Jamás hubiera pensado que me encontraría leyendo un Bellamione pero aquí me ven.

Al principio pensé que sería cosa de un one-shot, pero se me salió de las manos. No sé escribir smut así que no lo hay pero se deja entrever(?

Basado en un universo alternativo donde no existió Voldemort, es decir:

- Los Potter están vivos.

- No existen los mortifagos.

- La "pureza de sangre" en los Black se mantiene, pero Narcissa y Bellatrix lograron dejar de lado esa ideología. A Andrómeda sí la echaron de casa pero no tuvo un final tan trágico(?

He tratado de mantener las personalidades de los personajes lo más posible.

Si les gusta agradecería que comenten. Un abrazo.

Disclaimer: Los personajes y todo el universo de Harry Potter le pertenecen a J. K. Rowling.

Pd: El título es por una cancion de la Oreja de Van Gogh, no se me ocurria nada más.

1

A Bellatrix no le gustaba celebrar la Navidad ni ninguna otra fiesta que suponga convivir con alguien. Prefería pasar esa corta semana de vacaciones encerrada en su habitación, echada en su enorme cama, con una botella de whisky de fuego en una mano y un libro en la otra. No es que leer fuera su actividad favorita, pero no tenía otra cosa con la que entretenerse y no quería salir de la mansión porque se imaginaba que, por ejemplo, el Callejón Diagon estaría decorado para la ocasión y, además, infestado por magos y brujas sonrientes deseándose entre sí felices fiestas.

Ella prefería la compañía de la soledad. Y se encargó de dejar eso en claro a su primo, cuando éste, loco de alegría, se atrevió a aparecerse por la chimenea de su sala para invitarla a pasar la Navidad en Grimmauld Place. Sirius le había dicho que irían todos y ella no sabía de quienes hablaba pero tampoco le importaba mucho y echo a Black a punta de maleficios de su casa.

Para su buena suerte no recibió más visitas inesperadas ése día ni el siguiente, salvo una lechuza que Bellatrix reconoció como la de su hermana, Andrómeda. El animal golpeteaba la ventana de su habitación con el pico y, con un movimiento de la varita, la bruja corrió el vidrio y el animal entró, segundos después la carta que traía en el pico se hizo cenizas y el ave huyo aterrada con las plumas de la cabeza chamuscadas. Esperaba que el mensaje fuera claro y su familia entendiera que no quería pasar las fiestas con ellos.

El día después, en Nochebuena, la bruja se pasó la mayor parte del tiempo bajo las sabanas de su cama, con otro libro en las manos y una nueva botella de whisky descansaba en su mesita de noche. En el suelo descansaba una docena de libros acompañado de unas cuantas botellas vacías, a eso se reducía su semana de vacaciones: libros y alcohol. Le causaba gracia, siempre escuchaba a sus alumnos hablando en voz baja sobre las supuestas misiones peligrosísimas en las que se veía envuelta en vacaciones. Nada más lejos de la realidad.

Escuchó el sonido de pisadas en la planta de abajo. Se levantó de un salto con el corazón latiéndole desesperado, cogió la bata negra y agarró la varita con fuerza. Esperaba que fueran ladrones (sabía que era común sufrir robos esas fechas), le emocionaba la idea de descargar con alguien toda la furia contenida que guardaba dentro.

Bajó por las escaleras intentando hacer el menor ruido. Mientras lo hacía escucho dos voces aparentemente discutiendo, le entró la curiosidad y se preguntó qué clase de idiotas se ponían a pelear en medio de un atraco. Iba a divertirse con ellos, estaba segura. Cuando llegó al salón no dudo en lanzar una maldición a la primera sombra que vio moverse. Escucho un grito y como una de las mesitas se hacía añicos. Había errado el ataque.

— ¡Soy yo!—chillo una voz aterrada— ¡Lu-lumos!

La sala se iluminó.

— Ah—Bellatrix parecía decepcionada—Deberías avisar, quizá un día no me encuentres de humor.

Nymphadora Tonks tragó saliva y asintió con energía, ella lo sabía muy bien, ya tenía bastantes experiencias desagradables con su tía, pero ¿cómo iba a negarse a una orden directa de su madre?

— Nunca estás de humor para recibir visitas, Bella—dijo otra voz y una segunda varita iluminó la sala. Bellatrix vio a su hermana, Andrómeda, sentada en uno de los muebles de la sala. Parecía tranquila.

— ¿Entonces por qué siguen insistiendo?—preguntó Bellatrix.

— Es Navidad—contestó Andrómeda y su hermana rodó los ojos—Habrá una enorme cena en la noche en casa de Sirius y todos estamos invitados.


