Nota: Sailor Moon y sus personajes le pertenecen a Naoko Takeuchi, yo solo los uso como diversion XD
Capítulo 1
La cueva era fría aunque no era de sorprenderse estando en el polo norte. Tres de los cuatro reyes del reino oscuro estaban inclinados delante de la reina Beryl.
-Kunzite, Jadeite, Zoicite –dijo esta –Nephrite ha fallado en su tarea de eliminar a las Sailor senshi. Como consecuencia está herido por lo que tendrá que recobrar sus fuerzas.
-Beryl-sama –intervino Jadeite –por favor déjeme llevar a cabo la tarea que Nephrite no consiguió, yo le traeré la energía a la reina Metallia.
- ¿Qué acaso no te basto ser derrotado por Sailor Mars? –dijo Zoicite con voz burlona, Jadeite lo miro con odio. –Permítame a mi llevar a cabo la tarea majestad, traeré la energía para nuestra ama, además del legendario cristal de plata.
-Está bien Zoicite, ve y hazlo –la mujer entonces fijo su vista en Kunzite –En cuanto a ti Kunzite, llegara tu momento, no te preocupes.
-Solo quiero servirle como mejor le parezca su majestad –dijo el mayor de los shitennou.
Beryl sonrió e hizo un gesto con la mano, los tres hombres entendieron y, tras una reverencia salieron de la estancia. Una vez fuera Jadeite sujeto a Zoicite del cuello.
- ¡Tu maldito…!
- ¿Qué ocurre Jadeite? Deberías aceptar tus errores –dijo Zoicite con una sonrisa burlona –No eres lo suficientemente poderoso para poder hacerle frente a las senshi.
- ¡Te mostrare lo poderoso que puedo ser, bastardo! –grito y lo empujo contra el piso.
- ¡Basta! –grito Kunzite mirándolos –deberían de guardar sus fuerzas para cumplir lo que la reina Beryl les encargo y no para pelear entre ustedes.
Los dos rubios lo miraron. Zoicite se puso de pie.
-Tu aun no has hecho nada por ella –dijo con odio en su voz –así que no puedes decirnos que hacer y no hacer.
-La reina Beryl me ha dicho que esperara así que lo seguiré haciendo.
Zoicite chasqueo la lengua y se alejó de ambos. Kunzite siguió por el pasillo.
- ¿A dónde vas? –le pregunto Jadeite
-Iré a ver a Nephrite, veré que tan patético luce.
Nephrite se encontraba sentado en el piso con la cabeza entre las rodillas. Tenía el uniforme rasgado y con manchas de sangre.
Kunzite se inclinó delante de él. Nephrite alzo la vista, tenía una herida en la mejilla.
- ¿Qué es lo que quieres? –le pregunto el –¿Vienes a burlarte? Zoicite y Jadeite ya lo hicieron...ellos…-Nephrite se detuvo abruptamente mientras se sujetaba el vientre con un rictus de dolor.
-No te muevas –Kunzite dijo mientras liberaba un poco de poder de su mano. Su magia no era curativa, pero al menos le quitaría el dolor hasta que sus heridas sanaran. –Esto te evitara la mayor parte de dolor de tus heridas, solo debes esperar a que sanen.
Cuando su rostro se relajó Nephrite lo miro con sorpresa y confusión.
- ¿Por qué?
-No son graves, sanaran en unos cuantos días –se puso de pie –así estarás listo más rápido para seguir cumpliendo los designios de la reina Beryl.
Se alejó de Nephrite. Solo se volvió a verlo cuando estuvo seguro que el castaño no lo veía.
"Estarás bien pronto".
Kunzite miro el jardín rodeado de flores. El conocía este lugar, los jardines reales del palacio dorado. Se dio cuenta entonces que soñaba. La última vez que vio este lugar estaba destruido, las flores eran solo cenizas y el árbol bajo el cual sus hermanos y el habían pasado tantas horas jugando y leyendo ardía ferozmente.
