Disclaimer: Los derechos reservados pertenecen a Kubo Tite y la Shonen Jump.
N/A: Buenas, este es un fic de "qué hubiera pasado si." Toma parcialmente como canon hasta el tomo 5 del manga y la película 3, nadie en la sociedad de almas puede recordar a Rukia, por lo que esta nunca volvió y se convirtió en humana con el gigai especial de Urahara, Ichigo aún tiene los poderes de Rukia y a Sode no Shirayuki. La familia de Ichigo sabe de la existencia de Rukia y vive con ellos.
O sea, muy old school.
Empecemos.
Psique
CAPÍTULO 1. No hay corazones sin cicatrices
21 de diciembre
La niebla espesa y el frío propios del primer día del invierno japonés, los dedos adolescentes entumecidos fuera de las cobijas y despertar. Sí, despertar con la garganta apretada por el cambio de temperatura. Si tan solo el día anterior no se hubiera quedado hasta tan tarde fuera de su cuerpo combatiendo vacíos. Todo sería más fácil si Rukia… Recordatorio: no seguir esa línea de pensamiento.
En la pequeña clínica ubicada al oeste del pueblo de Karakura se escuchaba el sonido de los huevos friéndose y se apreciaba el olor dulce de la fruta recién cortada.
Un joven de cabello rubio cobrizo medio y ceño fruncido, bastante más alto y esbelto que la media en su patria, fijó sus ojos castaños en el cartel del baño que señalaba que estaba ocupado. Tocó insistentemente y pese a su ímpetu, no obtuvo respuesta del otro lado.
—¡Maldición, Rukia! Sabes que a esta hora me toca a mí. Cuántas veces debo repetírtelo—Ichigo gritó y se apoyó en la pared contigua a la puerta.
Para su sorpresa, no fue Rukia quien replicó. Escuchó a Karin, una de sus hermanas pequeñas decir "¿cómo lo soportas?". Karin salió por la puerta dejando atrás a Rukia ya vestida con su uniforme y antes de preguntar lo que estaban haciendo, se fijó en un parche que cubría parte de su muslo izquierdo. Una punzada de dolor y remordimiento se sintió en sus entrañas, pero antes de darle rienda suelta a esa emoción, echó a Rukia del baño tomándola de los hombros y empujándola.
—¿Estás durmiendo aún? ¡Avanza!—dijo indignado, pero su expresión delataba su preocupación. Rukia aprovechó de golpearlo en el estómago una vez que la soltó.
—Eres un idiota, ¿no sabes cómo se trata a una dama?
Antes de que Ichigo pudiera replicar ácidamente que no veía ninguna dama cerca y se vengara por tal agravio, la muchacha bajó rápidamente la escalera. El sonido rápido de sus pisadas fue irritante.
Ichigo se encerró en el baño con un portazo y se miró al espejo. Había fallado, otra vez.
El sonido de la ducha se detuvo, Ichigo bajaría de un momento a otro, pensó Rukia mientras se servía el desayuno. Todo estuvo en tranquilidad hasta que a Yuzu se puso creativa.
—Así que solo quedan unos meses para que termines el Instituto—comentó Yuzu con una amable sonrisa mientras Ichigo entraba al comedor—¿Ya has pensado qué vas a estudiar, Rukia-chan?
Ichigo la miró atentamente. Rukia se atoró con un pedazo de pepino y empezó a toser.
—¿Estás bien, Rukia-chan? ¿de qué estaban hablando?—preguntó Isshin siguiendo a Ichigo.
—De lo que va a estudiar Rukia-chan una vez que salga del Instituto—replicó Yuzu.
Los cuatro Kurosakis observaban fijamente a Rukia. Cuatro pares de ojos muy aprensivos.
—Yuzu-chan—contestó Rukia amablemente mientras se limpiaba educadamente la boca con una servilleta. Sus ojos eran sinceros pues no tenía mucho sentido actuar frente a los Kurosakis con los que había vivido por casi tres años, se sentía una especie de hermana mayor de las mellizas y eso conllevaba integridad— te puedo dar una respuesta idealista o una realista ¿cuál quieres escuchar?
Las mellizas se miraron intrigadas. Antes que Yuzu abriera la boca para saber a qué se refería, Ichigo arruinó el momento.
