Disclaimer: Digimon es propiedad de Akiyoshi Hongō y y Toei Animation, no hago esto con fines lucrativos.


Cazador de palabras

Soñó que vomitaba palabras. Bueno, no exactamente, más bien las estornudaba. Así como sonaba. Se despertaba en su cama con un dolor de garganta terrible y la sensación de tener algo atascado ahí que le impedía respirar bien.

Por varios segundos pensó que iba a ahogarse, la sensación era tan extraña que llegó a confundirla con náuseas, pero al final, solo con un sonoro estornudo logró liberarse de lo que le molestaba. Y lo hizo con tal intensidad que se le cerraron los ojos solos. Cuando los abrió, temiendo haber ensuciado todo con la flema que de seguro acababa de desprenderse de su tráquea, se encontró con una palabra flotando ante sus ojos.

Inspiración.

¿Eso… acababa de salir de su garganta?

Por esa razón sabía que era un sueño.

Nadie estornudaba palabras, aquello no tenía ningún sentido.

La palabra titiló y comenzó a marcharse, se escapó por la ventana, que no recordaba haber dejado abierta, así que Takeru se asomó por ella y la vio irse flotando por el cielo nublado de Odaiba.

¿Quería que la siguiera?

Le pareció que sí y, como era un sueño, por supuesto que lo hizo. ¿Qué mal podía hacer?

Se enfundó en sus zapatillas de levantarse más peludas (unas con forma de pie que terminaban en garras, simulando los pies de un monstruo), se puso una bata encima del pijama, rodeó su cuello con una bufanda verde limón y salió del edificio.

En el camino hacia la entrada no se encontró con nadie, otra señal clara de que se trataba de un sueño, pues era imposible que no hubiera nadie; mínimo debió cruzarse con el conserje del edificio.

La palabra lo estaba esperando del otro lado de la calle.

Takeru miró hacia uno y otro lado antes de cruzar, y ya no le sorprendió no encontrarse ningún auto. La ciudad también estaba desierta, pero lucía borrosa, como si alguien le hubiera tirado un tarro de pintura gris por encima o, como si él la estuviera viendo a través de una ventana contra la que corría la lluvia sin cesar. El cielo, sin embargo, no lloraba.

Persiguió a la prófuga palabra hasta el puente Rainbow por lo que pareció una hora, pero seguro que no podía ser tanto tiempo; si estaba dentro de su cabeza, debía tratarse de una réplica en miniatura de la ciudad y el tiempo tendría sus propias reglas.

Cuando llegó hasta el centro del puente, la palabra se quedó suspendida sobre su cabeza, solo lo suficientemente alto para que él no pudiera alcanzarla.

Trató y trató de hacerlo. Se puso en puntas de pie y se extendió todo lo que pudo, pero el esfuerzo fue inútil, no la alcanzaba y si acaso llegaba a parecer que lo lograría, ella se escabullía como si se burlara.

¿Entonces para qué lo habría hecho ir hasta allá?

—¡Vamos, ven aquí! —pidió.

Sí, porque hablar con una palabra tenía todo el sentido del mundo en un sueño.

Pero justo entonces, algo impensado sucedió: la palabra, como si alguien la soltara o se desprendiera de un soporte, se desarmó y cayó en picada hacia las manos de Takeru, que se vio a sí mismo sosteniendo un puñado de letras desordenadas.

Sin saber qué hacer con ellas, se las guardó en un bolsillo. Quizá le fueran de utilidad más tarde, si es que aquel sueño tenía algún sentido, claro.

"¿Y ahora qué?", se preguntó.

—¡Achís! —Otra palabra salió de su garganta, esta vez sin previo aviso ni malestar alguno—. ¡Achís, achís! —Y dos más se le unieron.

Somos tu imaginación

—¡Increíble! —exclamó sin poder evitarlo; daba igual, de todos modos estaba solo en aquella ciudad fantasma.

Un viento repentino surgió desde alguna parte y las espantó.

—¡No, esperen!

Sin detenerse a meditarlo ni por un segundo, se encontró a sí mismo persiguiendo a las palabras.

Y mientras lo hacía volvió a estornudar una y otra vez. Muy pronto, la ciudad estuvo llena de ellas por todas partes, como aves exóticas que navegaran por el cielo.

¿Qué hizo él? Atraparlas todas, por supuesto.

—¡Takeru!

Despertó de golpe y casi se cayó, pues aparentemente estaba de pie y sus piernas no estaban listas para sostenerlo.

Por un segundo estuvo seguro de que se desplomaría contra el suelo, pero aunque cerró los ojos y se preparó para el golpe, éste nunca llegó.

En su lugar terminó aterrizando a medias sobre algo, o alguien.

Alguien lo acababa de agarrar.

Un momento, ¿se había quedado dormido de pie?

—Takeru… —Esa voz otra vez.

Logró incorporarse con ayuda de la persona que lo había salvado de darse un porrazo y se encontró mirando a los ojos a Hikari.

—Eres tú. ¿Tú acabas de despertarme?

—¿Cómo que acabo de despertarte? ¡Llevo un rato llamándote y no me hacías caso!

—Lo siento, no te oí —se excusó pobremente.

Es que estaba distraído, comenzó a mirar a su alrededor, estaban en la recepción de la residencial universitaria en la que se alojaba durante el semestre. Detrás de Hikari, justo por encima de su hombro y en dirección diagonal encontró al conserje, que le miraba extraño. Al lado opuesto estaban los ascensores. No había nadie más a la vista.

—Espera, ¿cómo llegué aquí? —Se llevó las manos al cuello y se tocó la bufanda, luego bajó la mirada y halló sus pies enfundados en las zapatillas peludas que recordó haberse puesto en el sueño—. Esto no es posible.