- ¿Por qué les sirves Kunzite? –escucho una voz, se volvió y vio a un joven de cabello blanco, llevaba una túnica blanca y sus ojos dorados resplandecían con confusión. –tu recuerdas a tu maestro, tu misión es buscarlo. Por esa razón tus hermanos y tu renacieron en este mundo.
-Helios, así que aun existes –dijo con seriedad mirando al joven sacerdote de Terra –pensé que habías sido destruido.
-Yo viviré mientras Terra y el cristal dorado existan –dijo el –pero contéstame lo que pregunte.
Kunzite se cruzó de brazos con un gesto de desdén
-No tengo porque servirle, él nos traiciono, por su culpa Terra fue destruida. Porque prefirió a las brujas del cielo.
-Tu amabas a una de ellas –Helios lo miro y vio que en sus ojos brillaba por un momento la confusión para desaparecer detrás de un velo de indiferencia. Helios suspiro –no lo recuerdas, la magia oscura hizo que la olvidaras ¿Qué recuerdas de las últimas horas de Terra?
-Endymion abandono el palacio, dejándolo caer en manos de los seres oscuros mientras él se refugiaba en la luna, abandono a su pueblo para irse con su princesa –escupió con ira y rencor recordando esas ultimas horas, ver desaparecer a su príncipe y a las senshi, escuchar los gritos de sus hermanos llamándolo, sostener a su hermanito moribundo mientras él llamaba a un príncipe que lo abandono a su suerte.
-Eso no es lo que ocurrió –dijo Helios –por favor Kunzite, déjame mostrarte la verdad. ¿Qué hay de tus hermanos? ¿Qué recuerdan ellos?
-Ellos no recuerdan nada –dijo él.
-Pero si tu despertaste –Helios dijo confundido -ellos también deberían haberlo hecho…a menos que…-lo miro fijamente –bloqueaste sus recuerdos ¿Cierto?
-Ellos no tienen por qué recordar –Kunzite hizo un gesto despectivo –están bien así.
- ¿Así? ¿Siendo heridos por cumplir tareas de una criatura abominable? ¿Luchando entre ellos? Ellos se odian ahora Kunzite, matarían al otro si eso les hace verse bien frente a Beryl. Sé que lo odias, te he observado, los cuidas y te duele verlos pelear y herirse mutuamente.
-Les dolerá más recordar a Endymion y su traición. Están vivos y planeo que sigan así, sin importar lo que tenga que hacer.
-Kunzite, siempre fuiste leal, sobre todo a tus vínculos con tus hermanos. Los cuidaste desde niños y los querías más que a nada, por eso debes saber lo que ocurrió de verdad, yo puedo ayudarte a hacerlo, solo debes estar decidido, hazlo por tus hermanos, de lo contrario nunca te sentirás completo.
-Nosotros estamos bien, tenemos un maestro y una misión, eso es todo.
Helios lo miro con enojo.
-Escúchame, tu eres protector de Terra. Si Metallia despierta, destruirá este mundo y tus hermanos y tu habrán fallado su misión nuevamente.
- ¡Endymion fue quien nos falló! ¡Él le fallo a Terra! –grito con furia.
-Solo piénsalo Kunzite, tu misión no es servir a Beryl ni dañar a tu pueblo, te estaré esperando. Adiós Lord Kunzite, caballero de la pureza y el afecto –dicho esto Helios desapareció y Kunzite despertó.
Kunzite miro a su hermano menor tirado en el piso mientras se retorcía de dolor.
Apretó los puños conteniendo su rabia, pero no podía intervenir. El había fallado y ese era su castigo.
-Jadeite –dijo Beryl apartando su vista de Zoicite tirado en el piso. –quiero más energía, ve por ella.
-Si mi reina –dijo el –se dio la vuelta y paso a lado del otro rubio mirándolo con burla, soltó una carcajada y salió del lugar.