Ninguno de los presentes esperaba ver a Bellatrix Black esa noche, así que nadie pudo disimular ni la sorpresa ni el rostro de incredulidad. Las conversaciones se detuvieron cuando la vieron aparecer en el salón y todos los pares de ojos se clavaron en ella y las dos brujas que la acompañaban.

— No veo a Narcissa—dijo Bellatrix ignorando las caras de sorpresa.

— No—contestó Andrómeda y la tomó del brazo, para llevarla con el resto—Se han quedado en la Mansión Malfoy.

— ¿Y por qué a ella no la has arrastrado también? ¿No era ésta una reunión familiar?—masculló la bruja, evidentemente disgustada.

— Ella va a pasar la Navidad con su familia, Bella—Andrómeda ni siquiera se inmuto por el desagradable tono de voz de su hermana—Tú, por otro lado, ibas a pasar las fiestas borracha y aislada en esa tétrica mansión.

Bellatrix no dijo nada y Andrómeda sonrío, satisfecha.

— Sabía que lo lograrías—Sirius se acercó y abrazó con fuerza a Andrómeda. Luego, miro a su prima mayor y le sonrió—Te estábamos esperando, primita—por supuesto, esa era una mentira—Ven, siéntate aquí… Si tienes hambre puedo pedirle a Kreacher que te traiga algo, no vamos a servir la cena hasta las doce, ¡pero ponte cómoda!

Bellatrix asintió sin ánimos y ocupó el lugar que su primo le indicaba.

Por supuesto, ella se había negado a asistir de todas las maneras posibles pero Andrómeda no parecía entender, estuvo insistiendo por varias horas hasta que a Bellatrix no le quedó otra opción que aceptar ir a la reunión de mierda esa. Todo el tiempo que duro la discusión, Tonks se mantuvo a prudente distancia, en guardia para defenderse, atacar o huir si era necesario.

Sentada allí confirmó que iba a ser una noche larga y desagradable, estaba rodeada de la variedad más loca de invitados posibles: parecía que toda la familia Weasley estaba allí, además de los Potter y el resto de amigos de su primo, Remus Lupin charlaba animadamente con Arthur Weasley mientras que Peter Pettigrew (personaje que siempre le había causado repulsión a la bruja por su enorme parecido al de una rata) los escuchaba con atención. Al lado de ella estaba Lily Potter qué, al percatarse que la mayor de los Black la estaba mirando, le sonrío con amabilidad.

— ¿Te han arrastrado a esto?—preguntó la pelirroja.

— Me las van a pagar—dijo Bellatrix y miró hacía un punto del salón, donde estaba su sobrina hablando con Sirius—Y yo sé cómo.

A Tonks no se le escapo la mirada amenazadora de su tía y, antes de ser víctima de algún hechizo desagradable o doloroso, se despidió de Sirius y subió las escaleras dando traspiés.


Abrió la primera puerta que vio y para su buena suerte estaban allí Hermione y Ginny. A ninguna se le pasó el estado de terror que denotaba el rostro de la joven auror.

— Me va a matar—dijo Tonks y eso no hizo más que avivar la preocupación de sus amigas.

— ¿Quién te va a matar, Tonks?—preguntó Hermione, llamándola para que se sentara a su lado en una de las camas que estaban en la habitación.

— ¿Ojoloco te atrapó pasando pociones de contrabando?—dijo Ginny para intentar aliviar la tensión del ambiente.

— Bellatrix me va a matar.

Las dos jóvenes estudiantes se miraron, aquello tenía más sentido. No le preguntaron por qué, después de todo para Black cualquier excusa era buena. Quizá ya iba siendo hora de darle el pésame a Tonks y asegurarle que nunca la olvidarían.

— ¿Ella está aquí?—preguntó Ginny—Pero si Sirius dijo que no vendría.

— Ya, pero a mi madre no le ha gustado enterarse de que iba a quedarse sola en Navidad. Me obligo a acompañarla a su casa y casi me vuela la cabeza. Después se han puesto a hablar las dos y de tanto insistir ha dicho que sí. Está molesta abajo. Me va a despellejar viva—aseguró Tonks con dramatismo y se cubrió la cara con las manos.

— ¿Sola? ¿No pasaba las fiestas con su esposo?—preguntó Hermione.

— Se han divorciado, fue una pesadilla—murmuró Tonks—Fue hace un mes, mi madre me contó que los dos se batieron en duelo en su mansión, por supuesto Bellatrix ganó y Lestrange acabó en San Mungo. Ella solo tuvo un corte en la mejilla—Tonks no pudo evitar el tono de admiración de su voz—Pero luego fue horrible. Se quedó en nuestra casa mientras arreglaban la suya (obligada por mi madre, claro), ni siquiera me atreví a mirarla a los ojos cuando cenábamos. Sentí que iba a hechizarme si lo hacía. ¡Y ahora se me ocurre meterme en su casa sin su permiso!

