Sasha estaba aburrida.

Al ir a casa de Connie, éste dijo no poder acompañarla. Ha quedado con unos niños que ni conocía, para ayudarlos en no-sé-qué-de-qué-se-yo sobre un campamento en estas vacaciones de las clases que tiene. Ella pensó que ahora que éstas iniciaban, pasarían juntos, pero no. Oyó a cómo la niña llamada Gabi decía haber atrapado a un tonto con su actuación y lo linda que era, cosa que el otro -un tal Falco- reprendía y decía que haga silencio o la descubrirán; Connie ni estaba enterado de ser timado por dos mocosos, aun con esa información clara que la castaña obvió, pues pasó delante de sus narices. Su amigo dijo que los malinterpretaba, que eran dos pobres niños, que quizás Sasha lo decía por celos.

Eso era traición, pensó la castaña mientras replanteaba que lo intentaría con su otro mejor amigo, aunque sea rogarle porque nunca es accesible. Pero éste ni siquiera la oyó, saliendo de la casa a velocidad cohete y se fue en el auto de la misma manera. Supuso que andaba de cacería. Es decir… Estaba buscando alguna chica con quién salir, tras el fracaso de andar un año con sus múltiples movidas con Mikasa quien nunca lo aceptó.

Será molesto, pero al menos no puede negar que fue persistente.

Ella no era muy amiga de Armin, no quería ni preguntar sobre si quiere salir algún lado sabiendo que arma todos sus planes con la chica anterior u otro chico que se ha vuelto su nuevo amigo, si mal no recuerda se llama Eren.

También está Nicolo.

Todos estaban convencidos de que eran más que amigos, ella admiraba a Nicolo por cómo él era bueno cocinando, él nunca da señales fuertes. Lo último que supo de él fue que negó frenéticamente que ambos salieran, así que tal vez él no estaba interesado, si le preocupaba tanto que confundieran con que ella le gustaba o que salían.

Suspira. ¿Por qué tuvo que ser un año mayor que sus amigos? Desde que acabó la escuela, no es diario encontrarse con ellos.

El año siguiente irá la universidad, este año es el único que tendrá libre. No es que sus padres le dejen descansar mucho en casa, de hecho, y ella tiene un trabajo ahora, que ya no es de medio tiempo. Hoy era uno de sus dos días libres, los anteriores solo en tres ocasiones han quedado con sus amigos desde que comenzó el año. No los está viendo muy seguido.

¡Y YA ESTÁN A MITAD DE AÑO!

Niega con la cabeza, tratando de no desanimarse. ¡No los necesita para divertirse! Eso puede hacerlo sola… ¿No?

Vuelve a casa y está por querer llorar con su mamá llamándola, tal vez le pedirá que la ayude con quehaceres de la casa. Pero no es eso para lo que la llama. Al parecer, es alguien en el teléfono que la busca.

Sasha desenreda el cable mientras lo sostiene, nerviosa de que su mamá no la dejó sola. En su familia no existe algo como la privacidad.

Su mamá tiene una expresión que Sasha no entiende del todo.

—¿Sí…?

¿Quieres salir conmigo?

Esa voz del otro lado… Esa voz.

—¿Q-Qué? ¿Quién…? ¡¿FLOCH?!

Sasha termina ayudando a su mamá con los quehaceres, para que no le dé mucha importancia al llamado de teléfono. A su edad tiene cierta libertad ante ellos, pero siempre que avise a dónde irá y con quién, como siempre. Después de inventarse algo, obtiene permiso para salir mañana.

o/o/o/o/o

Sasha aprieta los labios confusa al día siguiente una hora antes de almorzar.

En su habitación, se gira y esconde la cara en la almohada, convencida de que es la peor idea de su vida haber aceptado. ¿Y si es una trampa?

¿Y si es una broma para divertirse a costa suya? La castaña podía esperar de todo de aquel chico, no es como si no hubiera hecho ese tipo de cosas con otros antes.

Aun así, ella aceptó encontrarse en la puerta de la escuela, que era el punto conocido. Sasha acordó que fueran por un poco antes del mediodía. No sabía si eso era muy temprano para él o no, pero su conocido no se negó.

Mantenerse optimista de esta salida que no es para nada una cita, es difícil. De nuevo, ¿fue lo correcto aceptar?

