Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer. La historia es completamente mía, queda prohibida cualquier adaptación. Todos los medios de contacto se encuentran en mi perfil.
Summary: Isabella Swan está al borde de la locura, amar a Edward Cullen la está dejando vacía. Tal vez solo ya es demasiado tarde para un amor corrompido.
Pareja: Bella/Edward
Núm. Palabras: 3,546
El maquillaje escurrió por mis mejillas. El negro manchando toda la piel.
— Soy una estúpida —me mire en el espejo, luciendo patéticamente herida— ¿En serio pensaste que sería diferente? —me pregunte a mí misma, un sollozo resonó en la habitación, mi sollozo — Eres una puta. Maldito Edward —mire mis ojos enrojecidos y acaricie mi reflejo en el espejo— Mil veces maldito.
El reflejo de los ojos azules de mi madre me llamó desde una esquina del espejo. La foto estaba un poco maltratada y desgastada, pero aun podía notar el pelo rubio de Renée y sus mejillas rojas. Mi madre había sido una mujer feliz, sensata y chispeante que siempre solía tomar las mejores decisiones. Siempre dijo que la mejor de ellas había sido casarse con mi padre.
Mis padres habían tuvieron o un matrimonio amoroso y lleno de amor. Charlie Swan besaba el piso por donde mi madre caminaba, mi padre era un romántico empedernido y nunca se cansó de demostrárselo a mi madre.
Crecimos en un pequeño pueblo; mis padres, mi hermano mayor y yo. Nos criaron con valores, una buena educación y sueños ingenuos. Aun podía recordar tardes eternas mirando a mis padres ir uno detrás de otro. Mi madre nunca menciono que no siempre obtienes al príncipe.
Desde la primera vez que mire a Edward Cullen a la corta edad de catorce años supe qué serie mi único para siempre Siempre tratando de convivir con él, Edward fue todo para mí. Siempre rondándome por todos lados, mirando y probando, pero sin tomar realmente.
Crecí imaginado que algún día me miraría de una forma diferente, soñando despierta cuando lo tenía alrededor. Pero al pasar de los años mi dulce niña se fue apagando, dejando a la joven resentida y deseosa de atención a su paso. No solo estaba triste por no recibir el amor que creía merecer, también comencé a llenarme de un rencor desconocido para mi hasta ese momento. Odiaba a Edward Cullen. Las tardes en mi habitación eran infinitas, le evitaba en todas partes hasta que fue tiempo de partir a la Universidad, rompí el corazón de mis padres y hermano, pero Phoenix me recibió con los brazos abiertos y partí sin mirar atrás.
Fue hasta que decidí mirar un poco atrás que todo se rompió. Eran las primeras vacaciones de Navidad, tan solo seis meses después de mi partida cuando mi madre llamo. Aún recuerdo lo mucho que esa llamada rompió mi corazón, drenando todo en mí, Mi padre estaba muriendo y me necesitaba. Tres días después estaba volando a Forks y dos semanas después Charlie Swan murió. El cáncer de mi padre simplemente rompió a mi familia.
Después de eso fue difícil recuperarnos. Emmett partió rápidamente a la Universidad de nuevo, casi como si quisiera correr lejos del dolor. Mi madre solía vagar largas horas por la noche, ocultando su dolor ante mí y cualquier que se preguntara como se encontraba.
Nunca más volví a pensar en la Universidad. Conseguí trabajos esporádicos en el pueblo y mi madre comenzó a trabajar en la cafetería de Forks.
Fue solo un año después de que mi padre muriera que volví a ver a Edward Cullen. Entro en la cafetería donde mi madre trabajaba, la saludo y me ataco. Su coqueteo evidente y desgastante, yo aún lo amaba, así que acepte salir con el.
En nuestra primera cita comimos un helado, me conto un poco de su vidas en Chicago y que tan difícil le era ajustarse a tantas personas y autos, me hablo de sus profesores, de leyes, me beso y me follo. Ese fue mi segundo error. Le permití romperme un segunda vez después de despertar al siguiente día en una cama vacía, desnuda, sin virginidad y con una nota que contenía un pequeño y corto: gracias.
Esa fue la primera vez que me trato como una puta. Su puta.
También fue la primera vez que comencé a odiar Forks, odiaba el frio que me calaba más allá de los huesos, el eco de los bosques cada noche que mi madre lloraba en su habitación y los recuerdos del imbécil de Edward Cullen.