- ¡Aidan! –un niño rubio de cabello corto corrió hacia su hermano menor quien lloraba en el piso sosteniéndose la rodilla. Tenía tierra en la cara y en la camisa que llevaba - ¿Te duele? No llores por favor.
-Me duele la rodilla –dijo el niño más pequeño mirando el pantalón rasgado y manchado de sangre.
El otro chico miro la herida. Llevo su mano a la parte de abajo de la camisa rasgando un trozo.
- ¡Adrian! –exclamo Aidan limpiándose las lágrimas al ver la acción de su hermano –esa fue un regalo de Lady Sana, ella se disgustará si sabe que…
- ¡No importa! –dijo el niño con vehemencia –tu eres más importante que una tonta camisa, tengo muchas.
-Adrian –dijo el menor con una sonrisa, olvidando su dolor.
-Adrian, Aidan ¿Están bien? –dijo un joven de cabello plateado con una sonrisa oculta, por la escena que acababa de presenciar.
- ¡Aidan se cayó! –dijo Adrian –se lastimo la rodilla.
-Déjame ver –dijo hincándose frente al niño y reviso la herida, no era muy profunda, pero había parado de sangrar gracias a la gasa improvisada de Adrian –no es profunda, pero será mejor que te lleve a que la limpien –se volvió a Adrian –hiciste bien en cubrirla con una tela, eso detuvo el sangrado.
Adrian sonrió y se soltó a reír cuando el menor le abrazo el cuello.
-Gracias hermano –le dijo el niño.
-Siempre hermanito –respondió con una sonrisa –siempre cuidare de ti.
Kunzite sacudió levemente la cabeza apartando los recuerdos. Beryl se había marchado dejando a Zoicite tirado inconsciente. Camino hasta él y lo cargo en brazos sacándolo de ahí.
La sangre corría por su rostro y el cansancio amenazaba con apoderarse de él. Miro a sus tres hermanos a su lado luchando, luciendo igual de agotados. Pero seguían luchando, no podían detenerse, ese era el final, tenían que luchar por lo que amaba, tenían que proteger el palacio y a Endymion, era su deber.
- ¡Endymion! –escucho el grito de Jadeite a su lado.
Se volvió con pánico imaginando lo peor pero no esperaba la escena frente a él. Endymion estaba con las Sailor senshi, alejándose de la batalla, el poder del cristal dorado que había mantenido a raya a los guerreros oscuros había desaparecido permitiendo que estos tomaran terreno, acercándose cada vez más al palacio.
- ¡Endymion! ¡¿Qué estás haciendo?! –grito corriendo tras el pero su príncipe no se detuvo, siguió avanzando sin voltear a verlo. - ¡Endymion! –el príncipe finalmente se volvió, pero no lo miro a los ojos. Las senshi lo rodeaban y comenzaron a elevarse con su habilidad de transportación rumbo a la luna.
- ¡Endymion! –gritaron Zoicite, Nephrite y Jadeite. El solo veía con pánico creciente como su príncipe desaparecía en las nubes, abandonándolos.
- ¡Dimi! –el grito de dolor de sus hermanos lo golpeo. La ira estallo dentro de él. Su príncipe los había abandonado por la princesa y las brujas de la luna. Miro hacia los guerreros oscuros y dejo caer su espada mientras una espesa niebla cubría su mente.
- ¿Kunzite? –lo llamo Nephrite confuso. El mayor de los shitennou lo miro. Una profunda frialdad se instaló en sus ojos mientras la magia oscura se abría paso en él, llegando a sus vínculos más profundos, infectándolos.
Los tres shitennou restantes cayeron al piso llevándose las manos a la cabeza con gritos de dolor mientras la oscuridad embargaba sus mentes, proveniente de Kunzite.
Finalmente, los tres shitennou se pararon con la misma frialdad en sus ojos. Tomaron sus espadas y caminaron hacia los guardias que protegían el palacio.