Decide levantarse y ver qué llevará.

Si no es una cita, no debe arreglarse mucho. Pero… se toca el cabello. No se lo ha peinado bien luego de darse una ducha, aunque no quiere que parezca que se vistió o arregló bien para él. ¡Eso será perturbador! Pero al final lo hace. No hay que ser extremistas. No dará la impresión a los acompañantes de que es una vagabunda, o criadora de cerdos o algo por el estilo. Ya hubo suficientes bromas anteriormente con otros alumnos, por hacer un relato decidiendo contar su estilo de vida anterior.

La castaña decide vestir simple, porque no es una cita y de todos modos no desperdiciará su mejor ropa en eso. Se pone unos jeans relativamente usados -las puntas están desgastadas-, zapatos, su típica remera de cualquier día y por el clima una campera de esas que se ven como camisas, pero son más gruesas, que es lo que más nuevo se ve en ese conjunto y la verdad solo se la puso para ocultar la cartera pequeña que cruza de su hombro hasta su cintura.

Sasha aún no se fía luego de que a Connie les robaron el teléfono a dos cuadras de la escuela en su primer año. Eso había sido una total injusticia, sobre todo porque Connie había estado por atrapar el ladrón. Lástima que su velocidad no compensaba su torpeza y chocó en un cruce contra un poste antes de lograrlo.

Sale de la casa finalmente, no sin avisarle a su madre que está en la cocina mientras que ésta le pide que tenga cuidado.

Se toma el autobús y espera. Para su alivio, al llegar el chico con quien ha quedado no está solo. Mas no los conoce mucho a los otros, quiere confiar que no es una broma planeada. Una de las chicas se acerca a ella y le dice que están de pasada, y le desea suerte por alguna razón, antes de hablar un poco e irse junto al chico de cabello negro. Eso la desconcierta algo, ¡Floch dijo que era una salida con más gente!

Él se acerca.

—¿Por qué se fueron? —es lo que la castaña le dice al acercarse a él, retrocediendo un poco en sospecha.

—¿Ni siquiera un saludo? —él responde dudoso, el ceño algo fruncido.

—Hola… ¿pero no iban a quedarse ellos?

—Querían ir a otro sitio.

Sasha se calla un suspiro y pregunta a dónde irán. Él desvía la mirada.

—Mira —ve a lo lejos. Sus amigos están por ahí, esperando el autobús bajo una banquina. Él decide dar la espalda y pedirle que la siga.

Ambos empiezan a caminar—. Esto no es una cita.

La castaña se alivió de nuevo por la aclaración, porque ella también estaba asustada de que hubiera una pequeña posibilidad. Pero eso no quiere decir que no le ofendió, no es que fuera malo que ni pretenda que quiere salir con ella porque le agrada, pero, aun así.

—Ya dijiste eso como cinco veces en el teléfono —le dijo en mal tono la castaña—. No es como si fuera algo del otro mundo. Además, ni me gustas.

Él no respondió. Ella hizo lo posible por hablar mientras caminaban, ¿a dónde? No tenía idea. Y el paso del chico era demasiado lento, como tomándose su tiempo y la castaña estaba irritándose. Así que, hablando, intentó calmarse a sí misma. Se acerco para ir lado a lado, preguntando estupideces y cosas triviales.

Más que una posible candidata a ser su cita, parecía su madre, hablando de cómo le va en la escuela.

Él parecía luchar con no fruncir tanto en entrecejo y contestar cortante, mientras caminaban.

—Normalmente no eres tan gruñón, ¿te pasa algo?

—Nada.

—¿Estás enojado por algo en especial? —pregunta curiosa.

—No es asunto tuyo.

Sasha exaspera, decidiendo no aguantar eso. Empieza a caminar por su cuenta. Ella mira por sobre su hombro, al parecer eso de la psicología inversa funciona. Él ahora avanza más, caminando a su lado.

—¿Qué tal si vamos a la feria de comidas que hay por aquí cerca?

—Sé a dónde te refieres. No me llama la atención la comida étnica.

—¿Por qué no? No es nada realmente costoso. Al menos, sale más barato que comprar el menú del día en la escuela.

o/o/o/o/o

Floch pensó desde el principio ser precavido cuando Sasha lo invitó a un sitio de comida exótica, al menos no habían animales vivos desfilando, pensó.