—Vamos, Rukia. Todos sabemos que nunca te ha interesado mucho la escuela, no te des tanta importancia—bromeó pensando que Rukia iba a revelarle algo a Yuzu, porque de repente se había puesto muy auténtica.
Rukia había sido la peor estudiante de primer año que nunca existió y fue un milagro que aprobara. Todo cambió cuando asumió lo inevitable de su permanencia y en segundo superó a Ichigo y tercero se ubicaba como tercera de la clase después de Ishida y Orihime.
Isshin también debió haberse fijado en la extrema sinceridad con que iba a contestar la pregunta porque por primera vez en su vida de padre les recordó que estaban atrasados para llegar a sus respectivos colegios, tapándole inevitablemente la boca a Rukia y dejando a Yuzu con la intriga.
Ichigo no sabía cómo preguntarle a Rukia si había tomado la decisión de dónde estudiaría una vez terminado el instituto, lo había tratado de averiguar durante todo este año sin éxito. Y se había vuelto más necesario una vez que vio lo bien que le estaba yendo a la exshinigami ¿qué pasaría si ella fuera un lugar donde él no pudiera estar para protegerla?
La siguió todo el camino al instituto en silencio.
Un silencio muy incómodo entre ellos que duró toda la jornada escolar.
Rukia se acercó a la oficina del consejo escolar y dio un suspiro muy largo antes de entrar. En los años que llevaba en Japón se había hecho buena fama como líder y al ir perdiendo gradualmente sus poderes de shinigami no había mucho que pudiese hacer para entretener sus días del Instituto. Actualmente se desempeñaba como la vicepresidenta del consejo y era una estudiante muy respetada, especialmente y aunque no fuera algo que la gente explicitara porque nadie quería tener problemas con Ichigo Kurosaki, quien al parecer era su perro guardián, uno hortelano. Por lo que a pesar de su evidente atractivo, nadie lo había mencionado excepto alguien lo suficientemente idiota como Keigo quien también había sido puesto en su lugar concluyendo que era solo una broma. La única forma de reconocer el evidente liderazgo, atractivo y simpatía de Rukia era a través de las votaciones escolares.
Ese día el consejo escolar era especialmente importante, ya que irían de visita algunos pares universitarios que podrían darles cartas de recomendación a los miembros del consejo y así tener una vía más directa para ingresar a la Universidad con una beca.
Rukia no estaba muy interesada en asistir a la universidad porque lo que sabía ya le permitía cumplir todos los requisitos en varias carreras gracias a su formación como shinigami, así que simplemente quería tomarse las cosas con calma. Pero sabía que para Inoue e Ishida, también miembros del consejo escolar, era un paso muy importante porque ninguno de los dos estaba patrocinado por sus padres. Así que ella no les arruinaría ese día. No. Era un día muy importante.
Los estudiantes universitarios junto con dos profesores que llegaron al recinto se mostraron muy fríos con el consejo, pese al carisma de Inoue, Mizuiro y Rukia. No hubo caso, parecían odiarlos desde un inicio. La asamblea se reunió y mostraron las líneas de mejora que había experimentado la escuela desde que ellos habían asumido a finales de primer año. Cuando hablaron del plan de salud mental parecieron muy interesados. Por allí, se pudo establecer una comunicación que les gustó, todos ensalzaron especialmente a Inoue quien había tenido la idea y eso le dio el impulso que Rukia estaba esperando para desplegar todas sus armas y conseguir esa beca para su amiga.
Ichigo estaba cabreado. No es que eso fuera una novedad. La reunión del consejo escolar había durado más de tres horas y quedaban solo unos minutos antes del toque de queda impuesto por su padre. Así que luego de ver marchar a todos sus compañeros del club de fútbol, donde ganaba dinero para costear su dudoso futuro, miró hacia el edificio de la planta este del Instituto y vio aún la luz encendida del consejo escolar. Obviamente sintió a Rukia allí todavía y con ansiedad miró nuevamente su reloj.
La puerta del consejo escolar se abrió y nadie hizo algún ademán de haberse dado cuenta. Ichigo ingresó con las manos en los bolsillos y se sentó en una de las sillas frente a Rukia. Esta, junto con Mizuiro estaban narrando los beneficios de la campaña para evitar el bullying y los suicidios.