—¡Claro que no es posible!

Takeru se sobresaltó por el grito. Era raro ver a Hikari enfadada, y más raro aún que estuviera enfadada con él.

¿Qué podría haber hecho para que estuviera así?

No tardaría en averiguarlo.

—Primero me llamas diciendo que amaneciste enfermo y luego dejas de contestar mis mensajes y llamadas. Tuve que venir aquí porque pensé que te pasaba algo… —Llegado ese punto, la voz de la chica se quebró tan notoriamente como se hubiera quebrado un platillo cayendo al suelo entre ambos en ese mismo momento; enseguida un sollozo escapó de sus labios—. ¿Tienes idea de lo preocupaba que estaba por ti? Casi me muero cuando el conserje me dijo que te habías ido y que no sabía dónde, que ni siquiera lo saludaste. Así que he estado aquí, dando vueltas como loca preguntándome si sería bueno ir a buscarte o mejor me quedaba por si volvías, mientras llamaba a todos para…

—Espera un momento —Algo en los dichos de la chica había llamado su atención—. ¿El conserje? ¡Pero si él ni siquiera estaba aquí cuando salí!

—¿A qué te refieres? ¿Estás bien?

No, no estaba bien, no estaba para nada bien. Comenzaba a sentirse descompuesto, ¿sería que volvería a estornudar palabras?

Se llevó las manos a la boca como queriendo evitarlo, no supo por qué.

—Takeru, mírame. —De repente, Hikari estaba tocándolo, puso ambas manos en sus mejillas y lo obligó a mirarla a la cara—. ¿Estás bien? Lo siento, quizá fui un poco dura, pero estaba preocupada. ¿Dónde estuviste estas dos horas?

—¿Cómo? ¿Dos horas? —Parpadeó varias veces, como si la luz del techo lo molestara. Le vibraban los oídos y sentía la cabeza embotada, seguramente tenía fiebre.

—Es el tiempo que llevas sin contestar mis mensajes. No me digas que estuviste paseándote por ahí en este estado, ¡podrías haber empeorado todo!

Por más esfuerzo que ponía en concentrarse en sus palabras, Takeru no se enteraba de nada. Sentía como si estuviera debajo del agua y Hikari le gritara desde la superficie.

—¿Me estás escuchando? ¿Dónde fuiste?

¿Dónde fue?

"¿Dónde fui?, ¿dónde estaba antes de despertar?".

—¡Palabras! —gritó de repente—. Estuve… estuve persiguiendo palabras.

—¿Realmente necesitabas estar afuera para escribir? ¿Con lo enfermo que estás y el frío que hace? —preguntó la chica, malinterpretando lo que quiso decir.

—No, no lo entiendes. Estuve cazando palabras. Primero las estornudaba y luego…

—Suficiente. Subiremos a tu dormitorio ahora y te meterás a la cama, Takeru Takaishi —dijo, admonitoriamente—. Tu rostro está ardiendo, debes tener fiebre.

—¡No! No lo entiendes, en serio, Hika. Solo mira esto. ¡Achís!

Hizo toda la pantomima, trató de juntar aire y agitó la nariz, pero solo consiguió emitir un estornudo forzado y, desde luego, nada salió de su garganta.

Había sido un sueño. Estuvo soñando todo el tiempo, y ahora estaba despierto.

¿Verdad?

Pero, entonces, ¿dónde andaba mientras soñaba? ¿Realmente habría salido dormido, como un sonámbulo?

—Hikari, ¿segura que esto no es un sueño?

La muchacha lo miró con cariño y se acercó para acariciarle el rostro con una mano; acto seguido, sin que él se lo esperara, se puso en puntas de pie y lo obligó a bajar la cabeza para darle un beso en la frente.

—¿Es esto lo suficientemente real para ti?

Takeru pasó saliva, extrañamente avergonzado. Asintió con un leve movimiento de cabeza.

—De acuerdo, ahora vamos a tu habitación —pidió suavemente, extendiendo una mano hacia él para que la tomara.

El rubio le hizo caso y entraron al ascensor sin soltarse.

Horas más tarde, Takeru despertaría agotado, pero sintiéndose mucho mejor. Esta vez no había soñado o, al menos, no que recordara, sin embargo, un asunto lo inquietaba todavía, lo primero en lo que pensó cuando abrió los ojos y se encontró totalmente solo. Hikari probablemente se había marchado o salió a hacer alguna cosa.

¿Realmente todo había sido un sueño?

Tosió quedamente, como si alguien más pudiera descubrirlo y fuera a burlarse de él por ser tan crédulo o ingenuo.

¡Por supuesto que era un sueño!

¿Cierto?

Se incorporó lentamente en la cama y una cosa le llamó la atención. Frente a él, en una esquina del dormitorio, estaba el escritorio en el que hacía las tareas de la universidad y a menudo también se sentaba a escribir. Iba con una silla a juego, sobre la que Hikari había colgado su bata, la misma bata con la que salió a buscar palabras… en su sueño, por supuesto.

Se levantó a toda prisa, casi tropezando en el proceso, y fue a inspeccionar sus bolsillos.

Había algo ahí, ¡lo sabía!

Pero en cuanto lo sacó, un montón de papeles mal cortados se desparramaron por el suelo. Se agachó para recoger algunos y ver lo que eran: Se trataba de letras que alguien había recortado de un periódico.

Se llevó una mano al rostro.

Obviamente todo el asunto había sido un sueño, un delirio creado por la fiebre.

Estornudó.

Un montón de letras sueltas volaron por la habitación.


Notas finales:

Simplemente una idea loca que quise sacar de mi mente y que prácticamente vomité, ¿o estornudé?

Espero que estén muy bien.

¡Gracias por leer!