Disclaimer: Ni Oregairu ni esta historia me pertenecen. El primero le pertenece a Watari Wataru. Y este fanfic (cuyo título original es "Unmade") y todos sus OC's le pertenecen al usuario SouBU, quien muy amablemente me permitió traducir su fic al español.
ARCO 1:
Detective Hikigaya Hachiman
Capítulo 1: Donde pertenecemos
Mi vientre tocó la tierra compacta mientras me encontraba tendido entre la maleza. Estaba vigilando un áspero y sinuoso camino de tierra que conducía a un puente. Las puntas oxidadas de sus torres metálicas se asomaban por encima de los árboles, brillando con un tono rojizo a la luz del sol.
Millones de años de erosión a causa del río debajo habían convertido a las paredes del acantilado en caídas escarpadas. Por ello, me vi obligado a posicionarme a una distancia más cercana de lo que yo, siendo un tirador, me habría sentido cómodo. A esta distancia, habría preferido usar un rifle de asalto o una carabina, pero no teníamos ninguna de sobra, así que no tuve más opción que ir con el francotirador dedicado.
Habíamos obtenido la información de que una fuerza enemiga se dirigía hacia aquí para investigar la desaparición de uno de sus escuadrones hacía dos noches. Era casi lo peor que nos podía suceder. No podíamos permitir que le echaran un solo vistazo al lugar donde estábamos instalados. Así que preparamos una emboscada en uno de los muchos puntos cuello de botella que habían sido explorados.
Mis pensamientos se vieron interrumpidos por el sonido de los ruidosos motores diésel. Su áspero sonido mecánico hacía eco en las paredes de piedra, más fuerte que el sonido de la fauna de la selva. Miré por la mirilla y vi la señal reveladora del humo negro que salía de los tubos de escape, se acercaban rápidamente.
—¿Qué es lo que ves? —una voz a mi lado preguntó antes de añadir de forma descarada—… ¿Sargento?
—Vete al demonio, Hikaru.
Mi brusca respuesta fue recibida con una risa. Suspiré antes de darle mi observación.
—Dos camiones, de techo abierto. Ocho tipos, no… ¿diez, quizá? Probablemente diez.
Pude oír a Hikaru hurgando en su cinturón mientras sacaba una linterna. Aunque la luz no iluminara nada en pleno mediodía, podía actuar como método de comunicación si tus aliados sabían donde mirar. Hikaru movió su linterna haciendo una cruz tres veces, informando al resto del equipo de que cerca de una docena de tipos malos se acercaban. [1]
La caravana de vehículos continuó por el camino, acercándose a nuestra locación deseada. Los rostros de los soldados del grupo salieron a la vista. Algunos los cubrían con bufandas, mientras que otros los enseñaban con orgullo. Todos estaban armados con AK-47, el antiguo rifle ruso de metal y madera que se había vuelto el símbolo de la revolución alrededor de todo el mundo. Baratos y abundantes, era común verlos proliferar por toda esta región asolada por la guerra.
Pronto se toparon con un árbol caído, cuyo tronco se había desplomado en medio del camino, bloqueándolo. Los dos camiones se detuvieron. Para mi placer, se dispersaron, dándome una vista completa al asiento del conductor de ambos vehículos. Empezaron a gritarse los unos a los otros, mi rudimentario dominio del idioma bastó para hacerme saber de que se trataba de una discusión sobre quién debía mover el obstáculo. La pereza que uno esperaría de soldados no entrenados, supongo. Es igual.
—Hikaru, dame una aproximación al punto de contacto.
—Ehhh, ¿70 metros? Más o menos —respondió Hikaru, observando la distancia entre nosotros y el enemigo.
Los hombres de las partes de traseras de los camiones se bajaron, la caravana aparentemente había decidido trabajar en conjunto para deshacerse del árbol. Mis hombros y brazos se tensaron momentáneamente, pero recordé mi entrenamiento. Me forcé a tomar un respiro profundo, concentrándome en la sensación de mis pulmones expandiéndose dentro de mi pecho. "Todavía no", le dije a mi cuerpo mientras exhalaba lentamente, tenía que estar calmado.
Cuatro hombres se habían separado del resto. Dos de ellos sujetaron una cuerda entre ellos y comenzaron a atarla alrededor del tronco. Noté cómo la cautela del enemigo desaparecía mientras se ocupaban de su tarea. No había nadie haciendo guardia, ni siquiera mirando alrededor. Cometieron el error de relajarse al aire libre en medio de una guerra civil en la cual ambos bandos utilizaban tácticas de guerrilla sin restricciones. Un error de novato. Uno fatal.
Hice mi jugada.
Presioné el gatillo una vez, la bala de 7,62 por 51 milímetros estándar de la OTAN voló por el aire y perforó el parabrisas de uno de los camiones. El conductor murió al instante. Tan pronto como la bala había dejado el cañón, mis brazos ya estaban en movimiento. Deslicé el perno hacia atrás para expulsar el proyectil gastado, antes de empujarlo de nuevo hacia adelante para cargar mi siguiente disparo con precisión practicada. Confirmé la muerte a Hikaru con una simple frase.
—Uno muerto.
Ajusté la puntería antes de que el enemigo pudiera siquiera reaccionar, fijando y eliminando al segundo conductor con rapidez.
—Dos muertos.
Con los conductores fuera de combate, el enemigo no la iba a tener fácil para retirarse, y mi equipo lo sabía. Mi segundo disparo fue la señal para que salieran de sus escondites, ejecutando la emboscada. Nuestros oponentes no eran incompetentes en lo absoluto, por lo que rápidamente tomaron cualquier cobertura que pudieron e intentaron contraatacar.
—Hikaru, se han escondido en esa zanja —le informé a mi observador—. ¿Puedes hacerlos salir de allí?
—Entendido.
Sentí cómo se levantaba para ponerse en cuclillas, pero de inmediato le siguió un sonido parecido al de una bolsa de patatas golpeando el suelo.
Saqué mi ojo de la mirilla y giré la vista. Hikaru se encontraba tendido en el suelo, inmóvil, con un agujero limpio en la frente que comenzaba a chorrear sangre. El enemigo no tenía idea de nuestra presencia aquí, por lo que probablemente había sido una bala perdida a causa de la balacera que teníamos delante, ya sea del enemigo o de algún aliado.
¿Quién sabe? Era suprema mala suerte, de todas maneras.
Un objeto redondo se deslizó torpemente de las manos de Hikaru. Era del tamaño de una pelota de béisbol y tenía la superficie verde y escamosa.
Una granada, y sin el anillo.
Mis ojos se abrieron al darme cuenta de lo que pasaba, y rápidamente me di la vuelta y me cubrí la cara mientras todos los sonidos a mi alrededor eran tragados por un zumbido y mi mundo se volvía blanco.
Mis ojos de abrieron de golpe y levanté la cabeza, ahora de repente despierto en…
—¿Hikki?
… una habitación muy familiar.
—¿Hikki…?
La luz del atardecer de verano iluminaba la habitación en un cálido brillo anaranjado a través de las grandes ventanas de un extremo de la habitación. Las mesas y las sillas se encontraban apiladas de forma desordenada en un rincón. Era un espacio cómodo y acogedor.
—… ¿Hikki…?
Giré la cabeza de izquierda a derecha. La misma vieja pizarra estaba allí. La misma vieja puerta. La misma vieja mesa en la que me sentaba en un extremo, con otras dos sillas las cuales eran las únicas piezas de mueblería en uso. Ésta era la sala que se solía usar para guardar cosas que luego se convirtió en la sede de nuestro querido Club de Servicio. Algo se me encogió en el pecho cuando miré a mis dos compañeras las cuales–
—¡¿HIKKI?!
Salté en mi asiento, sorprendido por el grito de Yuigahama Yui, mi bulliciosa compañera de clase a la que me había vuelto cercano el año anterior. La miré asustado y noté cómo sus ojos marrones llenos de vida se entrecerraban por el fastidio y cómo su lindo rostro hacía un puchero. Su cabello rosado se encontraba atado en su característico moño. No pude evitar pensar que parecía una calabaza color pastel con sus mejillas infladas.
—Uhhhh… ¿qué pasa? —pregunté tontamente.
—¡Mou, Hikki! Llevo un buen rato llamándote, ¿sabes? —resopló con rabia—. ¡Pero seguías ignorándome! ¡Yukinon iba a decirnos algo importante y tú no dijiste nada cuando te hicimos una pregunta!
—Yuigahama-san —la reprendió una suave voz que era tan clara como una campana—. Aunque entiendo tu disgusto, debemos recordar la condición de Hikigaya-kun. Ser capaz de dormir erguido con los ojos abiertos es un síntoma de una nueva y extraña enfermedad llamada "Hiki-somnio".