No se ve en absoluto a restaurante convencional. Es más bien un mercado al aire libre y puestos armados para el día. Él optó por que entraran el que era más parecido a una carpa posible, porque no les daba el viento en la cara. Los puestos estaban conectados a otros cada cierta parte.

Las mesas eran de esas comunitarias, largas y si hubiera más gente, seguro pudo haber tenido que estar codo a codo con alguien.

Ojeó detrás suyo, una mujer acababa de recibir un plato con lo que parecía la cabeza despellejada de algún animal.

—No es agradable.

—¿Tú nunca comiste un pescado asado o cerdo? A esos les dejan la cabeza al presentarlos —ella ladea la cabeza—. Pero si quieres saber, lo de ahí es cordero.

Él aprieta los dientes, en una mueca de disgusto por indicarle qué era esa media cabeza sin globos oculares flotando en un plato.

—¿Siempre vienes por este tipo de comida?

—¿Tú nunca comiste aquí?

—No me interesa mucho la comida.

—Tampoco son cosas tan raras, Floch.

Floch agarra el celular, mostrando su claro desinterés y tal vez algo de mala educación. Sasha se hace cargo, preguntando qué tienen el día de hoy. La mesera sin anotar nada, da un grito a la otra que está en la sección de cocina y ésta repite lo dicho, tal vez para guardar la memoria, hurgando y las cacerolas suenan, las tapas.

Los platos tardan alrededor de diez minutos, en los que Sasha solo ha visto a Floch pasárselas en el celular, hasta que algo golpea las madera la mesa delante suya.

Él dedica su atención, notando todos los colores y texturas pastosas. El plato está dividido en pollo, arroz y… Demasiadas verduras, algo parecido a la salsa y otras cosas que no conoce a excepción de algo similar a la crema.

—¿Esto no es picante, cierto?

—No —de su preocupación se ríe la mujer que le acaba de servir, yéndose a recoger platos o atender a otros.

—Eso significa que tu plato está picante —Sasha dice, inclinándose a él un poco, solo para ver su expresión mirando la comida.

Detrás de ellos, la mesera tiene una conversación con un cliente que vino con su pequeño hijo.

—Eso tiene picante —indica al hombre que pide algo.

—Eso significa que está muy picante —Sasha aclara, solo para que Floch tuerza los labios y entorne los ojos en ella.

La castaña se ríe en voz baja. Él hace como que no la oyó, por no estar de humor para discutir. Sin más, decide probar.

La sazón del pollo es buena, en realidad. Pensó que sería el típico pollo al pimentón y aunque parece tener los ingredientes, la forma en que está elaborado no le da el gusto acostumbrado. Es extrañamente dulce, quizás por todas las cebollas en la salsa. Normalmente no le gustan y no puede decir que le gusten mucho aquí tampoco. Luego del bocado siente el picor y reconoce que Sasha no le mintió.

En silencio para no herirse el orgullo, traga. El picor incrementando un poquito más en su boca vacía. Y es extraño, ya no le parece tan fuerte después del segundo bocado. También, piensa, hay cierto encanto en el gusto. No pareciera que fuera para alardear, no está seguro de quién diablos le gusta el picante sin más o en cantidad, o por qué, pero tenerlo en este platillo estaba bien. Se sentía, pero no mucho para distraerlo del sabor del pollo.

Su acompañante, por otro lado, ha pedido algo diferente.

Sasha tiene un rostro de placer indiscutible… luego, su cara colorea. Entonces, agarra uno de los vasos de jugo y como si fuera lo más normal, da un sorbo profundo hasta dejar la mitad. Y el vaso era grande.

Luego de un rato, se levantan. Él no terminó su plato a diferencia de ella que comió dos.

Pasan por otros lugares. Es increíble la cantidad de veces que Sasha se sienta a pedir un plato. En uno, Sasha solo lo pide y lo va comiendo mientras avanzan entre puestos que ofrecen platillos repetidos. Antes de que salgan del local, ella retrocede sobre sus pasos y pide cosas que asemejan a la comida rápida por el tamaño y modo de adquirirlo. El colmo es hacerle pagar a él, diciendo que ella se quedó sin dinero. Floch está por rechazar, pero tampoco quiere irse corriendo sin pagar. Porque presiente que, por comida, Sasha sí es capaz de hacerlo y no quiere que luego se le busque a él por algo tan tonto.

