La clasificación de M no es por nada. No habrá ni lemón ni escenas subidas de tono, pero si venganzas, y algún que otro asesinato. No es un fic para todas las edades.

Los personajes no me pertenecen. Ni hago esto por lucro. Sólo por no aburrirme cuando voy en el metro.


1ª. Paso: El Cerdo.

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El chico huía. No sabía de qué, pero huía aterrado. Sentía detrás, en su cuello el aire, no era eso era un aliento pútrido, helado. Un aliento que lo asustaba, como si se lo lanzada un monstruo que se lo quisiera comer. Sentía miedo, el miedo que siente una indefensa presa que se siente observada y perseguida por un cruel y poderoso depredador.

Ryoga jamás había sentido miedo, pero ahora huía, sus pertenecías habían quedado olvidadas atrás, en cualquier sitio, no lograría recuperarlas, no sabía donde las soltó al correr asustado. Por el día ese bosque le pareció acogedor, el lugar ideal para olvidar el caos que se volvió su vida desde…, no quería acordarse de eso, eso le destrozó su vida. Si de día le pareció un buen bosque, de noche, a la luz de esa luna tan siniestra, ese bosque era tétrico, aterrador y los árboles y rocas parecían monstruos sacados de una película de terror. Sudaba y bufaba, corría ahogándose por falta de aire.

Notaba que lo seguían, que algo lo seguía. No se oía ningún sonido, no se oían los animales nocturnos, no se veían luciérnagas, ni otros insectos. Parecía que todos los animales habían huido. Sólo dos cosas se oían, el viento que aullaba de forma que le helaba los huesos, y ese aliento frío que notaba en su nuca.

A cada momento sentía que ese algo que tenía detrás iba a saltar sobre él, que ese algo jugaba con él. Que en cualquier momento ese algo lo atraparía y destrozaría.

Ryoga se sabía vencido, ni su fuerza ni sus técnicas serían capaz de vencer a ese ser que lo seguía, ese ser era inmune a sus ataques. Cuando más asustado estaba notó con terror que algo había cambiado. Un nuevo ser se había añadido a la cacería, ahora eran dos los monstruos que los seguían. Pero seguía huyendo. Si lograba salir del bosque y llegar a la carretera, estaría a salvó. Vio un árbol, reconoció el árbol, era un pino centenario, a pocos metros de ese árbol se acababa el bosque y empezaba una llanura y a un kilometro escaso había una pequeña ciudad donde estaría a salvo.

Mientras recorría los pocos metros que le faltaban para salir del bosque pensó que eso que creía que lo seguía era fruto de su imaginación, y estuvo a punto de reírse, desde el incidente en que participó tenía pesadillas, se sentía seguido. Todo se debía que su subconsciente no aceptaba lo que hizo, pero él no se arrepentía, hizo lo debido.

Y cuando llegó a lo que él pensaba que era el fin del bosque se paró y miró adelante asustado. Donde pensaba que era el fin del bosque, se elevaba más bosque, aún más tétrico que el que tenía a sus espaldas. Oyó reírse el viento, ¡No, no era el viento! Era una voz salida de la garganta de un ser de pesadilla, el ser que lo perseguía.

Se giró y vio en el bosque a dos ojos amarrillos que lo miraban con maldad, eran del ser que lo perseguía. Volvió al salir corriendo. Sabía que no tenía escapatoria y que ese ser estaba a punto de cogerlo, hasta ahora sólo había jugado con él.

Siguió huyendo, le parecía que huía durante horas, entre los arboles vio pasar luces, eran, coches, estaba cerca de una carretera, y se dirigió hacía ella, pero cuando nunca llegaba a la carretera, parecía que esta se alejaba y que ese bosque no tenía fin.

Jadeaba asustado, nunca tuvo tanto miedo. Deseó que llegara alguien a ayudarlo, pero sabia que eso era imposible, nadie lo ayudaría, nadie iría a salvarlo, no tenía a nadie para que acudiese en su ayuda.

Seguía su frenética huida, a cada paso se metía más y más en la locura, esa roca ya la había visto, ese árbol… también, ¡imposible! No podía dar vueltas en circulo. Tenía la luna siempre delante, entonces ¿cómo volvía al mismo punto? Se asustó, no andaba en circulo, cuando llegaba al fin del bosque de alguna forma volvía a medio de bosque. Se paró y giró en redondo, eso no podía ser, debía estar en una pesadilla, era la única explicación.

-Estás en lo cierto, esto es una pesadilla- dijo una voz. Era una voz hueca cadente de todo sentimiento. – tu asquerosa mente ha creado esta pesadilla, por que sabe que eres culpable- esa voz se rió, y Ryoga se estremeció, sintió miedo- es una pesadilla… o tal vez no.