Mis ojos se giraron hacia la perpetradora de aquel insulto. Sentada en su silla con una postura recta, Yukinoshita Yukino era una figura majestuosa. Cabello negro y ojos azules adornaban un bello y tranquilo rostro. Uno que provocó la imaginación de muchos, así como la crueldad de otros. Sus ojos llenos de alegría estaban acompañados de una pequeña sonrisa burlona.
La más extraña sensación de anhelo burbujeaba en mi pecho, como si no hubiera visto a aquellas dos en años. Lo cual no tenía sentido, las veía para las actividades del club casi todos los días. Ese sueño sí que me había revuelto la cabeza.
—Lo siento… no pretendía distraerme —me disculpé con un nivel de sinceridad que me sorprendió incluso a mí.
Yukinoshita y Yuigahama parecieron sorprenderse por mis palabras. Sus ojos se abrieron momentáneamente antes de darme ambas una idéntica expresión de exasperación acompañada de una sonrisa suave.
—Vamos, Hikki…
—¿En serio, ahora…?
Me froté nuca por la vergüenza.
—Está bien… ¿qué decías? ¿Algo sobre Yukinoshita?
Yuigahama asintió vigorosamente con la cabeza, habiéndome temer que su cuello se pudiera romper por la fuerza que estaba empleando. Yukinoshita aclaró su garganta.
—Como ustedes saben, voy a viajar fuera del país… para continuar con mi educación superior en el extranjero.
Ah, cierto. Eso.
—¡Y, y, y! —interrumpió Yuigahama, alzando su puño en el aire—. ¡Yo y Yukinon decidimos hacer una promesa!
—¿Una promesa? —repetí. Esto era nuevo para mí.
—¡Sip! —Yuigahama sonrió de forma radiante antes de arrastrar su silla hacia una Yukinoshita ahora completamente nerviosa, para luego envolverla con un brazo—. ¡Prometimos que cuando Yukinon regresara a Japón de forma definitiva nos reuniríamos! ¡Los tres! ¡La Reunión del Club de Servicio!
—Bueno, el Club de Servicio no ha acabado todavía, así que no podríamos llamarla realmente una reunión —explicó Yukinoshita mientras miraba de forma tierna a Yuigahama—. Pero de eso hablábamos. ¿Qué hay de ti, Hikigaya-kun?
Una sensación de déja vú me golpeó y sentí la necesidad de responder, de decir algo. Mi corazón latía salvajemente contra mi tórax, haciendo que mi cuerpo se estremeciese en agonía con cada poderoso latido. Pero cuando abrí mi boca, no salió sonido alguno. Mi garganta no vibraba nada del aire para formar las palabras que quería expresar. Me estaba ahogando en un mar de aire.
Esto causó que Yukinoshita me mirase con preocupación.
—Hikigaya-kun, ¿estás bien?
—¿El gato te comió la lengua?
Por supuesto que ella diría algo así.
—¿Hikigaya-kun?
—¿Hachiman?
Espera. ¿Yukinoshita acababa de llamarme por mi nombre de pila? Imposible.
—¡Hachiman!
—¡HACHIMAN!
—¡HACHIMAN!
Y así, me despierto por segunda vez esta mañana. Adormilado, abrí mis ojos para ver a una chica de ojos púrpura y un largo cabello negro agitando mi cuerpo con violencia.
—¡Hachiman! ¡Es hora de levantarse! —exclamó con enfado Tsurumi Rumi mientras tiraba de las mantas, exponiéndome al aire frío de mi habitación climatizada. La chica llevaba puesto su uniforme escolar, de color blanco y azul. Torpemente estiré mi mano para alcanzar mi teléfono que se encontraba cargando a mi lado. Toqué la pantalla dos veces para despertar el dispositivo y me encontré con grandes números blancos que indicaban que eran las 6:55 AM.
—Es demasiado temprano —gruñí y volví a meter la cabeza entre las almohadas—. ¿No es mi día libre hoy? ¡Es miércoles!
Al parecer Rumi no estaba dispuesta a aguantar nada hoy, porque en respuesta me pinchó dolorosamente las costillas con el dedo.
—El tío Kenji dijo que tenías un nuevo caso —apuñaló con su dedo mi caja toráxica una vez más para asegurarse de que me entrara el mensaje—. Shizuka me pidió que viniera a despertarte. Sabemos lo descoordinado que eres por las mañanas.
—Está bien, está bien —me rendí y me levanté de la cama—. Entiendo. Me levantaré.
Rumi me echó una última mirada antes de abandonar la habitación. Bostecé y me estiré antes de dirigirme al baño en el pasillo justo afuera de la puerta del dormitorio, para comenzar con mi ritual mañanero. Me cepillé los dientes rápido y me remojé la cara con agua fría para lavar el sueño que todavía se aferraba a ella.
Mientras me secaba con la toalla, me fijé en mi reflejo en el espejo. No había cambiado mucho físicamente desde mis días de preparatoria. Mi pelo seguía desordenado, excepto que ahora estaba lo suficientemente largo como para que unos flequillos cubrieran mi frente. Mi cara se había vuelto más angulosa al igual que el resto de mi cuerpo. Todo ello combinado con mis siempre presentes "ojos de pez muerto" me hacían ver aún más imponente y menos atractivo que antes. "Cambiar para que nada cambie", dicen por ahí.
No hice ningún intento por peinarme y me fui a la sala de estar.
Me había mudado de Chiba hace pocos años, y me vine a vivir a este completo de apartamentos en Shibuya, Tokio por cuestiones de trabajo. El edificio estaba localizado en las áreas residenciales y era bastante espacioso, aunque un poco caro. Situado en el noveno piso, el apartamento estaba compuesto por una única sala de estar, un baño, una cocina, un salón de tatami y un dormitorio. El salón de tatami lo había convertido en un dormitorio extra ya que era mucho más probable que viniera una sola persona a pasar la noche, en lugar de que viniera un grupo de amigos a relajarse.
Me senté en la mesa del comedor, esperando pacientemente a Rumi. No pasó mucho rato antes de que el desayuno fuera puesto delante de mí.
—Gracias por la comida.
Era simple y tradicional: caballa asada, arroz, algunas verduras en escabeche sobrantes de anoche y sopa miso. Mañanas como ésta se estaban volviendo algo común, y me empezaba a preocupar el hecho de que me estuviera acostumbrando demasiado a esto. Pero por otro lado, Komachi cocinaba para mí todo el tiempo en el pasado.
Vaya, sí que estoy sentimental esta mañana. ¿Qué me pasa?
Mis pensamientos se vieron interrumpidos por Rumi agitando mi hombro. Me ofreció un vaso de agua y un frasco color ámbar.
—Ya sé —respondí con suavidad y recibí con cuidado los objetos—. No se me iba a olvidar. Gracias, de todos modos.
Abrí el frasco y puse la cantidad apropiada de pastillas en mi lengua antes de tragarlas con un poco de agua. Rumi asintió con aprobación y se sentó para comenzar a desayunar. Sólo cuando la vi comer su primer bocado de arroz, comencé a comer yo.
—Huh, la sopa miso sabe diferente hoy —comenté mientras tomaba un sorbo.
—¿Lo notaste? —contestó Rumi de forma distraída—. Intenté usar katsuobushi esta vez.
—Nada mal…
Nuestra conversación terminó cuando nos acabamos la comida. Ayudé a Rumi con la limpieza tirando los restos a la basura antes de entregarle los platos para que los lavara.
Vestirse para el trabajo era algo tedioso, pero había una sensación de satisfacción en ello. Me coloqué unos pantalones negros y una camisa azul claro. Me puse una corbata negra sobre los hombros y regresé a la sala de estar. Rumi estaba cerca de la entrada, se había quitado el delantal y lo dejó colgado en el respaldo de una de las sillas. Estaba terminando de colocarse sus zapatos con la mochila de la escuela en la mano. Preparándose para marcharse, por lo que parecía.
—Oye Rumi, ¿necesitas que te lleve a la escuela?
—No te preocupes, Hachiman —sacudió la cabeza en señal de negación—. Además, tu auto llama demasiado la atención.
Me encogí de hombros. No podía discutir con esa lógica. La chica me hizo un último gesto de despedida antes de cerrar la puerta principal.
Bueno, era hora de terminar de prepararse. De vuelta en mi dormitorio, abrí la puerta del armario y tomé un juego de correas que colgaban de un gancho. Las enrollé alrededor de mis hombros, estirándolas con cuidado para asegurarme de que no quedaran muy apretadas, pero también lo suficientemente tensas como para no estorbarme al hacer movimientos bruscos. Después de comprobar mi acceso a la funda, me arrodillé junto a uno de los cajones inferiores. Al abrirlo, apareció una pistola gris oscura. Una Heckler & Koch P30L para ser exactos.
Inspeccioné el arma vacía como acostumbraba a hacerlo, tirando de la corredera un par de veces y comprobando la tensión del gatillo de doble acción. Metí la mano en el cajón y saqué un compensador que se unía a la boca del cañón. Cuando todo parecía estar en orden, saqué unos cuantos cargadores e inserté uno en mi P30L. Los restantes se guardaron en algunos de los bolsillos que la funda de mi hombro tan convenientemente proporcionaba.
