No puedo creer que tuvo que venir una pandemia a encerrarme en mi casa para poder escribir, la última vez que publiqué algo fue en 2017 ¿Qué demonios? haha.
Esto es algo pequeño, hay muchas cosas que quiero escribir hace tanto y más con los todo lo que está pasando actualmente en el manga. Hay pequeños spoilers desde el capítulo 367 en adelante (sólo detalles, nada demasiado explícito a mi parecer pero no está demás avisar) Gracias a RinRin por todo como siempre, Hinatita de mi vida, te quiero harto.
Haikyuu! es propiedad de Haruichi Furudate y este texto es sin fines de lucro.
Ocho en punto.
La manecilla corta está en el ocho y la larga, en el doce. Son las ocho en punto.
En un reloj son las ocho de la mañana y en otro, las ocho de la noche, ambos dispuestos en los extremos de una mesa de más de diecisiete mil kilómetros de largo.
Brasil está al otro lado del mundo.
Japón está al otro lado del mundo.
¡El Océano Pacífico es ridículamente grande y en los mapas no parece la gran cosa!
No lo habían planeado como tal, fue algo espontáneo que simplemente pasó, una chispa como tantas otras de situaciones casuales que se arman solas en el ambiente domestico que tenían.
"¿Y qué estás haciendo ahora?"
"Voy a cenar."
"¡Ah! ¡Yo estoy preparando mi desayuno!"
Una cosa llevó a otra, lo que comenzó como simples mensajes en la ventana de Line pasó a la voz del otro distorsionada en el oído ajeno y finalmente a la proyección de la imagen de su otra mitad a través de la diminuta pantalla del celular.
Así, es domingo, porque no hay trabajo, no hay entrenamiento, no hay responsabilidades y simplemente están ellos, juntos compartiendo un momento como el que siempre han tenido cada mañana en el departamento que ocupan ya hace tanto y aún más después de darse el "te amo" y "si, si quiero"
Por unos minutos, la nostalgia no los está matando entre bromas tontas, enojos ridículos, miradas brillantes y sonrisas honestas cargadas de amor... hasta que es imposible no notar que la sala está oscura porque es de noche y aquí de día, que él está por completo desabrigado a más de treinta y cinco grados en verano mientras por su lado, está con la bufanda azul al cuello y los guantes puestos aguantando siete grados de un crudo invierno.
Que el azul de sus ojos se ve extraño y pixelado a través de la cámara del celular, que el tono característico de su voz, vivaz y alegre se encuentra distorsionado por el altavoz del aparato y el retraso en la señal.
Que al extender la mano sobre la mesa buscando la otra para no dejarla ir nunca, aunque lo vea de frente, no puede tenerla, tocarla, sentirla.
Hinata está seguro que había azucarado bien su café, Kageyama está seguro que había calentado bien el arroz con curry.
Y por una vez, hay silencio, uno que ninguno pidió.
Está amargo.
Está frío.
Y como nadie pidió por él, este tiene que largarse a la mierda.
Por supuesto.
— Necesito una pantalla más grande, Kageyama.
— ¿Ah? ¿Una más grandes?
— Si, porque no puedo verte bien.
— No te escucho claro, de hecho.
— ¡Pediré prestada la computadora a Pedro!
— ¡Traeré los audífonos!
Era la primera vez y rendirse no es una opción.
— ¡Aleja la cámara! ¡Quiero verte completo!
— ¡No grites, me dejarás sordo, idiota!
Sabe mejor, sólo una cuchara más de azúcar.
Sólo debía calentarlo, volver a meterlo en el microondas.
Para sentirse lo más cerca posible, lo más real posible, tan en casa, tan juntos.
Fue la primera vez, fue el primer domingo.
Así siguió el segundo, el quinto... el noveno, el décimo... el vigésimo, el vigesimoprimero...
Tres años de desayunos y cenas, tres años de veranos e inviernos, tres años de días y noches.
Tres años más de "te amo y amo estar contigo, no importa como"
Y siguen sumando.
— ¿En serio nuestra primera cena juntos será curry con arroz? Haha.
— No es la primera.
— ¡Es la primera desde que volví de Brasil, Bakageyama!
¡Gracias por leer! ¡Recuerde lavarse las manos con agua y jabón!
"Por cada review que dejas, no encuentras la cura al coronavirus, pero me dejas saber tu opinión y lo agradezco mucho"