Le dan bandejas de cartón y no entiende cómo Sasha puede caminar con una en cada mano sin sentir vergüenza en la calle, con gente pasando y casi chocándola. Como dijo, ha pedido platos pequeños. Y por suerte, no es comida que necesite una cuchara o algún cubierto.

—¿Por qué me hiciste pagar por papas?

Sasha le hizo sostener la otra bandeja, en lo que ella se zampaba la punta y un bocado muy grande, cortando el tubérculo con los dientes con facilidad. Ella inclinó la cosa hacia él, para que viera el relleno dentro.

En su defensa, se veía muy con forma de papa. Normal.

—La hicieron puré antes de freírla, tonto.

Tal vez debería sentirse insultado con el término, pero lo dejó pasar.

—Aun así, no parece algo tan complicado de hacer.

Ahora Sasha entiende un poco que él es más del tipo práctico. La comida es un arte, pero eso solo lo sabrá Nicolo y no Floch.

—Muchas otras cosas no lo son si tienes sus ingredientes, ¡pero siempre es bueno saber otras formas de preparar papas! Probar cómo los demás las preparan es aún mejor. Incluso con los mismos ingredientes, no todos lo hacen del mismo modo, ¿no?

Él se quedó pensando en esto. Siempre había pensado que era una golosa, no que realmente le apasionaba la comida. Pero tenía sentido con solo mirarla ahora. Cómo la castaña se detuvo un momento, poniendo cara de placer ante algo que para él era insulso. En dos bocados más se acabó esa papa con relleno.

—Lo que más me gusta de este lugar son estas brochetas.

—Pero se ven más pobres que las brochetas convencionales.

Las brochetas normales tienen vegetales alrededor. Ésta solo papas, aunque debe admitir que el color de la carne se ve bueno. Dorado, o casi caramelizado. Desprendía un buen olor a ajo asado.

—Es carne de corazón de cabra —ella dijo, como si esa información no le afectara los ánimos en absoluto.

—Sí, es bueno sobreexplotar el animal muerto todo lo que se pueda para que nada se desperdicie —él dijo a nadie en particular, no con buenas intenciones, pero de todos modos ella no le reprochó. Tal vez porque había razón en su comentario.

Ya estaba poniéndose el sol, por lo que Sasha avanzó con más prisa. Ahora irían simplemente a la estación, supuso.

—Vamos, Floch. Tengo que dejarte en tu casa, ¿no tienes tareas de la escuela para estas vacaciones?

La castaña pensó que sería divertido molestarlo con esto. Sobre todo, el tratarlo como si fuera un niño, para ver si recordaba que ella es mayor.

—¿Tú no acabaste ya la escuela? —dice algo confuso.

—¡Sí! —dijo feliz y al final confundida—, ¿por qué todos olvidan que soy un año mayor que ustedes?

—Porque no eres tan popular como Reiner o Historia —expresa Floch ante eso sí sonríe, porque le ha devuelto la burla anterior.

Grosero.

Al menos eso le mantuvo la sonrisa a él, en lo que llegaron a bordear la plaza. Había algunas personas alrededor, una pareja tomándose fotos en la fuente. Vestidos muy formales. Lucían como esos que tenían citas en lugares caros, pensó Sasha. Bueno, por acá si hay lugares con un mínimo que es costoso de afrontar. Al menos para ella.

Sasha se dio la vuelta y siguió caminando por los adoquines. Él venía detrás. Eran unas tres cuadras más hasta la estación desde aquí.

—Dijiste que tus amigos querían que salieras con ellos hoy.

—Solo querían buscarme una cita, como si no pudiera hacerlo por mí mismo.

—Pero lo de hoy no es una cita —ella recuerda, su voz había temblado.

—Correcto, pero ellos pensarán que sí.

Él caminó rápido, para ese punto doblaron la cuadra y estaban lejos de la vista de sus amigos, por ahora. Sasha no se dio cuenta, pero él sí, que los estaban espiando a la distancia. Su acompañante ciertamente se distraía mucho cuando involucraba comida.