Este proceso era uno que repetía cada mañana sin falta, tuviera trabajo o no. El tener un arma conmigo me calmaba, casi como una manta calmaba a un bebé.
Tomé una chaqueta de traje negro de su percha antes de cerrar la puerta del armario. Terminé de recoger mis cosas y me puse unos mocasines negros antes de salir de mi apartamento. Mientras estaba en el ascensor dirigiéndome al vestíbulo, consideré brevemente la idea de conducir al trabajo, pero rápidamente la deseché al considerar el tráfico que debía haber en la hora pico. Era mejor idea usar el transporte público esta mañana.
Oh mierda, ¿me había acordado de cerrar mi puerta con llave?
Era una mañana de verano relativamente fresca. Las sombras de los rascacielos caían sobre las carreteras y las aceras; proporcionando una sombra bastante agradable.
—El tren a Kasumigaseki está llegando a la estación. El tren a Kasumigaseki está llegando a la estación. Por favor, alejarse de los bordes.
Un tren de color plateado se detuvo frente a mí, y entré para unirme al resto de los pasajeros. Era una mañana tranquila en Tokio. Todo el mundo siempre iba de aquí para allá, y hoy no era excepción.
Mis ojos naturalmente comenzaron a vagar sobre mis compañeros humanos. Los oficinistas que tuvieron la suerte de conseguir asientos estaban tratando de conseguir algo de sueño, mientras que otros mostraban expresiones de pánico porque iban tarde al trabajo.
Cerca de mí, estudiantes se encontraban charlando tranquilamente entre ellos. Sin duda, los últimos chismes escolares estaban siendo traspasados a la velocidad de la luz. Sonreí internamente cuando su conversación aterrizó en el tópico de la Literatura Japonesa. Una de las chicas se estaba quejando en voz alta porque se le había olvidado hacer la tarea.
El camino desde la estación de Kasumigaseki hasta el Departamento de Policía Metropolitana de Tokio era corto, y pronto me encontré con un edificio de varios pisos hecho de hormigón gris y cristal. Estaba rodeado por un parque repleto de verdes árboles, con policías y otros oficinistas dando vueltas antes del inicio de la jornada laboral.
—¡Senpai! —gritó una voz y fue seguida de pasos apresurados. Giré la cabeza para ver a un hombre de mi misma altura corriendo hacia mí. Su pelo castaño estaba muy bien peinado, y me miró de forma amistosa con sus brillantes ojos marrones. Vestía un traje negro similar al mío, pero con una camisa blanca y una corbata puesta de manera adecuada. Por supuesto que este santurrón seguiría el protocolo de vestimenta al pie de la letra.
—Shiba —reconocí con brusquedad—. Buenas.
—¡Buenos días, Senpai! —dijo con una sonrisa—. Es raro verte en la oficina tan temprano.
Conozcan a Shiba Suzaku, mi compañero detective.
Shiba y yo en realidad nos conocemos desde hace tiempo. Fuimos a la misma preparatoria e incluso trabajamos juntos en el consejo estudiantil de Soubu. Él era el vicepresidente en aquel entonces, y yo me encontraba ayudando a la presidenta porque le debía un favor. Sólo compartía unas pocas memorias con él, principalmente lidiando con el desastre que fue la colaboración para la Fiesta de Navidad que hicimos con una escuela rival, así como la igualmente desastrosa Noche de Travestis (aún hoy, no tengo idea de cómo conseguimos que eso se aprobara).
—Mira, ya no estamos en la escuela. Y llevas trabajando para la policía más tiempo que yo. Así que deja ya esa tontería del "Senpai" —me quejé.
Shiba soltó una carcajada, como si todo esto fuera una especie de rutina cómica que no se me hacía vergonzosa en lo absoluto.
—¡Lo prefiero así! Senpai es quien hace todo el verdadero trabajo de todas formas.
—Sí, pero yo te dejo todo el papeleo, ¿no? —le señalé—. Intercambio equivalente. [2]
—Pero Senpai es "Senpai".
Oye, estás comenzando a sonar justo como cierta kouhai a la que no quiero recordar ahora.
Suspiré y dejé que me llamara como quisiera. Todavía no entiendo por qué me molestaba en tratar de corregirlo, pero por lo menos puedo decir que lo he intentado. Pasamos por la entrada principal y contemplamos el mostrador de información principal, el cual estaba siendo ocupado por varios operadores que respondían preguntas de otros agentes y también de ciudadanos preocupados.
—¡Ah, Hikigaya! ¡Shiba! ¡Buenos días!
Fuimos saludados por una voz irritantemente aguda, perteneciente a una de las secretarias de la recepción.
—¡Buenos días, Morimi-san!
—… qué hay.
La mujer frunció el ceño ante mi respuesta—. ¿Qué te pasa?
—Nada, sólo me pregunto por qué tengo que tener toda a esta gente animada a mi alrededor.
—… ¿Vale? Bueno, dejando eso de lado. Hikigaya, ¿estás libre este fin de semana? Algunos de nosotros y otros más de Señales saldremos a tomar algo.
Lo sabía, cada vez que ella me saludaba había un motivo oculto. Nadie se acercaría a mí a menos que fueran unos cabeza hueca por naturaleza, como Shiba.
—Tendré que decir que no. Estaré ocupado ese día.
—¡¿Ehhh?! —exclamó decepcionada—. ¿Pero acaso no dijiste que no tenías amigos, Hikigaya? ¿Qué planes vas a tener?
Uno de mis párpados tiritó al darme cuenta de que mi yo del pasado había saboteado a mi yo actual. Rápido, necesitaba una excusa.
—Bueno, verás, tengo una cita… con mi cama —asombrosa muestra de intelecto, Hachiman; definitivamente no sonaste como un completo degenerado.
—… Hikigaya-san, sí que eres un mega raro, ¿eh?
Los ojos de Secretaria-chan por poco me convencieron de que la mugre de sus zapatos tenía más valor que mi existencia. Pude sentir cómo me encogía. Pero no teman, mi cerebro de solitario siempre está maquinando a su máxima capacidad.
—¿Por qué no invitas a Shiba? —ofrecí, haciendo un gesto hacia mi compañero—. Un joven robusto, sano como un caballo. Será un buen sacri- digo, compañero para beber.
—Shiba no es soltero, Hikigaya, ¿sabías?
Mierda, ¿en serio?
—Bueno, en realidad… —habló Shiba mientras sus ojos perdían su brillo y su vida—. Mi novia terminó conmigo el mes pasado. He regresado a la soltería. Ja ja ja.
Vaya risa más deprimente.
Compartí una mirada con Secretaria-chan y asentimos, diciéndonos en silencio que probablemente lo mejor sería que Shiba fuera en mi lugar.
—Muy bien, Shiba ya tiene planes para el fin de semana. Nos vamos a la oficina. Gracias —mis palabras de despedida se vieron acentuadas cuando empujé a un letárgico Shiba por el pasillo.
—Oye, Shiba. ¿Dónde se supone que estamos?
Me dijo desanimadamente que me dirigiera a las oficinas de interrogatorios. Unas cuantas palabras bien elegidas lo trajeron de vuelta a la tierra de los vivos, volviéndolo una vez más un ser humano funcional, para que me pudiera guiar por estos confusos pasillos.
El ala de interrogatorios no era cosa nueva para mí, pero no estaba acostumbrado a la cantidad de gente que había hoy. Los oficiales de policía se hacían a un lado mientras los detectives y los investigadores hablaban con seriedad mientras cambiaban de habitaciones. En cuanto pasé la primera silla de la sala, sentí cómo todos lo ojos se clavaban en mí. Y luego siguieron los murmullos.
—Ha vuelto.
—¿Quién es ese?
—Uno de nuestros detectives.
—¿Qué? ¿A su edad?
—Estamos escasos de personal por lo visto. Se dice que el Jefe le dio un empujoncito desde el entrenamiento.
—¿El Jefe Tsurumi?
—Sí. Al parecer es cercano a la familia del Jefe.
—¿Así que crees que fue acomodado? ¿El Jefe Tsurumi movió algunos hilos para conseguirle el trabajo?
—Quizá… Yo me mantendría lejos de él. No me da buena espina, algunos rumores sobre cómo trata a los criminales no me sientan bien.
—¿Por qué?
—Según Miwata en Archivos, es un interrogador perverso. Hace que le cuenten todo, como si estuvieran en un confesionario y él fuera el cura.
—Suena aterrador…
—No sólo eso. Escuchen esto, se dice por ahí que viene de la…
Sonreí sardónicamente. Mi reputación en la oficina era controvertida, por no decir más, debido a mi ascenso acelerado en la comisaría. Se sentía raro escuchar a otros hablar sobre mí. Y tenían razón hasta cierto punto. Pero una parte de mí hervía de rabia por meter al Jefe en esto, como si él hubiera hecho algo mal, cuando todo lo que hizo fue darme la oportunidad se hacerme a mí mismo menos inútil.