Nos mudamos a Phoenix una semana después. No dije ni cuatro palabras para que Renée aceptara y comenzara los trámites para vender la casa en la que vivió con el amor de su vida. Era como si las dos quisiéramos salir corriendo.
Encontramos un pequeño departamento en el centro de la ciudad no mucho después. Ella inicio trabajando en un centro de internación oncológica, lo cual parecía llenarla de alguna manera y yo comencé a trabajar en una biblioteca. Era fácil, sencillo y podía pagar las cuentas. Emmett llamaba continuamente, pero nunca hablo de visitarnos. Aun solía pensar que solo vernos era como revivir la muerte de Charlie una vez más. Fue en una de sus llamadas que menciono tentativamente a Edwrad, casi titubeando. Y entonces lo supe, lo saboree y lo trague amargamente. Emmett lo sabía.
Una semana después las llamadas desde un número desconocido empezaron. Yo sabía quién era, y casi podía jurar que mi madre también cuando nunca pregunto por las intermitentes llamadas. Nunca conteste ninguna de ellas, cambie mi número de teléfono, mi correo, toda red social desapareció y mi segundo nombre estaba plasmado en cualquier cosa que lo necesitara. Me permití salir con chicos, tuve fiestas locas, me cambie demasiadas veces el color de cabello, la ropa, moldee mi personalidad como quise y nunca me arrepentí, era como si quisiera vivir más que nunca. No sabía que la libertad y fuerza de voluntad estaban por acabárseme.
Jamás debí volver a Edward
Él fue mi perdición
La casa de mis padres se vendió poco después y regrese. Forks era mi infierno personal y con el Edward Cullen estaba esperando por mí.
"Nunca te iras de mi lado de nuevo, Bella. " Esas fueron sus palabras el día que me volvió a tener entre sus manos. Un encuentro esporádico en el supermercado, una plática, una follada después y yo era completamente suya de nuevo.
Y lo cumplió, me amarro completamente, quitándome la voluntad y el respeto hacia mi misma. Se encargó de que toda yo quedara en sus manos y jamás tuve la fuerza para obtener mi libertad de nuevo, lo amaba tanto. Incluso cuando hable de regresar a Phoenix se negó. Me hizo mentirle a mi madre sobre una beca que nunca existió, sobre él. Se mantuvo como mi mentor, cuando en realidad éramos amantes. Cuando en realidad me escondía y me trataba como su sucio secreto.
Trabajo duro. Edward Cullen se convirtió en el diplomático más joven del estado de Washington, Implacable, correcto he imputable. Siempre cuidando su reputación, pero tan cínico como para presentarme como su amiga íntima en las reuniones sociales. Era una burla para mí misma, saber que todos se reían a mis espaldas, que perdí las pocas amigas que tenía, la dignidad, la voluntad, la dependencia, el orgullo, la vanidad, la autoestima, lo perdí todo por alguien que no valía nada.
Edward Cullen no valía nada
Tome los listones de mi vestido y lo deje caer al piso. Camine despacio hacia la cama y tome las sabanas entre mis puños recordando como justo antes de esta tarde y por la mañana él había estado en mi cama.
Reí secamente mientras abrazaba su almohada y hundía la nariz en ella cerrando los ojos para recordar. Su holor mesclado con el mio, sudor y sexo me hizo llorar.
Flashback.
—Más rápido Edward — gemí enredando mis piernas alrededor de el— Dios ... oh.. — pude sentir como todo él estaba dentro de mi tanto como podía. Lleve mis manos a su espalda sintiendo como mis uñas se enterraban es su carne y el jadeaba.
—Aférrate a mí —gruño mientras yo lo hacía y el daba la vuelta dejándome encima, tomo mis caderas guiándome a su ritmo. Me aferre a su cuello y pude sentir como su miembro pulsaba a cada estocada que daba.
—Más rápido, más, más, más Edward — exigí como una posesa mientras yo le ayudaba guiándome encima de el.
—Júramelo Isabella. —toma un pezón entre sus dientes fuertemente y lo succiono.
—Nunca —hable mirándolo directamente a los ojos, esas lagunas verdes que me llamaban a cada segundo. Casi podía sentir como el corazón se me saldría de mi cuerpo, la sangre de mis venas corría rápidamente y el tacto de sus manos aumentaba esta sensación.
— ¡Hazlo! ¡Hazlo.. ! — frustrado tomo mi cintura entre sus manos bajándome totalmente en su erección y yo grite.