La voz se volvió a reír y a esa risa loca y siniestra se unió otra. Ryoga gritó de miedo de terror. Vio a dos monstruos acercarse a él. Uno de ello él más bajo parecía una hembra, el otro era un macho. El cuerpo de ambos estaba lleno de pelaje, sus manos y pies acababan en garras, sus ojos eran amarillos, y sus bocas con colmillos y dientes afilados.

El joven retrocedió, tropezó y cayó sentado al suelo, sus dos perseguidores aprovecharon y saltaron sobre él. La hembra le mordió en el hombro, el chico gritó de dolor. El monstruo macho, le atacó con las garras y le rajó el estomago, y empezó a comer. Ryoga no pudo gritar el miedo se lo impedía hacerlo. De golpe sintió que salía se su cuerpo, desde las alturas vio como esos dos monstruos hacían un festín con su cuerpo. El espíritu asistía con horror y sin poder hacer nada a ese banquete. Cuando acabaron y no dejaron nada. Los dos monstruos miraron al espíritu.

- ¡Queda lo mejor! - dijo la hembra, con una voz que heló a Ryoga.

- ¡Sí!, ¡Queda el postre! -dijo el macho y se abalanzaron sobre el espíritu de Ryoga.

Ryoga se despertó gritando, otra vez la misma pesadilla, no, siempre parecida, siempre distinta. Cada noche cambiaba el escenario donde pasaba esa pesadilla. Nerima, la granja de Akari… o el bosque donde ahora estaba… pero siempre acababa igual. Con esos dos seres devorando su cuerpo y su espíritu.

Sonrió aliviado, sólo era un sueño, sólo una pesadilla. La tuvo en Nerima, esa noche en que el edificio abandonado donde se refugió se vino abajo, por suerte no hubo victimas. Y la noche que pasó en la granja de Akari, y que cuando despertó estaba destrozada. No lo entendía cada vez que la tenía todo a su alrededor quedaba destrozado.

Se acostó, buscó el saco de dormir donde debía estar metido, no lo encontró, se asustó miró hacía arriba y vio las estrellas. No podía ser, había montado la tienda de campaña en una cueva, a salvo de las inclemencias del tiempo, debía estar dentro de ella. Miró a su alrededor y se vio en medio del bosque, un bosque destrozado por alguna fuerza desconocida.

-No es una fuerza desconocida Ryoga. Quien ha destrozado este bosque, quien destrozó la granja de Akari, quien destrozó ese edificio, has sido tú. Tú y sólo tú, en tu loca huida por salvarte de los monstruos de tu mente. O tal vez esos monstruos no son de tu mente, pero participaste para que se crearan. Tú huyes dormido, sonámbulo, y destrozas todo que se pone por medio.

Ryoga miró a su alrededor aterrorizado, debía estar en otra pesadilla.

-No estás en una pesadilla, esta vez es real. Y para ti eso va a ser peor que una pesadilla- era la misma voz que la del monstruo del sueño. Ryoga se asustó, ya no aguantaba más y salió corriendo, sin fijarse por donde iba. Chillaba de terror. Ahora era cierto lo seguía un monstruo, y se lo comería, y no era una espantosa pesadilla, era la espantosa realidad. Y como cuando corría sonámbulo destroza todo a su paso.

Llevaba huyendo varios kilómetros, cuando llegó a un lago y en medio de este había una isla. En esa isla vio a una chica, y Ryoga se metió en la fría agua. Y fue andando hasta esa isla, el agua no le llegó más arriba de las rodillas.

-Señorita, no puede quedarse aquí sola, hay un monstruo horrible- le dijo a la mujer, esta estaba sentada en el suelo recogiendo flores y dando la espalda a Ryoga, con esas flores la mujer estaba haciendo una especie de corona.

-Aquí no hay ningún monstruo, sólo los que cada uno traiga con él- dijo la chica. Ryoga se espantó, había algo que no iba bien. Esa mujer era extraña, muy extraña. Estaba sola en medio del bosque, era medianoche y la chica estaba allí sentada como si fuera a pleno día.

-Pero señorita. - dijo Ryoga. - es de noche, ahí animales salvajes. Esta aquí sola, le pueden atacar.

- Ven y siéntate aquí-la chica señaló un lado y Ryoga sin saber porque obedeció, aunque no le había visto la cara obedeció. Olvidó que estaba siendo perseguido, esa mujer lo tenía fascinado, deseaba conocerla. - aquí no hay nadie, sólo mi esposo y yo. El último visitante que tuvimos murió. – Ryoga tuvo un escalofrió, era seguro todo iba mal- ahora le estoy haciendo su corona para adornar su tumba- ella se rió- ¿Te gusta? – la chica enseñó su creación, era una corona horrenda y las flores que la adornaban eran siniestras y olían a podredumbre.