Un pequeño golpe en mi hombro me sacó de mis pensamientos.
—Senpai, no te preocupes por lo que digan.
Miré a Shiba y parpadeé.
—Entiendo que Senpai se pueda sentir un poco fuera de lugar–
—El caso —le interrumpí.
—¿Eh?
—… el caso —repetí, con la intención de cambiar el tema—. Háblame del caso. El Jefe me lo asignó anoche, no tuve suficiente tiempo para revisar el informe.
—O-oh…
Shiba rebuscó en su bolso, sacando un cuaderno con una escritura clara y detallada. Típico comportamiento de estudiante de honor.
—La periodista de 27 años Kitamura Elaine fue reportada como desaparecida por su suegra hace seis días. Las autoridades finalmente encontraron su cuerpo, medio sumergido en el río Konaki.
La autopsia reveló muestras de actividad sexual antes de su muerte, el forense estaba seguro de que había sido violada. Sus manos y piernas fueron atadas con cinta para ductos, y la misma fue utilizada para cubrir sus ojos. Había numerosas lesiones en su torso y sus muslos. Muy probablemente impactos de fuerza bruta por la manera en que sus costillas se rompieron. La explicación más plausible era que el perpetrador la pateó con violencia. También había una lesión craneal, lo que sugiere que fue golpeada en la cabeza en algún momento. No obstante, aquello no fue lo que la mató, sino que fue muerte por asfixia.
Fue estrangulada.
Dejé salir un resoplido al ver que los detalles del caso se volvían más espantosos con el pasar de los segundos. ¿Asesinatos horribles como éste? ¿Qué le estaba pasando a mi país? ¡Dioses de esta tierra, les demando que me devuelvan a mi Japón pacífico!
—Espera un momento —me detuve—, creía que el jefe no me quería trabajando en homicidios.
—Eso no ha cambiado —cedió Shiba—. Pero parece que tus "habilidades especiales" podrían servir para resolver esta situación lo más pronto posible.
Me sentía como un personaje de videojuego multijugador. Uno que la gente sólo usaba como un counter muy de nicho al que acudían en circunstancias específicas. Mis estadísticas apestaban en cualquier otro caso y a los fans no les gustaba mi feo diseño por lo que ni siquiera me compraban skins alternativas. Aquella era mi miseria.
Cuando llegamos a la puerta de nuestra sala de interrogatorios asignada, oí a Shiba hablarme con vacilación—. También… el fiscal del distrito se supone que viene hoy…
—¿Qué? —pregunté, absolutamente sorprendido por esta pieza de información—. No, no, no. No lo haré. ¿Por qué está el aquí? El Jefe sabe que no me gusta. Le dije que ni siquiera quería estar en la misma habitación que ese tipo.
—¡Senpai, no es tan malo!
—¿Tú crees? Pues no estoy de acuerdo. Estos últimos seis meses en que no lo he visto han sido los mejores seis meses de mi vida —dije con enfado mientras abría la puerta con más fuerza de la necesaria—. No necesito que un Santa Claus fuera de temporada me venga a estorbar el interrogatorio. En lo que a mí respecta se puede ir a mamar un racimo de ver–
—¡Ara! ¿Hikigaya-kun? ¿Eres tú?
La sangre que corría por mis venas se congeló y mi cerebro se ralentizó al escuchar esa voz. La mano con la que tenía agarrada la manilla apretó todavía más fuerte. Lo que sólo podía describir como memorias traumáticas comenzaron a filtrarse en mi cabeza sin invitación. Era una voz suave y dulce que sólo podía pertenecer a una sirena. Una sirena que respondía al nombre de…
—Yukinoshita… Haruno… —susurré, sin creer lo que veían mis ojos; una mujer sentada con las piernas cómodamente dobladas detrás del escritorio de metal delante de mí. Vestía un traje y pantalones color gris ceniza, algo muy alejado de las largas faldas y blusas en las que la recordaba. Una mujer que no había visto desde que me gradué de la preparatoria.
Lo primero que noté fue su rostro. Enfermizamente perfecto como siempre. El poco maquillaje que se había aplicado hizo poco para disuadir el miedo que emanaba mi cuerpo. Sus ojos me miraban con el mismo interés que un león mirando a una gacela. Su cabello le llegaba a los hombros tal como recordaba, aunque ya no tenía las puntas teñidas color púrpura. Me sonrió de forma torcida y me saludó con la mano. No pude saber qué máscara llevaba puesta esta vez. ¿Intentaba ser la mujer ideal como de costumbre? ¿Todavía le importaba?
—Ustedes dos… ¿se conocen? —preguntó Shiba mientras miraba por encima de mi hombro. Había otro hombre sentado junto a Haruno, el cual sólo pude suponer que era su ayudante o secretario.
Pude notar la sonrisa ladina crecer en sus labios mientras un brillo travieso aparecía en sus ojos. Y no dudaba que todo esto era a costa mía.
—¿Oh? Hikigaya-kun, ¿no les dijiste a tus amigos que solías tener a una absoluta hermosura como novia?
¿Ven?
—Primero, él no es mi amigo. Y segundo, nosotros nunca salimos —negué rápidamente con un gruñido. Me apresuré en caminar hacia adelante y tomar asiento. Shiba imitó mis acciones, aunque seguía desconcertado por el intercambio de palabras. El ayudante de Haruno nos miró a mí y a ella, claramente esto era nuevo para él también.
—¡Oh, no seas así! —se quejó Haruno mientras intentaba pincharme la mejilla con el dedo desde el otro lado de la mesa. Doblé torpemente mi cuello hacia atrás para esquivarlo, conteniendo los deseos de morder el ofensivo apéndice—. Pero supongo que tú no lo considerabas "salir", ¿no?. Después de todo, sólo estuviste jugando con esta pobre mujer mayor mientras te la pasabas pensando en otra chica.
—¡¿Senpai?!
—Yukinoshita-san, por favor… —el ayudante soltó un suspiro cansado. Debía llevar un buen tiempo trabajando con ella si era capaz de hacer un sonido como ése.
—¿Qué se supone que estás haciendo aquí? —pregunté, tratando de hacer mi disgusto lo más obvio posible.
—¿Qué parece que hago? Soy una abogada, por supuesto —me miró como si fuera lo más obvio del mundo.
—¿Tú, una abogada? Juraba que estabas en ciencias. ¿Y en Tokio? —era más una acusación que una pregunta.
—Sólo para mi licenciatura, fui a la escuela de leyes después de eso. Y llevo viviendo el Tokio cinco años.
Bueno, no sé que más me esperaba de la supermujer que era Yukinoshita Haruno. ¿Y llevaba viviendo en Tokio todo este tiempo? ¿Eso significa que he evitado encontrármela de puro milagro?
—Mira, ¿podemos simplemente ponernos a trabajar? —sugerí cansadamente, esperando cambiar la conversación. Alimentar el fuego de Haruno estaba al final de mi lista de quehaceres de hoy. De hecho, ni siquiera estaba en mi lista. Ella era literalmente la última persona que esperaba encontrarme, en virtud del hecho de que yo de lo más feliz había dejado que su existencia se me escapara de la mente.
Los dioses deben haberla agarrado conmigo. Este mortal se disculpa por no conocer su lugar y ser tan ingrato como para pedir un Japón seguro. Sólo mantengan mi cordura intacta, por favor.
Haruno, como era de esperar, infló las mejillas—. Mou, ha pasado tanto tiempo, pero tú aun así me tratas tan mal~
¡Está claro que no ha pasado el tiempo suficiente!. Le respondí en mi cabeza.
Le eché un vistazo a la sala, al no notar el icónico rostro sudoroso de nuestro encantador fiscal del distrito.
—¿Cuándo va a llegar el fiscal del distrito? —asumí que Haruno tenía algo que ver en la situación actual.
El mohín de Haruno se evaporó y se transformó en una sonrisa predadora que me hizo temblar—. Pero Hikigaya-kun, YO SOY la fiscal del distrito.
Mi mente congelada se rompió en un billón de pedazos. Haruno no era un viejo obeso, ni feo, ni estúpido, ni molesto. No, esperen, ella era probablemente igual de molesta -si no es que más- que el viejo. ¿Dónde se había metido el anciano? No había manera de que ella en realidad fuera a–
—¡¿Tú estás procesando el caso?! —solté, con el shock escrito en toda la cara.
—¡Sip! —confirmó alegremente, apoyando su delicada barbilla en sobre sus perfectamente cuidados dedos—. Decidí usar mi título de abogada y entrar al campo para ayudar a mi padre, y llevaba años trabajando para suceder al fiscal del distrito de Tokio.
—Y parece que lo conseguiste —mis ojos se entrecerraron. Tener a Haruno como superior directa era definitivamente el peor escenario que uno podía tener en vida.
