrero. ¡Lo heredan todo! ¡TODO!

- Eso tiene que ser horrible, es decir nunca tener la sensación de estrenar algo por primera vez, abrir esa cosa con la que sueñas y oler todo el olor a nuevo, es maravilloso…

-Sí, pero ellos se lo han buscado ¿sabes cuántos hijos tienen? ¡Tienen SIETE! Ni aunque me casara con la mujer de mis sueños tendría tal exageración de criaturas.

-Esas criaturas se llaman bebés.- dijo Hermione cómo si fuese obvio.

-¡BIENVENIDOS A OLLIVANDERS! ¡¿EN QUÉ PUEDO AYUDAROS?!- dijo un señor viejo.

-Buscamos la varita ideal para nuestro pequeño- dijo Narcissa mientras cogía un hombro del niño y lo ponía delante de sus padres.

-El joven Draco Malfoy. Bien denme un momentito.-se giró y fue hacia un pasillo cogió una escalera, después se subió y tomó dos cajas de las estanterías.- Bueno vamos a ver… umm prueba con esta. Madera de haya, 23 centímetros, núcleo de corazón de dragón y delicadamente flexible.

Draco cogió el palo en sus manos y la agitó, y de repente los cristales estallaron. Hermione gritó, pero intento disimularlo con una "tos" bastante peculiar. Narcissa dio un bote, pero su marido ni se inmutó mientras que Draco sonreía maliciosamente.

-¡NO ESTA SIN DUDA NO!- le confiscó la varita y la guardó en la caja- Veamos coge esta ahora: 25 centímetros de largo, hecha de madera de espino, y un núcleo de pelo de unicornio, razonablemente dócil.

Draco tomó la varita en sus manos y al agitarla no pasó nada fuera de lo normal, exceptuando que ahora las ventanas volvieran a tener sus cristales. Hermione giró hacia ellas para verlas, y vio a sus padres salir de la librería.

-Yo emm, me voy. Muchas gracias por todo.

Narcissa le sonrío a Hermione con amabilidad, Lucius asintió con la cabeza mientras que de la boca de Draco se escuchó esto:

-Pero…- suspiró.

-Lo siento.- Hermione se dio la vuelta para salir de la librería y entonces escuchó decir débilmente a Draco;

-Nos vemos en Hogwarts.

Hermione salió de la librería y se condujo hacia sus padres.

-¿Lo habéis encontrado todo?

-Sí, ¿dónde te habías metido Hermione? No nos puedes asustar así.

-Yo he ido a la tienda de Ollivanders a acompañar a un amigo.-dijo Hermione bajando la cabeza- Lo siento…

-¿Un amigo? Eso es maravilloso Hermione, tú primer amigo.- dijo su madre entusiasmada.

-Mama baja la voz. Vamos a la tienda de túnicas.

Se dirigieron hacia la tienda de túnicas, y al salir fueron a Ollivanders.

-¡Caramba otra vez tú! Tu amigo Malfoy ya se ha ido, ¿vienes a por tu varita? Claro que viene a por su varita, sino porque iba ella a entrar en la tienda. Prueba con esta. Vid, con núcleo de fibra de corazón de dragón y mide 27,3 centímetros, flexible y buena para realizar hechizos.

Hermione agarró la varita mientras la mano le temblaba y la agitó, y sintió como todo su cuerpo se llenaba de luz y también podía sentirse extrañamente poderosa. Le gustaba.

-Esta es la perfecta para ti, chica llévatela.

-Está bien, tome sus galeones. Hermione se metió la mano en el bolsillo y le dio los galeones al Sr. Ollivanders.

Al salir, Hermione vio a un señor enorme, era como cuatro veces más ancho de lo normal y medía el doble que su padre, y ya de por sí su padre era alto. Su madre la cogió y le atrajo hacia ella porque el señor no le daba buena espina.

Hermione y sus padres salieron por el caldero chorreante a Londres Muggle, y de allí fueron a su casa.

Ahora solo tocaba aprenderse todos los libros de memoria y esperar hasta el uno de septiembre. Sí, solo esperar…