Ichigo comenzó a aclararse la garganta. Una, dos, tres veces. Al final, todos lo estaban mirando excepto Rukia quien sinceramente quería dejar una buena impresión en los asistentes, por lo que siguió con la explicación a pesar de que estaba casi por estallar ante las provocaciones de Ichigo.
—…por lo tanto, el plan que incentivó Inoue ayudó a reducir de 17 suicidios al año en este Instituto a solo 3 el año pasado y este año, solo lamentamos 1 hasta esta fecha—Concluyó Rukia, aunque dudaba que hubiesen escuchado esa maravillosa parte de su presentación, ya que todos miraban a Ichigo con distintas emociones que iban desde la irritación, sorpresa, comprensión y enojo.
Rukia carraspeó también para que la atención volviese a ella—¿Alguna duda?
Ichigo y su gran bocota.
—Sabes que son las 20:50 ¿verdad?
—No ahora, Ichigo.
—Vámonos ahora o ya sabes cómo se va a poner el viejo.
—Ichigo, estoy en algo importante.
—Claro, como el anciano no te va a dar un sermón seguido de una pelea, te vale madres. Gracias por tu consideración, Rukia.
—Pues ve, déjame terminar esto—Rukia estaba furiosa, lo único que la mantenía quieta era su cariño por Inoue e Ishida.
—Sabes que no puedo hacer eso. Si llego sin ti, el drama se multiplicará—Lo dijo como tratando de explicar algo demasiado complejo a una niña de 5 años.
El reloj marcaba las 20:53, si Ichigo corría en este momento podía alcanzar a llegar a la hora a su casa. Contra toda fachada, que ya no erigía sobre las personas del consejo y le importaba bien poco los profesores que estaban allí porque difícilmente los volvería a ver, se levantó, agarró a Rukia por la cintura y la cargó bajo su brazo derecho. Lo último que pusieron escuchar en el pasillo fue "qué crees que haces" y un grito de dolor de Ichigo a la distancia.
—Muy interesante—dijo un profesor de la universidad. Su aspecto era delicado y tenía grandes ojeras bajo sus ojos claros—pienso que les falta explicarnos la parte de su plan de salud mental vinculada a las relaciones interpersonales y de género.
Mizuiro e Inoue compartieron una mirada preocupada.
El regreso a casa de los miembros del consejo fue desalentador. Inoue que se caracterizaba por su actitud optimista también iba en silencio.
—Maldito Kurosaki, solo piensa en sí mismo—dijo Ishida entre dientes.
—Esta vez estoy de acuerdo contigo, Ishida—contestó Mizuiro enviando mensajes por celular mientras caminaba.
—Debemos pensar en otras alternativas—Inoue trató de decir con optimismo.
—¿Qué otras alternativas para unos parias, Inoue-san?—dijo Ishida quien estaba abatido de verdad.
—Vamos, Ishida-kun. Sé que habrá otra alternativa para cumplir nuestro sueño—Inoue intentó de nuevo con poca voz.
—Si ustedes no logran ser médicos mataré a Ichigo—murmuró Keigo quien iba cerca de Ishida que lo vigilaba cuando estaban con Inoue.
—Prepara tu arma mortal, campeón. Tienes una gran empresa por delante—terminó Mizuiro mientras subía a un auto muy lujoso frente a ellos.
—No te vayas otra vez, Mizuiro. Comparte con tus amigos—gritó Keigo mientras el auto desaparecía dejando una estela de polvo.
Keigo se separó dentro de poco de Ishida e Inoue quienes iban en un silencio incómodo. Cuando quedaron solos, Ishida suspiró largamente.
—¿Y si nos dedicamos por completo a nuestro negocio?—tentó Ishida.
—¿A cuál de las dos te refieres, Ishida-kun?
—Con la que ganamos dinero, Inoue-san.
—Podríamos ver si podemos hacer algo innovador con la moda esta temporada—A Inoue le brillaron los ojos con nuevas ideas—Gracias, Ishida-kun. Siempre tienes una salida.
Ishida dejó a Inoue en la puerta de su casa y lo embargó un sentimiento cálido, al menos en la ruina Orihime lo acompañaba y juntos saldrían adelante. No quiso fantasear como tantas otras veces se había permitido. Faltaba poco para salir del Instituto y debía enfocarse en llegar al bachillerato de ciencias junto con Inoue. Caminó tan solo una cuadra más para llegar al pequeño piso que rentaba con su trabajo de diseño de ropa y donde tenían su estudio. Cuando llegó encontró en el buzón otra carta de su padre. Suspiró más derrotado que de costumbre. Este día pintaba horrible gracias al maldito Kurosaki.