—¡Pero claro! No me digas que dudaste de tu Onee-san —me guiñó el ojo, y me aseguré de mantener mi rostro lo más estoico posible. Pero mi corazón me traicionó y, a pesar de mi ira, latió un poco más fuerte debido a ese bello rostro cuya atención estaba fijada enteramente en mí—. Pero dejemos de hablar de mí, ¿qué hay de ti, Hikigaya-kun? Tengo que admitir, nunca te imaginé como un funcionario público con tu filosofía de trabajo. Y en la policía, encima.
—Sí, bueno, así acabaron las cosas —respondí vagamente de manera desdeñosa.
Si Haruno era realmente la fiscal del distrito, entonces podíamos empezar. De ser posible, quería evitar responder la mayor cantidad posible de preguntas personales. La hija mayor de los Yukinoshita era la clase de enemigo que era capaz de tomar tu brazo completo si eras tan estúpido como para ofrecerle la mano. Mientras menos información tuviera ella para trabajar, mejor. Para mi salud mental, por supuesto—. Así que, ¿qué sucede con el caso?
El rostro de Haruno adoptó un semblante serio mientras empujaba una carpeta azul en mi dirección. La recibí y quedé sorprendido por su peso. Revisé su contenido, páginas y páginas de fotos y perfiles de varias personas.
—Tenemos 32 sospechosos por el asesinato de Kitamura Elaine. Queremos reducir la lista. El Jefe Tsurumi me dijo que eras bueno en perfilar e interrogar.
Parece justo. Podía entender por qué me habían solicitado trabajar en este caso a pesar de ser un asesinato. Aparte, ya habían hecho casi todo el trabajo por mí. Pero…
—Recién fui informado del caso anoche, y no recibí los detalles básicos hasta hace sólo unos minutos —admití—. ¿Puedes decirme algo más?
Haruno se dio un golpecito en la mejilla antes de abrir su laptop.
—En la noche en que fue declarada desaparecida, Kitamura Elaine y su suegra habían hecho planes para cenar juntas en la residencia de los Kitamura. La suegra llegó a la hora acordada, pero se dio cuenta de que la puerta principal estaba completamente abierta y también de que había un vidrio roto en el primer piso. La mujer buscó a Kitamura por toda la casa, pero no encontró nada. En su declaración, señaló que había visto que las sábanas de la cama principal estaban arrugadas y desordenadas, también se encontraron otros signos de resistencia.
—¿Así que una residencia privada? ¿Contactó a la policía inmediatamente? —preguntó Shiba.
Haruno asintió—. Las autoridades habían comenzado a buscar tan pronto recibieron el reporte. Fuera de la casa, encontramos marcas de neumáticos en el suelo. El vehículo no pudo ser identificado, pero a juzgar por su desgaste y extrapolando el probable peso del auto podemos asumir que se trataba de una cuatro por cuatro, una todoterreno o algún camión del algún tipo.
—Los testigos dicen que vieron una camioneta blanca conduciendo a lo largo del río Konaki el día después de que se reportara la desaparición —el ayudante me entregó una hoja de papel con las declaraciones de los testigos.
—La evidencia es inusualmente escasa, pero encontramos algunas huellas de botas grandes en el suelo fuera de la casa, seguidas de huellas de pisadas. Suponemos que pertenecen al perpetrador y que probablemente éste sacó a Kitamura descalza fuera de su casa.
—¿Se analizó la huella del zapato? —entregué las declaraciones de los testigos a Shiba, quien las recibió con una mirada contemplativa y comenzó a examinarlas—. ¿Algo con lo que podamos trabajar?
—El sospechoso es probablemente varón —respondió Haruno—. Alrededor de 170 centímetros de altura, unos 45 kilos.
—Nuestro sujeto estaba bajo de peso —comentó Shiba—. Y bastante, en realidad. El índice de masa corporal normal oscila entre 54 y 55 kilos a esa altura.
Me grabé el análisis de Shiba en la cabeza y volví a prestar atención al libro anillado que tenía en mis manos. Como cabía esperar de Haruno, ya había clasificado la lista, todos los sospechosos estaban dentro del rango de altura y peso. Entonces, ¿qué más podíamos hacer para reducir esto?
—Conque Kitamura Elaine, ¿eh? —tarareé—. Suena a extranjera.
Haruno asintió con la cabeza en señal de confirmación y procedió a explicar el pasado de la víctima.
El padre de Kitamura Elaine era un diplomático americano y su madre era una chef profesional de Canadá. Los dos se divorciaron, y Elaine pasaba tiempo con ambos. Principalmente vivía en Japón con su padre, pero se había ido a Canadá durante sus años de escuela secundaria y se quedó con su madre por todo ese tiempo.
Kitamura regresó a Japón para terminar la preparatoria y entrar a la Universidad de Tokio, donde se graduó en periodismo. Según sus profesores, era una relativamente buena estudiante con una sólida ética de trabajo. Nunca le había hecho daño a nadie y no tenía enemigos obvios. Trabajó como periodista de tecnología en electrónica de consumo para un periódico online bajo un seudónimo. Elaine se había casado recientemente con su amado de la preparatoria, Kitamura Keisuke, un ingeniero que trabajaba en una empresa de construcción que se dedicaba a la industria pesada.
Alcé una ceja ante el nombre—. ¿Y su marido también es sospechoso?
—No pudimos confirmar su coartada —explicó el ayudante.
—No importa, no fue él quien la mató de todos modos.
—¿Disculpe? —balbuceó el ayudante. Pude ver a Haruno inclinarse hacia adelante con interés, sin duda esperando que me explicara. Suspiré.
—La suegra iba a cenar a la casa de la pareja mientras el marido estaba fuera. Yo diría que ambas tenían una buena relación. Lo que implica que se trataba de un matrimonio feliz o por lo menos funcional. ¿Por qué asesinar a tu esposa en la misma casa que tu madre visita frecuentemente?
Golpeé la declaración de la suegra que se hallaba equidistante entre Haruno y yo.
—Además, se tomaron demasiados riesgos innecesarios. Así no es como se comporta alguien que tiene una carrera de ingeniero. Era su misma casa, ¿para qué tendría que romper la ventana? Si de verdad vivía allí habría desarrollado hábitos como cerrar la puerta principal tan pronto se fuera. Sin embargo, la dejó abierta y esa fue la primera señal para que su madre notara que algo iba mal. Este asesinato fue demasiado descuidado. Torpemente ejecutado. Pobremente planeado. Diría que fue hecho por impulso, con un día de estrategia a lo sumo.
—Hmm, suena lógico. Pero si no fue Keisuke el responsable, entonces tenemos otros 31 sospechosos para analizar —Haruno me sonrió de forma coqueta—. Espero con ansias trabajar contigo las próximas semanas, Hikigaya-kun~.
Heh.
Por fortuna para mí, no era el caso.
En lo absoluto.
Mis labios se curvaron en una fea sonrisa mientras miraba cierta página en la carpeta de sospechosos—. Pues yo no diría eso. Creo que podemos resolver este caso en un solo día. Este mismo día, de hecho.
La sonrisa de Haruno se desvaneció y me miró como si me hubiera crecido una segunda cabeza. Su ayudante adoptó una expresión similar.
—Oye —llamé al ayudante de forma descortés—. ¿Tenemos una descripción del vehículo que fue visto conduciendo por el río? ¿Parecía viejo? ¿Oxidado o con la superficie rayada?
—S-sí, así es —dijo el ayudante mientras buscaba en su carpeta hasta que encontró una hoja de papel suelta—. Era una camioneta blanca. Tanto los faros delanteros como los traseros funcionaban, y algunos testigos dijeron que tenía algo de óxido.
Justo como creía.
Puse la carpeta en el escritorio y pasé a una página. Le di la vuelta al libro y lo empujé hacia Haruno.
—Quiero interrogar a esta persona.
—¿Por qué él? —preguntó Haruno mientras arrastraba su dedo índice por las líneas de la biografía del sospechoso.
—Llámalo una corazonada.
Como esperaba, el sospechoso con el que quería hablar estaba en su casa y accedió a venir a la comisaría en este mismo momento. Dentro de unas horas, el tipo apareció y fue escoltado por Shiba a la sala de interrogatorios.
Nuestro hombre lucía exactamente como su fotografía: una piel de un pálido abigarrado y ojos hundidos. Llevaba puesta una sudadera encapuchada gris y pantalones caqui, así como botas negras. No podía vernos a través del espejo unidireccional, pero nosotros sí podíamos verlo a él. Estaba sentado en una silla al lado de una simple mesa de madera, y se veía inquieto.
—Shiba, asegúrate de grabar esto —le indiqué a mi compañero mientras salía de la sala de discusión.
—Sí, Senpai.
Asentí brevemente hacia Haruno y a su ayudante mientras salía.
Me paré frente a la cámara dejando que la tensión abandonara mi cuerpo.
