Otra mañana en la que despierto y tú no estás a mi lado. Otra mañana preparando el desayuno para una persona y en completa soledad… Otra mañana afrontando la realidad de que hace un año que te fuiste y lo que realmente quiero, no se corresponde con lo que tengo. Es algo curioso, tengo fama, dinero y chicas… Un loft de ensueño, una colección de coches deportivos más que impresionantes y propiedades por todo el mundo… Y no tengo lo que siempre ansié, no tengo a mi lado a esa chica que me roba las sonrisas… Y que convierte un día malo en un mal momento.
Suspiro, peinando ligeramente mi cabello azabache y algo largo y saliendo de la cama. Me contemplo por unos instantes en los espejos del vestidor y recuerdo todas las mañanas en las que tú me abrazabas por la espalda sin que importase nada más. Tus pucheros porque no podíamos aparecer al mismo tiempo en la oficina, a pesar de vivir juntos y amarnos intensamente.
—Mierda, Sasuke… Métete ya en la maldita cabeza que Sakura no está y que ya no te ve de la misma manera… —mascullo molesto, agitando mi cabeza para deshacerme de esos pensamientos nostálgicos.
Camino hacia el baño, me quito el bóxer negro y preparo mi albornoz, antes de sumergirme bajo la corriente de agua tibia. Cabizbajo, aún sigo pensando en lo mismo… En cuánto puedo llegar a extrañarte… Tus besos, tus miradas pícaras, tus caricias furtivas y pasionales. Extraño nuestras reuniones privadas en mi despacho donde nos conocíamos de forma más personal y profunda hasta perder la noción del tiempo y la distinción de ambos cuerpos.
Cierro la corriente del agua después de haber tomado la ducha y reflexión matutina, alcanzando mi albornoz azul petróleo y anundándolo a la perfección. Mi reflejo se ve algo oscuro… Más de lo normal incluso, aunque… Recordemos que «esa normalidad» se fue contigo. Tus palabras resuenan una y otra vez en mi mente y sonrío de forma triste al recordarla, humedeciendo mi rostro antes de afeitarme.
«Sasuke, recuerda que siempre te debes ver pulcro y limpio. Me encanta la suavidad de tu rostro masculino… Sé un niño bueno y quítate la barba de pocos días…»
—Tienes razón… Tengo una posición más que respetable y soy una de las caras de la empresa —murmuro, perfilando cuidadosamente los ángulos de mi rostro.
Después de afeitarme y aplicarme after-shave, seco mi cabello y lo peino con cuidado. Dejo caer nuevamente el albornoz al suelo del baño y voy hasta el vestidor para ponerme la ropa interior y un traje a medida de chaqueta y pantalón gris marengo junto con una camisa negra y una corbata de seda algo más clara que la camisa. Anudo los cordones de mis zapatos negros, ajusto mi cinturón, me perfumo y tomo mi maletín con mi portátil y documentos junto con las llaves de uno de mis coches.
Dado que aún es temprano, la circulación es fluida y no tardo demasiado en llegar a la sede de mi empresa, Uchiha Corporation. Nuestros padres fallecieron en un desafortunado accidente de avión y, desde entonces, mi hermano mayor, Itachi, dirige la empresa. O, al menos, hasta que yo tuviese la experiencia y madurez necesaria… Actualmente, llevamos dos años compartiendo el cargo de Presidente Ejecutivo.
Itachi siempre fue un prodigio, amado por nuestros padres y por los demás. Él siempre fue el héroe de la familia que llevó a la empresa al éxito a pesar de la pérdida de nuestros padres, el que peleó con uñas y dientes para que su hermano pudiera seguir viviendo su vida y no se viese afectado por el trauma… Él era el más inteligente, capaz y carismático de ambos; no era de extrañar que gran parte de nuestros inversores lo prefirieran a él.
Yo, en cambio, siempre estuve a la sombra de mi hermano. Nunca era lo suficientemente bueno como para cumplir las expectativas tan altas que él dejó a su paso, no lo culpaba y amaba a mi hermano, puesto que siempre estuvo para mí y aprendí todo de él. Yo era más oscuro que mi hermano, menos social y prefería otro tipo de encuentros… Extrañamente, gran parte de los consumidores me preferían a mí… Quizá por mi oscuridad o mi misterio…
Por capricho del destino, nuestras apariencias se adaptaban más al carácter del otro. La belleza de Itachi era algo así como «demoníaca», prohibida y llamativa, con un largo, sedoso y cuidado cabello castaño oscuro, unos orbes carmesí con infinidad de pestañas y un ligero bronceado. Sus rasgos habían sido esculpidos con cincel y eran marcados. Lo más distintivo de él, eran sus marcadas ojeras y sus uñas negras. Mientras que yo, el hermano más oscuro, tenía unos rasgos mucho más suaves, ojos almendrados de color gris y un desordenado cabello negro azulado, además de ser ligeramente más pálido. La apariencia del ángel se correspondía con el demonio y al revés.
En el fondo, éramos demasiado parecidos… Tanto que ambos amábamos a la misma mujer y no podía estar enfadado con él. Sakura era una diosa hecha humana… A veces, nuestros ojos se encontraban y podía sentir una tímida llama de la pasión en ellos y mi esperanza resurgía como el Ave Fénix; de entre sus cenizas.
Al entrar a aquel coloso de hormigón armado y vidrio, el revuelo se volvió nulo, todos me profesaban su respeto. Era algo reconfortante y adictivo, me ayudaba a sentirme poderoso y olvidar unos instantes la carencia de lo único que me llenaba. Llegué a mi despacho, situado justo frente al de mi hermano mayor; allí estaban ambos y Sakura le robó un beso rápido antes de despedirse. Era una chica profesional y seguía siendo mi más que capaz y bella asistenta personal. Hice como que no vi nada y entré directamente hasta ocupar mi lugar en el escritorio de madera maciza. Ella ya había preparado una pila de documentos que debía revisar y firmar o sellar.
—Buenos días, señor Uchiha. Espero que haya podido descansar esta noche —me dijo, una vez que se había sentado en su lugar correspondiente mientras arreglaba su cabello y jugaba tímidamente con las solapas de su chaqueta.
—Buenos días, señorita Haruno. Espero que usted haya descansado mejor que yo, nos espera una larga e intensa jornada laboral —contesté con una voz suave y una pequeña sonrisa, los viejos hábitos no cambian y yo estaba demasiado acostumbrado a tratarla como a la rosa más bella del jardín de mi vida. Algo dentro de mí decía que, si alguna vez dejaba de hacerlo; los pocos sentimientos durmientes en su interior, se apagarían.
—Sasuke… Me preocupas, idiota… —murmuró, intentando que no escuchara. No dije nada, preferí ignorar por el bien de todo, pero en mi interior… Se sentía una calidez reconfortante que había extrañado todo este tiempo.