El aludido maldito Kurosaki vio su reloj cuando cruzó el cerco del antejardín. Nada más y nada menos que las 21:01 minutos. Isshin los esperaba cruzado de brazos en la puerta con cara de pocos amigos. Ichigo supo que no se había librado del sermón a pesar de soportar golpes y rasguños de Rukia en su estómago y rodillas. La dejó bajar de manera poco delicada al verse acorralado lo que le ganó otro golpe en la espalda.
Odió ese día y pensó que era lo máximo que podía pedir en mala suerte hasta fin de su año escolar.
Al día siguiente, el director lo citó a su oficina junto con Rukia.
Definitivamente no había tenido lo peor aún.
La clase entera comenzó a murmurar e Ichigo se maldijo a sí mismo. Se rumoreaba desde que los habían encontrado haciéndolo en el Instituto el día anterior hasta que Ichigo la había golpeado por un ataque de celos y por eso Rukia tenía esa herida en el muslo.
Nada era muy prometedor para ninguno. Caminaron hasta la oficina del director en completo silencio. Si alguno de los dos hablaba iban a comenzar sus peleas interminables y no podrían salir de lo que sea en lo que estaban metidos.
Esperaron fuera de la sala del director y cuando Rukia pasó adentro vio que su padre estaba allí. Qué día más malo.
La mayoría de su clase junto a su profesora estaban fuera de la sala de espera mirando por el vidrio como si él fuese un maldito criminal. Llevó sus manos a su rostro y aprovechó de hacerles un par de gestos obscenos a su clase, en especial a Keigo, Tatsuki e Ishida que lo miraban con una sonrisa de superioridad burlona.
Después de la media hora más larga de su vida, Rukia salió con un rostro indescifrable, lo que lo descolocó de sobremanera ya que solía leerla muy bien. Le hizo un gesto para que entrara a la sala del director. Ichigo entró reticente y dentro estaba uno de los profesores de la universidad de ayer, su padre y el director. Se sentó en la silla vacía y de pronto se sintió bastante pequeño a pesar de que superaba en varios centímetros a todos los presentes en la sala.
—Bien, Kurosaki, sé que ya tienes conocimiento del por qué estás aquí.
—No tengo la menor idea—dijo rudamente, ante el dolor repentino que sintió en su pie cortesía de su padre, rectificó—señores.
—Si me permiten—dijo el profesor universitario, los otros adultos presentes asintieron—Me presento, soy el Phd. Dr. Federick Highmore del Departamento de Psiquiatría de la Universidad de Tokyo. Dado lo que presenciamos ayer con su dinámica con la señorita Kuchiki, nos vemos en la necesidad de intervenir. Su Instituto ha mejorado sin duda gracias al plan de salud mental que idearon la señorita Inoue y el señor Ishida, lo que indudablemente nos llamó la atención para venir aquí, pero…
—¿Pero?—preguntó Ichigo con miedo creciente no expresado en su semblante adusto.
—Dadas las circunstancias tenemos que ingresarlos a ambos a terapia. Su tratamiento se enmarca en el trabajo que llevan a cabo mis tesistas sobre como los traumas infantiles y adolescentes inciden en la violencia de género.
—En resumidas cuentas seremos conejillos de indias, no gracias.
—Veras, Kurosaki. No es una propuesta que te estamos haciendo. Te estamos informando. Si no van a las sesiones es un hecho que quedará en tu expediente permanente y no serás admitido en ninguna universidad, sin perjuicio de las acciones judiciales que puedan ir en tu contra y la posibilidad que el Sr. Kurosaki pierda la tutoría legal de Kuchiki ¿De verdad estás dispuesto a eso al no recibir tratamiento?
Ichigo guardó silencio.
—Qué decepción—dijo Highmore—Y pensar que tu madre fue una de las estudiantes más talentosas que he tenido el gusto de enseñar.
Ichigo sintió el último comentario como el frío filo de una katana en su estómago.
Estaba jodido.
Rectificó.
Estaban jodidos.
oOo
Gracias por leer. me alegraría mucho si me dejan sus impresiones.
Nos vemos
