Este fic fue escrito por un reto del grupo de Facebook: Yo también estoy esperando un nuevo capítulo de Muerdagos y Mortifagos.
Personajes: Sirius y Snape.
Trama: Ya adultos. (Sirius y Snape están vivos después de la guerra) Es la graduación de Harry y hacen una fiesta por esto a la cual ambos asisten. Hay interacción entre ellos en los que por fin pueden hablar del pasado.
Punto muerto
La ceremonia de graduación estuvo bien. Nada digno que destacar, a juicio de Severus Snape. La verdad aún se debatía el por qué siquiera estaba ahí, sí, había sido invitado, y no le quedó más remedio que asistir, cuestión de buenos modales, se dijo en su momento, pero luego recordó que él era Severus Snape, ¿desde cuándo los buenos modales formaban parte de su personalidad? Era un ser frío, distante, no le importaba lo que el resto pensara de él, si era buena persona o no, sin duda alguna eso lo tenía sin cuidado, entonces, al darse cuenta de esto, cuando la ceremonia ya estaba finalizando, se arrepintió al cien por ciento de haber puesto un pie en ese salón.
Era un tanto gracioso, si se le miraba con cuidado. El temible mortífago, doble espía que había sido clave para la victoria de quienes se consideraban "el bando de la luz"; asistía como si nada a la ceremonia de graduación del niño que vivió, el elegido, el único: Harry Potter.
Él mismo fue quien lo había invitado a ese patético acto que tuvo lugar en un arruinado salón de lo que un día fue el esplendoroso colegio de Magia y Hechicería de Inglaterra: después de la guerra, Hogwarts quedó totalmente destruido, así, sin más. Ni un solo lugar quedó en pie, tras culminar la guerra hubo un momento en el que nadie sabía qué hacer a continuación. Tras años de vivir bajo el miedo del regreso de Lord Voldemort, y cuya prioridad era derrotarlo, ahora que ya no estaba, el futuro para cada una de las personas que lucharon contra él era incierto.
El Ministerio estaba sin un líder, Hogwarts sin director, la Orden del Fénix ya no tenía razón de ser, al menos para Severus, pues ya sin alguien a quien vencer, ahora era solo una institución meramente de renombre, que pasaría a la historia, precisamente, como el bando que logró salir ganador.
¿Por dónde se debía empezar para reconstruir la sociedad mágica? Esa era la pregunta que todos se hacían, sin embargo, ninguna respuesta concreta se materializaba.
Entonces, de la nada, nuevamente el niño que vivió tomó las riendas del asunto, si es que así podría decirse, y decidió que lo primero era devolverle la gloria a ese colegio que había sido su hogar. No importaba cómo. El dinero para su reconstrucción, al parecer, no fue un impedimento para iniciar con las obras. Salió, aunque parezca broma, como por arte de magia.
Así pues, dos años después, continuaban las reparaciones en el colegio. Ya se habían habilitado varios salones que permitieron a varios estudiantes continuar con sus estudios, se les dio prioridad a los de último año, aquellos que precisamente por la guerra tuvieron que abandonar las clases ya sea para resguardarse o para sumarse a la lucha.
Harry, Hermione y hasta Ron había retomado sus estudios. Sin más villanos en su camino, rápidamente terminaron con su educación, así que ahí estaba él. Atendiendo la ceremonia de graduación del hijo de su peor enemigo.
¿Acaso todo esto no era gracioso?, se cuestionaba Severus. Si bien había terminado todo, no era como que ellos se habían vuelto los mejores amigos, la verdad, dudaba que esto algún día se cumpliera. Harry, irremediablemente, descubrió la verdad sobre la participación de Snape en la guerra. Y como un perro con el rabo entre las piernas, cuando tuvo la oportunidad, conversó con él y le pidió perdón por todos los años donde manejó una mala imagen de él, por sus constantes "cobardes" dirigidos a él. Ahora sabía que esa palabra no encajaba con Severus, al menos no ahora.