- ¿Lord Kunzite? –pregunto uno de ellos –el príncipe…-Kunzite alzo su espada y lo traspaso, la sangre mancho su inmaculado uniforme, pero no pareció notarlo. Los demás guardias retrocedieron asustados mientras los shitennou sonreían con maldad y avanzaban hacia ellos.
Kunzite miro a Zoicite inconsciente. Todo esto era culpa de Endymion, él lo había abandonado y al hacerlo bloqueo sus vínculos, permitiendo que la magia de Metallia tomara el control de su mente.
Acaricio con cuidado el cabello del rubio y un recuerdo lo golpeo.
-Garad –una voz infantil lo llamo. El joven de dieciséis años abrió los ojos encontrando a un niño rubio mirándolo, su cabello caía en varios rizos sobre su cara. Llevaba un pijama de color azul y sus ojos verdes lucían inquietos.
Esa no era una escena extraña, él era mayor que sus hermanos por ocho años lo que lo había convertido en una especie de padre para ellos, los niños comúnmente lo buscaban cuando tenían pesadillas o necesitaban un consejo.
- ¿Aidan? ¿Qué ocurre? ¿Estás bien? –se sentó en la cama preocupado. El niño se mordió el labio.
-Creerás que soy un bebe –se lamentó el niño, pero Garad le sonrió amablemente.
-Claro que no, dime.
-Yo…tuve una pesadilla –dijo sentándose en la cama –Soñé...soñé que alguien malo venia y te llevaba lejos, que nos dejabas a Dri, Dimi, Kace y a mí para siempre y entonces ellos venían y nos separaban, jamas los volvía a ver.
- ¿Ellos? -Aidan se estremeció.
-Los asesores de Dimi, como dijeron que harían.
Garad apretó los puños molesto. Recordó la escena que había ocurrido esa misma tarde. El rey había muerto dos meses antes. Desde entonces los asesores de Endymion habían querido separarlos, enviarlos a Kace, Adrian, Aidan y el a los cuarteles del ejército y criar a Dimi ellos solos. Pero él se había negado. Tenía dieciséis años era lo suficientemente mayor para cuidarlos y lo había dicho. Los asesores no estaban de acuerdo, recordó sus palabras y como le habían dolido.
"Tú no eres de la realeza, eres un huérfano que creció en las calles, jamas podrías educar al príncipe como corresponde."
Pero Endymion no escucharía una palabra. Sus shitennou se quedarían con él, entrenarían con él y aprenderían con él. Él era el príncipe heredero y nadie podía debatir sus órdenes.
Aun así, todavía recordaba la cara pálida de Adrian y Kace, los ojos llorosos de Aidan y los furiosos de Dimi cuando les habían dicho su decisión.
-Ellos no nos separaran –le dijo Garad pasando su mano por el cabello rubio de Aidan. El niño era el menor de ellos y había crecido rodeado de lujos, pero completamente solo.
Sus padres habían muerto cuando él era apenas un bebe y sus protectores lo habían mantenido encerrado esperando el momento para poder apropiarse de sus títulos y fortuna. Durante ocho años el niño solo había tenido como compañeros de juegos a los animales que criaba en su casa, siempre ansiando la compañía de una familia. Por ese motivo, escuchar que planeaban separarlos debió haber sido mucho más duro para él.
-Pero…ellos solo nos dejaron juntos por ti y si tú te vas…
-Aidan –lo miro a los ojos –no te dejare…
- ¿Lo prometes? ¿Prometes que jamas nos dejaras solos?
-Por supuesto –dijo y el niño le sonrió.
- ¿Puedo…puedo dormir contigo Garad?
El sonrió y asintió recostándose. El niño se metido a las cobijas y se abrazó a él.
- ¿El inútil aún continúa dormido? –Kunzite salió de su mente y miro al castaño caminando hacia él. Aparto la mano de su cabello. Si el castaño lo vio no dijo nada.