La habitación se llenó de jadeos, de nuestros gemidos y olores mezclados que se sentían en el aire; lujuria pura se miraban en sus ojos oscurecidos mientras yo ponía mis manos a cada lado de su cabeza moviendo mi pelvis más rápido, despacio y de arriba a abajo. Sabía lo que le gustaba, chupe su cuello, entre la mandíbula y la oreja sintiendo como sus manos se enterraban en mis costillas. Baje por su cuello mordiendo, sabía que después de eso el me tomaría para darme vuelta montándose encima de mí para luego penetrarme hasta perder la razón.
Conocía perfectamente sus puntos débiles.
—Dime que me amas — jalo mi labio con violencia mientras con una mano en mi espalda se impulsaba. Mi cuello se arqueo y los dedos de mis manos tomaron las sabanas en un puño.
—Nunca —jadeé y me corrí intensamente, el dio unas estocadas más antes de caer encima de mí. Su peso volviéndose poco a poco en algo asfixiante.
—Mierda —mis musculo pulsaron, tome sus hombros tratando de moverlo de mi —Edward muévete —empuje su hombro.
—Callate, Isabella —escondió más su cara en mi cuello y pude sentir mi piel estremecer.
—Que te quites, Edward — gire mi rostro tratando de no mirarlo.
—Mírame Isabella, no escapes como siempre —tomo mi mentón con su mano recorriendo hasta mi mejilla, la tome rápidamente quitándola y sintiendo el asco recorrer cada célula de mi ser.
—No me toques, Edward —el nudo de mi garganta se apretó intensamente — ¡QUE TE QUITES JODER! —grite y con todas mis fuerzas lo volteé para luego bajarme de encima suyo, rápidamente tomo mis muñecas con sus manos.
— No huyas, Isabella —me miro directamente a los ojos. Casi creí ver por un momento el dolor reflejado en ellos.
—No estoy huyendo —susurre— me das asco y odio que me toques... —hable cerca de su rostro mirando como este se desencajaba. Ultimadamente y de una forma retorcida disfrutaba tener es poder de dejar al gran Edward Cullen sin palabras.
Sus manos me liberaron y me pare lo más rápido que pude de la cama.
—Mejor si te vas antes de que vuelva.. —camine y entre al baño
Flashback
Abrí los ojos nuevamente mientras los recuerdos se esfumaban y un sollozo salió de mi garganta. Siempre había sido amorosa con él, comprensiva y gentil, a la hora de tener sexo siempre era sumisa y dejaba que él me controlara. Nunca fui rencorosa o grosera, jamás me negué a su contacto y siempre lo abrazaba después de terminar de hacer el amor, ponía mis brazos alrededor de su cabeza y acariciaba su cabello hasta sentir su respiración cadente en mi cuello.
Entonces solo en ese momento del día me preguntaba qué pasaría con nosotros, donde terminaríamos cuando todo eso terminara.
Hoy lo sé.
Termino conmigo destrozada y el feliz.
Cuando finalmente él se marchó esa mañana y pude salir del baño recibí un mensaje de parte de su asistente personal pidiéndome que estuviera lista a las siente en punto para un evento del señor Cullen. Tome el vestido más bonito que encontré en mi closet, planche mi cabello y me puse los tacones más altos que tenía.
Como siempre sucedía, el chofer y el coche llegaron puntuales. Subí pensando en un poco más de pelea, sexo y tal vez una buena cena, estaba lista para aceptar lo que fuera. Yo también podía ser cínica.
Cuando llegamos a un gran hotel, la recepcionista me dirigió hacia el salón y en el instante en el que traspase la puerta, Lo supe. Supe que nunca debí venir. Edward estaba en medio del salón bailando con Tanya Denali, hablando en susurros, pareciendo los perfectos amantes, la perfecta pareja, mi rostro se desfiguro un momento antes de que un mesero se acercara a ofrecerme una copa de vino y rompiera el silencio junto con la maldita majia que parecía rodear a los hijos de puta en la pista, en un instante todos me estaban mirando incluso el. Saque mi mejor sonrisa y con un asentimiento la acepte tomándomela toda, mi corazón dolía pero sin demostrar ningún sentimiento seguí caminando hasta llegar a Alice, la hermana melliza de Edward.
Los observe bailar, observe con odio como ella acariciaba su mejilla y apreté la copa entre mis dedos sintiendo como esta se rompía en mi mano.
Alice tomo mi brazo y me guió al baño mientras susurraba palabras como
" es un idiota " " lo voy a golpear "" maldito imbécil " pero nunca puse atención a nada, solo recuerdo haber corrido fuera del hotel mientras tomaba mi mano y me subía a un taxi a toda prisa.