Si bien Snape se quedó totalmente callado cuando tuvo esa conversación con Harry (debía reconocer que no la quería tener en principio) aceptó cada una de sus palabras, ya no era momento de tratarlo mal, ¿verdad? Ya todo había acabado, pero lo que uno ha hecho por tantos años difícilmente se puede olvidar, y en este caso, luego de tanto tiempo tratándolo mal, a Snape se le iba a ser igualmente difícil tratarlo bien.
Por ello, ahí estaba. Asistiendo a la condenada ceremonia. Un paso a la vez, creyó que al hacer acto de presencia ya era algo en su camino a la redención, porque seamos honestos, si bien se había demostrado que siempre estuvo del "lado de la luz" no a todos caería bien, sus acciones habían sido crueles, pero debía mantener esa imagen, no se era mortífago solo por llevar la marca, se debía comprobar con actos que uno era digno de portarla.
—Profesor Snape, pensé que no iba a venir—, ese era Harry, quien se acercó a la esquina más oscura y alejada del salón donde se había ubicado Snape.
Este solo le hizo un leve asentimiento de cabeza como forma de saludo.
La dinámica entre ellos, evidentemente, no era la mejor, pero trabajaban en ello, al menos Harry, a Snape no era como que de verdad le interesara convertirse en una figura relevante en la vida del muchacho. Ya tenía suficientes, él no haría ninguna diferencia.
— ¿Por qué se quedó en este lugar? Acérquese, los demás estamos por allá—, el señaló un grupo de personas, Snape pudo apreciar que entre ellos estaba la prole de los Weasley, Hermione Granger, quien para variar se había graduado con el mejor promedio de la generación, algunos aurores amigos de Harry y él.
Claro, por supuesto que él debía también estar ahí.
—No creo que sea conveniente, la verdad no soy muy bueno en esto de entablar una conversación— dijo Snape. Debía reconocer, de verdad que sí, que el muchacho realmente se esforzaba por establecer una relación agradable entre ellos. Snape suponía que esto se debía a la culpa, era repetitivo, pensaba él, si bien era cierto que el trato entre ambos nunca fue el mejor en años anteriores por el motivo que ya todos saben, ciertamente, pensándolo mejor, no veía razón para que esto cambiara. Independientemente de su posición en la guerra, el luchó por su causa, un tanto egoísta debía admitir, pero su causa al final y al cabo: Lily, se lo debía. A ella y a nadie más, con su muerte su causa quisiera o no, se extendía hacia el muchacho, y para él ésta ya estaba cumplida.
¿Qué pensaba el muchacho? ¿Qué ahora le debía algo a él? Pues para Snape no era así, entre menos contacto tuvieran mejor para él. No estaba para nada interesado en formar algún vínculo con Harry, debía decírselo, pero simplemente las palabras no salían, por más que lo intentaba no lograba hacérselo entender.
—Profesor Snape, sé que…puede resultar un tanto incómodo, pero realmente quería que usted estuviera aquí, todo lo que ha pasado nos ha marcado a cada uno de diversas formas, y en mi caso siento que con usted le debo…
—Detente, Potter—, lo interrumpió Snape— no sé exactamente qué es lo que ronda por tu cabeza, y tampoco me interesa saberlo, pero sí considero conveniente dejarte claro que nada de esto va a cambiarnos—hizo un ademán entre ellos— no te esfuerces, no obligues las circunstancias, lo que debe pasar pasará, simplemente deja que cada cosa tome su respectivo rumbo, sin forzarlo.
Harry, por supuesto, era consciente a lo que se refería. La incertidumbre de Snape era la misma con la que tenía que sobrevivir el joven todos los días a partir de ahora, pero a diferencia del mayor, el muchacho quería dejar claro todo, y lo haría, solo que esto le tomaría tiempo.
—Gracias por haberse tomado la molestia de haber venido— dijo Harry extendiéndole un sobre rojo sin ningún tipo de firma— realmente espero contar nuevamente con su presencia en esto.
