Rokuro Okajima es un hombre tranquilo, hay cosas en su vida de las que ha pasado en varias oportunidades simplemente para mantener ese grado de simpleza, algunas de estas cosas solia hacerlas con muy poca frecuencia, como por ejemplo el ponerse borracho, salir a clubes, fumar atados enteros de cigarrillos o estar con una mujer.
¿Qué diablos le pasaba a Rokuro Okajima? Ya no sabe, porque ahora es Rock, lo es desde que los conoció.
Lo es desde que la conoció.
Ahora hace esas cosas al mismo tiempo, cada noche mientras dure su permiso y no aparezca un nuevo trabajo. Es una imagen que ya tiene incorporada, las luces de neón de la corrupta Roanapur haciéndole dar vueltas la cabeza, el alcohol que quema sus entrañas de manera tan agradable mezclado con el sabor de las cenizas que queda al intentar fumar el filtro de un cigarrillo por estar en tan pésimo estado.
Rokuro Okajima se levantaba en su habitación de mierda buscando el maldito despertador.
Rock está despierto hace rato mirando hacia el techo, se ha alojado durante la noche en el hotel más caro de Roanapur, al que acuden los peces gordos, esos bastardos con tanta porquería colgando de ellos que el elevador apenas puede con uno solo. El sol entra desde la ventana, las cortinas dejan entrar solo una pequeña línea de este en forma vertical, una que está plantada sobre su pierna derecha y está calcinándole desde hace ya una media hora. Ayer habían cobrado, eso era lo que intentaba recordar durante esa media hora, una gran cantidad de dinero destinada a la compañía Black Lagoon por agradecimiento, el último trabajo había salido de manera perfecta, suave como seda, sin disparar una sola bala y todo gracias a él.
"Con nuestras dos partes la pasaremos bien" Eso fue lo que dijo ella.
Claro, ella, la razón de su estadía en esta pobre imitación de un famoso hotel londinense.
Rebecca Lee, la dulce mujer que se empeña en arrastrarlo hacia los confines más oscuros del infierno pero espera que siga manteniéndose así de bondadoso durante todo el camino, para poder seguirse quejando de lo "Blando" que es.
Revy es complicada, por eso nunca hubiese congeniado con Rokuro Okajima.
Rock, por otro lado, ama detestarla y detesta amarla.
En algún momento habían pasado de odiarse y amenazarse a hacerlo simplemente por costumbre y no porque realmente se sientan así, habían pasado de beber juntos y volver caminando mientras hablan de que tan poco atractivo es el otro a tener sexo incómodamente sudoroso dentro del baño portátil de una construcción abandonada en medio de la noche. Él cierra los ojos para poder arreglar su psique, aunque sea por unos segundos, imágenes de ayer pasan frente a sus ojos dejando su marca detrás de sus parpados.
La voz de Revy diciéndole que junten su botín y lo despilfarren esa misma noche, un dulce diablillo que le obligó prácticamente a rentar la habitación más cara que había a su disposición.
Recuerda, también, su cuerpo desnudo, sus maldiciones, sus propias manos buscando acariciar esa piel tostada que tantas veces ha deseado, sus dientes hincándose en el hombro donde está su tatuaje… y el bofetón que recibió por eso.
Entre tanto recuerdo nota que ya ha encontrado los pantalones que con tanta insistencia buscaba, los calza sobre sus piernas y deja la cama al mismo tiempo que los sube para poder ajustarse el cinturón. Hacer esto provoca sonidos del otro lado, más específicamente un gruñido seguido de un cuerpo que voltea como si sintiera una perturbación en la inexistente atmosfera alrededor de la cama, el cuerpo en si está completamente desnudo y se ha enredado, de alguna manera, con las sabanas finas del hotel, ahora refregándose contra su entrepierna mientras las retuerce haciendo sonar las uniones de sus dedos.
- Que molesto eres – Le dice sin abrir los ojos la muchacha media americana.
- Hay que levantarse en algún momento, quiero desayunar –
- Cómprame cigarros –
- Tienes que comer, Revy –
- Fuck off –
Su pequeño intercambio no es distinto a otros que han tenido durante otros despertares, no fue difícil darse cuenta incluso al principio de que Revy no es una persona mañanera, a él le gustaría quedarse pero todavía resuena en su interior el hombre asalariado de clase media.
Camina hacia la puerta buscando el interruptor de la luz, debajo gira la pequeña rueda de plástico para poner el ventilador de techo en marcha, levanta la vista para descubrir que no existe tal cosa como un ventilador de techo en esta habitación ¿Habrán puesto esa perilla por nada o se habrán robado el ventilador? Cualquiera de las dos le parece igualmente viable, ninguna graciosa.