Llegue al departamento y me senté en mi tocador
Dure horas sentada ahí pensando que estaba mal conmigo antes de comenzar a limpiar el maquillaje corrido de mi rostro.
Gire en la cama llorando y hundiéndome más en ella, quería morir mientras sentía mi alma ser destrozada, sentía como todo dentro de mí se destruía. Me senté en la cama y tome mi bata poniéndola sobre el cuerpo, camine por todo el departamento en busca de mis papeles, teniendo la ilusión de que tal vez él los había escondido aquí.
Hable enserio cuando trate de decir que el me tenía amarrada a él completamente
Era su prisionera
Su puta personal
Termine sentada en medio de la sala con todo a mi alrededor destruido, los cuadros estaban rotos y mis manos lastimadas.
Exactamente así me sentía
Unos fuertes golpes en mi puerta me alarmaron y me pare del suelo decidida a matar a quien fuera. Tanya Denali estaba en mi apartamento, sus ojos azules me regresaron la mirada desde la entrada.
—Isabella Swan — entro y paso por mi lado mientras yo cerraba la puerta tan fuerte como pude — ¿La humillación duele cierto? —se burló — Pero me debías unas cuantas y tenía que hacértelas pagar, ser la amante de Edward no es fácil ... —Suspiro dramáticamente — Ver cómo te llevaba a las cenas, a los discursos, recepciones y no poder decir nada —camino hacia mí.
Tanya —intente tomarla del brazo, intentando sacarla del apartamento. Pero se zafo rápidamente, evadiéndome y caminando por el salón.
— ¿Cuantas veces te dijo que éramos solo amigos Isabella? Mientras en las noches se iba conmigo, Edward fue de mucha ayuda para todo esto —se rió y pateo un porta retratos del suelo; Edward me abrazaba por atrás mirando a la cámara y era nuestra foto favorita — Es tan idiota y manipulable que cuando esta mañana llego a mi casa pidiendo un consejo para arreglar las cosas contigo le dije que estaba embarazada. —me miro— En nuestro viaje a Brasil nos acostamos, me fue bastante fácil que el entrara a mi baño donde encontró la prueba, después me pidió explicaciones y entre sollozos se lo dije —me miro y levanto su mano mostrándome un anillo de compromiso —Las princesas como yo no perdemos, las putas como tú sí.
Entonces salió de mi casa en medio de risas y el portazo de la puerta. Sentí al instante el color irse de mi rostro y solo me pude derrumbar en medio de la sala, cayendo al piso tapando mi boca, mordí mi mano tratando de sofocar en dolor y recordé todas las veces que Edward me había engañado, primero fue Irina, luego su secretaria Kate, Jessica fue la tercera y después de ellas de siguieron mucho más.
Hasta Tanya.
Esa mañana cuando evite su contacto pude oler su perfume en él, pude detectar cada intento de chupetón en su cuello, pude sentir su perfume en todo su cuerpo.
Me sentía tan estúpida, pero guarde la esperanza que fuera otra más, hasta ahora.
Sabía que Tanya no era como las otras
Tanya Denali era hija de uno de los socios y patrocinadores de la campaña de Edward, llevaba meses temiendo esto y ahora se era una realidad.
Ahora se iban a casar.
Yo siempre había estado con él, dándole todo, cuidándome para no salir embarazada.
Reí seca, recordando como el mismo me llevaba al médico todos los meses, como siempre me revisaba, asegurándose que no quedara embarazada.
Me pare y camine a la habitación mientras buscaba ropa, tome un vestido azul, sabía que era su favorito y corte bastilla dejándolo más corto, me lo metí por la cabeza y me mire en el espejo para luego tomar unas zapatillas planas, me las puse y limpie mi cara lo mejor que pude.
Esperaba que a él le gustara, porque sería lo último que miraría.
Tome el pequeño bolso negro de arriba del buró y las llaves de mi coche, baje las escaleras sin usar el elevador pues realmente nunca me habían gustado usarlo, odiaba la altura.
Pero a él le encantaba
Salí hacia el estacionamiento y me metí en el coche arrancando a toda velocidad.
Recordé aquella noche un par de años antes de conocer a Edward, había salió a comprar material para un trabajo del Instituto y estaba anocheciendo cuando sentí que alguien jalo mi brazo. Era un tipo mucho más alto que yo, me pidió dinero pero le dije que no traía más, después me miro y trato de jalar mi ropa.
Afortunadamente Emmett llego a tiempo salvándome y llamo a Charlie.