El éxito de un interrogatorio se determina incluso antes de que comience. El semblante que proyectas cuando te encuentras por primera vez con el sospechoso es algo vital.
Abrí la puerta con calma y entré con paso seguro, asegurándome de evitar el contacto visual. Me acerqué a una mesa situada en un rincón de la habitación y me saqué la chaqueta para ponerla sobre la mesa, siguiéndoles mi pistola y mi funda. Quería dejarle claro que no llevaba armas conmigo, para hacerme lo menos hostil posible para con él.
Me imaginé la persona de cierto riajuu rubio de mierda con su indestructible sonrisa falsa. Si no recuerdo mal, tenía una forma de hablar que usaba entonaciones suaves para que los demás se sintieran cómodos. Uno de los aspectos de "La Zona", como solía llamarla.
Me dejé caer en esa fachada; copiando sus manierismos de una manera en que sólo yo podía, debido a mis años observándolo desde la distancia y diseccionando sus comportamientos y pensamientos. Si puedes desarmarlo, puedes armarlo. Imité su sonrisa, imité sus pronunciaciones. Todo con el fin de que mi sospechoso se sintiera cómodo, porque si lo estaba, estaría dispuesto a hablar.
Y si puedo hacer que hable, gano.
—Hola —lo saludé con esa característica sonrisa dientuda que odiaba. Ugh—. Soy el Detective Hikigaya Hachiman. Siento haberte llamado tan de repente.
Empecé con una disculpa, una clásica técnica de desarme. Estando en un estado no-hostil, la disculpa se puede interpretar como yo rebajándome a él, permitiéndome pasar sus filtros de sospecha.
—Antes de comenzar, quiero decir que soy un interrogador y te haré preguntas. Pero quiero dejar algunas cosas claras. En lo personal yo creo en tratarlos a todos con respeto, y espero que tú puedas hacer lo mismo. Si no deseas seguir siendo interrogado, la puerta detrás de mí está abierta y haremos que uno de nuestros ayudantes te guíe afuera.
—D-de acuerdo —respondió el hombre con una pizca de alivio en su voz.
—Entonces, empecemos con lo simple. ¿Con quién estoy hablando hoy? —con cuidado, retiré la silla frente a él y me senté, manteniendo una distancia constante entre nosotros.
—M-Miyagusuku Ren.
—¿Miyagusuku-san, entonces? —le repetí. Una táctica de condicionamiento. Al repetirle sus propias palabras podía eliminar cualquier tipo de sentimiento de intimidación. Después de todo, le estaba pidiendo indirectamente que confirmara mi información, lo que ralentizaba la conversación y le facilitaba el seguimiento. Él era quien se sentía con el control ahora—. ¿Dónde vives actualmente?
—En las afueras de Saitama.
Silbé—. Wow, ¿Saitama? Esto está bastante lejos por el transporte público. ¿Viniste conduciendo, de casualidad?
—S-sí, tengo un auto.
—¿Un auto? Eso es afortunado —asentí con la cabeza y me incliné hacia atrás en la silla—. Gracias por tomarte el tiempo de venir aquí. Entiendo que puedas ser un hombre ocupado, ¿a qué te dedicas exactamente?
—S-soy un analista financiero —dijo Miyagusuku, cuyos ojos parpadearon hacia los míos antes de volver a mirar a la superficie de la mesa que tenía delante—, trabajo desde casa.
Ahí, una oportunidad.
—Ya veo, un analista financiero… ¿es porque te sientes incómodo estando con gente?
Mi afirmación causó que Miyagusuku me mirara con sorpresa.
—Lo siento, sólo pensé que tú y yo actuamos de manera bastante similar —dije con tono comprensivo—. También he sido un solitario, la mayor parte de mi vida. Todavía lo soy, para ser sincero. Tengo mis propios problemas con las multitudes y la gente, al punto en que mi consejera de la preparatoria me obligó a unirme a un club para "rehabilitarme".
Actuando bajo la suposición de que Ren era antisocial, tomé la iniciativa para hablar. Sin duda esto reduciría drásticamente cualquier sentimiento de estrés o aprensión que tuviera. Y sé que funcionó porque rió conmigo al final de mi historia. Noté un ligero temblor en sus labios. Intentaba sonreír, probablemente queriendo decir que se sentía relajado junto a mí. No sospechaba de ningún motivo oculto.
Lo que significaba que era hora de empezar con las preguntas directas, ahora que las defensas estaban bajas.
Me incliné hacia adelante y le pregunté en voz baja—. ¿Conocías a Kitamura Elaine?
Los ojos de Miyagusuku se abrieron de par en par antes de que me mirara con malestar.
—Era la esposa de mi amigo, Keisuke. Nos veíamos ocasionalmente, incluso desde antes que ella comenzara a salir con él. Solíamos ser un trío en la universidad.
—Siento mucho tu pérdida. Parece que eran unidos.
—Estoy bien —por la manera en que su puño se apretó momentáneamente, no lo estaba.
Saqué una capeta de manila llena de pruebas y la coloqué gentilmente entre nosotros, asegurándome de que pudiera ver bien las hojas e imágenes que yo estaba usando.
—Por la naturaleza del caso, la investigación es un procedimiento bastante largo y tedioso —le expliqué lentamente—. ¿Has visto dramas policiales antes?
—A veces… —Miyagusuku arrastró las palabras, sin estar seguro de a dónde estaba llevando esta conversación.
—Oh, bien, entonces probablemente eres consciente de nuestra capacidad forense y no tengo que explicártelo. Esto acelera bastante las cosas.
Miyagusuku asintió.
—Entonces, —dije, comenzando con un golpe verbal para enfatizarle que ahora iba en serio—. ¿Qué estarías dispuesto a darme hoy, para que pueda sacarte de mi lista de sospechosos?
El elegir bien las palabras lo era todo.
—¿Qué necesita?
—Oh, ya sabes… —arrastré las palabras, pretendiendo buscar las palabras adecuadas para devaluar lo que le estaba pidiendo. Para que bajara la guardia ante la idea que le iba a proponer—. ¿Estarías dispuesto a dar huellas dactilares y muestras de sangre?
—Sí, seguro. Puedo hacer eso. ¿Es todo?
—Hmm, para tener la imagen completa supongo que también sería genial si nos pudieras dar algunas impresiones de calzado.
Capté el destello revelador del apuro cuando sus ojos se dirigieron a sus zapatos antes de volver a mí.
Poco sabía él, pero lo tenía en una encrucijada. Todo dependía de si se daba cuenta de que se la estaba jugando. Podía exigir un abogado ahora, y retrasar el proceso a costa de levantar sospechas. O podía arriesgarse a darme lo que quería, a cambio de limpiar su nombre. No conocía las pruebas que tenía en mi poder, y esa era la mano con la que me quedaría.
—Sí, supongo que también puedo dar algunas de esas.
La trampa fue lanzada.
Dejé que mi máscara se deslizara de mi rostro, y esto no pasó desapercibido para mi sospechoso. Se estremeció ante mi mirada. Yo ya no necesitaba seguir con el acto. Ahora todo lo que tenía que hacer era presionar, y para ello necesitaba intimidarlo.
—Por desgracia, Miyagusuku-san… me temo que tu testimonio no te está haciendo ningún bien. Ahora hay más cosas apuntando hacia ti.
—¿Q-q-qué quiere decir?
Me incliné lentamente hacia adelante, muy consciente de que esto era agonizante para él. Tomé la foto de las impresiones de calzado encontradas en la escena del crimen y se la enseñé a Miyagusuku.
—Esta es una huella de bota que encontramos fuera de la casa de los Kitamura. Según esto, el perpetrador es alguien de unos 170 centímetros de alto. Un calzado de zapato de 27,5 centímetros. Probablemente botas. De hecho, probablemente las mismas que llevas puestas ahora mismo. Y si no me equivoco, tú mides unos… ¿169 centímetros de alto?
La sangre se drenó de su cara mientras continuaba.
—Como compañero solitario, sé que somos criaturas de hábitos. Es poco probable que nos cambiemos de ropa día a día, ni hablar de zapatos. Maldita sea, probablemente ni siquiera nos interese comprar zapatos nuevos a menos que los antiguos se estén cayendo a pedazos. Apuesto que también usaste esas mismas botas la noche del asesinato.
Miedo. Miedo puro y absoluto. Se congeló ahí donde estaba al darse cuenta de que lo tenía acorralado. Había perdido su única oportunidad de escapar, ahora era hora de exprimirlo.
—No tienes salida alguna —declaré con audacia, poniéndome de pie para mirarlo por encima—. Tengo evidencia suficiente para tirarte a una celda y sacarte información por las malas. Y déjame decirte que eso no se va a ver bonito frente a un jurado. O, puedes decir la verdad y hacer esto más fácil para todos. Tú eliges.
Miyagusuku ni siquiera consideró sus opciones.
Lo soltó todo.