-Sus heridas están casi curadas –dijo mirando a Nephrite caminando hacia él, el castaño lo miro con sospecha.
- ¿Porque usaste tu magia en mi cuando estaba herido? ¿Por qué cuidas de el?
Kunzite miro al rubio nuevamente.
-Deben estar bien para cumplir los designios de la reina Beryl.
Nephrite enarco una ceja.
- ¿De verdad solo se trata de eso?
- ¿Qué otra cosa podría ser?
-Tal vez quieres ganarte la gracia de la reina Beryl.
Kunzite se levantó.
-Piensa lo que quieras Nephrite –le dijo.
-Como quieras, de todos modos, no desperdicies tu tiempo –dijo –él es demasiado débil, me sorprende que no haya muerto, supongo que tendré que espera la próxima o tomarlo en mis manos.
Lo miro y salió de la sala, dejando a Kunzite paralizado.
"Ellos se odian ahora, matarían la otro si eso les hace verse bien frente a Beryl"
Jadeite cayó al piso herido, miro a Tuxedo Mask frente a él con odio. Él había frustrado sus planes. Sailor Mars se puso frente a él preparándose para dar un último golpe cuando Kunzite apareció frente a ellos.
- ¡Kunzite! –grito Venus al verlo. El mayor la miro unos segundos, pero centro su atención en Sailor Mars formando unos gigantescos cristales de energía que lanzo hacia ella, quien apenas y pudo esquivarlos.
Con el rabillo del ojo vio dos movimientos. Jadeite cayendo al piso jadeando mientras que Sailor Jupiter se lanzaba contra él.
- ¡Adrian! –grito y se volvió hacia la mujer lanzando una onda expansiva que la derribo.
Se apareció a lado de Jadeite, quien lo miro sorprendido.
- ¿Qué estas…?
-Cállate –le dijo con voz dura mientras miraba a sus oponentes. Sailor Mars se había acercado a Sailor venus mientras Mercury ayudaba a Jupiter.
Sailor Moon trataba de acercarse a Tuxedo Mask, quien lo miraba de forma confusa.
- ¿Adrian? ¿Por qué me llamaste así? –pregunto Jadeite
-Eso no es importante –dijo sin apartar la vista de sus enemigos –¿Puedes ponerte de pie?
Jadeite lo hizo mirándolo con enojo.
-Bien, -dijo Kunzite y lo sujeto desapareciendo.
- ¡Suéltame! –le grito el rubio cuando aparecieron en medio de una de las cuevas –¿Por qué me salvaste? ¡No necesitaba tu ayuda!
-Te habrían matado –dijo simplemente cruzándose de brazos –Mars iba a hacerlo.
-Eso no importa, no soy un inútil y no te necesito –lo miro con odio y se alejó cojeando.
-Debiste dejar que lo mataran –escucho la voz de Nephrite detrás –sería un estorbo menos.
"Basta" pensó Kunzite mirándolo "Es suficiente"
El templo era tal y como recordaba, aunque tal vez fuera porque era creado por su mente.
-Así que finalmente viniste –dijo Helios mirándolo - ¿Qué te hizo cambiar de opinión?
-Mis hermanos –dijo como si fuera lo más obvio –no les importa que el otro se lastime, incluso celebrarían la muerte del otro si ocurrieran -Helios lo miro con comprensión.
-Y fue suficiente para ti, no puedes conciliar a los hermanos que recuerdas, que se cuidaban y amaban, de los que ves ahora, dispuestos a dañarse a sí mismos y a los otros.
-No –dijo Kunzite –aunque no sé cómo lo que puedes enseñarme ayudara.
-Lo hará Kunzite –dijo Helios –Sabrás la verdad y entenderás, entonces podrás romper el bloqueo en sus mentes y harás lo necesario para que sean libres.
Kunzite miro al joven sacerdote y asintió.
-Hazlo –dijo –déjame ver que paso esas ultimas horas en Terra.