Entonces recordó unas cosas. No lo perseguía un monstruo si no dos. Esa mujer había dicho que vivía con su marido, ¡esa mujer también era un monstruo! Lo otro que recordó fue que se metió en el agua y no se convirtió en cerdo.

- ¿Te gusta la corona? Te debe gustar por que adornaran tu tumba. Son un regalo de mi marido y mío para ti.

- ¡No me gusta! ¡No estoy muerto! - Ryoga gritaba enloquecido. Lloraba de miedo, esa mujer era un espíritu, un yokai, un demonio. Pero no sabía que había hecho para enfadarla.

-No soy un yokai, ni un demonio. Y si, estás muerto… desde el momento que provocaste mi muerte y la de mi marido, por que la provocaste ¿Verdad Ryoga? - y la mujer se giró. Ryoga se asustó y retrocedió. No podía ser, ella murió en aquel accidente.

- ¡No es posible estás muerta! Yo te vi morir, Aka… Akane.

-Si, tú me viste morir. Fuiste uno de los seis que provocasteis mi muerte y la de mi marido Ranma.- cuando se giró el rostro de Akane era el de la joven que Ryoga conoció, ese rostro, bello y sin daños- el coche que íbamos yo y Ranma se salió de la carretera y cayó por el precipicio y explotó, yo y Ranma nos quemamos vivos- el cuerpo de Akane empezó a mostrar quemaduras- de eso hace seis meses- el cuerpo de la mujer se empezó a pudrir delante de Ryoga, que no pudo apartar la mirada de Akane y de su transformación.

-Hemos esperado seis meses a vengarnos- se oyó otra voz. Ryoga giró la cabeza y vio a su antiguo rival, tan quemado y podrido como Akane. En ese momento el joven estaba asustado, a punto de tener un colapso. – en estos seis meses nos hemos metido en tu mente. Te hemos asustado en sueños durante meses. Hemos esperado el momento adecuado y ese momento ha llegado. Reza porque estás muerto, aunque tú no lo sabes.

Ryoga salió corriendo, atravesó el lago, y de nuevo la maldición del cerdo no funcionó.

-No te preocupes, la maldición de Junsenkyo no te afreta por que la que te lanzamos yo y Ranma es más fuerte- aunque Ryoga corría y corría oía detrás las voces de los dos espíritus.

El joven saltó a la carretera, iba como un loco. Si lograba detener un coche que lo llevase, pero no pasaba ninguno, en realidad la carretera estaba cortada por que por las lluvias recientes se había hundido un tramo de la carretera, un agujero de diez metros de diámetro y tres de hondo. Ryoga no vio las vallas que señalaban ese agujero, las atravesó y cayó al agujero.

Ese día los operarios habían traído arena y la dejaron en un lado. Ryoga al intentar salir provocaba que esa arena fuera cayendo encima suyo. Oyó un ruido y se giró, vio a los dos espíritus.

-Ven con nosotros, te llevaremos a un buen sitio- le dijo el cadáver de Ranma y le tendió la mano putrefacta. Mientras sonreía con esa boca podrida.

- El infierno será el sitio ideal para ti- y también le tendió la mano- y Ryoga sin poder escapar miraba a esos dos monstruos acercarse.

- ¡No os acerquéis! ¡No lo hagáis! ¡Por favor! – suplicó histérico y asustado Ryoga, pero los dos espíritus no le hicieron caso y se le acercaron, alargaron sus pútridas manos…- ¡Aaaargh! - chilló Ryoga, aunque su gritó llegó a varios kilómetros a la redonda nadie lo escuchó.

Un día nuevo amaneció y llegaron los operarios para tapar el agujero, y dentro de él encontraron el cuerpo sin vida de un joven, al estar medio tapado por arena pensaron que murió ahogado por ella, pero al ver su cara, sus ojos abiertos, comprendieron que murió de miedo, de terror. Nadie supo que fue lo que vio ese joven y lo que le llevó a la muerte y tampoco nadie supo fue quien dejó esa horrenda corona de flores sobre el cadáver.

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Notas del autor:

Este es el primer capítulo de mi nueva historia. Intentaré subir un capítulo cada día, lo tengo casi acabado. Sólo me queda el epilogo.

Ryoga en esta historia es somnámbulo. Corre mientras tiene pesadillas, y destroza todo a su paso . ¿Cómo mató, o ayudó, a matar a Ranma y Akane? Se irá viendo en los siguientes capítulos.