Snape tomó dubitativo el sobre que le entregaba Harry. Le echó una leve ojeada, pero no tenía nada escrito, solo un sello que a grandes luces gritaba "Gryffindor".
A leguas se notaba que en su interior no había buenas noticias.
Severus Snape rara vez se equivocaba. Lo supo desde el primer momento en que tomó ese dichoso sobre que nada bueno vendría a continuación. ¿Cuántas fiestas se le haría al muchacho para celebrar su graduación? Solo faltaba que el mismo Ministerio se pronunciara al respecto, no era la gran cosa, un estudiante más que se recibía de Hogwarts. Solo eso.
Tomó un respiro y luego suspiró. Claro, a Severus se le olvidaba algo. Para él no era importante, pero al resto de ignorantes que se dejan asombrar por cualquier hecho o persona sí que lo era. El mismísimo Harry Potter culminaba sus estudios, toda una proeza, cómo no.
—Cambia esa cara, hombre, que estamos en una fiesta—dijo sonriente el padrino de Harry— mira que el muchacho por primera vez desde que culminó todo esto lo veo feliz, se lo merece.
—Sí, por supuesto que se lo merece.
Sirius Black era todo un personaje. Pasar escondido quién sabe dónde, por, ¿cuántos, unos tres o cuatro años?, mientras su ahijado luchaba contra el mago más temible de todos los tiempos, en efecto, era toda una hazaña que merecía la pena ser recordada.
A Snape nada podía perturbarlo, vio las muertes más bizarras durante su etapa como mortífago, se vio obligado a destrozar cuantos cuerpos su señor se lo indicara, la sangre para él era tan normal como ver a una persona tomar agua, así que cuando la victoria finalmente llegó y Sirius Black hizo su gran aparición, poco le importó a Severus su decisión de mantenerse escondido cuando quizá, tan solo quizás, él pudo dar un rumbo distinto al desarrollo de la guerra.
¡Cuántas muertes se pudieron haber evitado!, pensaba constantemente Severus.
No quería saber las razones de su encierro, de verdad que no, él era él y Severus era Severus, cada quien luchaba en pro de una causa distinta, y como ya se había dicho, la de él ya estaba más que saldada.
No podía regresar al pasado. Lo hecho, hecho estaba. Así que no le quedaba más remedio que soportar la idea de que Sirius Black estaba vivo.
—Severus…—, Sirius se giró hacia él.
Snape lo ignoraba. No era, ni remotamente, la persona con la cual esperaba tener una conversación, así que pensó que si no atendía sus ganas de entablar una plática, simplemente desaparecía por donde vino.
Pero era Sirius de quien estábamos hablando, nunca se daría por vencido. ¿Acaso no lo había ya demostrado? Tan solo el hecho de que estuviera como si nada en la fiesta, sin que nadie se cuestionara (Snape, por ejemplo) cómo rayos había sobrevivido todo este tiempo, demostraba que el hombre tenía fuerza de voluntad. Lo haría hablar.
— ¿Qué pasa, hombre? Eres difícil de leer, ¿acaso no estás a gusto acá?
—Por supuesto que no estoy a gusto. En este momento podría estar en cualquier otro lugar disfrutando de cualquier cosa, todo es mejor que estar aquí.
—No seas cruel con el muchacho, mira que está haciendo todo lo que está a su alcance por que tú le caigas bien, ¿no deberías darle eso al menos?
— ¿Y por qué debería? No se lo estoy pidiendo, él no me debe nada, es mejor para ambos que las cosas queden como estén en estos momentos.
—Tu actitud nunca cambió, por lo visto—, le reprochó Sirius.
—Te vuelvo a repetir, ¿por qué debería? ¿Por qué debo cambiar? ¿Solo para hacer sentir bien a Potter? ¿Y yo qué gano con eso?
— ¿La satisfacción de que por una vez en toda tu vida no eres un maldito arrogante que solo se preocupa por su bienestar? — volvió a recriminarle seriamente Sirius.
—No me vengas tú a hablar sobre lo que es ser un maldito arrogante, ¿o quieres recordar cómo fueron tus actitudes mientras entablabas una romántica relación de amistad con James?