Volviendo con ella. Una vez su mente lo procesa, la castaña sí que lo toma a mal, deteniéndose. Él voltea a verla un momento, ella avanza lo suficiente hasta situarse frente a él y por un momento a los dos les parece que esto llevará a la violencia.

—Te pagaré el boleto de regreso —él aclara, en referencia al autobús que se tomó para venir. No es mucho considerando la distancia, pero eso no es por lo que Sasha está molesta.

—¿Me querías usar como excusa? ¿Le ibas a decir que yo era tu cita?

—Sí.

Sasha aprieta los puños, mas recuerda las palabras de sus padres y decide no golpear a una persona sin importar el daño causado.

No estaba molesta con los amigos de Floch, quienes querían sacarlo afuera. Qué grosero de parte de éste, piensa la castaña, que no aprecie ese gesto. ¡A Sasha le encantaría que sus amigos hagan eso por ella!

—Querían distraerme... porque pelé con mi novia.

—¿Tienes novia? —su boca formando una O grande.

—¿Por qué es tan sorprendente? —parece que se llevará la mano a la frente.

Sasha no contestó, pero si respondiera sería que tal vez porque ambos no interactuaron desde que se conocieron. Sasha apenas lo recordaba y por cómo lo recordaba, le parecía un mocoso. Su escuela era grande y apenas se cruzaban, no se relacionaban, a veces se olvidaban de la existencia del otro. La última vez que Sasha se relacionó con él, Floch aún llevaba el cabello como un maldito nido y oyó a su amiga Sandra decir que no tenía cita para el baile por eso mismo.

—¿Quién es ella?

—No la conoces.

¿La conocerá?, se pregunta Sasha a pesar de eso. Asume que no es su amiga.

—¿De qué pelearon?

—No voy a decirte nada, no es asunto tuyo.

—¿Y si me das una pista?

—No.

Ella decide adivinar.

—¿Te robaste sus papas?

—¿No le diste algo lindo en San Valentín?

—¿Olvidaste su cumpleaños?

—¿La engañaste?

—¿Sus padres te odian?

Todas las anteriores son preguntas de Sasha.

—No a todo, y no conozco a sus padres.

—¿Es una relación secreta? ¿Qué tienes, Floch? ¿Doce años? —se burló.

—Lo dice la chica que nunca tuvo novio.

Ella se alarmó.

—Tú ni siquiera sabes eso.

Él la miró con fingida confusión.

—Connie es demasiado tonto para ser buen mentiroso.

Ella se sonrojó de la vergüenza mientras él sonreía con sorna de que fuera cierta la sospecha.

—¿Es en serio? Pensé que salías con ese tipo al que perseguías en segundo que estaba tan interesado en ti por alguna razón.

—¡Yo no perseguía a Nicolo! ¿Y cómo que por alguna razón?

—Bueno, no eras la mejor opción para nadie entonces.

Ahora sí se ofende, gruñendo sin pensar:

—Tú ni siquiera eres la mejor opción para nadie ahora.

Eso hizo a Floch estrechar la mirada. Ahora su cara era similar a cuando inició esta salida. Él suspiró, pareciendo calmarse de algo.

Finalmente pisaron la cuadra de la estación y se separaron, solo ella se despidió.

Sasha llegó a su casa y aunque la salida salió mejor a lo que esperó, no pudo evitar sentirse algo culpable de que para Floch al final no pareció estar tan bien.

¿Por qué se preocupaba? Es él responsable de que fueran juntos, en primer lugar. Tal vez se sentía en deuda por sacarla de su casa, aunque fuera parte de un plan egoísta, y no fue tan malo con ella. ¡Hasta le pagó la comida!

Lo malo fue cuando mencionó a su novia, o ex, o lo que fuera. No sabía exactamente a qué se sentiría que te traicionen, pero imaginó que era peor a que tus amigos te cambien algunos días por otras personas. A eso se deber sentir la traición, solo que multiplicado.

Sasha llegó a su casa y aunque la salida resultó mejor a lo que esperó, no pudo evitar sentirse algo culpable de que para Floch al final no pareció estar tan bien.