Las dos chicas no dudaron de la veracidad de la historia de Tonks. Habían sido testigos de sus habilidades y de la fiera pasión con la que movía su varita. Hace no muchos años, en Hogwarts, presenciaron el mejor duelo de magos que habían visto jamás protagonizado por Snape y Bellatrix, claro que ninguno planeaba que las cosas se salieran de control porque se suponía que todo era una inocente practica para el club de duelo. Al final, fue necesario que Dumbledore interviniera para que esos dos no destruyeran el Gran Comedor.

— Te espera una peligrosa aventura, Hermione—dijo Ginny guiñándole un ojo a Hermione.

— ¿Ah?—Tonks estaba confundida.

— Es qué—Ginny se levantó de la cama y corrió hacia la puerta, la abrió y luego continuo con la oración que había quedado en el aire:—tu tía le altera las hormonas a Hermione.

La joven Weasley salió corriendo antes de que Hermione pudiera reaccionar. Para cuando Hermione entendió lo que Ginny había dicho ya era tarde. Sospechaba que su amiga estaría ya sentada entre sus padres, una medida de seguridad que evitaría que fuera hechizada.

— No es cierto, solo está bromeando—dijo Hermione con las mejillas encendidas.

— Hermione, —Tonks tenía la boca ligeramente abierta por la sorpresa, además, miraba con respeto a su receptora—eres la persona más valiente que he conocido.

Hermione no le contestó y salió de la habitación como una flecha. Quería asesinar a Ginny. Desollarla viva parecía una buena opción aunque ella quería infringirle aún más daño. Pensaba en distintas formas de castigo que podrían funcionar mientras bajaba las escaleras. Llegó al salón y se dio cuenta que había mucha menos gente que antes, quizá el resto ya estaba en la cocina. No sabía qué hora era, pero tal vez ya estuvieran llegando a las doce o quizá, y eso le parecía más probable, el hambre de los invitados era tanta que tendrían que adelantar la cena.

— ¡Hermione!

Ella giro y vio a Ron acompañado de Harry y los gemelos, todos sentados en los sillones del salón. Se acercó a sus amigos.

— ¿Has visto quién está aquí? ¡Bellatrix!—Ron trató de reducir el miedo de su voz pero no tuvo mucho éxito. Hermione supuso que temía que a la profesora se le escapara decir que Ron había olvidado presentar un ensayo del curso. Su madre se pondría furiosa.

— Espero que venga Ojoloco, papá lo invito así que espero venga—dijo Fred en tono soñador— ¿Te imaginas que se pongan a pelear borrachos?

— ¡Sería histórico!—añadió George, emocionado.

— ¡Sería monstruoso!—Harry tampoco ocultó su emoción.

— Convertirían en ruinas está casa—murmuró Hermione.

— ¡Bah! A Sirius no le va a molestar—aseguraron Fred y George a coro.

Hermione suspiró.

— ¿Ya están todos en la cena?

— Sí—contestó Harry—Y ya se acabaron la mitad del alcohol. Colagusano casi se duerme en la alfombra.

A pesar de que Pettigrew era amigo de su padre, nunca había aprendido a llamarlo por su nombre o referirse a él con respeto como lo hacía con Sirius o Lupin.

— Te aconsejo que no entres o te mandaran a ayudar, Ginny no me ha escuchado y ahora es la versión humana de Kreacher—dijo Fred mientras su gemelo asentía.

La chica se lo pensó unos segundos y acabó aceptando el consejo de Fred. Fue a sentarse en uno de los sillones vacíos, al lado de Ron.


La cena fue como Hermione lo había esperado. Había comida para alimentar a todo un ejército, las botellas se vaciaban en minutos y de inmediato eran reemplazadas por botellas nuevas. Todos, o casi todos, parecían divertirse. Fred y George habían mezclado un par de galletas canario entre las galletas normales de las bandejas y se encargaron de avisarles de la broma a Harry, Ron, Hermione y Ginny. Al resto de sus hermanos no les habían dicho nada.

El primero en convertirse en un canario gigante fue Bill, qué, borracho como estaba, se lo tomó con el mejor humor posible y rompió a reír a carcajadas con el resto de los presentes. Luego fue Sirius que incluso se atrevió a hacer graznidos para el deleite de sus invitados, la siguiente víctima fue Tonks (qué por un momento asusto a todos dejándose el pico del animal hasta que acabo estallando a carcajadas y todos recordaron que era una metamorfomaga) y el último, antes de que todos pasaran de comer otra galleta, fue Peter Pettigrew.

Hermione no pudo evitar notar qué, aunque tratara de disimularlo, Bellatrix encontraba muy gracioso el escenario. Notaba que estaba ruborizada y ella pensó que era culpa del alcohol aunque debía reconocer que era quién mejor estaba lidiando con él. Era la única de los adultos que aún se mantenía firme en su asiento, aparte de Lily, claro, pero Lily ni siquiera había bebido algo más que el brindis respectivo.