Regresé a la sala de reuniones sintiéndome exhausto. Cuando abrí la puerta, tres cabezas se volvieron hacia mí. Shiba me enseñó el pulgar, haciéndome saber que todo había sido grabado como yo quería. Luego podríamos editarlo y entregárselo a Haruno para que lo usara como prueba en el tribunal. Y hablando de ella…
—¡Oh vaya, Hikigaya-kun! Onee-san está impresionada. ¡Muy impresionada! —dijo mientras caminaba hacia mí, con sus tacones golpeando con fuerza el suelo de baldosas—. ¡Te convertiste en una persona completamente diferente ahí dentro! Tuve que corroborar y asegurarme de que era el mismo Hikigaya-kun. Muy interesante.
—Ehhhh, ¿gracias? —no estaba seguro de si eso había sido un cumplido o un insulto.
—Lo tenías comiendo de tu mano. Era como ver a un titiritero y a su marioneta. Pero… —Haruno me miró con curiosidad, con sus ojos buscando una respuesta—. ¿Cómo supiste que era él?
—Nada tan asombroso —me encogí de hombros—. Su foto.
La foto de Miyagusuku Ren era la del clásico ejemplo de un solitario antisocial que se guardaba para sí mismo. Ojos cansados y mejillas hundidas por falta de sueño y malos hábitos de salud. Trabajaba desde casa, aún siendo un analista financiero, dando pistas a aquellos observantes de sus tendencias solitarias.
El auto solidificó todavía más mi suposición. Los testigos describieron al vehículo como una camioneta blanca con óxido. La parte importante era que no se trataba de un vehículo nuevo: había sido comprado usado o se lo habían regalado. Miyagusuku confirmó que conducía. Considerando toda la evidencia que lo delataba como un solitario, el comprar un auto usado habría resultado en muchas molestias e interacción social; y además trabajaba desde casa, así que no era algo de primera necesidad.
Eso significaba que la camioneta le fue regalada, probablemente por sus padres quienes vivían lejos. El vehículo era para que los pudiera visitar con mayor facilidad.
También estaba relacionado con ambos, marido y mujer, y tenía acceso a su casa por conocimiento previo. No era algo condenatorio, pero al considerar que se trataba de un solitario, las cosas empiezan a ponerse peculiares.
¿Un solitario con un amigo? Puedo atestiguar por experiencia personal que debió tener lazos emocionales muy fuertes con ellos.
—Si su relación con ellos se rompió al convertirse los dos en pareja, lo más probable es que no tuviera forma de hacer frente a la angustia emocional. Todo fue una corazonada, pero funcionó, ¿verdad?
Me dejé caer en un asiento y hice colgar mi cuello sobre el reposacabezas.
Haruno ocupó la silla frente a mí, y la escuché suspirar con asombro—. Siempre supe que eras perspicaz, pero esto ya es otra cosa. Esos saltos de razonamiento… ahora veo por qué el Jefe Tsurumi te recomendó.
—¡¿Cierto?! —concordó Shiba con entusiasmo a mi lado—. ¡Senpai fue invitado especialmente por el Jefe para ser detective! Es probablemente el mejor interrogador de la ciudad. Los otros agentes lo evitan, así que no tiene muchas oportunidades para brillar, pero es sólo porque se sienten intimidados porque es un ex-militar– OOF.
Mi puño se plantó de lleno en su plexo solar, deteniendo al instante cualquier otra palabra que saliera de su boca.
—¡Cierra el pico! —gruñí.
—¿Militar? —susurró Haruno.
Me hice el hábito de seguirle la pista a los casos en los que he trabajado. Era para ver cómo procedían las cosas, y cómo mi interrogatorio pudo haber ayudado.
Hoy no era diferente, sólo que en lugar del usual fiscal del distrito que despreciaba, había una mujer que no sólo era familiar, sino que al menos resultaba más agradable a la vista que su predecesor. Observé cómo Haruno se puso de pie para procesar a Miyagusuku Ren. No desperdició tiempo tras las declaraciones iniciales para enseñar la evidencia: el estado de la casa, las marcas de neumáticos, la huella de la bota, y el estado el cuerpo de Kitamura Elaine.
Y luego reprodujo las cintas acortadas del interrogatorio.
Miyagusuku era el mejor amigo de la pareja, de ambos, pero estaba enamorado de Elaine. Un enamoramiento que rozaba la obsesión. Miyagusuki fue incapaz de confesársele, preocupado de que ello destruyera la amistad que había construido con los dos. Pero Elaine no parecía compartir sus preocupaciones.
Se acercó a Keisuke, y ambos comenzaron a salir, dejando a Miyagusuku completamente devastado.
Con el paso de los años, Miyagusuku los visitaba y los observaba. Lo invitaban a cenar y a celebrar las festividades, siendo él su "preciado" amigo y todo eso. Esto sólo sirvió para avivar el fuego de Miyagusuku, quien nunca pudo dejar atrás su amor. Se fue volviendo más iracundo y emocionalmente confundido. Nunca deseó que las cosas cambiaran. Pero Elaine no valoraba las mismas cosas que él. Había traicionado su confianza, y nunca podría perdonarla. Pero a su vez tampoco era capaz de olvidar lo que sentía por ella. Odiaba la forma en que ella entraba y se quedaba en sus pensamientos por años, manteniendo vivos esos sentimientos que odiaba. La quería fuera de su mente. Para siempre.
¿Quizá si se deshacía de Elaine, podría estar tranquilo por fin?
El último video mostrado al jurado fue el de Miyagusuku confesando haber matado a Kitamura Elaine.
Res ipsa loquitur. "Las cosas hablan por sí mismas".
Haruno destruyó unilateralmente la defensa en cuestión de minutos, haciendo pedazos cualquier evidencia circunstancial y razonamiento débil que traían a colación. Fue una conclusión previsible, el jurado apenas deliberó por veinte minutos antes de declarar a Miyagusuku como culpable de asesinato premeditado, y contempló una condena de entre 20 años en prisión a cadena perpetua.
Seguí a la multitud mientras abandonaban la sala. Estaba a punto de doblar la esquina antes de que un relativamente doloroso golpe en mi espalda me hiciera voltearme y encontrarme con una Haruno sonriente. Me estremecí involuntariamente al verla. Esto era una trampa, ¿verdad?
—¡Salgamos a comer, Hikigaya-kun! —me invitó con una voz tan clara como mil campanillas de viento. Los abogados y otros burócratas me clavaron miradas de envidia y odio. Maldije la astucia de Haruno. Con toda esta gente alrededor de testigos, no podía rechazar una invitación directa de la fiscal del distrito. Mis temores se confirmaron.
—Vale —suspiré derrotado. Además, tenía una pregunta que hacerle.
La sonrisa de Haruno creció mientras se envolvía en mi brazo y empezaba a tirar de mí—. ¡Es una cita entonces!
Oh, no.
La cháchara estalló detrás de nosotros. Y de todas las cosas tenía que ser sobre cómo la hija de un miembro de la Dieta estaba teniendo relaciones con un agente común y corriente. Haruno se lo tomó todo con calma, fingiendo no notar el caos que había causado.
Terminamos en un pequeño café, elegido por Haruno al ser ella quien invitó. Después de ordenar nuestras comidas, Haruno no tardó en comenzar a interrogarme bajo el pretexto de "ponernos al día".
—Papá se presentará pronto para Primer Ministro, así que mamá quería que toda la familia se mudara a Tokio en señal de solidaridad. Yo ya estaba trabajando en la oficina del fiscal del distrito así que me vino de lo más bien. Me mudé con ellos, más cerca del centro de la ciudad, y de la oficina, claro.
—¿Es así? —levanté una ceja.
—¿Crees que hay más? —contraatacó Haruno, incitándome.
—Has cambiado tu perfume, y te vistes de forma mucho más conservadora que antes. Tal vez… ¿un compañero? ¿Un hombre?
La boca de Haruno quedó abierta brevemente antes de estallar en una carcajada histérica que atrajo la atención de todo el café.
—¡Oh, dios mío, es demasiado! ¡No puedo! ¡Hikigaya-kun, eres el mejor! —resopló entre risas—. No es bueno ser TAN discerniente, ¿sabes?
—Mis condolencias a tu novio.
Nuestra comida llegó poco después, y la conversación se ralentizó al concentrarnos en nuestra comida. La atención de Haruno se volvió hacia mí una vez más, y para mi nada sorpresa, comenzó a preguntarme por las cosas que había hecho luego de salir de la preparatoria.
—¿Cuánto tiempo llevas trabajando como detective?
—Dos años, supongo. Un año de entrenamiento, antes de que me ascendieran a detective. Llevo trabajando un año de eso, también.
—Ya veo.
Haruno tomó su vaso de agua con delicadeza, con un meñique extendido.
—Estás algo diferente ahora —dijo de improvisto.
—¿Tú crees?
—Sí… creía que odiabas las cosas falsas.
—Eso no ha cambiado.