Sasha aprovechó que su madre fue a comprar, para pedirle a Connie el número de Floch. No quería que se quede con una mala impresión de ella. Sin embargo, no obtuvo respuesta. Hizo lo mismo con Jean, pero éste no respondió tampoco. Al final, optó por buscar algún ex compañero al azar que fuera capaz de pasárselo y éste casualmente tenía el de la amiga. Ella se lo entregó, deseándole suerte nuevamente.

—¡¿Por qué piensa que quiero salir con él?!

Sin la presión que causaba hablar de frente, puede escoger mejor sus palabras. O eso cree.

¿Qué?

Ella respira con fuerza y dice rápidamente.

—Gracias por lo de ayer. La pasé bien.

Hay silencio en la línea.

Él no le contesta de todos modos y elige olvidar el asunto.


Es hasta una semana después que obtiene respuestas, su mamá de nuevo de compras y ella a cargo de atender el teléfono, en lo que su padre va a la sala. Porque ella no es como que reciba llamadas de Connie ni Jean estos días, aunque no perdía las esperanzas.

Me debes dinero, ¿sabes?

No, no es alguno de sus amigos.

—Hola, ¿cómo estás? —repite con sarcasmo de la falta de modales y luego recuerda algo—. ¿Aún te duelen los labios por lo del otro día? —ella ríe, sus ojos cayendo sobre el hueco del pasillo a la sala/cocina.

Ahí estaba su padre, con una mirada confusa en su cara.

Ella se congela, su sonrisa desapareciendo mientras él la sigue mirando.

—¿Hay algo que deba saber, Sasha? —su padre de repente se ve serio.

—Un amigo comió mucho picante.

Su padre suaviza un poco la mirada, pero sigue con sospecha en sus ojos.

—No estés mucho tiempo hablando —le dice, haciendo obvio que por el precio de la llamada, girándose y siguiendo su camino.

Sasha chilla al teléfono de la vergüenza del suceso y qué habrá imaginado su padre por eso que ella dijo, mientras oye una risa del otro lado. Está por responderle con algún improperio, pero él parece haber pasado hablar con alguien más.

¿Qué? No, es una conocida. Solo la llamé porque me debe dinero. No. ¿Qué clase de idiota le pediría dinero a alguien con quien está saliendo?

—Técnicamente, salimos una vez —Sasha se mofó.

¿Y bien?

—Tú me invitaste, era cosa tuya lo del dinero. Además, pagué mis platos. Y te di las gracias —menciona lo último como si fuera lo más importante.

Lo oye gruñir del otro lado, aunque parece leve a cómo imaginó su enojo real y simplemente él da la razón no agregando más.

De nada.

La llamada se corta como si nada después de eso. Sasha piensa que Floch es raro, aunque no sería nada nuevo. Lo supo desde que lo vio por primera vez, con el estilo de cabello que tenía.

Por otro lado, era triste recibir una llamada de alguien como él y ninguna de Jean y Connie estos días. Ni tampoco de Nicolo.

o/o/o/o/o

Al final, para resolver eso del dinero que él volvió a reclamar, ella optó por decirle que se lo devolvería si iban de nuevo algún lugar. Lo fijaron para dentro de tres días.

Era mejor que ir sola y no tenía más conocidos, por si acaso le preguntó sobre invitar a sus propios amigos mas él contestó que ellos no podían el día que ella quería.

Faltaba poco para que las vacaciones acabaran, para entonces y ellos tenían cosas pendientes esos días.

El cine había estado bien, y no sintió tanta presión porque no era una cita. Fue como venir con Nicolo la última vez, aunque dudaba que estaría tan relajada si fuera él ahora. Se sentía algo mal porque no lo había visto toda esa semana, aunque la situación de Nicolo era más complicada que la de ella siendo que éste estudiaba y trabajaba a la vez. Tal vez debía ser ella quien lo llamara un día de estos, para ver cómo estaba en lugar de esperar que él lo haga.

Mientras caminaba junto a Floch, tratando de volver a recordar el final de la película, sintió el frío que había empeorado esos últimos días.