De pronto Bellatrix se levantó y Hermione siguió su andar con la mirada. Quería seguirla, no se aguantaba las ganas. Se levantó, movida seguramente por el alcohol que también tenía ella en el cuerpo (a los más jóvenes no los habían dejado beber, pero ellos encontraron la manera de tomar algo más que el ponche de huevo) y fue a por Bellatrix.

El resto no había notado ni se preocupaban por la ausencia de las dos brujas. Excepto por Ginny a quién no se le escapó ninguno de sus movimientos.


Bellatrix debía admitir que la comida era deliciosa aunque no pudiera decir que estuviera especialmente feliz por la compañía. Se sentía una extraña entre ellos, como un espécimen raro que fue apartado de su hábitat e insertado en uno nuevo y más seguro pero qué, al fin y al cabo, no era el propio. Y no se sentía a gusto.

Comió y bebió en silencio. Sin hablar, limitándose a escuchar las aventuras que su primo y el resto de sus amigos narraban con orgullo de sus años en Hogwarts. El resto también hizo lo suyo, incluida su propia hermana que les confesó, con más de una copa encima, cómo había hecho para fugarse de su sala común por ver a Ted Lupin sin ser vista y sin contar con ayuda de una capa invisible, hizo énfasis en lo último, sobre todo, mientras miraba orgullosa hacía donde se encontraba James Potter.

— Bah…—dijo James, restándole importancia—Nosotros nos fugábamos de madrugada para ir a la Casa de los Gritos…

Andrómeda tuvo la intención de responderle pero un movimiento brusco a su lado la obligo a callar y mirar con espanto como su hija se convertía en un canario gigante. La carcajada fue general.

Las conversaciones y risas siguieron por un rato más. Nadie, ni siquiera los más jóvenes, parecía tener ni pizca de sueño. Bellatrix supuso que ya debían ser las dos de la mañana y se levantó de la mesa. Quería ir al cuarto de baño pero no le tentaba la idea de entrar al de invitados, prefería algo más personal, más íntimo. Así que decidió a ir al del segundo piso, era sin duda más pequeño pero encontraría la privacidad que buscaba.

Nadie reparo en que ella se había levantado de la mesa y salía de la cocina. Nadie le prestaba atención y eso le agradaba. En algunas ocasiones, como aquella, le gustaba pasar desapercibida.

Subió con lentitud las escaleras, no quería tentar a su suerte. Soportaba bien el alcohol pero sospechaba que, hace mucho, había sobrepasado los límites de su aguante.

El lado razonable de Hermione se había perdido hace ya bastantes copas de whisky. Ahora eran el atrevimiento y el deseo los que dominaban cada paso que daba para seguir a Bellatrix. Muy dentro de sí sabía que se arriesgaba a ser encontrada muerta en una habitación horas después pero aquella terrible posibilidad no menguaba sus ganas de ver a la bruja. No sabía exactamente para qué, solo quería verla en ése momento.

La siguió guardando una prudente distancia. Vio como Bellatrix entraba al baño del segundo piso y cerraba la puerta con mucha más fuerza de la necesaria. Ella caminó hasta el baño y se quedó parada al frente, con la vista clavada en la puerta.

Mientras Hermione pensaba en su siguiente movimiento, la puerta se abrió y por ella salió Bellatrix. Se sorprendió al ver quién se encontraba fuera.

— ¿Señorita Granger? No la había visto en la cena.

A Hermione no le extrañaba escuchar eso, después de todo se había encargado de pasar desapercibida en la cena, después de todo Tonks estuvo mucho tiempo mirándola sin disimular, poniéndola muy incómoda. De igual manera, Bellatrix había tenido la vista fija en su plato la mayor parte del tiempo, ella tampoco quería establecer contacto visual con nadie.

— Harry y Ron me invitaron...

Bellatrix asintió e hizo ademán de irse. Le agradaba la chica pero, a comparación con otros profesores, ellas no habían establecido ningún tipo de amistad. Suponía que la chica no encontraba ningún buen motivo para acercarse a Bellatrix pues, pensaba Black, era quién menos tenía contactos en el Ministerio de Magia y no le iba a ser de ninguna utilidad en el futuro.

Cuando estaba a punto de retirarse una mano le agarró la muñeca y la obligo a girarse. Bellatrix no sacó su varita pues no se sentía amenaza, por el contrario, estaba muy confundida por el actuar de la joven bruja.

— ¿Señorita Granger?

Nadie respondió.

Unas manos se envolvieron en el cuello de Bellatrix y, antes de que pudiera hacer nada, Hermione había pegado sus labios contra los suyos. La estaba besando.

El mundo se puso de cabeza.