Nota 1: Ninguno de los personajes me pertenecen, éstos son creación de Sir Arthur Conan Doyle y en su maravillosa versión moderna a Steven Moffat, Mark Gatiss y BBC, yo solo me divierto con ellos.


No todo es lo que parece

Risas

A través de la ventana de la sala del 221B se podía escuchar desde la calle la risa de Sherlock, quien se encontraba parado en la acera frente a la puerta del edificio; doblado de risa apoyado en el hombro del Inspector Gregory Lestrade, éste miraba con diversión al detective y de cuando en cuando le susurraba algo al oído ocasionado un nuevo estallido de carcajadas justo en el momento en el que parecía que iba a recobrar la compostura. Greg estaba encantado de conocer esa nueva faceta del pelinegro, bueno al menos nueva para él. La fachada de hombre frío e inalcanzable se había derrumbado y Greg lo estaba disfrutando.

Detrás de la cortina John observaba con molestia la escena; "¿Qué demonios estaba pasando?". Ese era el tipo de risa que Sherlock compartía solamente con él, no con Greg, no con nadie más. Lo peor es que no era la primera vez que ambos se comportaban de manera inusual. Hacía ya algunas semanas que John había notado las miradas de complicidad y los chistes privados entre Sherlock y Greg, cuando preguntaba al respecto el detective esquivaba la mirada y contestaba con un simple "no es nada, John".

Para John nada de eso tenía sentido. Desde que el doctor conociera a Sherlock su relación con el Inspector Lestrade nunca había sido tan cercana, entendía que existía un aprecio mutuo, pero básicamente era una relación laboral, entonces; ¿qué podría haber pasado para que de buenas a primeras ellos parecieran haberse vuelto tan unidos?

Una desagradable sensación comenzó a invadirlo. Estaba enojado con Sherlock; ¿que había pasado con el famoso "casado con mi trabajo" ?, se suponía que él no estaba interesado en algo tan trivial como una relación romántica. Estaba enojado con Greg porque alejaba a Sherlock de él y coqueteaba de manera descarada con el detective quien contra todo pronóstico parecía encantado con la atención, y estaba enojado consigo mismo porque no tenía ningún derecho a reclamar nada, Sherlock solo era su amigo, y si quería estar con Greg o con quien fuera era asunto suyo, Sherlock no era de su propiedad. John cerró sus manos en puño tratando de controlar sus sentimientos, estaba celoso, lo sabía muy bien, pero también iracundo y triste.

Se alejó de la ventana, estaba seguro de que ir a caminar le ayudaría, pero el salir en estos momentos implicaba toparse con Sherlock y Greg en la entrada del edificio y lo último que quería era ver a ambos, al menos no juntos.

Cerrando los ojos por unos segundos tomó un par de respiraciones y en medio de un torbellino de sentimientos cruzó la sala. Al entrar a la cocina tomó la tetera y la acercó a la llave del agua, la cual abrió. Mientras ésta corría llenando la jara, John suspiró con pesar. Ya no era ningún jovencito y aunque sabía que tenía su atractivo no podía compararse con el del detective; Sherlock era alto, delgado y hermoso, completamente fuera de su alcance, el único consuelo que le quedaba era que éste no estaba interesado en nadie, al menos así había sido desde que se conocieron, y John hubiera jurado que así sería siempre, no parecía tener nada de que preocuparse, porque le gustara aceptarlo o no era un hombre muy celoso, en especial si se trataba de su compañero de piso.

Puso la tetera en su base y la encendió, tomó su taza favorita de una de las gavetas de arriba y un sobre de té de manzanilla con lavanda y miel, lo último que necesitaba era algo que pudiera alterarlo aún más, escuchó unos conocidos pasos subiendo por las escaleras, estaba tan absorto en sus pensamientos que no se percatado del momento en el que Sherlock entró al edificio.

John tomó otra taza del escurridor y nuevamente abrió la gaveta en la que se encontraban las cajas de té, se quedó observando sin saber cual tomar, Sherlock regularmente prefería Earl Grey, pero a veces le pedía que le preparara del mismo que él estaba tomando. Al escuchar a Sherlock entrar y, sin dar la vuelta le preguntó sobre el caso que Greg le había encomendado esa mañana.

El detective contestó, como esperaba; que ya lo había resuelto. Al no pedirle su ayuda, ni mandarle mensajes durante todo el día, John imaginó que no debió haber sido nada realmente complicado, al menos no para Sherlock.

—¿Quieres un té? Acabo de poner la tetera –preguntó John observando aún las pocas opciones en infusiones y té negro que tenían.

—No gracias, acabo de tomar un café con Greg.

Ante la respuesta de Sherlock John volteó de inmediato notando un vaso desechable que el detective sostenía en la mano.

—Pero si tú no eres afecto al café.

—A veces se me antoja –contestó el detective de manera relajada tomando lo último que quedaba en su vaso.

—¿Costa? Odias el café de ese lugar –mencionó John señalando con un ligero movimiento de cabeza al vaso con el logo de la cadena de cafés que tenía en la mano.

El detective se encogió de hombros y se acercó al bote de basura para tirar el vaso. La ira de John regresó. Sherlock odiaba el café Costa, muchas veces John había parado en alguna sucursal de la famosa cadena y Sherlock, en cada una de ellas, siempre había renegado, y resulta que ahora Greg quiere un café de ahí y Sherlock se termina comprando uno.

Necesitaba salir, John apagó la tetera un poco antes de que el agua estuviera lista.

—Voy con Sarah –dijo el doctor caminado rumbo a la sala para tomar sus llaves que estaban en la repisa de la chimenea.

Sorprendido por el cambio en la actitud de John, Sherlock volteó a verlo desde su lugar notando la tensión que acababa de formarse.

—Pero Sarah aún no sale de la clínica, y dijiste que hoy te quedarías en casa para terminar el libro que estas leyendo –dijo Sherlock sin entender que estaba pasando mientras salía de la cocina.

—Acabo de recordar el perfil de un paciente y necesito su opinión –John siguió caminado rumbo a la puerta– la esperaré afuera de su consultorio –John salió por la puerta y mientras bajaba las escaleras continuó hablando–. Tal vez la invite a cenar, así que, si no regreso pronto prepárate o pide algo de comer, no te vayas a quedar sin cenar.

Sherlock continuaba parado en medio de la sala sin saber que había pasado. John jamás pediría la opinión de Sarah sobre algún paciente, él es mucho más competente que ella, además el movimiento pareció repentino, y ni siquiera lo volteo a ver para despedirse, John siempre voltea a verlo antes de irse para asegurarse de que esta bien, los únicos momentos en los que se ha ido sin hacerlo es cuando esta enojado con él, pero ese no podía ser el caso porque Sherlock no había hecho nada, al menos no que él supiera y John no parecía estar molesto cuando llegó, entonces; "¿qué había pasado?". El detective pasó el resto de la tarde encerrado en su palacio mental, tratando de entender por qué repentinamente John parecía tan molesto.