—¿Entonces qué fue eso que hiciste en el interrogatorio a Miyagusuku?
—…
Mi silencio le reveló todo lo que necesitaba saber, porque no tenía nada con lo que justificarme. Volvimos a quedarnos en silencio y terminé observando a Haruno mientras comía un filete de pescado europeo acompañado con risotto de mantequilla. Daba pequeños mordiscos y masticaba rápidamente. Sus dedos se movían de forma elegante y apropiada, nunca acercándose demasiado a la comida, sino comiendo metódicamente. Era casi como un hada.
—¿Sabes?... en ningún momento preguntaste por Yukino-chan.
Justo estaba bebiéndome mi bebida así que la inesperada pregunta me hizo toser con violencia. Me golpeé el pecho unas cuantas veces para despejar mis vías respiratorias y…
Sí, por supuesto.
Como si las cosas fueran a quedarse así. Seré muchas cosas malas, pero estúpido no era una de ellas. Estamos hablando de Yukinoshita Haruno, la única razón por la que siquiera nos conocíamos era por esa persona. Vi venir esta pregunta desde el momento en que me la encontré en la sala de interrogatorios.
De vuelta a la realidad, me terminé mi bebida con calma antes de responder con tono aburrido.
—Para ser honesto… me había olvidado de ella.
El rostro de Haruno se mostró inexpresivo y no respondió nada.
La comida terminó a su debido tiempo y hasta entonces mi nueva fiscal del distrito no volvió a mencionar a su hermana. Me ofreció llevarme a casa, pero decliné la oferta lo más educadamente que pude (lo cual no fue mucho). Insistí en que quería tomar el camino largo a casa.
Observé cómo su auto se alejaba y se unía al resto del tráfico de Tokio. Giré sobre mi talón y me preparé para volver a mi apartamento. Mis pensamientos estaban desordenados, y necesitaba tiempo.
Odiaba a los mentirosos. Odiaba las fachadas. Odiaba las máscaras que se ponía la gente, cambiándolas de acuerdo a con quién hablaban. Odiaba las coas falsas. Inspiraban emociones que sólo podían llevar a la ruina, y pisoteaba la buena voluntad de los demás. Es algo que odié desde joven, y que sigo odiando a día de hoy.
Mentí.
Estuve mintiendo en el interrogatorio, y también le mentí a Haruno.
Siempre pensaba en Yukinoshita, casi cada minuto desde que me desperté de ese sueño.
¿Por qué sentí la necesidad de mentir?
Probablemente porque no quería arrepentirme de una decisión que tomé en el pasado.
¿Dije una decisión? Quise decir muchas decisiones.
Mentir se volvió más fácil a medida que más lo hacía, y ahora soy un maestro en ello. Es una parte íntegra de mi arsenal. Por eso, con todo lo que he hecho hasta ahora, puedo decir con confianza que me odio a mí mismo.
[1] El número 10 es japonés es じゅう (jyuu). En kanji, じゅう se representa como 十, una cruz.
[2] Referencia a Fullmetal Alchemist.
Nota del traductor:
Ehhh... ok, ¿cómo me explico?
Verán, SouBU hizo algunas modificaciones a los primeros 22 capítulos de Unmade, no sólo pasó toda la narración a pasado sino que también agregó/modificó algunas frases. Esto ya lo tenía anunciado desde hace mucho tiempo. Yo por mi parte, desde que lo anunció, estuve pensando en qué hacer, hasta que finalmente decidí que en lugar de hacer más "modificaciones" lo mejor sería comenzar con todo desde cero. Quiero creer que mi "habilidad" traduciendo ha ido mejorando con el paso de los capítulos (aunque no lo parezca, después de casi un año, uno aprende un par de cosas), y creo que eso se nota en las muchas modificaciones que le he ido haciendo a los primeros capítulos mientras avanzaba con la traducción anterior; sin embargo, todavía sentía que no estaba arreglando nada realmente, sólo... "parchando". Y ahora que SouBU modificó los capítulos, era mi excusa perfecta para decir, "¿eh, y cómo me quedará si lo hago todo de nuevo?".
Luego vino la decisión de si hacer todo eso en el fic anterior o hacer borrón y cuenta nueva (que es lo que acabé haciendo). Si hacía lo primero, probablemente hubiera sacado uno de esos capítulos-no-capítulos que sólo son para anunciar cosas, y NO quería hacer eso. Luego está el tema de la organización, había cambios "estructurales" que quería hacer en el fic, pero hacerlos en el anterior habría resultado en un completo dolor de cabeza y seguramente la habría cagado.
Después estaba esta opción, que es la que acabé escogiendo. Podría ordenar las cosas como yo quería, volvería a mi ritmo de "un capítulo por semana" que tanto me gustaba antes y que se fue al demonio una vez me puse al día, y ganaría tiempo para que avanzara la historia (a menos que se vuelva a marcar un hiatus mientras estoy traduciendo, en cuyo caso significaría que tengo una mala suerte del carajo).
Quiero recalcar, esta es la primera y última vez que haré esto; me aseguraré de hacer las cosas de forma mucho más ordenada esta vez.
Espero.
Bueno dejado eso de lado, creo que lo que corresponde es volver a introducirse:
Esta historia no es mía, es una traducción del fantástico fic del usuario SouBU: "Unmade". Las traducciones no son algo común ni popular en los fanfics y todavía menos en un fandom no tan grande como lo es el de Oregairu (en esta página al menos). Yo no tengo ningún problema leyendo en inglés, pero tenía muchas ganas de poder disfrutar esta historia sin problemas en mi idioma natal, y debido a todo lo que mencioné anteriormente, era una probabilidad bastante baja (nula, de hecho) que alguien hiciera una de esas "traducciones de fics" para Unmade. Así que pensé "¿y por qué mejor no la hago yo mismo?". Luego fui, le pedí permiso a SouBU para poder hacer esto, y aquí estamos.
(En una nota aparte, SouBU no tiene idea de que decidí borrar la traducción anterior y hacer otra, pero tampoco creo que le importe).
Unas cuantas cosas que voy a aclarar desde el vamos:
1.- Este fic (el original en inglés) fue publicado el 2 de Enero del 2019 (mi traducción anterior es de Mayo del mismo año). Poco después de que saliera el volúmen 13 de la novela ligera de Oregairu, y como un año antes de que saliera el volúmen 14. ¿Por qué aclaro esto? Porque aunque se trate de una historia ubicada en un periodo muy posterior al de las novelas/anime, con los personajes ya adultos, no sigue el final canónico de la serie. Si ya se spoilearon del final de la novela (o si vienen del futuro luego de que termine la tercera temporada) ya saben quién fue la "ganadora". Aquí nada de eso pasa, todo lo ocurrido en las novelas 13 y 14 de Oregairu se ignora (por lo tanto, lo mismo se aplica para los últimos 2/3 de la tercera temporada). Consideren esto como una especie de "línea alternativa" donde ocurrió la ruta del 8man solitario.
2.- Hay muchos OC's. Bastantes. Esto se debe a que la historia está ubicada en Tokio en lugar de Chiba. Sí, lógicamente aparecerán personajes de la obra original, pero no todos.
3.- Los personajes canónicos puede que actúen algo OoC en algunas circunstancias. Esto es en parte porque ya son adultos. No significa que SouBU se haya limpiado el trasero con la personalidad original de los personajes y que haya hecho un cambio de 180° con ellos, sino que todas las experiencias que éstos han vivido desde que se graduaron hasta ahora los han marcado y cambiado; es uno de los principales temas del fic. Aún con todo esto, SouBU considera a las personalidades de los personajes en Unmade continuaciones lógicas de sus personalidades canónicas (en el contexto de esta historia), y yo también.
4.- Nunca se aclara cuantos años pasan, SouBU dice que es mejor dejar esa parte a criterio de cada quien. Sin embargo, en la traducción pasada, en el capítulo 17, hice una aproximación del tiempo que ha pasado. Lo voy a volver a hacer cuando suba ese capítulo (spoilers: son 7 años).
5.- Algunas veces lo que SouBU anote en sus notas de autor, yo lo traspasaré acá. No es que vaya a hacer copypaste, pero sí explicaré las cosas que yo piense que valga la pena aclarar.
6.- Esto tiene que ver con la traducción en sí, los que hayan leído la versión anterior o que lean la versión original en inglés, saben que hay capítulos con sub-capítulos. Bien, pienso dividir esos capítulos, hacer de cada sub-capítulo un capítulo aparte. Es uno de los "cambios estructurales" que quería hacer y es una de las razones por las que estoy haciendo todo de cero. Esto incrementará mucho el número de capítulos, lo que significa más tiempo antes de ponerme al día :D.
Bueno, eso es todo por ahora. Nos vemos la próxima semana. Se me cuidan.
PD: El "retraducción" del título lo sacaré luego de un par de semanas.
Siguiente capítulo:
Arco 1 - Capítulo 2: "El cambio no espera a nadie" (28/03/2020)