Sasha le miró de reojo cuando pasaron la calle y siguieron dos cuadras más, pensando en si acaso él podría al menos fingir ser caballeroso. A Connie tuvo que quitarle la sudadera una vez, para evitar el frío. No es que Connie sea del tipo grosero, solo es idiota. De haberse dado cuenta, se la habría prestado. Seguramente Floch evitaría hacer algo así, por creer que es raro hacerlo cuando no se trata de un movimiento romántico. En este caso, ella no debería esperar esto.

—¿Estás esperando que me quite la chaqueta y te la dé? —él dice planamente, en clara señal a sus brazos repentinamente juntos y el temblor.

¡Pero si no es actuado!

—Podrías al menos fingir ser caballeroso —ella se enfurruña.

—En estos días era algo malo, así que no es mi culpa.

—A mí no me importa si es malo o no, solo tengo frío —tras admitir esa debilidad, quiere retractarse y que de todos modos ella no le está pidiendo nada realmente.

—Tus manos están grasosas luego de todo lo que comiste, ensuciarías mi ropa.

—¡No puedes hablar así con una chica! Mañana en la escuela voy a lanzar rumores de ti para que nadie quiera salir contigo de nuevo.

—Sí, claro, porque le harían caso a la chica rara —él—. Además, ¿qué escuela? Ya no vas.

—Por cierto, ¿resolviste eso con tu novia?

Ante eso, él bajó algo la cabeza.

—Terminamos.

—¿Terminaron o ella terminó contigo?

—No te importa.

—Bueno, ¿pero por qué fue que rompieron? ¿La engañaste o algo?

Él mostró molestia en su rostro ante eso.

—Por una vez, ¿podrías dejar de pensar mal de mí?

—Yo no estaba… —pero se da cuenta de que sí, por lo que calla y para defenderse dice—, la última vez dijiste algo feo de mí también. Estamos a mano

—¿Qué cosa dije…? ¿Te refieres a decir que no eras la primera opción para salir de nadie en particular en segundo año? Porque no lo eras.

Ella se puso seria ante eso, yendo algo detrás algo intimidada e intentando no verlo en lo que pasaban un cruce peatonal.

—Ésa era Pieck.

—Lo sé, estábamos juntas. Ella era difícil de ignorar —ella recuerda a esa chica bajita en extremo, siempre acosada de chicos pidiéndole citas. No es que le importaba en aquel entonces—. Y no me molesta, así que, si lo dices para incomodarme, solo déjalo.

—¿Si no te molesta por qué te ofendes?

—Bueno, tal vez por lo que insinúas.

—No estaba —él respiró—. Mira, Pieck era popular pero fea.

Que insultara a su ex compañera le fastidió un poco. No eran amigas, pero nunca fue una persona desagradable. Al menos no con ella, así que no le pareció justo que la insultara porque sí.

—No seas imbécil, Floch.

—Sin embargo, tú eres bonita —él siguió como si nada—, aunque eso tampoco quita que no fueras la chica rara para los demás por la forma en que haces todo.

Sasha tardó en darse cuenta del resto luego de la primera oración, porque aún procesaba lo de tú eres bonita sin saber si oyó bien o no. Pero una vez que estuvo segura, se sobresaltó interiormente del cumplido tan repentino y venido de la nada. Si la castaña hubiera dicho lo primero que pensó, ella habría preguntado si en serio él pensaba que era bonita, pero pudo salvar su dignidad diciendo impulsivamente otra cosa.

—Floch, ¿estás intentando hacerme sentir bien?

"Aunque fuiste tú quien me insultó, primero." Aun si él aclara que no fue insulto, lo pareció.

—Sasha, no somos amigos. No es como si me preocupara por ti en ese sentido.

Con eso, él quería decir que solo decía la verdad como él la veía. Sasha no dejaba de sentirse rara por ese comentario, incluso para cuando atravesó la puerta de su casa luego del viaje en autobús en solitario donde no había podido evitar pensar en eso, llegando a la siguiente conclusión mientras se arrojaba en la cama en su habitación:

"Tal vez es cierto, aunque él mismo lo diga. No es tan malo como pensé."

Acto seguido, como si fuera señal, la castaña estornudó. Como si el pensar en esto la enfermara, aunque claro que era solo una coincidencia. Debió obedecer a su madre en llevarse un suéter esa tarde.


nota: Lo marco como completo, pero quizás lo continúe. En todo caso, volveré a editarlo más tarde.