Por suerte, y evitándole un disgusto con el mantenimiento del hotel, han dejado uno de esos ventiladores de pie en la esquina de la habitación, hasta está conectado y todo, que considerados.
Lo prende apretando el botón del uno.
No sabe si es el más rápido o el más lento.
- Apaga esa maldita porquería – Revy vuelve a dar su opinión de manera tan agradable como siempre, esta vez tiene los ojos abiertos y se apoya sobre la palma de su propia mano, su torso girado hacia Rock exponiendo sus pechos completamente, no parece molestarle, incluso termina rascando uno de ellos mientras bosteza.
- Vas a derretirte aquí dentro – Está comenzando a sonar como una figura paterna, suspira por ello y busca en el suelo su camisa, algo para calzarse también así podrá emprender camino hacia su desayuno.
- Oye, Rock –
- ¿Hm? –
Camisa localizada, debajo de la cama, sus huesos no están preparados para la odisea que es agacharse a recogerla pero lo hace de todos modos.
- ¿Alguna vez habías follado con alguien? –
Levanta la cabeza, asomándose sobre el colchón de la cama, Revy parece genuinamente curiosa, su sueño no le deja ver que él se ha sonrojado ligeramente al escucharla, además del hecho de tenerla cerca completamente desnuda, algo a lo que nunca podrá acostumbrarse.
- ¿En Japón? Si, una vez –
- No mientas – Ella le dice, frunciendo el ceño.
Rock da la vuelta, caminando hacia la puerta una vez más donde están sus zapatos, mientras se abrocha la camisa.
- No miento, fue durante la despedida de soltero de uno de mis compañeros de trabajo – El joven Japonés suspira, no muy orgulloso de todo el acto – Me emborracharon y me trajeron una prostituta de arrebato, ni siquiera recuerdo bien que pasó, solo que tuve que pagarle al otro día al levantarme –
- Que amigos de mierda que tenías –
- No eran mis amigos realmente, sé que se reían de mi pero… ¿Qué otra opción tenia? –
- Hmm –
Se quedan en completo silencio, ella cierra los ojos y vuelve a intentar dormir mientras él busca ponerse los zapatos de manera correcta intentando no tener que agacharse, ni hace el esfuerzo de buscar sus calcetines.
- Tráeme el desayuno también, algo liviano, a ver si me saca esta puta jaqueca –
Revy mira hacia arriba, de ojos entrecerrados ahora, Rock sonríe al escucharla, pareciera como si estuviese un esfuerzo tremendo y ¿Para qué? Uno de esos momentos donde ella tiene pensamientos realmente infantiles ¿Querrá desayunar juntos para pasar alguna especie de momento romántico o algo? Eso definitivamente no suena a Revy.
- Vaya, que mandona, ni la prostituta era tan exigente –
Intentar hacer algo muy fuera de su liga fue un error, meterse con Revy de la misma manera que ha visto a Eda hacerlo fue el error más grande de su vida probablemente, y es un hombre que suele errar muy a menudo. Revy no dice absolutamente y solo hace un atentado contra su vida, casi le mata del susto cuando repentinamente el ventilador de plástico blanco cae al suelo completamente destrozado.
Sobre la cama Rock voltea para encontrar a Revy, de ceño fruncido, con una de sus pistolas en mano, está humeando y lentamente se mueve hacia derecha para apuntarle.
- Dilo de nuevo, a ver –
Rock traga saliva.
El cuarto es invadido por sonidos leves, otros inquilinos del hotel alborotándose y caminando en sus habitaciones, saliendo a los pasillos, preguntando que ha sido semejante ruido.
- Mejor voy a disculparme por mi gran error –
- Será mejor, sí –
- ¿Desayuno y cigarros entonces? –
- Yes –
Sale de la habitación a una velocidad impresionante y avanza por el pasillo buscando al encargado más cercano para indicarle que todo está bien, no tiene ni tiempo para hacer su corbata, o para buscarla siquiera, mientras baja las escaleras nota que se ha puesto los pantalones pero sin ropa interior debajo.
Debería conseguir un buen desayuno y unos buenos cigarrillos.
Y debería aprender que tanto Rock como Rokuro Okajima como cualquier cosa en medio de ambos siempre será débil a una sola cosa.
Ese amor que le despierta Rebecca Lee
Y ese odio aún más hermoso que le causa Revy.
Inspirado en las historias fantásticas de un genuino hombre de excesos.