Tiempo después Charlie se convenció de que era bueno que aprendiera a defenderme, me metió a clases de Karate, Defensa Personal y tiro.
Tenía muy buena puntería o eso dijo mi maestro.
Estacione justo afuera del edificio de Edward, abrí la puerta del coche y camine poniendo el pequeño bolso bajo mi brazo. Mire a la recepcionista ofreciéndole una sonrisa tímida y subí por las escaleras.
Edward tenía su oficina en el décimo piso, pise cada escalón mientras los contaba.
Llegue al pasillo donde estaban un par de empleados.
—Señorita Swan —susurro la asistente de Edward y me ofreció una sonrisa cálida— El señor Cullen está ocupado pero.. oh.. su mano. ¿Se encuentra bien? —me miro y le ofrecí una sonrisa tranquila.
—Un feo accidente, no te preocupes, Nadia. Quiero ver a Edward — apreté mi mano contra el vestido, manchándolo de sangre — Esperare a que se desocupe. ¿Puedes solo traerme un poco de hielo para mi mano?
—Claro —asintió y se marchó.
Mire la puerta de Edward y camine a paso firme tomando entre mis dedos el pequeño bolso negro, entonces abrí la puerta y la cerré tranquilamente. Edward estaba recargado sobre su escritorio con las manos a cada lado del cuerpo de Tanya Denali … abrazándola como tantas veces me beso y abrazo a mí también en ese mismo lugar.
— Edward — Susurre mientras sacaba los pequeños guantes negros del bolso y me los ponía.
—Isabella —separándose de Tanya me miro y trato de acercarse.
— No te acerques .. —puse una mano en su pecho— Ni siquiera me toques.
El dolor se vio reflejado en su mirado y sonreí.
—Solo vengo a entregarte esto —saque las pequeñas llaves del apartamento — Y esto — puse en sus manos las del auto.
—No... por favor tenemos que hablar —me miro entregándomelas de nuevo.
—Ya no las necesito — las puse en la mesa del escritorio mirando a Tanya, sonreí y camine hacia ella.
— ¿Qué quieres puta? —me reto con la mirada.
— Tanya ... — Edward la reprendió.
—Gracias, Tanya — tome el bolso y saque la brillante pistola apuntándola directamente en la frente
Pude ver el miedo en su mirada y me encanto. La adrenalina corría libre por mi sistema, casi como una droga imposible de resistir.
—Isabella — Edward trato de acercarse pero cambie la pistola de objetivo apuntando directamente a su pecho y Tanya aprovecho para ponerse detrás de el — ¿Te has vuelto loca?
—Estoy tan loca.. —apunte la pistola más arriba, mirándolo a los ojos directamente — Que te voy a matar solo para que no seas de ella —mire a Tanya — te voy hacer el favor de tu vida "princesa".
— Bella, amor escúchate por favor. No es lo que cre…..
—¡Isabella! ¡Isabella para ti! —grite y lo mire con lágrimas en los ojos. —Bella ya no existe. Y es tu culpa.
—Tranquilízate. —susurro mirándome a los ojos. Sus orbes verdes estaban cristalinos y el miedo relucía en el fondo de ellos.
— Hice todo por ti, he dejado que me pisotearas. Me engañaste, pero nunca de esta manera. Creí en ti Edward y me fallaste. Jure que te amaría hasta la muerte. ¿Qué te hizo creer que me refería a la mía? —le grite, cerrando los ojos y tirando del gatillo directo al pecho y solo un instante después de sentir la sangre salpicar mi rostro, el sonido del cuerpo del hombre que amaba caer y los gritos de Tanya Denali supe que todo habia terminado.
Aunque…
Abrí los ojos para mirar a Tanya.
...
Isabella Swan pasó por un riguroso juicio donde se declaró culpable. Fue condenada a cadena perpetua por homicidio en primer grado con premeditación por matar a Edward Cullen, a quien le disparo con alevosía y ventaja más de diez veces en tórax y miembros superiores. Tanya Denali, quien fuera apuñalada por la imputada con una arma blanca por lo menos dieciséis veces se reporta como estable en el hospital. Renée y Emmett Swan se han negado a dar declaraciones a todo medio de comunicación.
Isabella Swan cumple su sentencia King County Adult Detention a la espera de dar a luz al hijo de quien fuera su víctima.
Y si, esta fue mi primera historia. Me ha costado editarla y dejarla lo más decente posible. Espero que la hayan disfrutado. Dejen su review y favorito.
—Ariam