Sirius Black soltó un largo suspiro.
—Por favor, Severus. ¿Aún luchas con eso? Deja eso ya en el olvido.
—Es fácil para ti decirlo.
—No me vengas ahora a hacerte la víctima, solo fueron…bromas de chiquillos tontos.
—No tienes idea cómo esas pequeñas bromas de chiquillos tontos pueden marcar a una persona.
Sirius guardó silencio.
Snape sonrió al verse ganador de esa conversación. Realmente le parecía muy hipócrita de parte del hombre pedirle a él que olvidara todo lo malo que había vivido de parte de James Potter y su manada de amigos.
No era fácil olvidar las burlas, los señalamientos, las ofensas, cada una lo marcó de por vida, y sí, le afectaron muy mal. ¿Son esas suficientes razones para haberse convertido en lo que le tocó? Quizás no, pero era lo que le tocó vivir. Y no podía negarlo ni deshacerse de esos recuerdos y sus consecuencias tan fácilmente.
—En nombre de James yo…
—No, tú en nombre de nadie nada, las disculpas, el perdón, nada de eso vale ya. Me tocó ser quien soy en esta vida y lo acepto, he hecho cosas horribles de las cuales de algunas me arrepiento y de otras no porque fueron necesarias para llegar a donde estamos ahora, al menos yo enfrento lo que me tocó vivir, y por ende, en lo que terminé convirtiéndome.
Sirius sonrió tristemente.
—Auch, eso dolió— le contestó.
—Si te siente aludido por algo será.
— ¿Sabes? James cambió para bien, al final lo hizo, pero tú no, y creo que es hora de que remedies eso, aún estás a tiempo.
—Ya no hay tiempo para nada. Al menos no para mí, ya no tengo por qué hacerlo, tal vez el inepto de James lo logró porque aún tenía algo por lo que cambiar, pero a estas alturas de mi vida yo ya no tengo la oportunidad que a él se le presentó.
—Pero…
—No todos tenemos la posibilidad de escribir o elegir nuestro destino, si lo tuviéramos todos escogeríamos el que nos haga quedar como héroes, ¿no crees?
Sirius le dedicó una larga mirada. ¿Sería posible que el alma de Snape ya no tenía solución? Si él ya se había dado por vencido, nadie podría hacerlo cambiar de parecer.
—Aún puede, Severus. La oportunidad la tienes en frente de tus ojos, que no sea de tu agrado es otra cosa, pero la tienes, el camino para tu redención aún puedes recorrerlo, hazlo por ti. No seas egoísta contigo mismo.
—No luches con causa que ya está perdida—Snape hizo una larga pausa—Ve, anda con tu ahijado, él es quien te necesita, no yo a él. Déjame consumirme en mi miseria, en ella soy feliz.
Sirius quería ayudarlo, luego de haber demostrado su lealtad por tanto tiempo no solo a Lily, sino a Dumbledore y al mismo Harry, él más que nadie se merecía un final feliz, sin duda no era el que con tanto ahínco esperaba, pero se lo merecía. Si no estaba dispuesto a tener un feliz, en toda la extensión de la palabra, al menos este debería ser uno tranquilo, uno donde su alma no conviviera con la negrura que parecía rodearlo.
Sirius esperaba que algún día lo encontrara, y si era necesaria una ayuda extra, él con gusto se la daría, un empujón, lo que fuera, él estaba dispuesto a brindársela, después de todo, para Sirius Black nada era imposible. Ya lo había demostrado, ¿o no?
El dolor es inevitable, pero el sufrimiento es opcional.
Buddha
Final…un tanto decepcionante, lo sé. La conclusión me costó mucho escribirla, nunca he sido buena para dar un cierre, soy consciente que daba para algo…o más trágico o más positivo, para quienes gustan de los finales felices, pero meeeh…mi mente dio para esto.
Cualquier comentario, sea bueno o malo, con gusto lo recibo.
Gracias por leer.
