Me conmovió y temblé.
Experimente la fragilidad desde mi nacimiento, como una débil y moribunda flama apenas protegida del viento por paredes aburridas y artificiales. En un mundo que nunca pude tocar sin temor donde se me resguardo de la vida y los goces que los fuertes si podían tener.
La luz del sol me repudio desde el principio, mi débil cuerpo de nada me había ayudado en ese entonces y yo estaba desesperado por quitarme esa molestia, por un cuerpo más fuerte.
Al volverme demonio me supe superior a todos, los humanos se volvieron mero ganado, débiles criaturas que existían para mi mero complacimiento. Un platillo dentro del banquete que ahora era el mundo, un banquete exclusivo para los más fuertes.
Ahora yo era superior, y sin importar sus esfuerzos ninguno logro derrotarme. Ni siquiera ese monstruo logro matarme, devaste y conquiste más que cualquier humano hubiera hecho o hará jamás, me pose sobre todos dentro del orden natural de las cosas yo era la cima de esa cadena y lo único que me alejaba de la inmortalidad era el sol.
El sol que aun me repudiaba, el sol que tanto ansiaba, el sol que podría consumir toda mi gloria en la crueldad de la muerte. Desvaneciendo me en la nada, con el mismo trato que reciben los humanos que son criaturas frágiles, con vidas cortar y cuerpos finitos, una esperanza de vida risible y aun así nunca alcanzan a usarla toda. Vidas tan miseras terminando en la nada, en la simple muerte. Vidas que se desvanecen en el aire, personas sin importancia que desaparecen sin más.
Yo me supe inmortal, superior como individuo cuyas existencia jamás sería desvanecida ni olvidada por que el individuo es lo más importante para sí mismo, es un todo y el individuo supremo es aquel que no desaparece porque una vez el individuo muere todo lo suyo, sin importar lo grandioso o monstruoso que haya sido, se desvanece como polvo inservible…
… o eso solía pensar.
Solía ser mi verdad, incluso pensé que una vez muerto aquel monstruoso aliento nunca volvería a atormentarme. Su espadachín, ese temible ser, no era más que un humano y como todos ellos el había perecido, ahora ya no era nada más que polvo olvidado por el tiempo mismo. Y sin embargo volvió, volvió para atormentarme y asesinarme, los fantasmas del pasado regresaron a concluir sumisión.
Y entonces fue testigo de lo equivocado que estaba…
Ubuyashiki, tengo que admitirlo, estabas en lo correcto. Todas las criaturas mueren, sin excepción alguna. Desaparecen y pierden importancia ante el mundo.
Sin embargo los recuerdos prevalecen, inmortales y eternos. Tenías razón, porque ni siquiera puedo recordar los rostros de quienes eh asesinado. En este mundo finito, la carne muere, el cuerpo perece y todo acaba.
Incluso yo fui derrotado.
Pero…
La mente continua y prevalece.
Fui testigo de ese hecho. Me conmovió y temblé.
Ahora, ahora moriré ante la luz del sol que pronto hará sucumbir mi cuerpo, pero no dejare que consuma mis eternos recuerdos. Suponía que los humanos eran seres débiles en toda regla, y como tal supuse su necesidad de parir vástagos como otra debilidad humana, y sin más, resulto ser su más grande fuerza. La única fuerza que la humanidad tiene, el legado, la herencia que mantiene vivo el recuerdo de los clanes y finalmente de los individuos… una fuerza de la que ahora yo me apropiare.
Tanjiro, carga con mi legado y conviérteme en inmortal… Destruye lo que me destruyo, destruye para mi Cazador de Demonios.
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Nota+
Un putazo dolía menos, maldita sea Ubuyashiki ¿para que le das ideas a Muzan?
Por otro lado es muy gracioso si nos imaginamos a Tamayo, Ubuyashiki, los pilares caidos y Yorīchi desde el más haya al ver con lo que salió Muzan ahora.
